Radio Maria Argentina

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  1. 05/07/2025

    Vida Eucarística: entre luz y sombra

    https://radiomaria.org.ar/_audios/90337.mp3 07/05/2025 – Estamos en la semana del discurso del Pan de Vida. Jesús, después de multiplicar los panes, no solo sacia un hambre física. Nos invita a mirar más profundo: Él es el Pan que no se termina, el que da vida verdadera. OraciónSeñor Jesús,vos sos el Pan de Vida.La presencia escondida que da fuerza en medio de la noche.Cuando todo falta, vos estás.Cuando no hay palabras, tu silencio habla.Cuando el mundo se encierra, vos abrís caminos. Queremos aprender a vivir de tu Eucaristía:descubrir que en un rincón oscuro puede brotar la luz,creer que tu presencia transforma la tristeza en esperanza. Que nunca nos falte el deseo de encontrarte,ni la valentía de llevarte a otros.Que el amor nos vuelva creativosy tu Pan nos haga testigos. Jesús,que tu vida en nosotros sea semilla que crece,pan que se parte,luz que permanece.Amén. Evangelio del díaSan Juan 6,35-40 Jesús dijo a la gente:«Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí Yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de Aquel que me envió.La voluntad del que me ha enviado es que Yo no pierda nada de lo que Él me dio, sino que lo resucite en el último día.Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en Él, tenga Vida eterna y que Yo lo resucite en el último día». ¿Dónde el Señor te invita hoy a tener una mirada más profunda?Cuando estás cansado… acercate igual. Cuando todo parece igual… creé en su Palabra. Cuando no sabés qué hacer… pedí luz para discernir. Cuando te falta fuerza… Él no te abandona nunca. La Eucaristía: Pan que transforma No es cualquier pan.Es pan pascual. Pan de resurrección. Pan que transforma. “El que coma de este Pan vivirá para siempre” (Jn 6,51) Al recibir a Jesús, no solo lo llevamos dentro…nos volvemos como Él.Nos hacemos don, nos hacemos amor, nos hacemos pan. Testigos en la sombra: Van Thuan y la Eucaristía clandestina En una cárcel de Vietnam, en pleno aislamiento, el obispo Van Thuan celebraba la Eucaristía con unas gotas de vino en la palma de su mano.Conservaban al Santísimo en bolsitas hechas con papel de cigarrillos.A escondidas, pasaban la Comunión y adoraban en silencio por turnos, en plena oscuridad. Y así, la cárcel se volvió luz.Se multiplicaron las conversiones, se bautizaron nuevos cristianos.La Eucaristía, aún escondida, transformó corazones. Lo que transforma no es el lugar… es el amor“Sin la Eucaristía no podemos vivir la vida de Dios.”– San León Magno Allí donde hay amor donado, hay cielo.Donde se vive desde la entrega, hay eternidad.Donde se parte el pan, nace la esperanza. Jesús te dice: Yo SoyNo sos fotocopia.No estás de más.Tu vida tiene sentido.¡Dale una oportunidad a la Vida!Jesús te recuerda que estás llamado a vivir y dar vida. Consigna del día ¿Dónde te pide hoy el Señor tener más fe?¿Dónde necesitás dejarte transformar por su presencia?Pedile el don de quererlo más:querer ir, querer compartir, querer recibirlo. Para terminar… No busques a Jesús solo por necesidad.Buscalo por amor.Él es el Pan que sacia tu hambre más profunda.Pedile hoy un corazón convencido. Mirá la catequesis. Escuchá la catequesis en vivo de lunes a viernes a las 8:00 por radiomaria.org.arSuscribite a nuestro canal de YouTube.Sumate como aportante y ayudá a evangelizar: Quiero ayudar También te puede interesar:Catequesis anteriores. La entrada Vida Eucarística: entre luz y sombra se publicó primero en Podcast.

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  2. 05/05/2025

    Catequesis

    https://radiomaria.org.ar/_audios/90238.mp3 05/05/2025 – Después de la multiplicación de los panes, la multitud sigue buscando a Jesús. Pero Él los invita a mirar más allá del milagro material y descubrir el verdadero alimento que solo Él puede dar. Jesús quiere llevarnos más profundo: desde lo visible a lo esencial, desde el pan temporal al Pan de vida.Daría la sensación de que, pasada la alegría pascual, se nos acabaron los relatos fuertes. Ya no está la tumba vacía, ni los encuentros sorpresivos con el Resucitado. Pero no es así. La liturgia no se quedó sin textos, se quedó con lo más importante: con la mirada nueva que da la Pascua. Ahora, cada gesto, cada palabra de Jesús, cada milagro, cada enseñanza… lo vemos desde otro lugar. Desde la luz de la resurrección. Eso es lo que pasa con el Evangelio de hoy. El pueblo busca a Jesús porque les dio de comer. Pero él les dice: “Trabajen no por el alimento que se acaba, sino por el alimento que permanece para la vida eterna”. San Juan 6,22-29 Reflexión: ¿Por qué buscamos a Jesús? Tras la alegría de la Pascua, pareciera que la intensidad del relato baja. Pero en realidad, la mirada cambia. Ahora cada palabra de Jesús se ilumina desde la Resurrección. Es el tiempo de volver al centro, de pasar del entusiasmo pasajero al seguimiento profundo. La gente buscaba a Jesús porque les había dado de comer. Pero se habían olvidado del fuego que encendió su palabra en sus corazones. Jesús los invita a volver al origen. Hoy, también nosotros necesitamos recordar ese primer momento en que nos enamoramos de Él, en que su mirada nos alcanzó y su amor nos transformó.¿Te acordás cuándo sentiste por primera vez que Jesús te hablaba directamente a vos? Cristo es nuestra raíz: origen, alimento y fecundidad El amor como origen Todo nace del amor de Dios.Cristo no nos amó porque hiciéramos cosas buenas, sino que nos amó primero (cf. 1 Jn 4,16).Esa es nuestra raíz: Su amor gratuito, desbordante, inmerecido. “Jesucristo, nuestra Pascua, ha resucitado. Él es nuestra raíz.” La fe como alimento La fe es más que una idea: es vida, alimento, impulso.No basta con sobrevivir… Cristo quiere que tengamos vida eterna.Hoy, cuando todo parece moverse rápido, Jesús nos ofrece algo que permanece. ¿Qué te da esperanza hoy?¿Cómo la resurrección de Cristo transforma tus dificultades? Cristo como fuente de frutos La fe verdadera da frutos, incluso en la herida.Jesús no es solo consuelo: es raíz fecunda. Si nos unimos a Él, aun el dolor puede convertirse en semilla de vida nueva. “El que cree en mí, tiene vida eterna.” – Jn 6,47 ¿Por qué buscás a Jesús? Jesús nos interpela con amor:¿Me buscás solo por lo que puedo darte o por lo que soy para vos?Como nos enseña el Papa Francisco: “No seamos espectadores de la fe, sino discípulos con el corazón decidido y generoso.” El seguimiento de Jesús no es solo devoción, es transformación. Es una respuesta libre, confiada, viva.Volvé a tu raíz. Recordá ese primer llamado. Renová tu «sí». Oración del día: Desde la raíz a todo lo demásOraciónSeñor, en cada paso, mostranos tu Camino.En las dudas, revelanos tu Verdad.En el cansancio, regalános tu Vida.En nuestra ansiedad por saberlo todo, enseñanos a confiar.En la impaciencia por llegar, ayudanos a permanecer.En el deseo de control, despertá nuestra docilidad.En el silencio, hablá a nuestro corazón.En el encuentro con tu Palabra, hacenos crecer.En nuestras decisiones, guiá nuestros pasos.En la búsqueda de sentido, hacete presente.Te pedimos por el cónclave que se prepara, que sea obra tuya y no nuestra.Por el futuro pastor de la Iglesia, que sea un hombre según tu corazón.En nuestra vida entera, que seas el centro, Jesús.En vos, Señor. Con vos, siempre.Amén. Mirá la catequesis. Escuchá la catequesis en vivo de lunes a viernes a las 8:00 por radiomaria.org.arSuscribite a nuestro canal de YouTube.Sumate como aportante y ayudá a evangelizar: Quiero ayudar También te puede interesar:Catequesis anteriores. La entrada Desde la raíz a todo lo demás se publicó primero en Podcast.

    57 min
  3. 04/30/2025

    Catequesis

    https://radiomaria.org.ar/_audios/20250430CAT.mp3 30/04/2025 – ¿Dónde está Dios en medio de tus tareas diarias? Con esta pregunta miremos nuestra vida desde una perspectiva nueva: la de la fe encarnada en lo simple, en lo concreto de cada jornada. Dijo Jesús: Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios. Dios no se esconde, se manifiesta A veces creemos que para encontrarnos con Dios tenemos que retirarnos del mundo o esperar momentos extraordinarios. Pero hoy la catequesis nos recuerda algo fundamental: Dios se manifiesta en lo ordinario. En el desayuno que preparás con amor, en el colectivo que tomás todos los días, en el cansancio del trabajo bien hecho, en la ayuda que ofrecés a tu familia o vecinos. Todo puede ser oración Cuando cada gesto cotidiano lo ofrecés con amor, se convierte en oración. No hace falta estar en un templo para estar en presencia de Dios. Basta con vivir el día con fe, con una intención interior de entrega, de servicio, de amor. Cada gesto, cada esfuerzo, puede ser una ofrenda. Y es que todo lo que vivís puede ser parte de tu diálogo con Dios. Una invitación para hoy Hoy el Señor te invita a reconocerlo en lo sencillo. A descubrir que el Reino de Dios comienza en lo pequeño, en lo que muchas veces pasamos por alto. ¿Y si hoy ofrecés tus tareas como una oración silenciosa? ¿Y si tu rutina se convierte en camino de santidad? Oración del díaJesús, que sepa encontrarte en lo cotidiano.Que descubra tu presencia en cada momento simple de mi día.Dame un corazón que sepa ofrecer todo con amor.Amén. Mirá la catequesis. Escuchá la catequesis en vivo de lunes a viernes a las 8:00 por radiomaria.org.arSuscribite a nuestro canal de YouTube.Sumate como aportante y ayudá a evangelizar: Quiero ayudar También te puede interesar:Catequesis anteriores. La entrada Encontrar a Dios en lo cotidiano se publicó primero en Podcast.

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  4. 04/29/2025

    ¿Cómo puede ser esto? La pregunta que abre a la fe

    https://radiomaria.org.ar/_audios/20250429CAT.mp3 29/04/2025 – Nos dejemos guiar por el Espíritu Santo, a renacer de lo alto como nos propone el Evangelio de San Juan. A través del diálogo de Jesús con Nicodemo, recordamos que la vida cristiana no es solo un hecho pasado, como el bautismo recibido en la infancia, sino un llamado permanente a dejarnos transformar por el Espíritu en cada paso del camino. Lectura del Evangelio según San Juan 3, 7b-15 Jesús dijo a Nicodemo: «Ustedes tienen que renacer de lo alto.»«El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.»«¿Cómo es posible todo esto?», le volvió a preguntar Nicodemo.Jesús le respondió: «¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna.» 1 – Renacer de lo alto: vivir desde el bautismo Jesús le dice a Nicodemo: “Tienen que renacer de lo alto”. Esto no se refiere solamente al bautismo como sacramento del pasado, sino a una forma de vivir cada día. Ser cristiano no es haber sido bautizado una vez, sino vivir desde el bautismo. Es permitir que nuestra identidad de hijos de Dios nos renueve constantemente. El renacer de lo alto es un estilo de vida: es mirar cada jornada como una nueva oportunidad de dejar que Dios haga nuevas todas las cosas en nosotros. ¿Vivís tu bautismo como una novedad diaria o como un rito que quedó en el pasado? 2 – Dejarse guiar por el Espíritu Santo El viento sopla donde quiere, dice Jesús. Así es el Espíritu: libre, imprevisible, lleno de sorpresas. No podemos encerrarlo en estructuras ni domesticarlo con nuestras seguridades humanas. El Espíritu Santo nos impulsa, nos mueve, nos hace salir. Nos invita a vivir una fe dinámica, abierta, que se anima a lo nuevo. Como a María, que se puso en camino; como a los apóstoles, que fueron enviados a todo el mundo. ¿Te animás a dejarte llevar por el soplo del Espíritu, aunque no sepas bien hacia dónde te conducirá? 3 – No tener miedo: confiar más allá del «¿cómo?» Nicodemo pregunta: “¿Cómo puede ser esto?” Y cuántas veces nosotros también nos detenemos ahí. Nos paraliza el «cómo». Queremos garantías antes de caminar. Pero el camino del Evangelio no se recorre desde el control, sino desde la confianza. El Papa Francisco nos recuerda que lo opuesto al amor no es solo el odio, sino el miedo. Ese miedo que nos detiene, nos hace mirar desde la sospecha y no desde la fe. ¿Qué miedos te impiden avanzar? ¿Te animás a caminar aun sin tener todas las respuestas? 4 – Creer: no sólo admirar a Jesús, sino adherirse a Él Nicodemo admiraba a Jesús, pero Jesús le pide algo más: creer. No basta con reconocerlo como un gran maestro. Él es el Hijo de Dios. Y el creer no es algo intimista o puramente interior. Es unirse a Él, dejarse transformar, entrar en su corazón y desde allí, ser enviados. El que cree se pone en camino. El que cree no se guarda a Jesús para sí, lo anuncia, lo contagia, lo vive. ¿Tu fe es de admiración o de adhesión? ¿Jesús es una idea para vos o una persona viva con la que caminás? 5 – Mirar la cruz para vivir la vida eterna desde ahora Jesús dice que el Hijo del Hombre debe ser levantado, como la serpiente en el desierto. Así es la cruz: el lugar donde todo parece terminar, pero donde en realidad empieza todo. Desde allí brota la vida eterna, no como algo que comienza cuando morimos, sino como una plenitud que arranca en el bautismo. La cruz nos recuerda que la vida cristiana es pascual: tiene momentos de sombra, pero está llena de luz. La fe nos hace caminar en esa luz, aun cuando no lo entendamos todo. ¿Estás caminando en la sombra o dejás que Cristo, luz del mundo, ilumine tu vida? Conclusión Hoy el Señor te llama por tu nombre, como llamó a Nicodemo. Te pregunta: ¿cómo estás viviendo tu fe? ¿Cómo te dejás guiar por el Espíritu? No tengas miedo de hacerle preguntas a Dios. Él las acoge y te responde con amor. Renová tu confianza, dejá que el Espíritu te empuje hacia una vida nueva. Porque la fe no es solo creer, es caminar, es vivir y es anunciar. Mirá la catequesis. Escuchá la catequesis en vivo de lunes a viernes a las 8:00 por radiomaria.org.arSuscribite a nuestro canal de YouTube.Sumate como aportante y ayudá a evangelizar: Quiero ayudar También te puede interesar: Catequesis anteriores. La entrada ¿Cómo puede ser esto? La pregunta que abre a la fe se publicó primero en Podcast.

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  5. 04/22/2025

    Dejar que el Señor Resucitado pronuncie nuestro nombre

    https://radiomaria.org.ar/_audios/89796.mp3 22/04/2025 – El Señor nos visita resucitado. Y quiere encontrarse con nosotros así como estamos, con lo que nos pasa, con lo que tenemos entre manos, con lo que sentimos. Podemos quedar desconcertados al principio, pero la gracia de este encuentro nos lleva a abrazar lo mucho y nuevo que se abre en nuestra vida hacia adelante. María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!». Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'». María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras. Juan 20,11-18.  MUJERES QUE BUSCAN Y MIRAN El corazón hace referencia a la totalidad de la persona, a su centro original e íntimo, a lo que hay de más interior y total, a aquella dimensión profunda que orienta el deseo y la búsqueda:«Yo dormía pero mi corazón estaba en vela (…) Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y plazas buscando al amor de mi alma…» (Cant 5,2; 3,3).Es ese apasionamiento el que se desborda en la gama de emociones que reflejan los textos:«Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado…» (Mc 16,6)«…llenas de miedo y gozo» (Mt 28,8)«…quedaron espantadas (…), temblando y fuera de sí. Y de puro miedo, no dijeron nada a nadie (Mc 16,4.8)«Estaban desconcertadas (…) y recordaron sus palabras…» (Lc 24,4.8)«María estaba frente al sepulcro, fuera, llorando (…)Le dice Jesús:-Mujer, ¿por qué lloras?,¿a quién buscas? (…)Le dice Jesús:-¡María!Ella se vuelve y le dice en hebreo:¡Rabbuni!» (Jn 20.11.15-169) Los ojos expresan hacia fuera todo ese mundo interior y lo conectan con la realidad; por eso la mirada de alguien es reveladora de lo que hay en ella de más profundo y auténtico.«¿Habéis visto al amor de mi alma?» (Cant 3,2) pregunta la muchacha del Cantar, con la naturalidad con que el que ama da por supuesto que todas las miradas serán atraídas por el que se ha adueñado de la suya. «María Magdalena y María de José observaban dónde lo colocaban» (Mc 15,42-47)«Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás para observar el sepulcro y cómo habían colocado el cadáver» (Lc 23,55)«Alzaron la vista y observaron que estaba corrida la piedra» (Mc 16,4)«Va María Magdalena al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro» (Jn 20,1)«…se inclinó hacia el sepulcro y ve dos ángeles vestidos de blanco» (Jn 20,11)«…se vuelve y ve a Jesus de pie» (Jn 20,14)«…vieron un joven vestido con un hábito blanco» (Mc 16,5)«…quedaron espantadas, mirando al suelo» (Lc 24,5)«Mirad el lugar donde lo habían puesto» (Mc 16,6)«…irá por delante a Galilea; allí lo veréis» (Mt 28,7)«…volvieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles» (Lc 24,24) «Llega María anunciando a los discípulos: He visto al Señor (Jn 20,18)A través de sus sentimientos y de su mirada descubrimos lo que «habita» la interioridad profunda de estas mujeres: aquello que buscan, recuerdan y miran está absolutamente polarizado en Jesús a quien llevan grabado «como un sello sobre su corazón, como un sello sobre su brazo» (Cant 8,6) Su imagen, grabada en el cristalino de sus ojos, está para ellas presente en cualquier realidad. Estuvieron «mirando de lejos» al crucificado y han quedado fascinadas por él (cf. Gal 3,1)Su ausencia ha despertado en ellas el deseo y la búsqueda y ha integrado todos sus afectos: temor, desconcierto, gozo, llanto…, no tienen otro centro de atracción más que él. Si no hay en ellas esperanza de resurrección y van a ungir un cadáver, la intensidad de un amor «fuerte como la muerte» (Cant 8,6) va a conducirlas a la fe.  MUJERES QUE ESCUCHAN Y ANUNCIAN La dimensión expresiva reside, ante todo, en la capacidad de escucha simbolizada por los oídos. «Oigo a mi amado que me llama…» (Cant 5,2) Su otra vertiente, el decir, hablar, anunciar, contar… se atribuye a la boca, la lengua o los labios y la comunicación humana surge de la necesidad de revelar la propia intimidad, de compartir con otros lo que se piensa, se siente, se experimenta. Por eso, aunque el Cantar celebra el amor de una pareja, la fuerza expansiva de ese amor introduce a otros muchos (las «muchachas de Jerusalén», los amigos del novio) en su celebración, como si necesitara contar cada uno lo que admira y descubre del otro. ¿Qué oyeron las mujeres en aquella mañana del primer día de la semana? ¿Qué voces, qué palabras, qué llamadas, qué imperativos…? «No temáis.. Acercaos…id corriendo a decir…» (Mt 28,7)«¡Alegraos! No temais; id a anunciar…» (Mt 28,10)«No os espanteis. Id a decir… (Mc 16,6-7)«Recordad lo que os dijo…» (Lc 24,6)«Ve a decir a mis hermanos…» (Jn 20,15) ¿Cuál fue su respuesta?  «…corrieron a anunciar a los discípulos» (Mt 28,8)«…se volvieron del sepulcro y se lo anunciaron todo a los once y a todos los demás…” (Lc 24,10)«…unas mujeres de las nuestras (…) volvieron diciendo que él está vivo. También algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron como lo habían contado las mujeres…» (Lc 24,23-24)«Llega María anunciando a los discípulos: He visto al Señor y me ha dicho esto.” (Jn 20,18)»Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos» (1 Jn 1,3) Ellas anuncian lo que han visto y, sobre todo, lo que han escuchado. Acceden al conocimiento a través del oído, más receptivo y menos posesivo que la vista. María Magdalena «ve» a Jesús pero su mirada resulta insuficiente y solo al escuchar su voz lo reconoce. Y es la fuerza de esa palabra acogida en la fe la que las empuja a contar, a comunicar, a hacer llegar a otros lo escuchado. Hay un murmullo en los relatos, un «rumor de ángeles» que nace de las que ahora están encarnando a la «mensajera de buenas noticias» de Is 40,9. Como los pastores de Belén, «cuentan» lo que han visto y oído y van tejiendo una red de comunicación que vincula, por primera vez, al Resucitado con los suyos y desembocará también en la fe y en la alabanza. (Lc 2,19-20). No importa que su anuncio cree sobresalto, que nos las crean y escuchen sus palabras «como un delirio» (Lc 24,11). «Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor ni anegarlo los ríos. Es centella de fuego, llamarada divina…»(Cant 8,7)  MUJERES QUE CORREN LLEVANDO PERFUMES El hacer y el actuar humanos se expresan a través de las manos y también de los pies que definen comportamientos, costumbres, «caminos». «Mis manos destilan perfume de mirra» (Cant 5,5), podrían decir lo mismo que la novia del Cantar, las mujeres que se dirigían de madrugada al sepulcro. Pero, cuando en vez de un cadáver encuentran al Viviente, sus manos sueltan los perfumes para abrazar sus pies (Mt 28,9; Jn 20,17) «…compraron perfumes para ir a ungirlo.» (Mc 16,1) «…prepararon aromas y ungüentos (…) fueron al sepulcro llevando los perfumes preparados». (Lc 24,1) «Ellas se acercaron, se abrazaron a sus pies y se postraron ante él» (Mt 28,9)«!Llévame contigo, correremos…!» (Cant 1,4)Como María al encuentro de Isabel, como los pastores corriendo al pesebre, como Zaqueo bajando del árbol, como el padre al encuentro del hijo perdido, como los de Emaús volviendo a Jerusalén: cuando el corazón «está en ascuas», el ritmo vital se contagia de ese fuego y hace los pies ágiles y fácil la carrera:  «…id corriendo a anunciar…Ellas se alejaron deprisa del sepulcro y corrieron…» (Mt 28,7-8)«Salieron huyendo del sepulcro…» (Mc 16,8)«…María Magdalena llega corriendo adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo…» (Jn 20,1-2)Hasta el marco temporal refleja esa urgencia que nace del apasionamiento: todo sucede de madrugada, en ese momento en que también la luz está anticipándose al día:«El primer día de la semana, muy temprano, llegan al sepulcro al salir el sol» (Mc          16,1)         «…al despuntar el alba del primer día de la semana» (Mt 28,1)«El primer día de la semana, de madrugada…» (Lc,24,1)«…yendo de madrugada al sepulcro» (Lc 24,24)«El primer día de la semana, muy temprano, todavía a oscuras…» (Jn 20,1)Estamos en clima de vigilia pascual y no es tiempo de dormir sino de velar en medio de la oscuridad de la noche. Los perfumes son las lámparas encendidas que iluminan su espera (Mt 25,7), y por eso hay preparativos, impaciencia, urgencia de adelantarse al amanecer. Es la primera mañana de la nueva creación y las tinieblas del caos primitivo están a punto de dejar paso al resplandor del lucero de la mañana. (2Pe 1,19)  ¡QUEREMOS BUSCARLE CON USTEDES! (Cant 6,1) ¿Cómo buscar nosotros al Resucitado con Magdalena, María, Salomé, las otras…? ¿Cómo hacer de su historia «nuestra historia»? Vamos a tratar de aprender sabiduría de estas mujeres a las que, con lenguaje del AT, podemos llamar hayil, «mujeres de recursos», lo mismo que Rut (3,11) y que la mujer ensalzada en el libro de los Proverbios (Pr 3

    54 min
  6. 04/16/2025

    Miércoles Santo: La traición de Judas

    https://radiomaria.org.ar/_audios/89619.mp3 16/04/2025 –  ¿Cómo se llega a la traición? ¿Cómo se puede producir este misterio? Por el deseo desmedido de un interés material. Dos razones ubicamos en este lugar, la desmedida manera de vincularnos frente a los bienes y la falta de trato con el amigo Jesús. Jesús muestra el camino del servicio Judas entiende sólo el camino del poder. Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?». Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?». El respondió: «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: ‘El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'». Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará».Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: «¿Seré yo, Señor?». El respondió: «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!». Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: «¿Seré yo, Maestro?». «Tú lo has dicho», le respondió Jesús. Mateo 26,14-25. La traición de Judas ¿Cómo se llega a la traición? Primero por el deseo desmedido de intereses materiales: el dinero, que lleva al poder y a la vida egoísta, complaciente y sensual. Y en segundo lugar, por la falta de trato con el amigo, que me deja y me mantiene en la ignorancia, y al no conocer bien el valor del amigo: de lo que es, de lo que vale, de lo que tengo con su trato, de lo que me hace vivir, no le hago aprecio y entonces, sin dificultad, lo vendo o lo abandono. Hoy vemos a Judas vendiendo a Jesús. : « Entonces, uno de los doce, llamado Judas, se fue a los príncipes de los Sacerdotes y les dijo: « ¿Qué están dispuestos a darme, si se los entrego? » Ellos se ajustaron con él en treinta siclos de plata  Dice el libro del Exodo en el capítulo 21, versículo 32: « si el buey cornea, dando muerte, a un siervo, se pagarán 30 siclos de plata al dueño del siervo y el buey morirá apedreado ». Es decir, Judas se convierte por este convenio de venta, en 30 siclos, en el dueño y amo de Jesús y Jesús en su siervo. No le importa que muera por la « cornada » de la crucifixión, por la que recibirá el precio de un siervo muerto, las 30 monedas. La relación de amistad la ha convertido en la relación más baja y humillante para el ser humano: la de dueño y esclavo. Judas, dueño. Jesús, su esclavo.Y todo debido a la actitud de Judas: deseo desmedido de dinero, como nos lo relataba San Lucas en la escena de Betania, cuando Jesús cenaba con sus amigos y María ungió los pies de Jesús con un perfume caro, a la usanza de la época. Judas comentó: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por 300 denarios para dárselo a los pobres? Esto lo dijo, añade San Lucas, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón: y como tenía la bolsa, llevaba lo que iban echando ». El dinero y el poder, a Judas lo llevaron a la traición. El afán desmedido por el dinero, por el tener con avaricia, el gozar materialmente, sin límites, el prestigio me pueden hacer traición, y quedarme como un despojo de un mundo despiadado, sin amistad, la de verdad, claro, y ver cómo me quedo solo, marginado, olvidado, cuando mi situación es adversa.Tan sólo se quedó Judas, sin el amigo, que no lo pudo soportar, porque el dinero no es amigo, es tirano… y se ahorcó. Un amor que se da sin esperar nada a cambio Jesús va hacer suya esta Pascua judía. Será su Pascua. Esta cena no será una cena improvisada. Jesús ha previsto todo hasta en los últimos detalles. Será la nueva Alianza de la Humanidad con Dios. Su liberación del pecado y de la muerte eterna y empezará el hombre a vivir una nueva vida y será eterna. «Llegada la tarde, se puso a la mesa con los doce discípulos y mientras comía, dijo: «Uno de ustedes me va a entregar». Muy entristecidos y consternados comenzaron a preguntarle uno tras otro: «¿soy yo acaso, Señor? Jesús respondió: «El que conmigo ha mojado el pan en la misma fuente, ese me va a entregar». Jesús hace un gesto de comunión, de amistad, al tender la fuente a Judas para que moje el primero su pan. Es un gesto simbólico de reconocimiento, de aprecio, de amistad. Por parte de Jesús no hay ninguna condena, sino el ofrecimiento de su amistad, porque «Él nos amó primero», como dice San Juan. Y nos ama y nos acoge tal como somos y tal como estamos en cada momento; como nos sentimos: mediocres, débiles, marginados, traidores. Ponete delante del Señor, en este tiempo privilegiado de esta Semana Santa, como lo hizo María: con sencillez, con humildad, con abandono en sus manos y como María deci: «Hágase en mi según tu palabra». Déjate perdonar para que empieces a vivir de nuevo, con una mayor realidad y sinceridad la amistad con Jesús, para que experimentes, para que sientas que te quiere como sos y como estás. Basta ya de traiciones grandes o pequeñas, porque la traición nunca es pequeña o grande; la traición es siempre traición. Es Judas el que se cierra al amor y a la amistad, porque el deseo exagerado de dinero ha endurecido su corazón. Es él, el que se excluye, al rehusar la mano tendida de su amigo Jesús. Jesús estaba habituado a «comer con pecadores», como se le ha reprochado a menudo. Y en esta noche de la cena Pascual, tampoco ha rechazado a un traidor. Es Judas, quien se separa de Él, porque en realidad de verdad, le conoce poco. Estaba con Él, pero su corazón estaba muy lejos de Él. Trabajaba con el grupo de los discípulos de Jesús, pero estaba con ellos con espíritu y actitud de jornalero, como le ocurría al hijo mayor de la parábola del hijo pródigo. Judas, si con ellos trabajaba era quizás, porque en el grupo de amigos de Jesús, encontraba comida, protección, techo para dormir, compañía y dinero, porque no dominaba la atracción por el dinero y hasta robaba de la bolsa común del grupo de apóstoles. No conocía, ni trataba mucho a Jesús. Estaba con Él, pero vivía lejos de Él. Es la segunda causa en su vida y puede ser también en la nuestra, por la que abandonamos o vendemos a Jesús: la falta de trato y conocimiento del amigo, que me mantiene en la ignorancia y en la falta de experiencia vivida, y al no conocer bien el valor de la amistad: de lo que es, de lo que vale, de lo que me enriquezco en el trato con este amigo, de la vida abierta y esplendorosa que me hace vivir, entonces, sin dificultad lo vendo o lo abandono y lo critico. «¿Soy acaso yo, Maestro?», le dijo Judas. «Tú lo has dicho». Eres tú quien lo has dicho…. Eres libre, y eres tú quién decides, porque sin libertad es imposible el amor. Todavía, Judas, tienes tiempo de aceptar esta mano amiga, que le tiende Jesús. Pero Judas, endurecida su mente y su corazón por el dinero y la falta de trato con el amigo, y así sólo, amargado, decepcionado de sí mismo, arrojará más tarde los treinta siclos de plata por el suelo del templo y se ahorcará, desesperado. No conoció al amigo. No supo lo que era la amistad, que es el amor más perfecto. Consigna: Realidades humanas que no tienen precios en donde se repite la traición de Judas La entrada Miércoles Santo: La traición de Judas se publicó primero en Podcast.

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  7. 04/15/2025

    Martes Santo: El misterio del traidor

    https://radiomaria.org.ar/_audios/89566.mp3 15/04/2025 – El martes Santo en el capítulo 13 del Evangelio de San Juan se relata el momento más doloroso de la última cena: la traición de Judas. El texto bíblico refiere a este acontecimiento describiendo un sentimiento de Jesús, “está conmovido”. La conmoción es la tensión que se produce entre sentimientos contrarios, por un lado está la luminosidad de aquella noche fraterna compartida con amigos en la memoria de una Pascua liberadora y por otra parte este sentimiento doloroso de sombra, de tiniebla, de oscuridad, que trae la traición que se mete dentro de la misma convivencia fraterna. Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará».Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús.Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere». El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?».Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato». Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer».Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres.Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.Después que Judas salió, Jesús dijo: «Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’.Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás».Pedro le preguntó: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti».Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces». Juan 13,21-33.36-38. El misterio del traidor Juan nos dice que Jesús, profundamente conmovido, declaró: “les aseguro que uno de ustedes me va a entregar” (13,21). Juan habla tres veces de la «turbación» o «conmoción» de Jesús: junto al sepulcro de Lázaro (cf. 11,33.38); el «Domingo de Ramos», después de las palabras sobre el grano de trigo que muere, en una escena que remite muy de cerca a la hora en el Monte de los Olivos (cf. 12,24- 27) y, por último, aquí.Son momentos en los que Jesús se encuentra con la majestad de la muerte y es tocado por el poder de las tinieblas, un poder que Él tiene la misión de combatir y vencer. El anuncio de la traición suscita comprensiblemente al mismo tiempo agitación y curiosidad entre los discípulos. «Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba en la mesa a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”. Jesús le contestó: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado”» (13,23ss).Tal como está aquí, la respuesta de Jesús es totalmente clara. Pero el evangelista nos hace saber que, a pesar de ello, los discípulos no entendieron a quién se refería. Podemos suponer por tanto que Juan, repensando lo acontecido, haya dado a la respuesta una claridad que no tenía para los presentes en aquel momento. En 13,18 nos pone sobre la buena pista. En él Jesús dice: «Tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me ha traicionado”» (Sal 41,10; cf. Sal 55,14). Éste es el modo de hablar característico de Jesús: con palabras de la Escritura, Él alude a su destino, insertándolo al mismo tiempo en la lógica de Dios, en la lógica de la historia de la salvación. Estas palabras se hacen totalmente transparentes después; queda claro que la Escritura describe verdaderamente su camino, aunque, por el momento, permanece el enigma. Inicialmente se alcanza a entender únicamente que quien traicionará a Jesús es uno de los comensales; pero posteriormente se va clarificando que el Señor tiene que padecer hasta el final y seguir hasta en los más mínimos detalles el destino de sufrimiento del justo, un destino que aparece de muchas maneras sobre todo en los Salmos. Jesús debe experimentar la incomprensión, la infidelidad incluso dentro del círculo más íntimo de los amigos y, de este modo, «cumplir la Escritura». Él se revela como el verdadero sujeto de los Salmos. La Luz vence las tinieblas El sufrimiento de Jesús, su agonía, perdura hasta el fin del mundo, ha escrito Pascal (cf. Pensées, VII, 553). Podemos expresarlo también desde el punto de vista opuesto: en aquella hora, Jesús ha tomado sobre sus hombros la traición de todos los tiempos, el sufrimiento de todas las épocas por el ser traicionado, soportando así hasta el fondo las miserias de la historia. Juan no da ninguna interpretación psicológica del comportamiento de Judas; el único punto de referencia que nos ofrece es la alusión al hecho de que, como tesorero del grupo de los discípulos, Judas les habría sustraído su dinero (cf. 12,6). Por lo que se refiere al contexto que nos interesa, el evangelista dice sólo lacónicamente: «Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás» (13,27). Lo que sucedió con Judas, para Juan, ya no es explicable psicológicamente. Ha caído bajo el dominio de otro: quien rompe la amistad con Jesús, quien se sacude de encima su «yugo ligero», no alcanza la libertad, no se hace libre, sino que, por el contrario, se convierte en esclavo de otros poderes; o más bien: el hecho de que traicione esta amistad proviene ya de la intervención de otro poder, al que ha abierto sus puertas. Y, sin embargo, la luz que se había proyectado desde Jesús en el alma de Judas no se oscureció completamente. Hay un primer paso hacia la conversión: «He pecado», dice a sus mandantes. Trata de salvar a Jesús y devuelve el dinero (cf. Mt 27,3ss). Todo lo puro y grande que había recibido de Jesús seguía grabado en su alma, no podía olvidarlo. Su segunda tragedia, después de la traición, es que ya no logra creer en el perdón. Su arrepentimiento se convierte en desesperación. Ya no ve más que a sí mismo y sus tinieblas, ya no ve la luz de Jesús, esa luz que puede iluminar y superar incluso las tinieblas. De este modo, nos hace ver el modo equivocado del arrepentimiento: un arrepentimiento que ya no es capaz de esperar, sino que ve únicamente la propia oscuridad, es destructivo y no es un verdadero arrepentimiento.La certeza de la esperanza forma parte del verdadero arrepentimiento, una certeza que nace de la fe en que la Luz tiene mayor poder y se ha hecho carne en Jesús. Juan concluye el pasaje sobre Judas de una manera dramática con las palabras: «En cuanto Judas tomó el bocado, salió. Era de noche» (13,30). Judas sale fuera, y en un sentido más profundo: sale para entrar en la noche, se marcha de la luz hacia la oscuridad; el «poder de las tinieblas» se ha apoderado de él (cf. Jn 3,19; Lc 22,53) Fuente Bibliográfica: Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret II, c. 3Consigna: Presencias luminosas que vencen las tinieblas La entrada Martes Santo: El misterio del traidor se publicó primero en Podcast.

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  8. 04/14/2025

    Lunes Santo: amar sin medidas

    https://radiomaria.org.ar/_audios/89515.mp3 14/04/2025 –  Es lunes santo, hoy el evangelio es Juan 12,1-11.. Jesús se encuentra en la casa de sus amigos en Betania. María, sorprende con un gesto que desconcierta a todos, unge lo pies de Jesús y los seca con sus cabellos. Es la expresión de quien ve atravesada su vida por un amor que la hace hacer algo inesperado. El amor, cuando atraviesa nuestra vida, nos hace hacer cosas que van más allá de lo razonable. La Semana Santa es un amor sin medidas con el que Dios sale a nuestro encuentro, llevándolo a Jesús a entregar Su vida por nosotros en la cruz. Juan 12,1-11. Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: “¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?”. Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: “Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre”. Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él. El Evangelio recién proclamado nos conduce a Betania, donde, como apunta el evangelista, Lázaro, Marta y María ofrecieron una cena al Maestro (cf. Jn 12, 1). Este banquete en casa de los tres amigos de Jesús se caracteriza por los presentimientos de la muerte inminente: Los seis días antes de Pascua, la insinuación del traidor Judas, la respuesta de Jesús que recuerda uno de los piadosos actos de la sepultura anticipado por María, la alusión a que no lo tendrían siempre con ellos, el propósito de eliminar a Lázaro, en el que se refleja la voluntad de matar a Jesús. En este relato evangélico hay un gesto para poner la atención: María de Betania, “tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos” (12, 3). El gesto de María es la expresión de fe y de amor grandes por el Señor: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso que —como protestará Judas— se habría podido vender por trescientos denarios; y no unge la cabeza, como era costumbre, sino los pies: María ofrece a Jesús cuanto tiene de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoción. El amor no calcula, no mide, no repara en gastos, no pone barreras, sino que sabe donar con alegría, busca sólo el bien del otro, vence la mezquindad, la cicatería, los resentimientos, la cerrazón que el hombre lleva a veces en su corazón. María se pone a los pies de Jesús en humilde actitud de servicio, como hará el propio Maestro en la última Cena, cuando, como dice el cuarto Evangelio, “se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de los discípulos” (Jn 13, 4-5), para que —dijo— “también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (v. 15): la regla de la comunidad de Jesús es la del amor que sabe servir hasta el don de la vida. Y el perfume se difunde: “Toda la casa —anota el evangelista— se llenó del olor del perfume” (Jn 12, 3). El significado del gesto de María, que es respuesta al amor infinito de Dios, se expande entre todos los convidados; todo gesto de caridad y de devoción auténtica a Cristo no se limita a un hecho personal, no se refiere sólo a la relación entre el individuo y el Señor, sino a todo el cuerpo de la Iglesia; es contagioso: infunde amor, alegría y luz. Amor es darse todo Cuanta una historia que un hombre estaba tras el mostrador, mirando la calle distraídamente.Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto. Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul. * “Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?”. -dijo ella.El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:* ¿Cuánto dinero tienes? Sin dudar, sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:* “¿Esto alcanza?”.Eran apenas algunas monedas las que exhibía orgullosa. * “¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y estoy segura que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos” El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, lo envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde. * “Tome, dijo a la niña. Llévelo con cuidado”.Ella salió feliz, corriendo y saltando calle abajo. Aún no acababa el día, cuando una linda joven entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó: * ¿Este collar fue comprado aquí? “¿Cuánto costó? * “Ah!”, – habló el dueño del negocio. “El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente”. * La joven exclamó: * “Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría dinero para pagarlo”. El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven y le dijo: * “Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar: ELLA DIO TODO LO QUE TENÍA”. El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio. La verdadera donación es darse por entero, sin restricciones. La gratitud de quien ama no conoce límites para los gestos de ternura. Agradece siempre, pero no esperes el reconocimiento de nadie. Gratitud con amor no sólo reanima a quien recibe, reconforta a quien ofrece. El amor no conoce de egoísmos “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11): al acto de María se contraponen la actitud y las palabras de Judas, quien, bajo el pretexto de la ayuda a los pobres oculta el egoísmo y la falsedad del hombre cerrado en sí mismo, encadenado por la avidez de la posesión, que no se deja envolver por el buen perfume del amor divino. Judas calcula allí donde no se puede calcular, entra con ánimo mezquino en el espacio reservado al amor, al don, a la entrega total. Y Jesús, que hasta aquel momento había permanecido en silencio, interviene a favor del gesto de María: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura” (Jn 12, 7). Jesús comprende que María ha intuido el amor de Dios e indica que ya se acerca su “hora”, la “hora” en la que el Amor hallará su expresión suprema en el madero de la cruz: el Hijo de Dios se entrega a sí mismo para que el hombre tenga vida, desciende a los abismos de la muerte para llevar al hombre a las alturas de Dios, no teme humillarse “haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz” (Flp 2, 8). San Agustín, en el Sermón en el que comenta este pasaje evangélico, nos dirige a cada uno, con palabras apremiantes, la invitación a entrar en este circuito de amor, imitando el gesto de María y situándonos concretamente en el seguimiento de Jesús. Escribe san Agustín: “Toda alma que quiera ser fiel, únase a María para ungir con perfume precioso los pies del Señor… Unja los pies de Jesús: siga las huellas del Señor llevando una vida digna. Seque los pies con los cabellos: si tienes cosas superfluas, dalas a los pobres, y habrás enjugado los pies del Señor” (In Ioh. evang., 50, 6). Fuente Bibliográfica: Homilía Benedicto XVI, 29 de Marzo de 2010 La entrada Lunes Santo: amar sin medidas se publicó primero en Podcast.

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