Moto1Pro y EnduroPro Podcast

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En Moto1Pro y EnduroPro vivimos por y para la moto. Nos da igual rodar por asfalto o enfrentarnos a las peores trialeras. Disfrutamos con las novedades, con las últimas tecnologías y también con las aventuras que nos llevan lejos de casa. Te lo contamos todo aquí, en nuestras webs y en nuestras revistas digitales.

  1. La “Magia” de las 24 Horas de Montjuïc

    19h ago

    La “Magia” de las 24 Horas de Montjuïc

    Imagina esta escena: son las tres de la mañana del 5 de julio de 1975. El calor del verano barcelonés es asfixiante, pero en la montaña de Montjuïc, el aire está cargado de una mezcla perfecta e inolvidable de aceite de ricino quemado y pinos mediterráneos. De repente, un aullido desgarra la noche; un faro amarillento corta la oscuridad y, a más de 200 km/h rozando el bordillo, aparece Salvador Cañellas sobre una imponente Ducati 900 SS. Así era la magia de las 24 Horas de Montjuïc, probablemente la historia de carreras más salvaje, pura y mítica jamás contada sobre dos ruedas. Los orígenes: Héroes de la posguerra La historia arranca en 1955, no con inmensos presupuestos ni grandes motorhomes, sino gracias a la maravillosa locura de los miembros de la Penya Motorista Barcelona. Ellos decidieron que las carreteras y jardines públicos que rodeaban los antiguos palacios de la Exposición de 1929 eran el lugar perfecto para ver quién aguantaba más sobre una moto. En aquella primera edición de tintes casi heroicos, Juan Soler Bultó y "Turuta" ganaron con una modesta Montesa Brío 90 de apenas 7 caballos y 70 kilos. Corrieron día y noche vestidos con chaquetas barbour y cascos tipo bol de ensalada, en un trazado donde no había vallas, solo pacas de paja frente a farolas de hierro macizo. Tras casi 2.000 kilómetros de tortura mecánica, demostraron que la industria española de posguerra era capaz de fabricar máquinas indestructibles. Había nacido la leyenda. Un paddock de catedral y la Edad de Oro Para los años 60, la carrera se internacionalizó y alcanzó niveles surrealistas. Los mecánicos extranjeros de marcas como BMW alucinaban al ver que sus boxes no eran garajes, sino el interior del mismísimo Estadio Olímpico. El sonido de los motores resonando en las bóvedas de piedra creaba una acústica de catedral mecánica espectacular. Allí mandaban los pilotos catalanes, los "especialistas de la montaña". Conocían cada bache y sabían dónde ganar un par de segundos si se tenía el coraje de no frenar en la bajada de la Pérgola. Llegados a 1969, el mundo estaba obsesionado con los motores de cuatro tiempos, pero Salvador Cañellas y Carlos Rocamora ganaron la prueba con el humo azul de una Bultaco 360 de dos tiempos. Una victoria de David contra Goliat. Poco después irrumpieron las poderosas Ducati con el rey indiscutible: Benjamín "Min" Grau, que destrozaba récords desafiando las leyes de la física urbana. La noche de las alucinaciones La madrugada en Montjuïc era como una novela de misterio. Sin apenas iluminación, los pilotos dependían de sus propios faros y de la mortecina luz amarillenta de las farolas. Con el terrible cansancio y tras repetir infinitas veces las 30 curvas del trazado en "modo automático", muchos sufrían alucinaciones visuales, creyendo ver muros o sombras cruzando la pista. Mientras ellos luchaban contra sus propios demonios en la oscuridad de la pista, en las laderas de la montaña el público vivía un carnaval pagano de velocidad, asando carne a un metro de las motos. El final de una era: Velocidad contra seguridad En la década de los 80, la tecnología cambió las reglas de forma radical. Llegaron las grandes y pesadas "bestias" japonesas que rozaban los 300 km/h, pero el circuito seguía siendo un estrecho parque público lleno de árboles y muros de piedra inamovibles. Para los pilotos del Mundial de Resistencia de 1980, Montjuïc producía verdadero terror y pasó a ser conocido como el "circuito de los valientes o los locos". El trágico, aunque previsible, final llegó en la edición de 1986. Un accidente mortal segó la vida de Domingo Gil y confirmó lo que muchos temían: las motos habían evolucionado tanto que el entorno se había vuelto insosteniblemente letal. Los equipos internacionales se plantaron, el circuito fue despojado de su licencia y la montaña mágica se apagó para siempre. La competición se mudó a los modernos y seguros trazados de Jerez y Montmeló, pero sin esa alma inigualable. Hoy, si cierras los ojos en la Font del Gat, aún puedes imaginar el eco de los motores. Las 24 Horas de Montjuïc no solo enseñaron a fabricar motos en España, forjaron un carácter de resiliencia y pasión que cimentó las bases de nuestra actual potencia mundial en el motociclismo. ¿Conocías la increíble historia de esta carrera legendaria?

    18 min
  2. 1987-2008: La Era Dorada de las 600 SUPERSPORT

    May 27

    1987-2008: La Era Dorada de las 600 SUPERSPORT

    Hubo un tiempo en el que no hacían falta 200 caballos de potencia para sentir que tenías el control absoluto del asfalto, cuando las 600 dominaban el mundo. Hubo una época en la que el sonido oficial de cualquier puerto de montaña o circuito era el aullido metálico de un motor tetracilíndrico de 600 centímetros cúbicos girando a 15.000 vueltas. Eran los años en los que el motociclismo no se dividía en nichos cerrados; una misma moto podía llevarte a la universidad cada mañana, cruzar el país cargada con equipaje el jueves y permitirte rozar con la rodilla en el asfalto de un circuito el domingo. Hoy en Garaje Hermético, rendimos homenaje a la era dorada de las Supersport: cuando las 600 no eran solo las reinas de las listas de ventas, sino el corazón mismo de nuestra pasión. A mediados de los años 80, el panorama de la media cilindrada era un lienzo en blanco, un caos creativo lleno de motores de dos y cuatro tiempos, configuraciones en V o en línea, y refrigeraciones por aire que empezaban a dejar paso al agua. En 1985, Kawasaki dio el primer aviso serio con la GPZ 600 R, demostrando que una 600 no tenía por qué ser la "hermana pequeña y barata" de las grandes superbikes de litro. Sin embargo, el verdadero Big Bang de esta categoría ocurrió en 1987 con el lanzamiento de la Honda CBR 600 F. Conocida como "Hurricane" en algunos mercados, esta moto instauró una filosofía de fiabilidad casi sobrenatural y polivalencia absoluta que obligó a toda la industria a reaccionar. ¿Por qué 600 exactamente? La respuesta mezcla la lógica técnica con la burocracia. En mercados clave como Japón o varios países europeos, superar los 600 centímetros cúbicos suponía un salto masivo en impuestos y costes de seguro. Esta limitación administrativa acabó creando, por puro azar, la cilindrada más equilibrada de la historia. Durante la década de los 90, la evolución fue frenética. Las marcas actualizaban sus modelos cada dos años en una carrera armamentística sin tregua. En 1991, la CBR 600 F2 democratizó los 100 CV de potencia, convirtiéndose en la moto que todo el mundo quería tener. Pero la competencia no se quedó de brazos cruzados. Kawasaki introdujo en 1994 la ZX-6R Ninja, equipada con un chasis de aluminio y el sistema Ram Air, una toma de aire frontal que utilizaba la presión del viento para sobrealimentar el motor a alta velocidad, tecnología heredada directamente de la aviación. Suzuki, por su parte, aplicó en 1997 toda la agresividad de su mítica 750 a la nueva GSX-R 600 SRAD, una moto compacta y extremadamente nerviosa que buscaba la ligereza por encima de todo, a veces rozando los límites técnicos de la época. El cambio de milenio trajo consigo la pérdida de la inocencia para la categoría. En 1999 apareció la Yamaha YZF-R6 y nada volvió a ser igual. La R6 no pretendía ser cómoda ni polivalente; nació para que cualquier usuario se sintiera como un piloto de Gran Premio. Fue la primera 600 de serie en anunciar un régimen de giro que superaba las 17.500 rpm (aunque la realidad del tacómetro fuera algo más conservadora). Entramos así en el cenit tecnológico entre 2003 y 2008. La tecnología de MotoGP empezó a salpicar directamente a las 600. Honda finalmente claudicó en su concepto de "moto para todo" y lanzó la CBR 600 RR, inspirada estéticamente en la RC211V de Valentino Rossi, con su característico escape bajo el colín. Ese mismo año, Kawasaki ejecutó una jugada maestra y polémica: la ZX-6R 636. Al aumentar ligeramente la cilindrada, ofrecieron un par motor en la zona media del que carecían sus rivales, ganándose el favor de los usuarios de calle. Mientras tanto, desde Europa, Triumph rompió el monopolio japonés con la Daytona 675, demostrando que un motor tricilíndrico podía ser tan rápido como un tetra pero con un carácter y un sonido mucho más sugerentes. Sin embargo, en el momento de máxima gloria, la categoría comenzó a bailar al borde del abismo. ¿Por qué murieron las 600 Supersport si eran tan perfectas? No fue porque la gente dejara de querer correr, sino por una "tormenta perfecta" de tres factores. Primero, la crisis financiera de 2008, que secó el crédito para el público joven, principal comprador de estas motos. Segundo, la evolución de las 1000cc; las Superbikes grandes empezaron a recibir ayudas electrónicas que las hacían conducibles para el común de los mortales, haciendo que la diferencia de precio con una 600 ya no estuviera justificada. El tercer factor, y el más definitivo, fueron las normativas anticontaminación Euro. Para cumplir con la Euro 4 y Euro 5, los motores necesitan sistemas de escape pesados y una gestión de gases que perjudica enormemente a los motores pequeños de altas revoluciones.

    13 min

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