Dormí ocho horas los últimos 3 dias… durante todo el fin de semana no hice casi nada: Y sigo agotada. Hace unos dias, una persona me dijo esto durante una conversación. Ella había cancelado compromisos para Viernes y Sábado, se acostó temprano, y pasó la tarde entera del Sábado mirando series, y el dia siguiente muy tranquila. No trabajó ni hizo ninguna de esas cosas que suelen ocuparle hasta el último minuto todos los Domingos. Sin embargo, el lunes se despertó tan cansada como el viernes. Le pregunté: Y mientras no hacías nada (o hacías cosas que te gustan) qué pasaba dentro tuyo? Se quedó pensando.Había descansado el cuerpo, sí. Pero durante todo el fin de semana estuvo pendiente de si alguien necesitaba algo. Había repasado una conversación difícil que tiene que tener. Respondió mensajes atrasados y otros que no hacía falta ni leer. Se sintió triste y se esforzó para que nadie se diera cuenta. En un momento le surgió: Es como si nunca pudiera terminar mi turno. Nunca termino. Esa frase explicaba su cansancio mucho mejor que la cantidad de horas que dormía. Porque una cosa es detenerte. Y otra muy distinta es dejar de estar en guardia. Dormir no siempre es descansar Solemos pensar que todo cansancio se resuelve de la misma manera: durmiendo más, haciendo menos, tomándonos unos días, o pasando una tarde sin obligaciones. Y muchas veces eso ayuda. Pero “detener” el cuerpo no significa necesariamente que dejamos de vigilar. El cuerpo puede estar quieto mientras vos seguís corriendo por dentro. Podés estar acostado y continuar repasando conversaciones. Podés tomarte vacaciones y seguir pendiente del estado emocional de todo el mundo, del trabajo, y de las noticias. Podés no tener ninguna tarea urgente y sentir, de todos modos, que algo malo podría ocurrir si te relajás demasiado… Si no controlás, si no estás Vos por Detrás de Todo. Porque no todo cansancio viene de hacer demasiado. Hay personas agotadas de resolver. De cumplir. De aguantar. Tres palabras que escucho casi siempre, cada dia en mis convesaciones son estas: Resolver. Cumplir. Aguantar (o algo como tolerar, soportar, “bancarme”). * Resolver…antes de que alguien lo pida….porque sino, nadie lo hace. * Cumplir...incluso cuando ya no puedo más. * Aguantar… para no preocupar, decepcionar o incomodar a nadie. Y eso también consume energía. A veces mucha más de la que imaginamos. Porque no solamente cargás con lo que tenés que hacer. También cargás con la idea de quién tenés que ser mientras lo hacés. El trabajo que nadie ve Muchas veces no estamos agotados solamente por nuestras obligaciones. Estamos agotados por el trabajo invisible que hacemos alrededor de ellas. * Una persona cuida constantemente que nadie se sienta incómodo en su familia. Media, explica, suaviza las conversaciones y trata de anticiparse a cada conflicto. Cuando llega la noche siente que no hizo “tanto”, pero está exhausto. * Alguien más está atravesando un momento difícil, pero se esfuerza por mostrarse bien para no preocupar a quienes lo rodean. Además de sostener su dolor, debe sostener la apariencia de que no le duele. Que no está tan mal, casi como pasar desapercibida. * Otra persona termina su jornada laboral, pero continúa disponible para todos. Responde mensajes mientras cena, resuelve problemas que podrían esperar y hasta responsabilidades de otros. Incluso de personas que paga para que hagan justamente eso…y “encima” se siente culpable si no contesta rápidamente. Su trabajo terminó. Su disponibilidad, no. En estos casos, el agotamiento no proviene solamente de lo que sucede. También nace del esfuerzo de administrarlo todo: * La reacción de los demás. * La propia imagen. * La incertidumbre. * Lo que podemos mostrar. * Lo que creemos que debemos esconder. A veces no estás cansado de hacer. Estás cansado de sostener. Eso puede explicar por qué una noche larga de sueño no alcanza. Porque a la mañana siguiente te volvés a levantar exactamente con el mismo peso. La persona que creíste que debías ser Quizás aprendiste a ser fuerte porque * En algún momento no había otra opción. * A ocuparte de todos porque eso evitaba conflictos. * A anticiparte porque no saber qué es lo que podía ocurrir, se sentía peligroso. * A no pedir demasiado porque temías convertirte en una carga. * A mostrarte bien, siempre, porque no había lugar para lo que sentías. Aquello no fue una debilidad. Fue una manera de protegerte. La “que tenías y podias”. El cuerpo y la mente aprenden de la experiencia. Si durante mucho tiempo vivimos bajo presión, conflicto o incertidumbre, podemos aprender por ejemplo que permanecer alertas es la forma más segura de atravesar el día. O tal vez * Aprendiste a registrar rápidamente el humor (padre, madre, jefe) para saber si era seguro acercarte. * Descubriste que ser útil, responsable o no causar problemas te ayudaba a recibir reconocimiento. * Controlar cada detalle te daba cierta tranquilidad en un entorno imprevisible. El problema aparece cuando el contexto cambia, pero la estrategia permanece. Ya no existe aquella amenaza, pero… * Seguís preparándote. * Nadie te exige una respuesta, pero sentís que debés responder. * Nadie te pidió que resolvieras el problema, pero ya comenzaste a resolverlo. Todo está relativamente bien, pero tu atención continúa buscando lo que podría salir mal. Una parte de vos sigue defendiendo una trinchera muchos años después de que terminó la guerra. Una forma de vivir que alguna vez te protegió puede convertirse, con el tiempo, en aquello que te agota. Por eso no alcanza con que te digan o decirte a vos mismo: Relajate. Dejá de pensar. No te preocupes. Porque esa parte en realidad necesita descubrir, gradualmente, que ya no tiene que protegerte de la misma manera que aprendió. Hay cansancios que piden seguridad Hay cansancios & agotamientos que no se van durmiendo más, ni reduciendo actividades, ni buscando de algún modo recargar energía… Ese tipo de agotamiento tiene como unico “antidoto” dejar de vivir derrochando energia. Esos cansancios no piden más sueño: Piden más seguridad. * La seguridad de poder decir que no sin perder el afecto de nadie. * De no tener que responder inmediatamente. * De permitir que alguien se decepcione sin correr a repararlo. * De mostrar que algo nos duele. * De expresar mi verdad, que alguien se enoje, y que yo la mantenga igual. * De no tener que ser siempre la persona fuerte. * De poder descansar aunque algo quede incompleto. * De dejar que otros resuelvan lo que les corresponde. No siempre podemos cambiar nuestras responsabilidades. A veces hay hijos/padres que cuidar, trabajos que cumplir, problemas reales que atravesar y personas que necesitan nuestra presencia. Pero existe una diferencia enorme entre * Cuidar a alguien y hacernos responsables de todo lo que siente. * Entre trabajar con compromiso y estar disponibles 24/7/365. * Entre ser amables y desaparecer para no incomodar. * Entre ayudar y anticiparnos a resolverlo todo. * Entre atravesar una dificultad y fingir que no nos afecta. Son dos cosas distintas: * Responsabilidades que cansan, porque vivir cuesta vida… y durmiendo me recupero. * Maneras de relacionarnos con ellas que cansan, agotan, y hasta nos quitan el bienestar, la salud, la vitalidad, el entusiasmo… La pregunta que algo puede cambiar… Cuando estamos agotados, la pregunta más inmediata suele ser: ¿Cómo puedo descansar más?Es una pregunta razonable. Pero no siempre llega al corazón del problema. Esta te puede servir mas: ¿Qué sigo sosteniendo incluso cuando estoy descansando? Reconocerlo no significa abandonar tus responsabilidades, alejarte de todo el mundo o cambiar tu vida de un día para otro. Significa distinguir entre aquello que verdaderamente te corresponde y lo que aprendiste a cargar para sentirte seguro, aceptado o querido. Porque el cansancio no es solamente “un problema que debemos eliminar”… es información. Tu cuerpo está intentando mostrarte que la forma en la que venís viviendo se volvió demasiado costosa. Mindfulness no es dejarte “aflojar” A veces usamos mindfulness como otra manera de exigirnos estar bien. Meditamos para quitarnos la ansiedad. Respiramos para dejar de sentir. Intentamos relajar el cuerpo con la misma impaciencia con la que resolvemos cualquier otra tarea. Pero mindfulness no es para “ sentirte mejor” ni para obligarte a bajar la guardia. Es mas bien para reconocer que estás en guardia…. Una práctica para dejar algo, al menos por un momento: Al finalizar el día, o durante el día toma unos minutos durante unos minutos. * Sentí el cuerpo apoyado donde estés. * No intentes relajarlo inmediatamente. Primero reconocé qué continúa activo. * Después preguntate: * ¿Qué sostuve/ estoy sosteniendo hoy además de mis tareas? * ¿En qué momentos sentí que debía resolver, cumplir o aguantar? * ¿Qué podría dejar de sostener, al menos por este momento ? No intentes resolver toda tu vida. Elegí una sola función y permití que descanse durante un rato: * No responder ese mensaje que puede esperar. * No explicar por qué estás cansado. * No anticipar una conversación que todavía no ocurrió. * No intentar que todos estén bien. * No demostrar que podés con todo. * No estar disponible durante una hora. * Quizás dejar algo pendiente. * Y esta vez alguien tenga que esperar. No estás abandonando tus responsabilidades. Estás recordando que vos también existís más allá de ellas. Terminar el turno La persona en el comienzo del audio/articulo no necesitaba otra mañana en la cama. Necesitaba reconocer que llevaba años trabajando para que todos estuvieran bien. Anticipando. Resolviendo. Aguantando. Había asumido el trabajo invisible de mantener en calma el mundo que la rodeaba. Y ese trabajo no terminaba nunca. Cuando pudo verlo, su cansancio no desaparec