Vivir Despiertos

Mindfulness sin misterios ni sahumerios.

Vivir despiertos es dejar de reaccionar en automático… y empezar a elegir cómo vivir. presenciapura.substack.com

  1. 6d ago

    Tu dolor importa. Yo también.

    Que necesita él? ahora Esta semana una mujer me contó de su dificultades de comunicación con su marido. Como ella no lo ve bien, trata de estar mas cerca. Cada vez que el marido llega del trabajo, le pregunta ¿Cómo te fue? ¿Cómo te sentis?. Quiere saber qué es lo que está pasando y hasta propone posibles soluciones. Y cada vez que el marido no habla mucho, propone todavía más. Lo cual después de unos minutos lleva a los dos a frustrarse. Los dos quieren mejorar la comunicación, pero les hacen falta cosas distintas. La mujer hace lo que ella necesitaría para ser acompañada cuando algo le preocupa. Y el marido quizás, lo necesita es espacio, tiempo y un poco de silencio. Fácilmente podemos creer que ayudar es dar lo que nos haría bien a nosotros en ese caso. Si necesitamos hablar vamos a hacer preguntas. Si me tranquiliza encontrar una solución… voy a proponer escenarios o dar consejos. Y sí lo que me hace falta es cercanía….voy a estar cerca en silencio. Pero muchas veces el otro necesita algo distinto. Acompañar y estar con alguien no es hacer lo que a mí me parece, ni lo que me sale “con toda la mejor intencion”, ni adivinar…Es poder entender qué es lo que más te sirve a vos de mí en este momento. Qué necesito yo? ahora Comprender qué necesita el otro es importante. Y también entender que necesito yo. Qué necesito decir, aclarar?.Cuánto puedo y quiero escuchar?Qué tengo realmente para ofrecer en este momento?Cuales límites tengo que cuidar? Porque comprender al otro no significa desaparecer.Es posible entender que el otro necesita ahora espacio y decirle: Ok, ok… ahora espacio Y necesito que despues hablemos de esto que es importante para mi. Podés comprender que alguien esté atravesando un momento difícil y, al mismo tiempo reconocer que no es necesario sostener una conversación donde te gritan o te tratan mal. Lo que el otro necesita importa. Pero no define completamente lo que vos tenés que hacer. Las buenas relaciones incluyen enojo Un padre necesitaba tener una conversación importante con su hijo. La tuvo y el hijo se enojó. Mientras conversaba, el padre sentía la necesidad de explicarse mejor y hasta quizás modificar lo que tenía que decir. Pero mantuvo su mensaje. Al día siguiente volvieron a hablar. El hijo no estaba de acuerdo, pero algo había cambiado. Ya se podía escuchar de otra manera. Y en pocos días se convirtió para los dos en una de las conversaciones más importantes que tuvieron. El hijo no necesitaba que él le sacara el enojo. Necesitaba tiempo para sentirlo y procesarlo. Una buena relación es una donde aclarar y decir cosas van a enojar al otro…No es la relacion en la que nadie se enoja. En una buena relación hay desacuerdos. Hay límites. Hay cosas que el otro no quiere escuchar. Hay conversaciones que incomodan, duelen tambien. Que alguien se enoje con vos no demuestra que hiciste algo mal….a veces significa que necesitás revisar cómo lo dijiste, otras que el otro hubiera preferido escuchar algo diferente. Y cambiar mi mensaje “para que no se enoje” puede ser el inicio de una relacion mediocre. El enojo del otro merece ser escuchado. Pero no siempre tiene que decidir por vos. Ayudarte me importa. Cuidarme yo también. La historia del perro en el bosque que tiene la pata atrapada. La mujer se acerca para ayudarlo, y ve que esta herido, el perro trata de moderla. La mujer entiende por qué lo hace, no piensa que es malo ni que quiere lastimarla. Pero comprender su dolor no significa dejar su mano al alcance de la mordida…Ni dejar de ayudarlo (busca otra manera de acercarse y al mismo tiempo que cuida su mano). En nuestras relaciones ocurre algo parecido. Podemos comprender que detrás del enojo de alguien hay miedo. Podemos conocer su historia y entender de dónde viene su reacción. Pero comprender por qué alguien nos lastima no significa que tengamos que permitir que siga haciéndolo. Veo que estás sufriendo. Quiero entender qué necesitás. Ayudarte me importa. Pero cuidarme yo también. Quizás una relación honesta no sea aquella en la que siempre logramos que el otro esté bien, sino una donde escuchamos lo que el otro necesita sin dejar de escuchar lo que necesitamos nosotros. Hablamos con claridad, nos hacemos cargo de lo que nos corresponde, sabiendo que a al otro puede no gustarle, y sin por eso cambiar mi verdad. No tenés que elegir entre acompañar al otro o protegerte vos. Podés acercarte sin perderte. Podés comprender sin justificar todo. Podés ayudar y proteger tu mano. Tu dolor importa. Yo también. Buena práctica… 🙏🌸 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

  2. Jul 22

    Hay cansancios que no se van durmiendo

    Dormí ocho horas los últimos 3 dias… durante todo el fin de semana no hice casi nada: Y sigo agotada. Hace unos dias, una persona me dijo esto durante una conversación. Ella había cancelado compromisos para Viernes y Sábado, se acostó temprano, y pasó la tarde entera del Sábado mirando series, y el dia siguiente muy tranquila. No trabajó ni hizo ninguna de esas cosas que suelen ocuparle hasta el último minuto todos los Domingos. Sin embargo, el lunes se despertó tan cansada como el viernes. Le pregunté: Y mientras no hacías nada (o hacías cosas que te gustan) qué pasaba dentro tuyo? Se quedó pensando.Había descansado el cuerpo, sí. Pero durante todo el fin de semana estuvo pendiente de si alguien necesitaba algo. Había repasado una conversación difícil que tiene que tener. Respondió mensajes atrasados y otros que no hacía falta ni leer. Se sintió triste y se esforzó para que nadie se diera cuenta. En un momento le surgió: Es como si nunca pudiera terminar mi turno. Nunca termino. Esa frase explicaba su cansancio mucho mejor que la cantidad de horas que dormía. Porque una cosa es detenerte. Y otra muy distinta es dejar de estar en guardia. Dormir no siempre es descansar Solemos pensar que todo cansancio se resuelve de la misma manera: durmiendo más, haciendo menos, tomándonos unos días, o pasando una tarde sin obligaciones. Y muchas veces eso ayuda. Pero “detener” el cuerpo no significa necesariamente que dejamos de vigilar. El cuerpo puede estar quieto mientras vos seguís corriendo por dentro. Podés estar acostado y continuar repasando conversaciones. Podés tomarte vacaciones y seguir pendiente del estado emocional de todo el mundo, del trabajo, y de las noticias. Podés no tener ninguna tarea urgente y sentir, de todos modos, que algo malo podría ocurrir si te relajás demasiado… Si no controlás, si no estás Vos por Detrás de Todo. Porque no todo cansancio viene de hacer demasiado. Hay personas agotadas de resolver. De cumplir. De aguantar. Tres palabras que escucho casi siempre, cada dia en mis convesaciones son estas: Resolver. Cumplir. Aguantar (o algo como tolerar, soportar, “bancarme”). * Resolver…antes de que alguien lo pida….porque sino, nadie lo hace. * Cumplir...incluso cuando ya no puedo más. * Aguantar… para no preocupar, decepcionar o incomodar a nadie. Y eso también consume energía. A veces mucha más de la que imaginamos. Porque no solamente cargás con lo que tenés que hacer. También cargás con la idea de quién tenés que ser mientras lo hacés. El trabajo que nadie ve Muchas veces no estamos agotados solamente por nuestras obligaciones. Estamos agotados por el trabajo invisible que hacemos alrededor de ellas. * Una persona cuida constantemente que nadie se sienta incómodo en su familia. Media, explica, suaviza las conversaciones y trata de anticiparse a cada conflicto. Cuando llega la noche siente que no hizo “tanto”, pero está exhausto. * Alguien más está atravesando un momento difícil, pero se esfuerza por mostrarse bien para no preocupar a quienes lo rodean. Además de sostener su dolor, debe sostener la apariencia de que no le duele. Que no está tan mal, casi como pasar desapercibida. * Otra persona termina su jornada laboral, pero continúa disponible para todos. Responde mensajes mientras cena, resuelve problemas que podrían esperar y hasta responsabilidades de otros. Incluso de personas que paga para que hagan justamente eso…y “encima” se siente culpable si no contesta rápidamente. Su trabajo terminó. Su disponibilidad, no. En estos casos, el agotamiento no proviene solamente de lo que sucede. También nace del esfuerzo de administrarlo todo: * La reacción de los demás. * La propia imagen. * La incertidumbre. * Lo que podemos mostrar. * Lo que creemos que debemos esconder. A veces no estás cansado de hacer. Estás cansado de sostener. Eso puede explicar por qué una noche larga de sueño no alcanza. Porque a la mañana siguiente te volvés a levantar exactamente con el mismo peso. La persona que creíste que debías ser Quizás aprendiste a ser fuerte porque * En algún momento no había otra opción. * A ocuparte de todos porque eso evitaba conflictos. * A anticiparte porque no saber qué es lo que podía ocurrir, se sentía peligroso. * A no pedir demasiado porque temías convertirte en una carga. * A mostrarte bien, siempre, porque no había lugar para lo que sentías. Aquello no fue una debilidad. Fue una manera de protegerte. La “que tenías y podias”. El cuerpo y la mente aprenden de la experiencia. Si durante mucho tiempo vivimos bajo presión, conflicto o incertidumbre, podemos aprender por ejemplo que permanecer alertas es la forma más segura de atravesar el día. O tal vez * Aprendiste a registrar rápidamente el humor (padre, madre, jefe) para saber si era seguro acercarte. * Descubriste que ser útil, responsable o no causar problemas te ayudaba a recibir reconocimiento. * Controlar cada detalle te daba cierta tranquilidad en un entorno imprevisible. El problema aparece cuando el contexto cambia, pero la estrategia permanece. Ya no existe aquella amenaza, pero… * Seguís preparándote. * Nadie te exige una respuesta, pero sentís que debés responder. * Nadie te pidió que resolvieras el problema, pero ya comenzaste a resolverlo. Todo está relativamente bien, pero tu atención continúa buscando lo que podría salir mal. Una parte de vos sigue defendiendo una trinchera muchos años después de que terminó la guerra. Una forma de vivir que alguna vez te protegió puede convertirse, con el tiempo, en aquello que te agota. Por eso no alcanza con que te digan o decirte a vos mismo: Relajate. Dejá de pensar. No te preocupes. Porque esa parte en realidad necesita descubrir, gradualmente, que ya no tiene que protegerte de la misma manera que aprendió. Hay cansancios que piden seguridad Hay cansancios & agotamientos que no se van durmiendo más, ni reduciendo actividades, ni buscando de algún modo recargar energía… Ese tipo de agotamiento tiene como unico “antidoto” dejar de vivir derrochando energia. Esos cansancios no piden más sueño: Piden más seguridad. * La seguridad de poder decir que no sin perder el afecto de nadie. * De no tener que responder inmediatamente. * De permitir que alguien se decepcione sin correr a repararlo. * De mostrar que algo nos duele. * De expresar mi verdad, que alguien se enoje, y que yo la mantenga igual. * De no tener que ser siempre la persona fuerte. * De poder descansar aunque algo quede incompleto. * De dejar que otros resuelvan lo que les corresponde. No siempre podemos cambiar nuestras responsabilidades. A veces hay hijos/padres que cuidar, trabajos que cumplir, problemas reales que atravesar y personas que necesitan nuestra presencia. Pero existe una diferencia enorme entre * Cuidar a alguien y hacernos responsables de todo lo que siente. * Entre trabajar con compromiso y estar disponibles 24/7/365. * Entre ser amables y desaparecer para no incomodar. * Entre ayudar y anticiparnos a resolverlo todo. * Entre atravesar una dificultad y fingir que no nos afecta. Son dos cosas distintas: * Responsabilidades que cansan, porque vivir cuesta vida… y durmiendo me recupero. * Maneras de relacionarnos con ellas que cansan, agotan, y hasta nos quitan el bienestar, la salud, la vitalidad, el entusiasmo… La pregunta que algo puede cambiar… Cuando estamos agotados, la pregunta más inmediata suele ser: ¿Cómo puedo descansar más?Es una pregunta razonable. Pero no siempre llega al corazón del problema. Esta te puede servir mas: ¿Qué sigo sosteniendo incluso cuando estoy descansando? Reconocerlo no significa abandonar tus responsabilidades, alejarte de todo el mundo o cambiar tu vida de un día para otro. Significa distinguir entre aquello que verdaderamente te corresponde y lo que aprendiste a cargar para sentirte seguro, aceptado o querido. Porque el cansancio no es solamente “un problema que debemos eliminar”… es información. Tu cuerpo está intentando mostrarte que la forma en la que venís viviendo se volvió demasiado costosa. Mindfulness no es dejarte “aflojar” A veces usamos mindfulness como otra manera de exigirnos estar bien. Meditamos para quitarnos la ansiedad. Respiramos para dejar de sentir. Intentamos relajar el cuerpo con la misma impaciencia con la que resolvemos cualquier otra tarea. Pero mindfulness no es para “ sentirte mejor” ni para obligarte a bajar la guardia. Es mas bien para reconocer que estás en guardia…. Una práctica para dejar algo, al menos por un momento: Al finalizar el día, o durante el día toma unos minutos durante unos minutos. * Sentí el cuerpo apoyado donde estés. * No intentes relajarlo inmediatamente. Primero reconocé qué continúa activo. * Después preguntate: * ¿Qué sostuve/ estoy sosteniendo hoy además de mis tareas? * ¿En qué momentos sentí que debía resolver, cumplir o aguantar? * ¿Qué podría dejar de sostener, al menos por este momento ? No intentes resolver toda tu vida. Elegí una sola función y permití que descanse durante un rato: * No responder ese mensaje que puede esperar. * No explicar por qué estás cansado. * No anticipar una conversación que todavía no ocurrió. * No intentar que todos estén bien. * No demostrar que podés con todo. * No estar disponible durante una hora. * Quizás dejar algo pendiente. * Y esta vez alguien tenga que esperar. No estás abandonando tus responsabilidades. Estás recordando que vos también existís más allá de ellas. Terminar el turno La persona en el comienzo del audio/articulo no necesitaba otra mañana en la cama. Necesitaba reconocer que llevaba años trabajando para que todos estuvieran bien. Anticipando. Resolviendo. Aguantando. Había asumido el trabajo invisible de mantener en calma el mundo que la rodeaba. Y ese trabajo no terminaba nunca. Cuando pudo verlo, su cansancio no desaparec

  3. Jul 16

    El costo de esperar sentirte listo

    Hay personas que llevan años preparándose para hacer algo que ya saben que quieren hacer. Pero… leen todavía otro libro. Hacen ademas otro curso. Piensan inclusive una alternativa más… Esperan tener más tiempo, más energía, más claridad. Y no es que están necesariamente confundidas. Muchas veces están esperando una emoción. Quizás quieren sentirse seguras antes de hablar. Confiadas antes de empezar. Motivadas antes de poder realmente comprometerse. Tranquilas antes de tomar una decisión. Y la espera puede durar mucho porque siempre parece razonable. * “Todavía no es el momento justo” * “Necesito pensarlo un poco más.” * “Quiero estar completamente seguro.” El problema no es tomarse un tiempo para pensar. El problema aparece cuando estamos esperando que desaparezca toda incomodidad antes de movernos. Porque eso probablemente, no va a ocurrir. No siempre estamos esperando el momento adecuado. A veces estamos esperando una garantía que la vida no puede darnos. Una forma muy elegante de quedarse quieto Una persona puede saber que su trabajo ya no le hace bien. Puede hablar de eso durante meses. Puede imaginar otras posibilidades, actualizar su currículum y mirar ofertas. Pero no envía ninguna solicitud, dice que todavía no tiene suficiente claridad… Otra persona sabe que necesita poner un límite en su familia. Está cansada de resolver, intervenir y sostener asuntos que no le corresponden. Pero espera poder hablar sin culpa…. Otra tiene un proyecto importa para él. Sabe hacer el trabajo. Tiene experiencia. Incluso hay personas interesadas. Pero sigue modificando la propuesta, cambiando el nombre, agregando contenidos y buscando una versión que le dé confianza total... Parecen situaciones distintas. Pero todas tienen algo en común: La persona está esperando una emoción cómoda, para tomar acción.Y cuando esa emoción no aparece, interpreta que todavía no está lista. Sin embargo, sentirse preparado y estar preparadono son exactamente lo mismo. * Podés estar preparado para una conversación y sentir miedo. * Podés tener los recursos para empezar un proyecto y seguir dudando. * Podés saber que un límite es necesario y sentir culpa al ponerlo. * Podés elegir algo valioso sin tener certeza de cómo va a terminar. La incomodidad no siempre indica que estás tomando una mala decisión. A veces indica que estás haciendo algo que todavía no te es familiar. La confianza no se piensa: se construye Durante mucho tiempo hablamos de la confianza como si fuera una cualidad que algunas personas tienen y otras no. Ella es segura…Él siempre tuvo confianza…Yo no soy así… Pero la confianza rara vez aparece como una característica completa y estable. En realidad se parece mucho más a una memoria: * Es el recuerdo corporal de haber atravesado situaciones difíciles. * Es saber que ya hablaste otras veces, incluso con miedo. * Que pusiste un límite y pudiste sostener la incomodidad. * Que empezaste algo sin conocer el resultado. * Que te equivocaste y encontraste una manera de corregir. La confianza no es dejar de dudar. Es recordar que podés ponerte en acción también cuando dudás. Por eso, esperar confianza antes de actuar invierte el orden natural del aprendizaje… La confianza es una consecuencia de haber actuado. No un requisito para hacerlo. Primero hacés una llamada. Después descubrís que podías hacerla. Primero mostrás tu trabajo. Después comprobás que una crítica no te destruye. Primero decís que no. Después entendés que la relación puede sobrevivir a tu límite… (o descubrís que una relación que solo funciona si te abandonás no era tan segura como parecía). La mente necesita evidencias. Y pensar, aunque sea útil, no las produce de la manera que nos hace falta: experiencia no intelecto. Podés pasar meses imaginando que sos capaz. Pero una pequeña acción le da al cerebro una información que ni 100 ni 1000 pensamientos positivos pueden conseguir: “Lo hice.” Pero hay una trampa… El alivio de postergar Evitar algo difícil produce alivio. Eso es importante entenderlo porque explica por qué la espera puede volverse tan convincente, tan cómoda, y tentadora como alternativa. * Decidís no tener hoy esa conversación y el cuerpo se relaja. * No enviás la propuesta y desaparece el riesgo de que te digan que no. * No te anotás en la actividad y dejás de preocuparte por no estar a la altura. El alivio es inmediato. Pero también es una enseñanza. Cada vez que escapamos de una situación por miedo, la mente puede registrar: * “Menos mal que no lo hicimos.” * “Eso debía ser peligroso.” * “Todavía no estamos preparados.” Y…la próxima vez, el miedo aparece con más autoridad. Entonces necesitamos más preparación, más confianza y más garantías. El mundo empieza a hacerse más pequeño, no porque no tengamos capacidad, sino porque cada evitación confirma la sensación de que no podríamos atravesarlo. Asi… esperar se convierte en una forma de evitar. Y la espera no nos prepara: Entrena nuestro miedo. Lo contrario también ocurre. Cuando damos un paso proporcionado, no uno heroico sino sincero, uno posible, el sistema nervioso aprende algo nuevo. Como por ejemplo: * “Sentí ansiedad, pero pude quedarme.” * “Me costó decirlo, pero lo dije.” * “No salió perfecto, pero no necesitaba ser perfecto.” * “Me dijeron que no y sigo acá.” La seguridad se construye con esas experiencias. No con la promesa de que nada va a doler, sino con la certeza creciente de que podemos acompañarnos cuando algo duela. Llevado como ejemplo a Meditar…No esperes tener la mente tranquila para meditar. Hay una frase que escucho mucho: “Quiero empezar a meditar, pero tengo demasiados pensamientos.” Es como decir: “Quiero empezar a hacer ejercicio, pero todavía no estoy en forma.” No meditamos porque ya tenemos la mente tranquila. Meditamos para aprender a relacionarnos de otra manera con la mente que tenemos. La práctica no consiste en producir un estado perfecto antes de sentarnos. Consiste en notar: Hay inquietud, ahhh ahora hay miedo, mhhh ahora pocas ganas….:-) Y descubrir que podemos permanecer presentes sin convertir cada experiencia interna en una instrucción. Mindfulness abre un espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos. No elimina la emoción. Nos ayuda a dejar de obedecerla de manera automática. “No tengo ganas” es una experiencia (sensacion/emoción)No tiene por qué convertirse en una decisión. “Tengo miedo” es una experiencia. “No estoy seguro” también. Podemos escucharlas, cuidar lo que necesite ser cuidado y preguntarnos: ¿Qué quiero elegir de todos modos? Esta pregunta no niega las emociones. Las incluye sin entregarles toda la autoridad. Tus emociones son información, no dirección Hay días luminosos, en los que tenemos energía, entusiasmo y claridad. Y hay días de niebla, en los que dudamos de todo. Las emociones se parecen al clima: son reales, influyen, merecen atención… y cambian. El problema aparece cuando esperamos buen tiempo para recorrer cada tramo importante de nuestra vida. Entonces solo avanzamos cuando sentimos motivación. Solo hablamos cuando estamos tranquilos. Solo cuidamos nuestra salud cuando tenemos ganas o estamos “obligados”. Solo defendemos lo que importa cuando nos sentimos seguros. Y terminamos viviendo de acuerdo con “el clima del día”. Las emociones cambian todos los días. Tus valores pueden sostener una dirección mucho más estable. * Quizás hoy no tengas ganas de moverte, pero valorás cuidar tu cuerpo. * Quizás dudás de tu proyecto, pero valorás crear y contribuir. * Quizás sentís culpa al poner un límite, pero valorás construir relaciones en las que no necesites desaparecer para que haya paz. Los valores no eliminan el miedo. Nos recuerdan hacia dónde queremos caminar mientras el miedo está presente. Por eso: No necesitás sentirte listo para toda la travesía. Necesitás estar disponible para el próximo paso. El primer paso no tiene que probar que vas a conseguirlo. Solo tiene que ofrecerte información nueva.Quizás confirme la dirección. Quizás la corrija, o quizás te muestre que no era lo que querías. Moverte no garantiza llegar al destino imaginado. Pero te permite dejar de construir toda tu vida con hipótesis. Para recordar en la semana: La confianza es una consecuencia de haber actuado. No un requisito para hacerlo. La incomodidad no siempre significa que algo está mal. A veces significa que algo está cambiando. Cuando esperar se convierte en una forma de evitar, la espera no nos prepara. Entrena nuestro miedo. No tener ganas es una experiencia. No tiene por qué convertirse en una decisión. Si esperás que desaparezca el miedo para empezar, el miedo termina decidiendo por vos. Las emociones cambian todos los días. Tus valores pueden sostener una dirección mucho más estable. ¿Cuál es el paso más pequeño, concreto y honesto que puedo dar con la confianza que tengo hoy? Un poema para llevar No esperes la certeza.La certeza conoce pocos caminos. Apoyá un pie.Escuchá la tierra.Después apoyá el otro. Las confianzasraramente aparecen antes de partir. Nacen lentamentecuando mirás hacia atrás y descubrísque ya estás caminando. Buena práctica…🙏🌸🎶🍂 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. 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  4. Jul 3

    Cuando el pasado sigue respondiendo por vos

    Hay algo que aparece casi cada semana con las personas con las que trabajo: Creemos que reaccionamos a lo que acaba de pasar. Pero muchas veces no es así. Muchas veces reaccionamos a lo que eso despertó dentro de nosotros. Hay algo que no siempre vemos en el momento. Creemos que estamos reaccionando a lo que acaba de pasar. A un silencio, una mirada, una frase… Pero muchas veces no reaccionamos solo al presente, reaccionamos a lo que el presente despierta en nosotros. Una situación pequeña puede tocar una herida antigua. Una frase de hoy puede abrir una conversación que empezó hace muchos años, que quedó abierta. Y, sin darnos cuenta, no responde solamente el adulto que somos ahora. También responde una parte nuestra que alguna vez se sintió insuficiente, juzgada, sobre exigida, abandonada, criticada o “simplemente” no vista. La voz que aprendimos Algunas voces entran en nosotros muy temprano. * “¿Y por qué no un diez?” * “Bueno tampoco seas tan sensible.” * “Así no, eh, vos siempre igual” * “Podrías hacerlo mejor, vos siempre haces asi” * “¿Eso te vas a poner?” * “Claro, vos siempre querés tener la razón” En el momento parecen frases pequeñas. Pero algunas quedan. Y con el tiempo dejan de venir desde afuera, y comienzan a salir desde adentro: La conversación nunca terminó. Solo cambió de boca. * Y a veces, nos tratamos a nosotros mismos con una dureza que jamás usaríamos con alguien que amamos. * O nos cuesta descansar “tirados en el sillon” sin culpa y que alguien me vea asi. * Por eso una crítica mínima o una observacion pueden sentirse enorme, gigantes. Y asi pasa que podemos estar frente a alguien en el presente, pero responderle a alguien del pasado. La pregunta importante Mindfulness no sirve para borrar esas voces, ni dejar de pelear con ellas, o convencerlas de algo. Nos invita a reconocerlas. A crear un pequeño espacio entre la voz y nuestra respuesta. Porque no es lo mismo decir: Hice un error. Soy el error.Soy un error. Una cosa es identidad. La otra es observación. Y ahí empieza la libertad. Para practicar esta semana La próxima vez que una emoción aparezca con mucha intensidad, antes de responder, hacé una pausa. Respirá. Y preguntate: ¿Estoy respondiendo a esta persona o a algo que esta persona acaba de despertar en mí? Y si aparece una frase dura hacia vos mismo, preguntate: ¿Quién está hablando cuando me hablo así? No para buscar culpables. No para quedarte atrapado en el pasado. Solo para empezar a distinguir entre tu voz y las voces que aprendiste. A través de la vida las personas dejan de hablarnos. El desafío es que nosotros también dejemos de hablar por ellas. O escuchar a ellas. Quizás crecer no sea dejar de escuchar por completo esas voces. Quizás sea dejar de obedecerles. * Que aparezca la exigencia, pero no dirija o juzge. * Si aparezca la culpa, no decida. * Que aparezca la vergüenza, pero no te escondas. Porque el pasado puede haber dejado voces. Pero no tiene por qué tener la última palabra. Mi Poema Un díaesa voz aparece otra vez. Dice lo mismo de siempre. Dice que falta.Que no alcanza.Que podrías haberlo hecho mejor.Que siempre sos asi Pero esta vezalgo en vos no se contrae igual. La escucháscomo quien reconoce una música pasada,un viejo tangosonando en una casadonde ya no vive. No la peleás.No la seguís.No le discutís. Solo respirásy recordás: esta voz fue aprendida, y escuchadapero mi vida puede ser elegida. Y en medio del ruido antiguo,aparece algo más tranquilo: Que no grita. No exige. Solo dice:ahora respondé vos, vos de verdad Buena práctica…🙏🌸🎶🍂 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

  5. Jun 3

    La gente te dá lo que es. Lo que vos merecés, comenzá a dártelo vos.

    “Mi papá nunca me dijo que estaba orgulloso de mí.” Escuché versiones de esa frase muchas veces en sesiones. A veces la dice un hombre de cuarenta años. A veces una mujer de sesenta. Hace poco me lo dijo una mujer que construyó dos empresas, crió 4 hijos, atravesó dificultades enormes y logró cosas admirables… Y sin embargo, una parte de su corazón sigue esperando la misma frase: “Estoy orgulloso de vos, hija.” No porque ella sea débil. No porque sea “estructurada”. Simplemente porque es algo humano: Todos necesitamos sentirnos vistos. Reconocidos.Escuchados.Amados. El problema aparece cuando pasamos años esperando que una persona nos dé algo que simplemente no tiene para dar. Porque un árbol de manzanas no produce naranjas.No porque no te quiera.Porque es un manzano. Y las personas también dan desde lo que son. Desde su historia.Desde su nivel de conciencia.Desde sus heridas.Desde sus capacidades.Desde sus límites. Sin embargo, rara vez vemos eso con claridad. Y muy frecuentemente sufrimos por esa confusión elemental. Cuando sus límites se convierten en tu historia Le contamos algo importante a alguien. Algo que nos duele. Algo que nos preocupa. Algo que nos llena de ilusión…. Y recibimos una respuesta rápida, o superficial, o distraída, o todo eso junto. O simplemente ninguna respuesta. Y entonces algo pasa en silencio: Concluimos que quizás nosotros no somos suficientes… suficientemente importantes, preparados, serios, realistas….O que somos demasiado… demasiado sensibles, demasiado intensos, demasiado necesitados, demasiado emocionales….De una u otra manera sentimos que no importamos mucho… y no concluimos que la otra persona tiene límites…Pero: Esos límites del otro hablan del otro. No de vos. * Si alguien no sabe escuchar, no significa que tus emociones sean demasiado. * Si alguien no sabe reconocer, no significa que tu esfuerzo no valga. * Si alguien no sabe amar profundamente, no significa que seas difícil de amar. Y sin embargo, gran parte del sufrimiento humano nace exactamente ahí.En transformar la incapacidad de otro en una conclusión sobre nuestro propio valor. Muchas personas viven como si su valor dependiera de ser aprobadas… Esta observación de Carl Rogers viene de ver cientos de personas funcionando como si necesitaran que alguien les entregara un certificado invisible que dijera: “Ahora sí sos suficiente, ahora si valés”. Pero el valor humano no funciona así. Tu valor real no aumenta cuando alguien te reconoce. Ni disminuye cuando alguien no puede hacerlo. Puede variar tu valor percibido… pero el valor real, no cambia si alguien dice o deja de decir algo. Y el problema mayor surje cuando comenzamos a usar los límites de los demás como un espejo. Y terminamos viendo una imagen distorsionada de nosotros mismos. Por eso muchas personas pasan años esperando la aprobación de un padre. El reconocimiento de una pareja.La validación de una madre.La comprensión de alguien que jamás aprendió a comprenderse a sí mismo.Y cuanto más esperan, más sufren. Que dice el budismo sobre esto? Señala algo profundamente simple: El sufrimiento aumenta cuando discutimos con la realidad. La realidad es que algunas personas pueden darte mucho. Y otras no. Algunas pueden escuchar profundamente. Otras apenas pueden escucharse a sí mismas. Algunas pueden sostener una conversación difícil. Otras cambian de tema apenas aparece la incomodidad. Ver eso con claridad no es resignación. Es madurez. Es dejar de pedirle manzanas a un árbol que siempre fue un manzano. El duelo de lo que nunca llegó Hay una idea que aparece una y otra vez en mis sesiones: A veces el sentimiento de duelo no es por lo que pasó, ni porque la persona ya no está. Es por aceptar que quizás nunca recibiremos de esa persona aquello que seguimos esperando. Y eso duele. Duele porque implica soltar una esperanza.Duele porque implica aceptar la realidad. Pero también libera.Libera porque deja de haber una vida entera invertida en cambiar a alguien que no puede dar algo que nunca aprendió a ofrecer. Kristin Neff, líder en investigacion de autocompasión, encontró que Las personas emocionalmente más resilientes no son las que reciben más aprobación. Son las que aprendieron a tratarse con amabilidad cuando la aprobación no llega. Es ahí ocurre algo profundo: Dejás de mendigar afuera lo que empezás a cultivar adentro: Respeto.Comprensión.Cuidado.Amabilidad.Presencia. Como escribio David Whyte: “El desarrollo de la madurez consiste en dejar de pedirle al mundo aquello que solamente podemos cultivar dentro de nosotros.” El día que dejás de esperar Quizás crecer no sea conseguir finalmente que todos te vean, te aprecien, y te amen. Quizás crecer sea dejar de entregarles a otros el poder de decidir cuánto valés. Porque hay personas que nunca te van a comprender. Otras que nunca van a reconocerte. Otras que nunca van a darte el amor de la forma que necesitabas. Y eso duele. Dule bastante. Pero hay algo que duele todavía más: Pasar una vida entera esperando manzanas de un árbol que siempre fue un naranjo. La gente te da lo que es.Tu tarea es: No usar eso para decidir quién sos. Porque los límites del otro hablan del otro. Y tu valor nunca dependió de su capacidad para verlo. Buena práctica…🙏🌸🎶🍂 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

    La gente te dá lo que es. Lo que vos merecés, comenzá a dártelo vos.
  6. Apr 29

    No es que no podés. Es que tu cuerpo no confía todavía.

    No solemos abandonar lo importante por falta de claridad. Lo abandonamos por cómo se siente avanzar hacia eso.Y esta distinción lo cambia todo.Porque deja de ser un “problema de disciplina”…y pasa a ser un punto de relación con lo que sentís. Donde se juega el partido realmente No es en la acción. Es antes.En ese instante mínimo donde aparece la incomodidad.Ese nudo leve en el cuerpo. Esa duda que no sabés explicar. Ese impulso de “mejor después…” Ahí. Ahí es donde te vas.Y ese gesto, tan rápido que casi no lo ves, termina definiendo tu vida. Lo que la mayoría no ve Tu sistema nervioso no está en contra tuyo. Está haciendo su trabajo: evalúa todo el tiempo: ¿esto es seguro o no?Y si algo se siente como amenaza, aunque sea una percepción o una emoción, activa protección: postergar, evitar, distraerse… No porque seas débil, inseguro, estes inpreparado, o estresado…Porque estás diseñado así. El “problema” es otro.Hoy en dia (como en ninguna generacion que vivio hasta ahora) muchas de las “amenazas” no son reales en términos físicos. Son experiencias internas: * Decir algo que importa * Exponerte * Equivocarte * Cambiar algo que ya conocés Sin esa distinción, el cuerpo responde igual:si percibe amenaza → reacciona. Da lo mismo si es un tigre…o la foto de un tigre. La trampa silenciosa Entonces pasa esto: Sabés lo que tenés que hacer. Incluso lo querés hacer.Pero no lo hacés. Y ahí (no siempre y no para todos) aparece la segunda capa: Te exigís * Te hablás peor. * Te empujás más. * Te demandás disciplina. Sin darte cuenta… volvés ese momento todavía más inseguro. Y “el sistema” hace lo que sabe hacer: FRENAR. Frenar todo…hasta nuevo aviso. Frase para quedarte No evitás lo que es difícil.Evitás lo que no sabés sostener. Ejemplos reales (de todos los días) Ese mensaje que no enviásLo escribís. Lo revisás.Sentís algo en el cuerpo…y lo dejás…. No era falta de tiempo.Era incomodidad. La conversación con esa persona que evitásSabés lo que querés decir.Pero se siente tenso. Entonces lo suavizás, lo edulcorás… o lo postergás. No era falta de claridad.Era protección. El cambio que seguís pateando hacia adelanteQuerés avanzar.Pero algo se contrae adentro. “Después lo veo.” No era falta de ganas.Era un sistema que no confía todavía. Lo que sí funciona (No es empujarte más) Es cambiar lo que hacés en el momento exacto que aparece la incomodidad: quedate 20 segundos más…o 10’’ o 30’’. Nada más, ni nada menos que eso. No expliques.No resuelvas.No apures. Sentil la sensación. Por qué esto cambia todo Desde la psicología: Porque aumentás tu tolerancia a la activación emocionaly reducís la evitación automática. Esto se entrena, y cada vez te volves mas capáz. Desde mindfulness: Porque dejás de reaccionar y empezás a “estar con” y sostener sensaciones negativas. Asi aumenta tu percepción de “Puedo elejir”. En tu vida práctica: Dejás de irte justo antes de avanzar. Y dás esos pasos que te hacen entrar en movimiento, romper la inercia y comenzar a crecer, en lo que decis que querés. Un punto del budismo (simple, pero clave) No se trata de eliminar lo que sentís.Se trata de no escapar automáticamente.Porque cuando dejás de escapar…la experiencia cambia sola.Y lo que parecía demasiado…se vuelve transitable. La incomodidad no es el problema.Tu urgencia por salir de ella, sí. No es que no podés. Es que, hasta ahora, cada vez que algo se sentía incómodo…te ibas. Y eso tuvo sentido. Te cuidó. Pero también te dejó lejos de muchas cosas importantes. Tu vida no se define por lo que querés hacer. Se define por los momentos en los que te quedás…cuando todo en vos quiere irse. De Rainer Maria Rilke: “Dejá que todo te suceda:belleza y terror. Solo seguí adelante. Ningún sentimiento es final.” Si hoy querés avanzar distinto, no empieces haciendo más.Empezá quedándote. Un poco más.Buena práctica …🙏💪🧍🏻 No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

    No es que no podés. Es que tu cuerpo no confía todavía.
  7. Apr 8

    La vida no se te está escapando

    La escena, mínima, pero decisiva… Estás tomando un café. Nada extraordinario. Nada que subirías a Instagram. Pero está pasando algo importante: Tu cuerpo está ahí. Tu vida está ahí. Pero vos… no tanto. Pensás en lo que tenés que hacer después del café. En lo que no terminaste ayer. O en cómo podrías estar aprovechando mejor este rato. Y así, sin darte cuenta, ese momento, simple, vivo, real: Queda atrás. Para siempre. Vivido parcialmente. A veces ni registrado. Y no es porque “el tiempo pasa rápido”. Ni porque la vida actual sea tan frenética. O porque estoy tan, tan ocupado. Es porque no estabas ahí para vivirlo. La sensación (que aparece después) Después, en general, aparece una sensación: “Estoy perdiendo el tiempo.” “Se me está escapando la vida.” “Otro año más que pasó” Y muchas veces tratás de arreglarlo haciendo más. O usando un App de organización. O planeando más. Pero no cambia mucho, porque no se trata de eso. Porque No es un problema de tiempo. Es un problema de contacto. Contacto con lo que esta pasando delante tuyo, en este momento. El error invisible No estás perdiendo tu vida. Estás perdiendo contacto con el momento. Tu mente está diseñada para anticipar el futuro, claro que sí. Y también para revisar el pasado. Y eso es muy útil. Es indispensable para vivir una vida plena. Pero cuando vivís principal y mayormente ahí, entre futuro y pasado…pasa algo: la vida queda en segundo plano. Y aparece esta sensación de que algo no alcanza. De que nada parece satisfacer completamente. Y no porque falte. Sino porque vos no estás. Dónde más se ve No es en los grandes momentos. Es en lo mínimo. * Estás cenando con alguien… y ya estás pensando en mañana. * Alguien te habla… y vos ya estás armando la respuesta. * Tenés un rato libre… y en vez de descansar, agarrás el celular. No porque lo necesites. Porque no sabés bien cómo quedarte. * Estás en algo que debería ser disfrutable… y ya lo estás evaluando mientras ocurre. Ahí también te vas. Y la vida sigue igual. Una idea simple (pero incómoda) La vida no se te escapa. Vos te vas. Y lo más interesante… es que volver no es complicado. Pero tampoco es automático. Una mini-historia Un hombre viaja durante años buscando un lugar donde sentirse en paz. Finalmente llega. Se sienta frente al paisaje que soñó tanto tiempo. Y en lugar de mirarlo…empieza a pensar en lo que sigue, en si eligió bien, en cuánto tiempo le queda en ese lugar, en donde va después…. Está en el lugar. Pero no está. El pequeño giro Entonces no es hacer más. No es cambiar tu vida. Es algo mucho más simple:Es notar cuando no estás, y volver La práctica (mínima, real) Hoy, en algo muy simple: cuando tomes agua, cuando camines, cuando alguien te hable… probá esto: * No cambies nada * No mejores nada solo registrá: esto está pasando y yo estoy acá Y cuando te vayas…y te des cuenta que te fuiste, volvé. Sin exigencia. Sin enojo. Eso es todo. Una pregunta Así al pasar… ¿Cuántos momentos estás atravesando sin realmente estar en ellos? No como crítica. Sino como puerta. Poema No era que faltaba vidaera que yo no estaba no era la falta de tiempoera mi ausencia todo seguía pasandosin pedirme permiso hasta que un díame quedé y entendí la vida no se escapayo me voy, Y la dejo ahi Final La vida no se te está escapando. Está pasando ahora mismo. en cosas pequeñas, silenciosas, irrepetibles Y la vida que sentís que estás perdiendo…muchas veceses la que está pasando mientras vos no estás. No es leer más. Es aprender a vivir distinto. Entrená tu atención. Semana a semana. Suscribite. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

    La vida no se te está escapando
  8. Mar 18

    Porque Entregarse a los Monos?

    A veces la vida te mueve la pelota a un lugar desde donde no querías jugar. Y ahí está por comenzar gran parte del sufrimiento humano. Cuando algo ocurre, solemos hacer dos cosas al mismo tiempo: * Vivimos lo que pasó… * Y peleamos con lo que pasó… Esa pelea silenciosa es la que agota. Cuando la vida no coopera Nos gusta imaginar que la vida debería ser razonable. Justa. Que si hacemos las cosas bien, todo debería acomodarse. Que las relaciones deberían durar y funcionar del modo que pensamos deberían ser. Que nuestro cuerpo tiene que responder siempre, sin fallar, y sin mayores problemas. Que los planes deberían funcionar “como los planeamos”. Pero la vida no está para cooperar ni entender tus planes o intenciones. A veces coinciden, si, por un tiempo. Y es ahí podemos creer que tenemos más control del que en realidad tenemos. Y después…aparecen los monos. Una discusión. Un diagnóstico. Una pérdida. Un cambio inesperado. Alguien nos ‘falla’. Otro que nos acusa, algunos mas que nos desilusionan. La vida mueve la pelota. Y de pronto tenemos que jugar desde un lugar que no elegimos. Y que no pensamos que podia ser así. Y como es posible que ahora se movió allá. Asi es En el budismo existe un concepto que tiene una palabra propia: tathātā. Significa algo así como: “Así es.” La realidad tal cual está ocurriendo. Sin discutirla. Sin adornarla. Sin intentar cambiar el pasado. Ni explicar porque si o porque no. El mono tiró la pelota detrás de aquel árbol. Punto. Eso es tathātā. Pero, normalmente, lo que hace la mente es con velocidad buscar otra cosa: Comienza a discutir. * “Esto no debería haber pasado.” * “¿Por qué a mí? * “Esto arruinó todo.” * “Que mono de….” Ahí aparece el sufrimiento. No tanto porque la pelota está detrás del árbol. Sino por la pelea con el hecho de que no había caído ahí, y el mono la movió. La Presencia empieza cuando hacemos algo muy simple: Pausar. Respirar. Y reconocer: “Así es.” No como resignación. Sino como el primer paso para volver a responder con claridad. Mindfulness en la vida real Mindfulness no es pensar positivo. No es negar el dolor. Es algo mucho más honesto. Es detenerse un momento y reconocer: Esto es lo que hay. No es lo que me gustaría. No es lo que debería haber pasado según mi plan o mis expectativas… Es Esto. Y desde ahí aparece una pregunta completamente distinta: ¿Cómo quiero responder ahora? Una práctica simple La próxima vez que algo no salga como esperabas, probá esto. * Pausa. * Respirá. * Y decí internamente: “Ok… acá cayó la pelota.” No como resignación. Sino como claridad. * Y preguntate: ¿Cómo quiero jugar este tiro? No fue el mono. Fue el momento en que empezaste a discutircon el lugar donde cayó la pelota. La vida la movió. Porque eso es lo que la vida hace. Y vos te quedas esperando que volvera un lugar que ya no existe. Y ahí,te fuiste de vos. Volver no es cambiar el tiro.Es dejar de pelear con los monos.Y jugar desde donde estás. La vida mueve la pelota. Eso no va a cambiar. Lo que sí puede cambiar es esto. Seguir peleándote…o volver a vos. Respira. Mira. Y juga desde ahí. Porque al final no es el mono. No es la pelota. Es si Vos te quedás o te vas de donde estás. Get full access to Presencia Pura by Javier Rumi at presenciapura.substack.com/subscribe

    Porque Entregarse a los Monos?

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