Erik und Martha Abenteuer

Francisco Jiménez

Soy el papá de Erik y Marta, y desde hace un tiempo les cuento cuentos cada noche. Aquí comparto esas historias llenas de magia, ternura y aventuras. Erik y Martha te esperan con dragones, tesoros escondidos, magia y mucha imaginación. sanjorge.substack.com

Episodes

  1. May 31

    El misterio del taller mágico en el castillo de los Wichtelmänner

    Resumen Martha y Erik, en un país lejano, se despiertan en una habitación que parece una nube, dentro del castillo de los Wichtelmänner. Al bajar a desayunar, descubren que los Wichtelmänner se hacen pequeños durante las Navidades para entrar en las casas. Su Wichtelmann les ofrece resolver un mensaje secreto dejado por un antiguo miembro de su comunidad. Erik y Martha aceptan el desafío, confiando en sus habilidades para descifrarlo. Erik y Martha descubren que el tesoro escondido en el castillo requiere un método especial para revelar pistas ocultas en un papel. Al calentar el papel con una vela, aparecen instrucciones que los llevan a buscar un pasadizo secreto en la torre norte del castillo. Después de un tiempo buscando, Martha encuentra un botón en una piedra, y junto con Erik, descubren otro, lo que les permite avanzar en su búsqueda del tesoro. Erik y Martha descubren un túnel al presionar un botón en la piedra de una torre. Deciden enviar primero a los Pokémons y unicornios para verificar si hay peligro. Tras recibir la señal de que todo está despejado, bajan y encuentran un sótano iluminado por un hechizo antiguo. Erik, Martha y los Wichtelmänner descubren un taller perdido lleno de juguetes a medio hacer, que se creía solo una leyenda. Este taller mágico permite fabricar rápidamente los mejores juguetes del mundo. Los Wichtelmänner, emocionados, comienzan a trabajar en el taller, mientras Erik y Martha se alegran de que más niños puedan recibir juguetes. Tras explorar el castillo, deciden regresar al castillo de la Arguijuela, concluyendo su aventura. Cuento — Papa: Todo bien Erik? ujum, y Martha? — Martha: Wann fangen wir an? — Papa: ya, empezamos ya — Martha: Vale, pero papá? —¿Podemos elegir qué pasa en la historia? —¡Papá! ¡Elige! —¡No, no! Venga, ¿qué queréis que suceda? —Tesoro, horror y Pokémon. Dijo Erik —Unicornios y Bey blade. Martha/Erik —Unicornios, un arco iris y un bebé. Siguieron diciendo. Se despertaron por la mañana, en un país muy, muy lejano al sur, en una ciudad muy pequeñita llamada Cáceres vivían el caballero Erik y la amazona Martha. Abrieron los ojos. Erik y Martha no recordaban dónde estaban, pero era increíble. La cama parecía una nube. Las sábanas eran blancas y tenían forma de nube. Todo en aquella habitación parecía una nube. —¿O es que estamos en una nube? —¡Claro! dijeron, estamos en el castillo de los Wichtelmann. —¡Anda, es verdad! —¡Cool! ¡Corre, corre! ¡Bajemos a desayunar! A ver quién hay allá en la sala del castillo. —Yo sé qué hay para desayunar. —¿Qué hay para desayunar? —¡Nube! Bajaron a desayunar rápidamente al salón del castillo. Ya había muchos Wichtelmänner allí. ¡Guau! Todos hablaban muy animadamente. De repente, Erik y Martha se dieron cuenta de que no eran tan pequeños. ¿Cómo era posible que pudiesen entrar en las casas por aquellas puertas tan pequeñas que construían? Erik y Martha se lo preguntaron a su Wichtelmann. —¿Lieber Wichtelmann? Dijeron Erik y Martha ¿Yaaa? respondió. - ¿Cómo es posible que entres en nuestra casa por esa puerta tan, tan, tan pequeña que te construyes? El Wichtelmann les miró y dijo: —Veo que sois muy inteligentes. Bueno, cuando vivimos aquí durante todo el año también nos preparamos para ser más pequeños durante las Navidades. Si no, como tú bien dices, no podríamos ir a las casas porque nos verían. No podríamos entrar por ningún sitio, seríamos demasiado grandes. Entonces, construimos pequeños túneles para atravesar las paredes y demás. Y antes vienen los reyes de los Wichtelmann, que son magos, y ellos nos hacen más pequeños. Es un hechizo muy, muy poderoso, pero solo dura durante las Navidades. Después tenemos que venir rápidamente a nuestro castillo. Aquí, de repente, cuando el hechizo desaparece, volvemos a ser de nuestro tamaño normal. —Ah —dijeron Erik y Martha—. Ya es muy interesante. El Wichtelmann continuó: —¿Sabéis? Tenemos un pequeño acertijo que quizás vosotros podáis resolver. Hace muchos, muchos años, un Wichtelmann dejó un mensaje secreto. Nadie ha conseguido todavía descifrar lo que ponía. ¿Queréis intentarlo vosotros? —Ok —dijeron Erik y Martha—. Nosotros somos expertos. Así es que Erik y Martha cogieron el mensaje que les tendía su Wichtelmann. «En este día tan, tan soleado, he ido a parar al sitio más oscuro del castillo. He tenido que esconder el tesoro, pues venían los ladrones de los Wichtelmann. Nadie sabe quiénes son, pero sí que quieren algo que nosotros tenemos. Así que lo he escondido todo abajo, donde el sol no llega». —Ajá. ¿Y ya está? ¿Eso es todo lo que dice? —preguntaron Erik y Martha. —Sí —dijo el Wichtelmann—. Al parecer debería ser suficiente para encontrar el tesoro. —Nein. Man braucht un Feuerzeug. —¿Un Feuerzeug? ¿Cómo? —Con limón hat er das geschrieben. —Ah —dijo Erik—. A ver, creo que el secreto todavía está en ese papel. ¿Tenéis una vela? —Claro. Y trajeron una vela. Erik miró al Wichtelmann y le dijo: —Hey, ¿es una broma? Me refiero a una vela encendida. —Bueno —dijo el Wichtelmann—, ok, dilo. No sabía. Te he traído una vela. Sacó el Wichtelmann una mano por la ventana y dijo: —Oskar, enciéndela. Y se escuchó... Y Oskar encendió la vela. —Pero es un fuego, no una vela. Aquí tienes la vela encendida —dijo Erik—. Nunca habría pensado en encenderla así, pero bueno. Puso la vela debajo del papel. Y al rato se fueron... En cuanto entró en contacto con el calorcillo de la vela, el papel se fue cambiando de color. Y aparecieron más letras escritas. —Cool —dijo el Wichtelmann—. Eso no se le había ocurrido a nadie. —Nosotros ya lo hemos tenido que hacer varias veces —dijeron Erik y Martha. Erik y Martha leyeron lo que ponía. Esta vez era mucho más aclarador. «En la torre norte del castillo hay un pasadizo secreto. Os llevará a los sótanos secretos del castillo. Allí deberéis encontrar la puerta secreta. Y allí estará el tesoro perdido». —Ok —dijeron Erik y Martha—. Bueno, ¿dónde está la torre norte del castillo? Dijo el Wichtelmann: —Debe ser aquella. Se dirigieron todos, todos, todos. No, Simsalabim, estamos en la torre norte del castillo. Erik y Martha hicieron un hechizo. —Simsalabim, llévanos a la torre norte del castillin, plim plim. Y ya está, en la torre norte del castillo. Todas las piedras parecían iguales. El Wichtelmann dijo: —Aquí no vais a encontrar nada. Si hubiese un pasadizo, después de tantos miles de años, algún Wichtelmann lo habría encontrado. —Vamos, busquemos, Martha —dijo Erik. Se tiraron un buen rato hasta que, al final, Martha encontró algo en una piedra. —Mira, esto parece un botón, ¿no? Erik se acercó. —Sí, pero intuyo que hace falta algo más. Sigamos buscando. Al rato Erik encontró otro. —Cool, yo creo que ahora ya sí podemos intentarlo. Los dos cogieron las piedras, se acercaron e introdujeron el dedo. Pulsaron en aquella especie de botón, la piedra cedió y, al cabo de unos instantes, sonó un clic. Y la pared entera de la torre pareció hundirse en la tierra. Y allí quedó abierta la entrada a un túnel que descendía. —Cool —dijo el Wichtelmann. —Sí —dijo Erik—. ¿Y ahora qué hacemos? —Pues lo más importante es enviar primero a los Pokémons y a los unicornitos. Ellos bajarán primero y nos dirán si hay algún peligro. —Ok. Martha llamó a los unicornios y aparecieron en un momento. Y Erik llamó a los Pokémons. —Oh, aquí estáis, amigos nuestros. Por favor, ¿podríais bajar con cuidado y decirnos si hay algún peligro abajo? Los Pokémons y los unicornios estaban encantados de poder ayudar a Erik y a Martha. Les encantaban Erik y Martha. Así es que bajaron. Al cabo de un rato se oyó un silbido. Eso significaba que estaba todo despejado. —Bajemos —dijeron Erik y Martha. Bajaron al sótano. —Wow, estaba lleno de mesas con luces. Pero ¿cómo es posible que haya luz? —Wow, debe ser un hechizo antiguo. Las mesas estaban llenas de juguetes a medio hacer y también de trajes de Wichtelmann y otras cosas. —Wow, aquí hace millones de años que no ha entrado nadie. —Oh —dijo el Wichtelmann—. Es el taller perdido de los Wichtelmann. Todos pensábamos que era simplemente una historia, pero es realidad. Dicen que es mágico y que sirve para hacer los mejores juguetes del mundo y además se hace muy rápidamente. —Wow, este sí que es el mejor tesoro del mundo —dijeron los Wichtelmann que habían llegado hasta allí. —Cool, nos alegramos mucho —dijeron Erik y Martha. Los unicornitos de Martha e incluso el bebé estaban relinchando de contento. Habían sido de muchísima ayuda. Ayudar a un Vigtelman no se puede hacer todos los días. Los Pokémon también estaban muy contentos. Y los Wichtelmann, todos los Wichtelmann del castillo, habían empezado a bajar a aquel sótano secreto que había estado perdido durante tantos años. Se sentaron en las sillas y empezaron a hacer los juguetes más increíbles que Erik y Martha habían visto. —Oh, los Wichtelmann estaban súper contentos. —Cool, este año podremos hacer muchos más juguetes y así podremos repartir más y que más niños tengan juguetes. —Cool —dijeron Erik y Martha—. Es maravilloso, nos alegramos muchísimo. Los Wichtelmann estaban todos emocionados y probando sus nuevos juguetes. —Cool, esto sí que es un tesoro de verdad —le dijo Erik a Martha. Y Martha dijo: —Sí, es increíble, habiendo descubierto esto, todos los niños del mundo tendrán juguetes y todo gracias a nosotros. Cool, ha sido maravilloso este viaje. Los Wichtelmann, Erik y Martha estaban con sus Pokémon, con sus unicornitos, el bebé unicornio y Erik y Martha muy, muy contentos. Dejaron a los Vigtelman trabajando. Salieron del sótano secreto que había estado perdido durante mil

    18 min
  2. May 22

    La leyenda de San Jorge y el dragón: un pacto inesperado en Cáceres

    Resumen Erik y Martha buscaban la cueva de sus amigos Livi y Oskar en las montañas cerca de Hervás. Tras subir con sus caballos hasta donde pudieron, continuaron a pie y finalmente encontraron la entrada a la cueva. Al entrar, escucharon la voz de Oskar, confirmando que habían llegado al lugar correcto. Erik y Martha escuchan a Oskar contar un cuento sobre dragones y humanos. Oskar relata que hace años, los dragones y las personas eran amigos, pero un incendio hizo que los humanos culparan a los dragones, rompiendo la amistad. Los dragones se fueron, excepto uno que necesitaba curarse y buscó ayuda en Cáceres, pero los humanos lo rechazaron. El dragón accidentalmente quemó una torre de la muralla de Cáceres, lo que enfureció a los habitantes que pensaron que quería atacarles. Llamaron a los soldados, pero el dragón, fuerte y poderoso, los repelía. Un caballero, identificado como San Jorge, propuso luchar contra el dragón: si ganaba, el dragón obtendría lo que quería, pero si perdía, tendría que irse. El caballero salió con su caballo y armadura para enfrentarse al dragón. El pequeño caballero se enfrentó al tatarabuelo dragón, quien subestimó su velocidad e inteligencia. Aunque el dragón intentó atacar con fuego, el caballero utilizó su escudo de dragón para protegerse y logró derribar al dragón con su espada. San Jorge, el caballero, cuestionó al dragón sobre su ataque a la ciudad, y el dragón explicó que fue un accidente debido a un estornudo. San Jorge reflexionó sobre la posibilidad de que los dragones no fueran responsables de quemar los campos, y una tormenta confirmó sus sospechas al provocar un incendio. Finalmente, San Jorge decidió confiar en el dragón y ofreció paz si prometía no atacar más. San Jorge había derrotado al dragón, pero en lugar de matarlo, decidió hacer un trato con él. El dragón, herido en la rodilla, ofreció su casa para que San Jorge descansara, a cambio de ayuda para reparar los daños que había causado. San Jorge aceptó el trato, y desde las almenas de la ciudad, la gente observaba, sorprendida por la decisión de no acabar con el dragón. Aunque inicialmente confundidos, muchos comenzaron a entender y aceptar el acuerdo entre San Jorge y el dragón. San Jorge derrotó al dragón y lo llevó a su casa. Esto marcó el inicio de la amistad entre San Jorge y el tata abuelo. Oskar cuenta la historia a Livi mientras su bebé dragón se duerme. Erik y Martha llegan para pasar la noche con ellos, y todos se preparan para dormir. Cuento ¿Cómo? En un país muy lejano al sur, en una ciudad muy pequeñita llamada Cáceres, vivían el caballero Erik y la amazona Martha. Era por la tarde-noche. Acababa de anochecer, mejor dicho, y Erik y Martha estaban buscando la cueva de Livi y de Oskar. Estaba en algún sitio, allí, en las montañas cerca de Hervás. No sabían exactamente, porque nunca habían ido a visitar a Oskar y a Livi. Oskar y Livi siempre los habían buscado a ellos. De repente, Erik y Martha dijeron, allí, los dos a la vez señalaron a una montaña que había justo enfrente de ellos, una colina muy alta, y la parte de arriba era completamente de piedra. Allí seguro que hay una cueva. Sí, allí es el sitio. Estoy segura que es el sitio donde Livi y Oskar buscarían para vivir. Erik y Martha subieron todo lo que pudieron con Crinesdoradas y Solnaciente, hasta que Crinesdoradas volvió la cabeza y le dijo a Erik: “Erik, no estoy dispuesto a seguir subiendo. Esto ya es peligroso hasta para un caballo. Si quieres subir más, a partir de ahora subirás con tus dos piernecitas de humano, pero mis cuatro superpiernas han dicho que basta.” “Ok”, dijo Erik. Solnaciente miró a Martha y Martha dijo: “Vale, vale, ya sé lo que me vas a decir, yo también me bajo.” Parecía que se reía Solnaciente. Martha bajó, los dos cogieron una pequeña mochila con un poco de comida, bebida, sus sacos de dormir. “Bueno, esto es todo lo que necesitamos.” Estuvieron subiendo y subiendo durante unas dos horas. Estaban ya cansados y ya no quedaba ninguna luz. Encontraron la puerta, bueno, la puerta, la entrada a la cueva. “¿Ves? Te dije que tenía que ser esta. Te lo dije yo”, dijo Martha. “No, lo dije yo”, dijo Erik. “Venga, hemos sido los dos, de acuerdo.” Entraron en la cueva muy despacito, no querían hacer ruido, por si en el caso no era la cueva de Livi y Oskar, no sea que asustasen a algún oso. A los osos no les gusta nada que les molesten. Y si alguien les molesta por descuido, suelen ser muy, muy violentos. “Pero si son Benny y Lili no nos hacen nada.” “Ah, ya, claro.” Excepto para Erik y Martha, sus amigos Benny y Lili no les harían por supuesto nada, pero los demás osos no se sabe. El caso es que entraron despacito, siguieron recto y luego la cueva tenía una curva a la derecha y luego otra curva a la izquierda. Y ahí, justo detrás de la siguiente curva, antes incluso de tomarla, escucharon la voz de Oskar que decía: “En un país muy, muy lejano al sur, en una ciudad muy pequeñita llamada Cáceres, vivían el caballero Erik y la amazona Martha. El caballero Oskar y la amazona Livi.” Erik y Martha al escuchar aquello pararon y se preguntaron: “¿Pero qué está diciendo Oskar? Está contando un cuento.” “Eso parece. Espera, escuchémoslo. Papá siempre cuenta esos cuentos.” “Exacto.” Oskar siguió: “Hace muchos, muchos años, mi tatarabuelo vivía también en esta zona y muchos otros dragones. Pero las personas tenían mucho miedo de los dragones. Y aunque nosotros no queríamos hacerles daño, o mejor dicho nuestro tatarabuelo”, dijo Erik, miró a Martha, le dijo: “Wow, papá nos contó una historia hace mucho tiempo, pero ni siquiera me acuerdo del nombre del dragón.” “Es verdad. Es el abuelo, creo.”, dijo Martha “Sí, no me acuerdo yo tampoco.” Bueno, el caso es que Oskar siguió contando así: “Los dragones y las personas habían sido amigos durante muchos años. Pero un verano hubo un incendio horrible y se quemó una parte de la cosecha. Las personas pensaban que habíamos sido nosotros, que habíamos quemado la cosecha con nuestro fuego. Pero no habíamos sido nosotros, había sido un rayo de una tormenta de verano. El caso es que los pueblos dejaron de compartir comida con nosotros. Dijeron que ya no les protegíamos y que realmente era nuestra culpa que no tuviesen para comer. Los dragones tuvimos que irnos poco a poco. Unos se fueron al norte, otros al sur. Nosotros no queríamos nada malo a las personas, pero ellas no querían escucharnos y tampoco podíamos hablar con ellas porque tienen otro idioma. Así es que solo quedó un dragón. Él no había podido salir volando e irse porque tenía un ala que necesitaba curar. Había decidido ir un poco al sur, pero a mitad de camino había tenido que bajar y descansar. Bajó justo al lado de la ciudad de Cáceres. Él decidió ir a Cáceres a pedirles comida para poder cuidarse, curarse y seguir volando. No quería molestar a nadie, pero las personas en cuanto le vieron pensaron que como en el norte de Hervás, los dragones iban a traer problemas. Por eso cerraron las puertas de la ciudad. Él intentó hablar con ellos, pero no pudo. Incluso una vez estaba tan frustrado… Porque no le querían escuchar, que sin querer salió fuego por su boca y se quemó una pequeña torre de la muralla de Cáceres. Entonces estaban todos muy enfadados con el dragón. Pensaron que el dragón les quería atacar y quitarles toda su comida. Así es que llamaron a todos los soldados que había. Pero mi tatarabuelo era un dragón muy fuerte y poderoso, y siempre que intentaban atacarle, él con su fuego y su fuerza les estaba volviendo otra vez a la ciudad. Total que al final un caballero desde la muralla le llamó y le dijo: “Hemos decidido que yo pelearé contigo. Si me vences, te daremos lo que quieres, pero si no, tendrás que irte.” El dragón, mi tatarabuelo, miró aquella cosa enana que había delante de él. Se quedó un poco extrañado y preguntó: “No me lo creo, es extraño lo primero que sepas hablar mi idioma y lo segundo es cómo piensa una cosa tan pequeña ganar a uno de los dragones más fuertes que existen y han existido. Lo que queréis hacer es tenderme una trampa.” “No, nadie se saldrá del Cáceres de la muralla mientras que estemos luchando.” El dragón dijo: “¿Cómo estoy seguro de que será así?” Mira, se abrió una de las puertas de la ciudad y sacó la comida favorita de los dragones. Dos carros llenos hasta arriba enteros y los dejó a una distancia prudente con muchos soldados y guardianes, todos armados con arcos y flechas de dragón. “Ok, estoy de acuerdo, y sólo lucharás tú contra mí”, preguntó el dragón. “Papá”, se escuchó de repente, “tengo miedo, van a matar a nuestro tatarabuelo el dragón?”, Eh? dijeron Erik y Martha. “Ah, le está costándo una historia a su hijito. Qué bonito.” “No te preocupes”, dijo Oskar, “y sí, escúchame, no me interrumpas que a veces si me interrumpes en medio de una historia se me va el santo al cielo y se me olvida y no puedo continuar.” “Ok”, dijo el niño, el dragoncito que escuchaba. “Pero le va a pasar algo?” “He dicho que esperes un momento”, dijo Oskar. El caso es que salió el caballero, dicen que se llamaba San Jorge, aunque me han dicho que realmente era el papá de Erik y de Martha. “Oh, Erik y Martha, Erik y Martha, Erik y Martha”, decía el pequeño dragón que todavía no sabía pronunciar perfectamente los nombres de Erik y de Martha. Bueno, salió San Jorge, iba con su caballo blanco, con una armadura de dragón, con su lanza, espada, flechas, arco, con todo. Así que empezaron a luchar. El caballo era un caballo realmente increíblemente valiente. Se tiraban piedras, flechas y todo lo posible. El dragón, tu tatarabuelo, había pensado que iba a ser muy fácil acabar con aquel p

    25 min
  3. Carlitos, el niño que llegó a ser emperador

    06/20/2025

    Carlitos, el niño que llegó a ser emperador

    Resumen Este cuento narra la historia de Carlitos, un niño que creció entre juegos y sueños para convertirse en uno de los emperadores más poderosos de Europa: Carlos V. Pero no lo hizo solo. Le acompañaron dos amigos muy especiales, Erik el caballero y Martha la amazona, con quienes vivió aventuras llenas de magia, decisiones importantes y momentos inolvidables. Juntos, nos enseñan que el verdadero poder está en la amistad, la sabiduría y saber cuándo parar. Cuento En un país muy muy lejano en el sur, en una ciudad muy pequeñita llamada Cáceres, vivían el caballero Erik y la Amazona Martha. Erik y Martha pasaron mucho tiempo con Carlos v su amigo el emperador. Capítulo 1: El niño que sería emperador Hace muchos años, en la ciudad de Gante, nació un niño llamado Carlos. Su familia era tan importante que desde el primer día todos decían: —¡Este niño será rey! Pero Carlos no estaba solo. Tenía dos amigos muy especiales: Erik, un joven caballero con una capa azul, y Martha, una valiente amazona que montaba a caballo como el viento. Vivían en un castillo mágico no muy lejos, y a veces se colaban en el palacio para jugar con Carlitos. —¿Qué quieres ser de mayor? —le preguntaban. —No lo sé... dicen que rey, duque, emperador... ¡pero yo solo quiero jugar con vosotros! A Carlitos le gustaba el pan con miel, los perros grandes y las espadas de madera. Con Erik y Martha se pasaba el día inventando batallas, rescatando castillos y riendo a carcajadas. Pero un día, los adultos le dijeron: —Carlos, debes prepararte. Te esperan grandes responsabilidades. Y aunque le costó dejar los juegos, Carlitos empezó a estudiar. Lenguas, historia, política... ¡hasta etiqueta en la mesa! Erik y Martha, que venían de vez en cuando en dragón o a caballo, lo animaban: —¡Tú puedes, Carlos! Pero no olvides divertirte de vez en cuando. Capítulo 2: Carlitos en España Cuando tenía 16 años, Carlos tuvo que viajar a un lugar llamado España, donde lo esperaban para convertirlo en rey. No hablaba español y estaba un poco nervioso. Pero Erik y Martha lo acompañaron en secreto en el barco, escondidos en un barril de manzanas. Al llegar, todos gritaban: —¡Viva el rey Carlos! Carlos sonreía... pero no entendía nada. —¿Qué han dicho? ¿Me quieren o me están regañando? —preguntó. —Te quieren —rio Martha—, pero sería buena idea aprender español. Así que Carlos se puso a estudiar como nunca. Erik le enseñaba palabras mientras jugaban al ajedrez. Martha le traducía canciones. Poco a poco, Carlos comenzó a entender a su gente... y su gente empezó a quererle de verdad. Durante su viaje por ciudades como Valladolid, Toledo y Burgos, Carlos no solo fue un joven rey serio: también reía con sus amigos, se disfrazaba de campesino para escuchar al pueblo, y una vez incluso bailó flamenco en secreto en una plaza, mientras Martha tocaba las palmas. Se estaba convirtiendo no solo en un rey, sino en un buen rey. Capítulo 3: El emperador que se cansó de mandar tanto Con el tiempo, Carlos fue nombrado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Era el jefe de muchísimos territorios: España, Alemania, Austria, Flandes, Italia, América... ¡Casi medio mundo! Pero claro... eso no significaba más fiestas, sino más trabajo. Erik le preguntó una noche: —¿No te cansas de firmar tantos papeles? Y Carlos suspiró: —A veces sueño con volver a Gante y jugar con espadas de madera... Martha le dio una idea: —Entonces, cuando ya hayas hecho tu parte, podrías... dejarlo. —¿Dejar de ser emperador? —Sí —dijeron los dos—. Para ser Carlos, tu mejor versión. No el título, sino la persona. Carlos se quedó pensando. Después de muchos años de guerras, tratados, decisiones difíciles y viajes interminables, Carlos V decidió retirarse. Le dio la corona de España a su hijo Felipe y se marchó a un lugar tranquilo en Yuste, al norte de Extremadura, rodeado de naturaleza. Allí, Erik y Martha lo visitaban a menudo. Paseaban juntos, tocaban música, hablaban de dragones, de aventuras... y también de la importancia de saber cuándo parar. Carlos ya no necesitaba una corona para ser grande. Su sabiduría, su amistad y su bondad lo acompañarían para siempre. Y colorín colorado este cuento se ha acabado. Buenas noches Erik, buenas noches Martha. 466;20.06.2025;otros This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit sanjorge.substack.com

    6 min
  4. 06/05/2025

    El caballero Erik y el niño del río

    Resumen Esta historia, ambientada en Cáceres en el año 1616, narra una aventura del joven caballero Erik. Tras entrenar con su espada, Erik se prepara para asistir a su clase de español con la hermana Ricarda, una monjita entrañable. Al no encontrarla, se preocupa y, acompañado por el guardia Toni, parte en su búsqueda.Al llegar a su casa, descubren que Ricarda está enferma. Juntos logran llevarla al castillo, donde el médico le receta descanso y buena alimentación. Su valiente gesto salva la vida de la profesora.Más tarde, Erik sale a pasear por el bosque y encuentra a un niño desconocido, Tom, tratando de pescar para calmar su hambre. Con empatía y generosidad, Erik le ayuda a construir una red, pescar, cocinar los peces y compartir la comida. Tom, profundamente agradecido, decide que Erik será desde entonces su mejor amigo. Cuento — Machst Du davon ein video o una foto? —pregunta Erik.— Papá responde: no nada de eso, solo estaba mirando... Érase una vez...En un país muy, muy lejano... en una ciudad llamada Cáceres... vivía un viejo caballero, de cuyo nombre no quiero acordarme. Era el año, por aquel entonces, 1616. No había coches ni aviones, sólo había caballos, carretas y los tiempos eran más difíciles de los que nosotros conocemos. No había electricidad, no había calefacción, no había aviones. Todo era más tranquilo. Y la preocupación principal de todos era simplemente llevarse algo de comer todos los días. Bueno, en Cáceres había un palacio y allí es donde vivían nuestros protagonistas. Aquella soleada mañana de invierno se encontraba el caballero Erik entrenando en el patio del palacio —"entrenando" que dice Erik— entrenando con la espada. Y... después de entrenar, le tocaba lo que más le gustaba: ir a las clases de español. Su profesora, una monjita muy simpática y mayor, se llamaba Ricarda. Todos los lunes le tocaba a Erik, después de entrenar con la espada, ir con la monja a aprender a leer y escribir español.Aquella mañana, Ricarda no apareció por clase. Erik estaba muy, muy sorprendido —Ricarda siempre estaba allí.— Uhm, ¿qué pasará? —se preguntó. Así es que se acercó hasta la puerta del castillo. Ricarda vivía a las afueras y, bueno, seguro que debía de haber pasado por la puerta y los vigilantes la habrían visto.Le preguntó a uno de ellos que estaba de guardia: el caballero Toni. — Hola Toni.— Hola Erik, ¿qué tal estás?— Oh, muy bien. Hace mucho que no vienes por aquí.— Ya, ya sabes, estoy muy ocupado entrenando y preparándome para ser un caballero. De hecho, quiero ser un Künstler, un artista, y también quiero poder hacer puentes y quizás pilotar un avión.— ¿Y tú, Erik? ¿A ti qué te gustaría hacer?— Mit einer Espada kämpfen gegen großen Räuber.— Eso es muy loable también. Defender a los más débiles, ¿no? De los ladrones y de los que se portan mal con ellos, ¿no? Muy bien.— Bueno, ¿has visto pasar a Ricarda hoy, Toni?— No, no he visto pasar a Ricarda. Hoy no ha venido. Estoy seguro, llevo toda la mañana aquí y no me he movido. — Uhm... ¡qué extraño! —se dijo el caballero Erik—. Bueno, iré a buscarla a su casa. Tiene que vivir por aquí cerca. Creo que vive cerca de la iglesia, la ermita de San Marquino. Total, que se acercó, iba paseando, la gente le saludaba:— Erik, hola, buenos días.— Hola Erik. Toni ist mitgekommen.Erik le había pedido a Toni que fuese con él. No sabía qué se iba a encontrar y a lo mejor necesitaba ayuda.Toni estaba encantado:— ¡Ah! Es muy aburrido estar en la puerta de guardia todo el día. Le he dicho a otro que haga el trabajo. Me voy contigo. Cuando llegaron a la casa de la profesora Ricarda —bueno, la casa era muy muy pequeñita, pero muy bonita— tenía unas ventanas por las cuales entraba muchísima luz. Pero aquella mañana no era así. Las ventanas todavía estaban cerradas.— ¿Cómo es posible? —Erik empezó a inquietarse—. ¿Le habrá pasado algo? Llamaron a la puerta, pero nadie contestó.El caballero Erik intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada. De hecho, parecía que estaba cerrada por dentro.Erik y Toni ya estaban realmente preocupados. Cogieron impulso y los dos a la vez se tiraron contra la puerta. Esta, con un sonido estridente, cedió bajo su peso y saltó.Los dos caballeros cayeron en medio de una sala decorada muy sencilla pero con mucho gusto y bonita. Apenas podían ver, porque las ventanas estaban cerradas. Erik se acercó a una de ellas y la abrió.¡Oh! La profesora Ricarda estaba tumbada en su cama y la pobre se notaba que tenía muchos dolores. Erik se acercó y cogió un vaso de agua para llevárselo a la boca a la pobre ancianita Ricarda.Ella bebió un sorbo muy pequeñito.— Ay, mis hijitos, muchas gracias por haber venido. Estoy tan enferma... llevo todo el fin de semana sin poder levantarme.— ¡Oh! No te preocupes, nosotros te ayudaremos. — Toni, ve corriendo al castillo y busca al médico. Que vaya a la sala rosa.— ¿A la sala rosa? ¡Pero esa está reservada a las princesas!— No, hoy está reservada para la profesora Ricarda, nuestra profesora. Y tenemos que darle lo mejor. Busca al médico y llévalo a la habitación rosa del castillo. Toni salió corriendo, y Erik, mientras tanto, le puso un poco de ropa a la profesora Ricarda.Erik era ya un caballero muy alto y muy fuerte. Cogió a la profesora con sus brazos. No pesaba nada.— Pobrecita, seguro que no come mucho... La llevó en brazos desde la casa de la profesora hasta la sala rosa.Era realmente un caballero muy fuerte ya. Erik entrenaba mucho con la espada, corría con sus amigos, saltaba… era muy muy fuerte.Llegó sin problema a la habitación rosa. Toni ya estaba allí con el médico, que era buen amigo suyo. — Hola.— Hola. ¿Puedes mirar por favor a ver qué le pasa a la profesora?— Sí, por supuesto. Claro que lo haré. — Bueno, necesita descanso y comida —dijo el médico al cabo de un rato—. Habéis hecho muy bien en traerla. Gracias por haberla ayudado. Habéis salvado su vida. Sois unos caballeros fantásticos. — ¿Y colorín colorado...?— Nein, noch eins —dijo Erik.— ¿Noch eins? ¿Mu-mum?— ¿Qué hace esta vez el caballero Erik?— ¿No quieres arroparte un poco? ¿No tienes frío? ¿Estás bien?— No, no, no.— ¿Papá?— Sí.— Erik: Kannst Du erzählen...?— ¿Qué has dicho?— Kannst Du erzählen?— Ok. ¿Uno cortito?— No, muy largo, muy muy largo.— Ya, es un poco tarde...— Ok, bis ich eingeschlafen bin, —dijo Erik.— No, eso es mucho, tú no te duermes nunca.— Ok, bis Martha eingeschlafen ist.— ¡Martha ya está dormida hace rato!— ¿Martha?— Ok, kurz und dann gehst Du mit mir hoch, ja?— Ok. Bueno, después de dejar a Ricarda durmiendo, Erik salió del castillo a dar un paseo.De camino al bosque, donde le gustaba ir mucho porque allí a veces se encontraba con los gnomos y con algún hada y demás, pasó por un río. Había un niño muy joven. Era realmente de la edad de… uhm… iba a la guardería seguramente.Le preguntó qué hacía allí.Tenía una pinta un poco extraña, estaba muy sucio y tenía la ropa muy sucia. — Hola, niño. ¿Cómo te llamas?— Me llamo… uhm… ¿Cómo se puede llamar? Tom.— ¿Cómo?— ¿Cómo?— Tom.— Me llamo Tom.— Cuídate Erik, déjate los ojos, si no te va a picar más… — Hola Tom. ¿De dónde eres? ¿No eres de por aquí, verdad?— No, no era de por allí.— ¿Qué es lo que haces en el río?— Intento pescar un pez para comer. Tengo mucha hambre.— Ah, interesante. ¿Sabes? Yo una vez pesqué un pez. Si quieres, puedo intentar ayudarte. A ver si pescamos un pez, los dos.— ¡Eso sería fantástico! — Creo que debemos hacer una red —dijo el caballero Erik—. Te enseñaré a hacer una red con esta planta muy larga y fina. Se llaman juncos.— ¿Has hecho alguna vez una?— No —dijo Tom. Erik hizo una especie de red y, con ella, en menos que canta un gallo, consiguió atrapar dos peces muy muy grandes. Tom estaba encantado. Se notaba que tenía mucha hambre.— Pero Tom, antes de comer hay que lavarlos y cocinarlos... Erik lo había hecho muchísimas veces.Descamó el pez, hizo un fuego con su piedra de hacer fuego (se la habían regalado en un mercado medieval por Navidad).Entonces, con su piedra de hacer fuego tardó muy poco en encender la hoguera.Con unas ramas hizo una especie de horno portátil. Con dos palos, uno enfrente del otro, por encima del fuego podía asar los peces. Los puso a asar y les daba vueltas lentamente, hasta que se hicieron. Tom no podía esperar más, se notaba que tenía muchísima hambre.Debía de llevar muchos días sin comer. Así que, después de hacerle la comida, Tom comió su pez muy rápidamente.Erik ni siquiera lo había probado. — Uhm… creo que Tom podría comérselo también. Tom miraba el pez, pero no se atrevía a decir nada.Erik se lo ofreció como el caballero que era:— Toma tú. Yo he desayunado mucho hoy. Realmente no tengo mucha hambre ahora. Tom lo miró y no hizo falta rogarle. Lo cogió y se lo comió en menos que canta un gallo. Ya parecía un poco más feliz. De hecho, tenía mejor color de cara.No como antes. El pobre debía de llevar muchos días sin comer. Tom estaba muy muy agradecido por lo que había hecho Erik.Le había enseñado a hacer una red para pescar y había pescado peces para él. Luego había hecho un fuego con su piedra de hacer fuego y los había cocinado. Estaba tan contento que Tom decidió que, a partir de ese momento, Erik sería su mejor amigo.Y Tom haría todo lo que hiciese falta para que Erik estuviese contento. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.— Ya, venga, sube.— Yo subo ahora.— Sube tú primero y yo subo para que no se despierte. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit sanjorge.substack.com

    18 min
  5. 05/11/2025

    San Jorge y el Dragón del Cansancio

    Había una vez, en un reino no muy lejano, un valiente caballero llamado San Jorge. No vivía en un castillo, sino en una casa normal, con sus dos escuderos preferidos: Erik el sabio y Martha la valiente. San Jorge no luchaba contra dragones de fuego ni monstruos del bosque. Su enemigo más feroz era el Dragón del Cansancio. Este dragón no rugía. No volaba. Pero se metía en todos los rincones de la casa: dejaba calcetines por el suelo, platos sin recoger, envoltorios tirados como pistas de su paso. San Jorge pasaba el día preparando comidas mágicas, lavando armaduras, ordenando los campos de batalla y cuidando de sus escuderos. Pero cuando caía la noche… ¡el dragón atacaba de nuevo! Le robaba la energía, le llenaba la cabeza de humo y le susurraba: “No vas a poder. Estás solo. Nadie te ayuda…” Una noche, después de un gran día en el Reino de las Atracciones, San Jorge regresó feliz. Pensaba contar una nueva historia junto al fuego. Pero justo antes de empezar, vio una trampa del Dragón: un envoltorio en el suelo. Luego otro. Y luego, las túnicas de los escuderos desparramadas por toda la sala del castillo. El Dragón del Cansancio creció, rugió desde dentro del pecho de San Jorge, y lo envolvió en una niebla de enojo. Esa noche, no hubo historia. El dragón había vencido. Pero a la mañana siguiente, algo cambió. Erik el sabio se acercó y le dijo: “Papá San Jorge, creo que ayer el dragón te ganó. Pero nosotros también podemos luchar contigo.” Martha la valiente trajo una escoba de juguete y dijo: “¡Yo también quiero ayudarte! Si recogemos rápido, el dragón se hace pequeño, ¿verdad?” San Jorge los miró con los ojos brillantes. Y por primera vez, entendió que no estaba solo en la batalla. Que el dragón no se vencía solo con fuerza… sino con equipo. Desde entonces, cada noche, antes de la historia, los tres hacían juntos la Danza Anti-Dragón: Recogían, limpiaban, ordenaban… y luego, se sentaban juntos. El dragón, enfadado y encogido, se marchaba resoplando. Y así, gracias al poder del amor, el respeto y la colaboración… el reino de San Jorge fue cada vez más fuerte. Y las historias… volvieron a brillar como estrellas antes de dormir. FIN This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit sanjorge.substack.com

    4 min
  6. 04/18/2025

    El Misterio de las Huellas: Erik y Martha Descubren la Broma de Dinosaurio en Cáceres

    Resumen En una pequeña ciudad llamada Cáceres, el caballero Erik y la Amazona Martha descubren huellas de un dinosaurio en el bosque tras un supuesto terremoto. Sospechan que el dinosaurio destruyó un puente al pisarlo, y deciden regresar al castillo para investigar más. En su camino, sortean varios obstáculos naturales mientras discuten sus hallazgos.Erik y Martha, junto con sus primos, descubren una enorme pisada que creen podría ser de un dinosaurio, lo que genera emoción y especulación sobre su origen. Al investigar, se dan cuenta de que el puente cercano está roto, posiblemente por el peso del supuesto animal, y deciden repararlo organizándose para llevar comida, sacos y cuerdas. Mientras algunos se encargan de la reconstrucción, Laurin parece saber algo más sobre la situación, aunque no lo revela.Un grupo de personas trabaja en equipo para construir un puente fuerte y largo. Durante el proceso, Erik y Martha descubren que Lauren tiene una llave especial del castillo, lo que los lleva a investigar un misterio relacionado con dinosaurios. Finalmente, descubren que Lauren había creado una huella de dinosaurio como una broma, y todos terminan riendo y disfrutando del momento juntos. Cuento **En un país muy muy lejano en el sur**, en una ciudad muy pequeñita llamada **Cáceres**, vivían el caballero **Erik** y la Amazona **Martha**.— ¡Uuuu! ¡Cuidado, quieto, quieto, crines doradas! — Quieto, quito sol naciente —dijo Martha.Uuuy, los dos caballos se separaron al momento, por suerte, porque aquel día había sido el día de **Navidad** y estaban en el **castillo de bingo "opa"**, que tenía un castillo enorme, más grande que el de papá, el de mamá, el de yayo, el de yaya, y aquel día habían decidido salir a conocer todo.---De repente, cuando habían girado en un árbol enorme del bosque, donde tenía que haber un puente… **ya no había puente**. Y si hubieran seguido hacia adelante, se hubieran dado un baño estupendo en el río.— ¡Guau! ¿Pero qué es lo que ha sucedido?Pues mira qué curioso: Erik y Martha se bajaron de los caballos y miraron a su alrededor.— ¡Guau! Si es increíble.Los dos no se habían fijado pero estaban parados justo en el medio de **una pisada enorme**, tan grande que los dos caballos cabían dentro de ella.— ¡Wow! Tiene que ser un **dinosaurio** —dijo Erik. — Sí —dijo Martha—, por lo menos tiene que ser un *"Langen hals"* (Nota: dinosaurio de cuello largo). — Sí, pero eso es imposible. Los dinosaurios ya no existen…— Uhmm… en cualquier caso no podremos averiguarlo. — ¡Ah! —dijo Erik—, ¿recuerdas ayer? Hubo un pequeño **terremoto** mientras estábamos cenando. — ¡Claro! —dijo Martha—. Pero entonces aquello **no fue un terremoto**… ¡fueron las pisadas de este dinosaurio enorme! — ¡Ah!!! Sí, cool! —dijeron Erik y Martha— ¡Un dinosaurio!---— Tenemos que encontrarlo, tenemos que encontrarlo. — Pero claro, puede ser que él sin querer haya pisado el puente pensando que podía pasar y claro, **no estaba preparado para aguantar su peso**. — ¡Sí, eso tiene que ser!Continuaron andando un poco por la orilla del río, primero hacia arriba y luego hacia abajo. Ya no vieron más pisadas como aquella.— Ok, tengo una idea. — Sí, yo también. — ¡Volvamos al castillo y regresemos con… — ¡Livi y Oscar, por supuesto!— ¡Venga, echemos una carrera! —dijeron Erik y Martha.**Tuqutu, tuqutu** (Nota: sonido de pisadas de caballo). Fueron sorteando los árboles del camino. De repente se encontraron con un tronco caído, saltaron por encima, y enseguida tuvieron que agachar la cabeza para no golpearse con una rama que cruzaba el camino.**Tuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchu...** (sonido continuo mientras cabalgaban).---Siguieron a caballo. Cuando llegaron a las puertas del castillo:— ¡Abrir el puente! ¡Bajar el puente! —dijeron Erik y Martha— ¡Tenemos que entrar!Enseguida el puente fue bajado. Entraron Erik y Martha. Allí estaban los primos: **Laurent, Paulina y Charlotte**.— ¡Hemos visto pisadas de dinosaurio, tenemos que ir a verlas! — ¡Vamos! —gritaron todos, muy alborotados.— Bueno, **tranquilidad** —dijeron Erik y Martha—. Con prisas, siempre dice el caballero San Jorge: > “**¡Despacio es rápido!**”— Así es que pensemos un momento. Es como leer los libros: > “**Hay que leerlos despacio.**”— *Pufff* —hizo Erik, y todos se rieron.— Exacto, ese es San Jorge. Siempre que lee parece que se va a dormir. — Bueno, lo hace para relajarse —dijo Erik—, y luego entiende mejor lo que lee. — Bueno, ¿ya nos hemos tranquilizado? — Sí, exactamente.— ¡**Livi! Oscar!** —(sonido de silbido)—Y allí aparecieron Livi y Oscar al momento.— Erik, Martha, estábamos descansando después de la **comilona de Navidad**. — ¡Puaa! ¿Qué es lo que queréis? ¿Por qué tenéis tanta, tanta energía?— Bueno, hemos visto una **pisada enorme**. — ¿Eh? ¿Enorme? ¿Qué significa "enorme"? — Pues eso, enorme. Martha y yo estábamos **encima de la pisada con los caballos**, era tan grande que cabíamos dentro.— Ah Livi y Oscar, eso es imposible. No existe ningún animal tan grande. — Sí, hace millones de años había **dinosaurios** —dijeron Erik y Martha. — Dinosaurios eran animales enormes, de muchos metros de altura, el doble de la torre más alta del castillo.— Bueno, ¿y qué queréis hacer?— El caso es que queríamos cruzar el río. — ¿Qué río? — Uhm… buena pregunta. ¡Creo que se llama el *Lippe*! —dijo Martha.— Pero ese animal enorme debió de pisar el puente, y ahora el puente está roto y no se puede cruzar.— ¡Aja! —dijeron Livi y Oscar—, y vosotros queréis, una vez más, que **os llevemos en nuestras espaldas**, ¿ehmm?— Erik y Martha: Nunca ha sido un problema.---— Ok, podemos hacerlo…Erik y Martha se subieron a **Livi y Oscar**. Los demás no sabían qué hacer.— Vosotros id hacia la orilla del río y llevad comida, unos sacos y cuerdas. Habrá que reconstruir el puente. — Quizá lo encontremos y podamos ponerlo otra vez en su sitio.Cada uno se encargó de coger una cosa diferente. El primo **Laurent tenía una sonrisa especial**. Erik y Martha no sabían en qué, pero sabían que Laurent **sabía algo**… o había hecho algo.Erik y Martha subieron a los lomos de Livi y Oscar.**Fuuuupupupupupupupupupupupupupupupupupup...** (Nota: sonido que se hace al volar)Sobrevolaron todos los campos de **Bork** y los bosques. Vieron saltar a ciervos y otros animales.**Fuufuuuu** —sonaba el viento.A veces, Livi y Oscar bajaban a toda velocidad —**ffuuuuuufu**— Dieron una vuelta por todas partes. Llegaron muy lejos, donde jamás habían llegado. Y después volvieron. **Ni rastro**. La única huella de dinosaurio que había era aquella.---— Pero eso es imposible. ¡Un animal tan grande tiene que dejar más huellas, no solamente una!De repente, todos se encontraron **donde la huella**. Así que fueron apareciendo uno a uno.— No nos queda más que arreglar el puente —dijo Laurent. — No hay ningún dinosaurio. No sé cómo creéis todavía en esas cosas —dijo Laurent.Erik y Martha decidieron **no perder de vista a Laurent**. Estaban seguros de que estaba tramando algo.---En cualquier caso, todos se pusieron a trabajar en equipo para hacer un nuevo puente. Y efectivamente, eso hicieron.Erik y Martha **diseñaron un puente muy, muy fuerte y largo**.— Con este puente no tendremos ningún problema. — Nadie será capaz de destrozarlo.— Bien… eso **esperemos** —dijo Laurent sonriendo—. Esperemos que **no haya ningún dinosaurio** que pueda destrozar el puente.De repente a Laurent **se le cayó algo del bolsillo** y fue a cogerlo rápidamente… Pero **Erik y Martha fueron más rápidos** y lo cogieron.— ¿Qué haces tú con esta **llave especial del castillo**? —le preguntaron.— No sé, se me ha caído del bolsillo. Alguien ha debido de ponerla ahí...— ¡Aja! —dijeron Erik y Martha—. **Creo que vamos a resolver el misterio del dinosaurio.**---Fueron al castillo, buscaron en todas partes y probaron la llave en todas las puertas… Hasta que al final solo les quedó una.— ¡Tiene que ser esta!Metieron la llave en la cerradura. **Click**.Y efectivamente, delante de ellos había un pequeño tesoro: **Libros, libros de dinosaurios muy muy antiguos**.Erik y Martha se pusieron a leerlos, como nunca nadie lo había hecho. Se lo pasaron muy bien el resto de la tarde leyendo… Hasta que descubrieron que **Laurent había hecho una huella enorme de dinosaurio**.Se había fijado en un libro donde ponía también **cómo hacer que pareciese real**.— ¡Laurent! ¡Has sido tú!Erik y Martha salieron corriendo hacia él. Querían **martharlo a cosquillas**.— ¡No, no, por favor, por favor! —empezó a reírse Laurent.Erik y Martha lo cogieron y le hicieron muchísimas, muchísimas cosquillas… Hasta que al final todos acabaron por el suelo tirados, **muertos de risa**.---**No había habido ningún dinosaurio**, pero se lo habían pasado **estupendamente durante todo el día buscándolo**.**Y colorín colorado, este cuento por hoy se ha acabado.****Chao Erik, chao Martha, besos.** This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit sanjorge.substack.com

    14 min
  7. 04/18/2025

    El Misterio de las Huellas: Erik y Martha Descubren la Broma de Dinosaurio en Cáceres

    Resumen En una pequeña ciudad llamada Cáceres, el caballero Erik y la Amazona Martha descubren huellas de un dinosaurio en el bosque tras un supuesto terremoto. Sospechan que el dinosaurio destruyó un puente al pisarlo, y deciden regresar al castillo para investigar más. En su camino, sortean varios obstáculos naturales mientras discuten sus hallazgos.Erik y Martha, junto con sus primos, descubren una enorme pisada que creen podría ser de un dinosaurio, lo que genera emoción y especulación sobre su origen. Al investigar, se dan cuenta de que el puente cercano está roto, posiblemente por el peso del supuesto animal, y deciden repararlo organizándose para llevar comida, sacos y cuerdas. Mientras algunos se encargan de la reconstrucción, Laurin parece saber algo más sobre la situación, aunque no lo revela.Un grupo de personas trabaja en equipo para construir un puente fuerte y largo. Durante el proceso, Erik y Martha descubren que Lauren tiene una llave especial del castillo, lo que los lleva a investigar un misterio relacionado con dinosaurios. Finalmente, descubren que Lauren había creado una huella de dinosaurio como una broma, y todos terminan riendo y disfrutando del momento juntos. Cuento **En un país muy muy lejano en el sur**, en una ciudad muy pequeñita llamada **Cáceres**, vivían el caballero **Erik** y la Amazona **Martha**.— ¡Uuuu! ¡Cuidado, quieto, quieto, crines doradas! — Quieto, quito sol naciente —dijo Martha.Uuuy, los dos caballos se separaron al momento, por suerte, porque aquel día había sido el día de **Navidad** y estaban en el **castillo de bingo "opa"**, que tenía un castillo enorme, más grande que el de papá, el de mamá, el de yayo, el de yaya, y aquel día habían decidido salir a conocer todo.---De repente, cuando habían girado en un árbol enorme del bosque, donde tenía que haber un puente… **ya no había puente**. Y si hubieran seguido hacia adelante, se hubieran dado un baño estupendo en el río.— ¡Guau! ¿Pero qué es lo que ha sucedido?Pues mira qué curioso: Erik y Martha se bajaron de los caballos y miraron a su alrededor.— ¡Guau! Si es increíble.Los dos no se habían fijado pero estaban parados justo en el medio de **una pisada enorme**, tan grande que los dos caballos cabían dentro de ella.— ¡Wow! Tiene que ser un **dinosaurio** —dijo Erik. — Sí —dijo Martha—, por lo menos tiene que ser un *"Langen hals"* (Nota: dinosaurio de cuello largo). — Sí, pero eso es imposible. Los dinosaurios ya no existen…— Uhmm… en cualquier caso no podremos averiguarlo. — ¡Ah! —dijo Erik—, ¿recuerdas ayer? Hubo un pequeño **terremoto** mientras estábamos cenando. — ¡Claro! —dijo Martha—. Pero entonces aquello **no fue un terremoto**… ¡fueron las pisadas de este dinosaurio enorme! — ¡Ah!!! Sí, cool! —dijeron Erik y Martha— ¡Un dinosaurio!---— Tenemos que encontrarlo, tenemos que encontrarlo. — Pero claro, puede ser que él sin querer haya pisado el puente pensando que podía pasar y claro, **no estaba preparado para aguantar su peso**. — ¡Sí, eso tiene que ser!Continuaron andando un poco por la orilla del río, primero hacia arriba y luego hacia abajo. Ya no vieron más pisadas como aquella.— Ok, tengo una idea. — Sí, yo también. — ¡Volvamos al castillo y regresemos con… — ¡Livi y Oscar, por supuesto!— ¡Venga, echemos una carrera! —dijeron Erik y Martha.**Tuqutu, tuqutu** (Nota: sonido de pisadas de caballo). Fueron sorteando los árboles del camino. De repente se encontraron con un tronco caído, saltaron por encima, y enseguida tuvieron que agachar la cabeza para no golpearse con una rama que cruzaba el camino.**Tuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchuchu...** (sonido continuo mientras cabalgaban).---Siguieron a caballo. Cuando llegaron a las puertas del castillo:— ¡Abrir el puente! ¡Bajar el puente! —dijeron Erik y Martha— ¡Tenemos que entrar!Enseguida el puente fue bajado. Entraron Erik y Martha. Allí estaban los primos: **Laurent, Paulina y Charlotte**.— ¡Hemos visto pisadas de dinosaurio, tenemos que ir a verlas! — ¡Vamos! —gritaron todos, muy alborotados.— Bueno, **tranquilidad** —dijeron Erik y Martha—. Con prisas, siempre dice el caballero San Jorge: > “**¡Despacio es rápido!**”— Así es que pensemos un momento. Es como leer los libros: > “**Hay que leerlos despacio.**”— *Pufff* —hizo Erik, y todos se rieron.— Exacto, ese es San Jorge. Siempre que lee parece que se va a dormir. — Bueno, lo hace para relajarse —dijo Erik—, y luego entiende mejor lo que lee. — Bueno, ¿ya nos hemos tranquilizado? — Sí, exactamente.— ¡**Livi! Oscar!** —(sonido de silbido)—Y allí aparecieron Livi y Oscar al momento.— Erik, Martha, estábamos descansando después de la **comilona de Navidad**. — ¡Puaa! ¿Qué es lo que queréis? ¿Por qué tenéis tanta, tanta energía?— Bueno, hemos visto una **pisada enorme**. — ¿Eh? ¿Enorme? ¿Qué significa "enorme"? — Pues eso, enorme. Martha y yo estábamos **encima de la pisada con los caballos**, era tan grande que cabíamos dentro.— Ah Livi y Oscar, eso es imposible. No existe ningún animal tan grande. — Sí, hace millones de años había **dinosaurios** —dijeron Erik y Martha. — Dinosaurios eran animales enormes, de muchos metros de altura, el doble de la torre más alta del castillo.— Bueno, ¿y qué queréis hacer?— El caso es que queríamos cruzar el río. — ¿Qué río? — Uhm… buena pregunta. ¡Creo que se llama el *Lippe*! —dijo Martha.— Pero ese animal enorme debió de pisar el puente, y ahora el puente está roto y no se puede cruzar.— ¡Aja! —dijeron Livi y Oscar—, y vosotros queréis, una vez más, que **os llevemos en nuestras espaldas**, ¿ehmm?— Erik y Martha: Nunca ha sido un problema.---— Ok, podemos hacerlo…Erik y Martha se subieron a **Livi y Oscar**. Los demás no sabían qué hacer.— Vosotros id hacia la orilla del río y llevad comida, unos sacos y cuerdas. Habrá que reconstruir el puente. — Quizá lo encontremos y podamos ponerlo otra vez en su sitio.Cada uno se encargó de coger una cosa diferente. El primo **Laurent tenía una sonrisa especial**. Erik y Martha no sabían en qué, pero sabían que Laurent **sabía algo**… o había hecho algo.Erik y Martha subieron a los lomos de Livi y Oscar.**Fuuuupupupupupupupupupupupupupupupupupup...** (Nota: sonido que se hace al volar)Sobrevolaron todos los campos de **Bork** y los bosques. Vieron saltar a ciervos y otros animales.**Fuufuuuu** —sonaba el viento.A veces, Livi y Oscar bajaban a toda velocidad —**ffuuuuuufu**— Dieron una vuelta por todas partes. Llegaron muy lejos, donde jamás habían llegado. Y después volvieron. **Ni rastro**. La única huella de dinosaurio que había era aquella.---— Pero eso es imposible. ¡Un animal tan grande tiene que dejar más huellas, no solamente una!De repente, todos se encontraron **donde la huella**. Así que fueron apareciendo uno a uno.— No nos queda más que arreglar el puente —dijo Laurent. — No hay ningún dinosaurio. No sé cómo creéis todavía en esas cosas —dijo Laurent.Erik y Martha decidieron **no perder de vista a Laurent**. Estaban seguros de que estaba tramando algo.---En cualquier caso, todos se pusieron a trabajar en equipo para hacer un nuevo puente. Y efectivamente, eso hicieron.Erik y Martha **diseñaron un puente muy, muy fuerte y largo**.— Con este puente no tendremos ningún problema. — Nadie será capaz de destrozarlo.— Bien… eso **esperemos** —dijo Laurent sonriendo—. Esperemos que **no haya ningún dinosaurio** que pueda destrozar el puente.De repente a Laurent **se le cayó algo del bolsillo** y fue a cogerlo rápidamente… Pero **Erik y Martha fueron más rápidos** y lo cogieron.— ¿Qué haces tú con esta **llave especial del castillo**? —le preguntaron.— No sé, se me ha caído del bolsillo. Alguien ha debido de ponerla ahí...— ¡Aja! —dijeron Erik y Martha—. **Creo que vamos a resolver el misterio del dinosaurio.**---Fueron al castillo, buscaron en todas partes y probaron la llave en todas las puertas… Hasta que al final solo les quedó una.— ¡Tiene que ser esta!Metieron la llave en la cerradura. **Click**.Y efectivamente, delante de ellos había un pequeño tesoro: **Libros, libros de dinosaurios muy muy antiguos**.Erik y Martha se pusieron a leerlos, como nunca nadie lo había hecho. Se lo pasaron muy bien el resto de la tarde leyendo… Hasta que descubrieron que **Laurent había hecho una huella enorme de dinosaurio**.Se había fijado en un libro donde ponía también **cómo hacer que pareciese real**.— ¡Laurent! ¡Has sido tú!Erik y Martha salieron corriendo hacia él. Querían **martharlo a cosquillas**.— ¡No, no, por favor, por favor! —empezó a reírse Laurent.Erik y Martha lo cogieron y le hicieron muchísimas, muchísimas cosquillas… Hasta que al final todos acabaron por el suelo tirados, **muertos de risa**.---**No había habido ningún dinosaurio**, pero se lo habían pasado **estupendamente durante todo el día buscándolo**.**Y colorín colorado, este cuento por hoy se ha acabado.****Chao Erik, chao Martha, besos.** This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit sanjorge.substack.com

    14 min

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Soy el papá de Erik y Marta, y desde hace un tiempo les cuento cuentos cada noche. Aquí comparto esas historias llenas de magia, ternura y aventuras. Erik y Martha te esperan con dragones, tesoros escondidos, magia y mucha imaginación. sanjorge.substack.com