DE LA AFANTASÍA A LA HIPERFANTASÍA: ¿QUÉ VES REALMENTE DENTRO DE TU CABEZA? EL EXPERIMENTO DE LA MANZANA — Cierra los ojos e imagina una manzana roja. Observa su brillo, su piel, el tallo. Hazla girar y córtala por la mitad. — ¿La estás viendo con los ojos de la mente o simplemente sabes cómo es? — Para algunas personas, la imagen aparece con una nitidez casi fotográfica. Para otras, no aparece absolutamente nada. — Y ambas pueden decir «me lo estoy imaginando», convencidas de que la otra vive exactamente lo mismo. — Ahí comienza uno de los enigmas más fascinantes del cerebro: la afantasía y la hiperfantasía. UNA DIFERENCIA INVISIBLE — La afantasía es la dificultad extrema o imposibilidad de generar imágenes mentales de forma voluntaria. — Quien la experimenta puede reconocer un rostro, describir una playa o recordar unas vacaciones, pero sin contemplar una fotografía interior. — En el extremo contrario está la hiperfantasía: imágenes mentales excepcionalmente vívidas, con colores, sombras, movimientos y detalles casi cinematográficos. — Entre ambos extremos existe un abanico inmenso de experiencias: desde siluetas vagas hasta escenas de extraordinaria precisión. — Lo inquietante es que podemos convivir durante décadas sin sospechar que las mentes ajenas funcionan de manera distinta. UN MISTERIO CON CASI SIGLO Y MEDIO — En 1880, el científico británico Francis Galton pidió a varias personas que visualizaran la mesa de su desayuno. — Algunas describían el mantel, la luz y los objetos con enorme claridad. Otras recordaban perfectamente la escena, pero no podían verla. — Más de un siglo después, en 2015, Adam Zeman, Michaela Dewar y Sergio Della Sala dieron nombre a esa ausencia de imagen voluntaria: afantasía. — Su investigación ayudó a reconocer algo que muchas personas habían considerado normal durante toda su vida. — No todas las cabezas cuentan historias con imágenes. Algunas trabajan preferentemente con conceptos, palabras o relaciones espaciales. NO ES FALTA DE INTELIGENCIA NI DE CREATIVIDAD — Imagina conocer perfectamente a tu madre y, sin embargo, no poder reconstruir visualmente su cara al cerrar los ojos. — Eso no impide quererla, reconocerla entre una multitud o recordar lo que ocurrió ayer. — Una persona con afantasía puede ser novelista, arquitecta, artista, científica o compositora. La creatividad no depende de tener un cine en el cráneo. — Sí se ha observado, como tendencia y no como regla, diferencias al evocar detalles visuales de recuerdos personales o imaginar acontecimientos futuros. — Algunas personas reviven sus vacaciones como una película; otras conservan los hechos y las emociones sin recuperar las imágenes. — Recordar no siempre equivale a volver a ver. LA EXTRAÑA PARADOJA DE LOS SUEÑOS — Entonces, si alguien no puede visualizar voluntariamente una manzana, ¿cómo sueña? — Sorprendentemente, algunas personas con afantasía sí tienen sueños visuales, incluso muy intensos. Otras describen menos imágenes al dormir. — Parece que fabricar una imagen a voluntad y producirla durante el sueño no son procesos idénticos. — Y hay más: nuestra imaginación también puede recrear canciones, olores, sabores o sensaciones táctiles. — Se puede tener una pantalla visual casi apagada y, al mismo tiempo, escuchar música con enorme claridad dentro de la cabeza. LA HIPERFANTASÍA: UN CINE SIN PANTALLA — Ahora imagina un dragón atravesando una tormenta: el reflejo del fuego, las escamas, las nubes y las alas en movimiento. — Para alguien con hiperfantasía, ese espectáculo puede aparecer con una viveza extraordinaria, sin cámaras y sin proyectores. — Pero no debe confundirse con una alucinación: la persona sabe que esa escena es imaginada, no algo que esté sucediendo delante de sus ojos. — El neurocientífico Joel Pearson ha estudiado cómo la imaginación visual y la percepción pueden compartir parte de sus mecanismos cerebrales. — Incluso las pupilas pueden responder, en determinados experimentos, a la luminosidad de escenas solamente imaginadas. — Un hallazgo asombroso, aunque esa respuesta no sirve por sí sola para diagnosticar a nadie. ¿CUÁNTAS PERSONAS VIVEN ASÍ? — Para estudiar estas diferencias se utiliza, entre otras herramientas, el VVIQ, un cuestionario sobre la viveza de las imágenes mentales elaborado por David Marks en 1973. — Un análisis internacional publicado en 2024, con datos de más de 9.000 participantes, estimó alrededor de un 1 % de afantasía extrema y un 6 % de hiperfantasía. — Las proporciones cambian según el criterio empleado: una imagen débil no equivale necesariamente a una ausencia total. — Tampoco un solo ejercicio con una manzana permite establecer un diagnóstico. — Lo verdaderamente revelador no es clasificarnos, sino descubrir la diversidad de nuestras experiencias interiores. EL ÚLTIMO EXPERIMENTO — Regresa a la manzana. ¿Puedes verla, cambiar su color, girarla, distinguir el pequeño tallo? — ¿O solo conoces su forma, sin que aparezca imagen alguna? — Piensa ahora en el rostro de alguien a quien quieres. Una persona quizás contempla su sonrisa; otra recuerda perfectamente quién es, pero no ve su cara. — Ambas aman, piensan, recuerdan e imaginan. Solo recorren caminos interiores diferentes. — Durante toda la vida decimos «visualiza», «recuerda», «imagina», como si todos habláramos de la misma experiencia. — Pero detrás de cada mirada existe un universo al que nadie más puede asomarse. — Y ahora, la pregunta definitiva: cuando recuerdas el rostro de alguien a quien quieres… ¿realmente lo ves o simplemente sabes cómo es?