HISTORIAS DE LA HISTORIA

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cada semana, una nueva historia, una nueva experiencia de éste y de otros mundos

  1. 12h ago

    Miliki

    Bastaban una nariz roja, un acordeón y una sonrisa para que el mundo pareciera un lugar un poco más amable. Miliki tuvo el extraordinario privilegio de acompañar la infancia de millones de personas sin conocerlas, de entrar en sus casas sin llamar a la puerta y de convertirse, casi sin proponérselo, en alguien más de la familia. Su voz permanece unida a aquellas tardes en las que la felicidad cabía dentro de una pantalla de televisión y las preocupaciones de los mayores parecían quedar muy lejos. Con Gaby y Fofó nos enseñó que una canción podía transformar cualquier momento en una fiesta y que la risa era un lenguaje capaz de reunir a padres, hijos y abuelos. Pero el tiempo pasó. Aquellos niños crecieron, abandonaron sus juguetes, descubrieron las dificultades de la vida y comenzaron a mirar su propia infancia con una nostalgia que no habían conocido antes. Y entonces comprendieron que Miliki les había regalado algo mucho más valioso que unas horas de entretenimiento: les había dejado un refugio al que regresar cada vez que una melodía, una palabra o un recuerdo les devolviera por unos instantes a la persona que habían sido. Cuando Emilio Aragón Bermúdez murió, el 18 de noviembre de 2012, desapareció uno de los últimos grandes representantes de una manera de entender el espectáculo que había acompañado a varias generaciones. Sin embargo, su despedida tuvo algo profundamente singular: millones de personas sintieron que se marchaba alguien que había formado parte de sus vidas, aunque jamás hubieran estrechado su mano. Porque Miliki pertenecía a ese pequeño grupo de artistas cuya verdadera dimensión no puede medirse en discos vendidos, premios recibidos o años de permanencia en televisión. Su importancia estaba en la memoria de quienes aprendieron a cantar con él, en las familias que todavía recuerdan sus ocurrencias y en los adultos que, al escuchar las primeras notas de sus canciones, vuelven a sentirse niños. Quizá ese sea el destino más hermoso al que puede aspirar un payaso: envejecer mientras su público crece, despedirse cuando llega el momento y permanecer para siempre en ese rincón de la memoria donde todavía viven nuestros padres jóvenes, los abuelos que ya no están, las tardes interminables y la felicidad sencilla de los primeros años. Miliki se fue a los ochenta y tres años, pero dejó tras de sí millones de infancias que todavía conservan su sonrisa.

  2. Oct 2

    Baelo Claudia

    Baelo Claudia representa una de las grandes riquezas arqueológicas e históricas de España porque permite contemplar, con una claridad extraordinaria, cómo funcionaba una ciudad romana hace casi dos mil años. Frente al Estrecho de Gibraltar permanecen reconocibles su foro, la basílica, los templos, el mercado, las termas, el teatro y las factorías dedicadas a la industria pesquera. No estamos únicamente ante una colección de ruinas: Baelo Claudia conserva la estructura de una ciudad y permite reconstruir su vida cotidiana, desde los intercambios comerciales hasta los espacios religiosos, políticos y de ocio. Su emplazamiento añade además otra dimensión a su valor: desde la ensenada de Bolonia, la mirada alcanza África, recordándonos que aquel mar que hoy separa dos continentes fue durante siglos una gran vía de comunicación que conectaba pueblos, mercancías y culturas. Pero la riqueza de Baelo Claudia va mucho más allá de sus piedras. El yacimiento constituye una fuente excepcional para conocer la economía del mundo romano, especialmente la pesca del atún, las salazones y la elaboración de salsas como el garum, productos que hicieron prosperar a la ciudad y que viajaban desde estas costas hacia distintos puntos del Imperio. A ese patrimonio histórico se suma un entorno natural extraordinario, donde arqueología, mar, dunas y paisaje forman un conjunto difícil de separar. Baelo Claudia es, por tanto, riqueza cultural, científica, educativa y también turística: un lugar capaz de generar conocimiento y actividad económica en el presente mientras conserva la memoria de quienes, hace veinte siglos, hicieron de esta orilla gaditana uno de los puntos de encuentro entre Hispania y el norte de África.

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