En Nadar de noche, una noche calurosa de insomnio, el protagonista y narrador recibe la visita del espectro de su padre para mantener una última y extensa conversación sobre temas cotidianos y familiares. El diálogo es pausado y tranquilo, con los protagonistas sentados en reposaras frente a una pileta iluminada. En esa calma aparente se abordan las complejidades del vínculo familiares, la aceptación de la muerte y la naturaleza del más allá. Juan Forn no escribía para explicar: escribía para enredarte. Nació en La Plata en 1959 y fue, durante años, una de las mentes más brillantes, y más discretas, de la literatura argentina. Editor, narrador, cronista, lector voraz. Un tipo que sabía que la literatura no está solo en los libros: está en las cartas, en las vidas torcidas, en las notas al pie. Forn fue editor de Página/12 en los años en que la literatura argentina se animaba a volver a pensar en serio. Descubrió autores, armó catálogos, defendió textos difíciles. Pero también escribió cuentos filosos y novelas que incomodan sin levantar la voz. Su estilo era una mezcla rara y preciosa de erudición sin pedantería, melancolía sin sentimentalismo e ironía sin cinismo. Le interesaban los perdedores brillantes, los genios rotos, los escritores malditos, las historias mínimas que escondían una bomba. Por eso su columna Contratapa” se volvió de culto: pequeños ensayos donde unía literatura, historia y vida personal como quien te pasa un dato en voz baja, en un bar, antes de irse. Juan Forn escribía con tono de conversación, pero dejaba marcas profundas. Te hacía creer que estabas leyendo algo liviano… y cuando levantabas la vista, ya no eras el mismo. Murió en 2021, en Villa Gesell, mirando el mar. Un final coherente para alguien que entendía la escritura como deriva, como paseo atento, como exploración sin mapa. Juan Forn no gritaba, susurraba historias y el que escuchaba, no se olvidaba más. Gracias por escucharnos y por los likes, Disfruten!!! IG: @letraspalooza