Para Edificar

Ivelisse Lantigua

Hola! Soy Ive Lantigua esto es “Para Edificar” Un espacio donde compartiré contigo un podcast semanal con mensajes, devocionales y reflexiones que edificarán tu vida.

  1. ١٧ يونيو

    La inteligencia emocional Vs. El Espíritu Santo

    Vivimos en una generación donde se habla mucho de gestionar emociones, sanar heridas, desarrollar empatía y aprender a relacionarnos mejor con los demás. Y aunque estos temas tienen un gran valor, como hijos de Dios debemos preguntarnos: ¿Qué diferencia existe entre la inteligencia emocional y la dirección del Espíritu Santo? ¿Es suficiente aprender técnicas para controlar nuestras emociones o Dios tiene algo más profundo para nosotros? Acompáñame en esta reflexión. Hoy hablaremos sobre un tema muy relevante en nuestros días: la inteligencia emocional y el papel del Espíritu Santo en la vida del creyente. ¿Qué es la inteligencia emocional? La psicología define la inteligencia emocional como la capacidad de reconocer, comprender y gestionar nuestras emociones, así como relacionarnos de manera saludable con los demás. Se basa principalmente en cuatro áreas: * Autoconocimiento. * Autorregulación. * Empatía. * Habilidades sociales. Y ciertamente estas son herramientas valiosas. Una persona que conoce sus emociones suele tomar mejores decisiones. Una persona que aprende a escuchar y comprender a otros puede desarrollar relaciones más saludables. Pero la pregunta es: ¿Qué sucede cuando nuestras emociones están heridas, confundidas o dominadas por el pecado? Es ahí donde la obra del Espíritu Santo marca una diferencia trascendental. Uno de los lugares donde más se refleja nuestra madurez emocional y espiritual es en nuestras palabras. Efesios 4:29 nos exhorta diciendo: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” Este versículo nos enseña varias verdades importantes. Primero, nuestras palabras tienen poder. Pueden destruir o edificar. Pueden herir o sanar. Pueden alejar o acercar. Muchas veces hablamos impulsados por emociones momentáneas. Hablamos desde el enojo. Desde la frustración. Desde la decepción. Desde el cansancio. Y terminamos diciendo cosas que después lamentamos. Pero cuando somos guiados por el Espíritu Santo aprendemos a filtrar nuestras palabras. No todo lo que sentimos debe ser dicho. No todo lo que pensamos debe ser expresado. No todo lo que sabemos debe ser compartido. El creyente maduro aprende a hablar palabras que edifican, animan, corrigen con amor y transmiten gracia. —————

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