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  1. El infierno de Botticelli 1/2

    06.01.2021

    El infierno de Botticelli 1/2

    Venus, la más bella de las diosas del Panteón Romano (equivalente a Afrodita para los griegos), se levanta sobre la concha de una ostra que emerge del fondo del mar. Su largo cabello rubio, todo perfume, cubre convenientemente su sexo, y ondea al viento impulsado por una ventisca de rosas, generada por el soplo de un par de ángeles en vuelo. El rostro de la diosa parece el de una escultura griega o romana: de hecho, se parece a las venus capitolinas de antaño, talladas sobre mármol blanco, con el cuello largo, los hombros levemente caídos, la mirada extraviada y una actitud pudorosa (la mano derecha de la diosa cubre uno de sus senos). El cuerpo de la diosa dista de la delgadez extrema de nuestra época, por el contrario, aunque sus carnes lucen tonificadas, es bellamente regordeta. Sobre la playa, una sierva espera a Venus para cubrirla con un manto rojo, delicado, con bordados de flores y esquinas de oro. Todo en el primer plano de la escena es dinámico: el mar está en movimiento con olas alborotadas por el soplo de los ángeles; los mantos, los trajes y los cabellos ondean y se pliegan libremente; mientras al fondo, lejos de la diosa, el mar yace tranquilo, y las hojas de los árboles parecen talladas en piedra verde, estática, inmutable. Los troncos fungen como palitroques, yermos, hieráticos. La vida y el movimiento parecen atributos de la diosa, que encarna el amor, la belleza y la fertilidad, valores que parecen romper con la dureza de la materia del mundo. El nacimiento de Venus (1482-85) es tal vez la obra más celebrada del pintor italianoSandro Botticelli (1445-1510). Es probable que todos la hayamos visto en libros, afiches, protectores de pantalla, juguetes para niños o navegando por la red. Esta pintura fue encargada por la célebre familia Médici, los mecenas florentinos del Renacimiento, por lo que, según algunos, aludiría simbólicamente a una suerte de ‘reinado del amor’ llegado a Florencia con la consolidación del poder dinástico de la familia. Temáticamente, la obra deriva de Las metamorfosis de Ovidio, el célebre poeta romano, uno de los libros predilectos del Renacimiento, en donde el poeta narra la historia del mundo desde su creación hasta la deificación del emperador romano Julio César. Las metamorfosis no sólo influirían notablemente en la obra de Botticelli, también en artistas posteriores como Tiziano, Velásquez o Rubens, que encontraron en los pasajes de Ovidio fuente de inspiración para sus pinturas mitológicas. El nacimiento de Venus representó técnicamente un reto para su época, al haber sido (casi con seguridad) la primera pintura sobre lienzo realizada en la Toscana, en la actual Italia. A pesar del papel determinante que jugó Botticelli en el desarrollo técnico, temático, estilístico e histórico del arte del Renacimiento, a pesar de sus numerosas obras maestras y de su presencia excelsa en los grandes museos del mundo, puede que aún su nombre no resulte tan taquillero como el de los grandes maestros de la antigüedad o incluso, como algunos maestros del arte moderno. Seguramente la razón de esto es la ausencia de grandes producciones cinematográficas que den cuenta de su vida; también habrá que reconocer que la acomodada vida de Botticelli no fue tan atormentada como las vidas de otros grandes artistas que, en su locura, melancolía, pobreza, enfermedad o bohemia, se prestaban para la construcción del mito, comúnmente de un ‘mito trágico’. Tal es el caso de Caravaggio, Goya, Van Gogh, Modigliani, Picasso, Kahlo o Basquiat, o incluso de Leonardo da Vinci, con su aura de genio renacentista y con un temperamento que avanzaba a contracorriente con las costumbres sociales de su época, un personaje poseedor de una curiosidad que se expandía hacia todos los territorios del conocimiento entonces disponible. Botticelli, en cambio, aunque fue un gran pintor que amplió las fronteras del arte de su tiempo y tuvo el reconocimiento de la historiografía del arte (especialmente desde finales del siglo XIX), lo cierto es que aún carece del aura mística, popular y casi mágica que sí tienen otros artistas de su mismo tamaño. El nacimiento de Venus es conservado actualmente por la Galería Uffizi de Florencia, tal vez el museo más importante del mundo en lo que respecta al arte italiano y uno de los más importantes en arte antiguo europeo. En sus salas abundan las obras que en otros museos escasean: Uccello, Rafael, Leonardo, Miguel Ángel, Caravaggio, Tiziano y, cómo no, Botticelli, uno de los artistas renacentistas mejor representados de la institución, que cuenta prácticamente con todas sus obras maestras. II. Infierno. Botticelli realizó más de un centenar de dibujos para ilustrar La divina comedia, el célebre libro del poeta florentino Dante Alighieri (1265-1321), cuyos manuscritos datan del siglo XIV, una de las obras maestras de la literatura italiana de todos los tiempos. Los dibujos de Botticelli estaban dirigidos a ilustrar una de las partes o cánticas del libro, Infierno, que viene a sumarse a otras dos partes: Purgatorio y Paraíso. AunqueInfierno fue la parte más tempranamente compuesta (sus 33 cantos manuscritos fueron elaborados probablemente entre 1304 y 1308), los dibujos de Botticelli datan de más de un siglo después, y actualmente son conservados en la Biblioteca Vaticana. Aunque Dante y Botticelli pertenecen a dos generaciones distintas (por lo que nunca se conocerían), ambos comparten el espíritu místico de su época. Así como la obra de Ovidio serviría a Botticelli de inspiración para algunas obras mitológicas como El nacimiento de Venus, la obra de Dante le serviría de inspiración para su reflexión gráfica sobre el infierno. Los escritores y los artistas intentaron construir una especie de ‘obra de arte total’, que incluía no sólo la narrativa sino la imagen visual, trabajando ambas en función de construir un imaginario místico y poético, un mundo. Como sabemos, tanto la obra de Dante como la de Botticelli viajan a través de un infierno constituido por nueve círculos: el primero (Limbo), el segundo (Lujuria), el tercero (Gula), el cuarto (Avaricia y Prodigalidad), el quinto (Ira y Pereza), el sexto (Herejía), el séptimo (Violencia), el octavo (Fraude) y el noveno (Traición).

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  2. El infierno de Botticelli 2/2

    07.01.2021

    El infierno de Botticelli 2/2

    Venus, la más bella de las diosas del Panteón Romano (equivalente a Afrodita para los griegos), se levanta sobre la concha de una ostra que emerge del fondo del mar. Su largo cabello rubio, todo perfume, cubre convenientemente su sexo, y ondea al viento impulsado por una ventisca de rosas, generada por el soplo de un par de ángeles en vuelo. El rostro de la diosa parece el de una escultura griega o romana: de hecho, se parece a las venus capitolinas de antaño, talladas sobre mármol blanco, con el cuello largo, los hombros levemente caídos, la mirada extraviada y una actitud pudorosa (la mano derecha de la diosa cubre uno de sus senos). El cuerpo de la diosa dista de la delgadez extrema de nuestra época, por el contrario, aunque sus carnes lucen tonificadas, es bellamente regordeta. Sobre la playa, una sierva espera a Venus para cubrirla con un manto rojo, delicado, con bordados de flores y esquinas de oro. Todo en el primer plano de la escena es dinámico: el mar está en movimiento con olas alborotadas por el soplo de los ángeles; los mantos, los trajes y los cabellos ondean y se pliegan libremente; mientras al fondo, lejos de la diosa, el mar yace tranquilo, y las hojas de los árboles parecen talladas en piedra verde, estática, inmutable. Los troncos fungen como palitroques, yermos, hieráticos. La vida y el movimiento parecen atributos de la diosa, que encarna el amor, la belleza y la fertilidad, valores que parecen romper con la dureza de la materia del mundo. El nacimiento de Venus (1482-85) es tal vez la obra más celebrada del pintor italianoSandro Botticelli (1445-1510). Es probable que todos la hayamos visto en libros, afiches, protectores de pantalla, juguetes para niños o navegando por la red. Esta pintura fue encargada por la célebre familia Médici, los mecenas florentinos del Renacimiento, por lo que, según algunos, aludiría simbólicamente a una suerte de ‘reinado del amor’ llegado a Florencia con la consolidación del poder dinástico de la familia. Temáticamente, la obra deriva de Las metamorfosis de Ovidio, el célebre poeta romano, uno de los libros predilectos del Renacimiento, en donde el poeta narra la historia del mundo desde su creación hasta la deificación del emperador romano Julio César. Las metamorfosis no sólo influirían notablemente en la obra de Botticelli, también en artistas posteriores como Tiziano, Velásquez o Rubens, que encontraron en los pasajes de Ovidio fuente de inspiración para sus pinturas mitológicas. El nacimiento de Venus representó técnicamente un reto para su época, al haber sido (casi con seguridad) la primera pintura sobre lienzo realizada en la Toscana, en la actual Italia. A pesar del papel determinante que jugó Botticelli en el desarrollo técnico, temático, estilístico e histórico del arte del Renacimiento, a pesar de sus numerosas obras maestras y de su presencia excelsa en los grandes museos del mundo, puede que aún su nombre no resulte tan taquillero como el de los grandes maestros de la antigüedad o incluso, como algunos maestros del arte moderno. Seguramente la razón de esto es la ausencia de grandes producciones cinematográficas que den cuenta de su vida; también habrá que reconocer que la acomodada vida de Botticelli no fue tan atormentada como las vidas de otros grandes artistas que, en su locura, melancolía, pobreza, enfermedad o bohemia, se prestaban para la construcción del mito, comúnmente de un ‘mito trágico’. Tal es el caso de Caravaggio, Goya, Van Gogh, Modigliani, Picasso, Kahlo o Basquiat, o incluso de Leonardo da Vinci, con su aura de genio renacentista y con un temperamento que avanzaba a contracorriente con las costumbres sociales de su época, un personaje poseedor de una curiosidad que se expandía hacia todos los territorios del conocimiento entonces disponible. Botticelli, en cambio, aunque fue un gran pintor que amplió las fronteras del arte de su tiempo y tuvo el reconocimiento de la historiografía del arte (especialmente desde finales del siglo XIX), lo cierto es que aún carece del aura mística, popular y casi mágica que sí tienen otros artistas de su mismo tamaño. El nacimiento de Venus es conservado actualmente por la Galería Uffizi de Florencia, tal vez el museo más importante del mundo en lo que respecta al arte italiano y uno de los más importantes en arte antiguo europeo. En sus salas abundan las obras que en otros museos escasean: Uccello, Rafael, Leonardo, Miguel Ángel, Caravaggio, Tiziano y, cómo no, Botticelli, uno de los artistas renacentistas mejor representados de la institución, que cuenta prácticamente con todas sus obras maestras. II. Infierno. Botticelli realizó más de un centenar de dibujos para ilustrar La divina comedia, el célebre libro del poeta florentino Dante Alighieri (1265-1321), cuyos manuscritos datan del siglo XIV, una de las obras maestras de la literatura italiana de todos los tiempos. Los dibujos de Botticelli estaban dirigidos a ilustrar una de las partes o cánticas del libro, Infierno, que viene a sumarse a otras dos partes: Purgatorio y Paraíso. AunqueInfierno fue la parte más tempranamente compuesta (sus 33 cantos manuscritos fueron elaborados probablemente entre 1304 y 1308), los dibujos de Botticelli datan de más de un siglo después, y actualmente son conservados en la Biblioteca Vaticana. Aunque Dante y Botticelli pertenecen a dos generaciones distintas (por lo que nunca se conocerían), ambos comparten el espíritu místico de su época. Así como la obra de Ovidio serviría a Botticelli de inspiración para algunas obras mitológicas como El nacimiento de Venus, la obra de Dante le serviría de inspiración para su reflexión gráfica sobre el infierno. Los escritores y los artistas intentaron construir una especie de ‘obra de arte total’, que incluía no sólo la narrativa sino la imagen visual, trabajando ambas en función de construir un imaginario místico y poético, un mundo. Como sabemos, tanto la obra de Dante como la de Botticelli viajan a través de un infierno constituido por nueve círculos: el primero (Limbo), el segundo (Lujuria), el tercero (Gula), el cuarto (Avaricia y Prodigalidad), el quinto (Ira y Pereza), el sexto (Herejía), el séptimo (Violencia), el octavo (Fraude) y el noveno (Traición). La película Botticelli, Inferno, actualmente en la cartelera de Cine Colombia, hace precisamente un recorrido por los dibujos de Botticelli para esta sección de La divina comedia. Con escáneres de alta definición, los realizadores estudian 102 dibujos de Botticelli, así como otras piezas suyas repartidas entre la Biblioteca Vaticana y la Galería Uffizi. Sea esta una oportunidad para conocer un poco mejor la obra de este genio del Renacimiento, piedra angular de la sensibilidad de su época, e incluso, así no nos percatemos con frecuencia, de nuestra época.

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  3. El increíble Legado Celta

    08.01.2021

    El increíble Legado Celta

    La romanización de los celtas y su derrota en el primer siglo de la era cristiana en las Islas Británicas no impidieron, la expansión de un legado cultural asombroso, donde no faltan magos y hechiceros, temibles guerreros, grandes héroes y un nutrido elenco de sujetos maravillosos, como gigantes, hadas y gnomos. Los celtas confeccionaron objetos para la decoración personal, como collares, brazaletes, hebillas, amuletos y pendientes. La ornamentación de objetos de metal se extendió también a las armas, en especial en las empuñaduras de las espadas, cuchillos, y escudos. Como la cosmovisión celta implicaba la aceptación de mundos más allá de la vida terrenal, confeccionaron armas pa­ra rituales religiosos, en honor a alguna de sus divinidades, o para ser enterradas junto al guerrero caído en batalla. Era común la empuñadura de oro con incrustaciones de piedras y marfil. En cas­cos y escudos se destacan figuras geométri­cas, con círculos y líneas curvadas. La maestría de los artesanos y orfebres celtas quedó demostrada sobre los más diversos elementos que fabricaron, como vasos, jarros, monedas y alfileres. Se desta­ca el caldero, un recipiente en el que so­lían hervir la comida y en el que los drui­das preparaban sus brebajes y pócimas. El caldero tiene un importante papel en la tradición mágica de los celtas como símbolo de la abundancia e, inclusive, de regeneración tras la muerte. De hecho, se han hallado calderos en las salas mortuo­rias, a manera de ofrenda al fallecido, cu­ya alma encontraría en el caldero los ali­mentos necesarios en su otra vida. Monumentos megalíticos Además de la metalurgia en oro, plata, hierro y bronce, trabajaron la piedra y la madera, las que tallaron y pulieron para transformarlas en las figuras de dioses. Particularmente importantes los monumentos graníticos, como dólmenes, menhires y los crómlech. Se destacan por ser enterrados verticalmente, y en los que realizaron inscripciones. Se admite que no siempre estas piedras fue­ron plantadas por los propios celtas, sino por sociedades más primitivas, pero las integraron a su mundo y en ellas graba­ron cruces y registros en len­gua ogham, antigua escritura celta, y caracteres rúni­cos. Los celtas consideraron que semejantes bloques, cuyo peso y tamaño hacían pensar en una gran fuerza e inteligencia para su trans­porte y clavado en la tierra, debieron ha­ber sido el producto de una sociedad tan poderosa como sabia, lo que alimentó aún más su devoción para con ellas, constituyendo un objeto de culto y veneración incluso otorgaron a algunas de estas piedras la categoría de morada final de los espíritus sagrados. Menhires Cuando los celtas se establecieron en los vastos territorios de Europa central y Gran Bretaña, se encontraron con estos monumentos de piedra que no tardaron en adoptar como propios, tal es el caso de los menhires, grandes rocas verticales y por lo general con una cima redondeada o en punta. Se designa menhir a un megalito prehistórico muy poco trabajado. Algunos presentan grabados, otros están esculpidos, a menudo antropomórficamente. Su tamaño varía, desde pequeñas rocas que sólo se distinguen de otras piedras por formar parte de alineamientos o crómlech, hasta algunos monolitos bretones con una altura de más de 10 metros. Dólmenes Entre los monumentos más característicos asociados con los celtas se destacan los dólmenes, cuyo significado en lengua original es "mesa de piedra". Se trata de un megalito formado por una roca plana dispuesta de manera horizontal sobre otras dos o más, que le sirven de sostén. Los celtas no los construyeron, aunque los admiraron y adoptaron para realizar sus propias ceremonias y ritos religiosos.

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  4. Stephen Hawking - Vida de un Genio, toda su historia

    13.01.2021

    Stephen Hawking - Vida de un Genio, toda su historia

    e considera el científico más destacable de nuestro tiempo y una de las mentes más brillantes de la ciencia; relevancia tal vez solo equiparable al gran Albert Einstein. Stephen Hawking falleció a los 76 años en Cambridge, mismo lugar donde nació, tras 55 años padeciendo esclerosis lateral amiotrófica. Su lucha personal, su supervivencia excepcional ante esta enfermedad y su mente prodigiosa le han convertido en uno de los personajes más mediáticos del último siglo. Antes de morir, se consideraba el científico vivo más importante. Algunas mentes brillantes le toman el relevo, pero tras su muerte la historia de la ciencia abre una nueva página de personajes que marcaron un antes y un después. A la ciencia aportó una nueva visión de entender el universo. Su línea de investigación se centró en las propiedades de los agujeros negros y, especialmente, en tratar de unificar todas las leyes de la física en una única 'teoría del todo'. Y se mantuvo activo hasta los últimos días de su vida, puesto que siguió emitiendo conferencias e investigando sobre el futuro de la humanidad. De hecho, sus últimas aportaciones fueron apocalípticas. Advirtió que el ser humano no aguantaría otros mil años en el "frágil planeta Tierra", y añadió que "no sobreviviremos si no colonizamos otros planetas". Su mayor deseo era viajar al espacio. Este genio nunca lo logró. Falleció antes de poder cumplirlo; no obstante, vivió lo suficiente como para dejar un rastro que cambiaría para siempre la historia de la ciencia. Repasamos la vida del científico más improtante de nuestro tiempo, Stephen Hawking.

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