Totus Pódcast

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TOTUS PÓDCAST es un proyecto de dos amigos con intereses muy variados y bizarros. Nos encanta la historia, pero la historia escrita por anécdotas y personajes que suelen escapar a los libros de la historia canónica. Nos encanta la literatura, el cine, el arte Y el humor. No sabemos hacer nada con el ceño fruncido (a no ser que estemos comiendo limones o mazapán). TOTUS PÓDCAST es entretenimiento. Nuestro objetivo es pasarlo bien. Hablamos sobre lo que nos gusta y lo hacemos desde la alegría. No estamos aquí por la violencia inherente al sistema. TOTUS PÓDCAST será también lo que tú quieras que sea. Una de nuestras metas es crear una comunidad de gente que quiera compartir desde la alegría y no desde el resentimiento. Compartir historias, anécdotas, ideas, chicharrones. ¡Lo que sea! ¿Cómo nos puedes apoyar? Además de escucharnos y seguirnos en nuestras redes sociales, también puedes hacerte fan aquí en iVoox (¡desde solo 1,99 al mes!). De esta manera también accederás a episodios exclusivos y... ¡a otras ventajas! ¡Gracias por acordarte de TOTUS PÓDCAST!

  1. Mary Anning

    46m ago

    Mary Anning

    Mary Anning protagonizó uno de los giros intelectuales del siglo XIX. Mucho antes de que los dinosaurios poblaran museos, películas o libros infantiles, unos restos extraños comenzaron a aparecer en los acantilados del sur de Inglaterra. Aquellos hallazgos no solo desconcertaron a la ciencia, sino que obligaron a replantear la propia historia de la vida en la Tierra. A comienzos del siglo XIX, encontrar un esqueleto completo de una criatura desconocida no significaba resolver un enigma, sino abrir varios nuevos. Los primeros grandes fósiles marinos no encajaban en ningún catálogo conocido. No eran peces, tampoco cocodrilos, y desde luego no aparecían en ningún texto clásico. La pregunta era inevitable: ¿qué clase de mundo había existido antes del nuestro? Los restos planteaban interrogantes incómodos. Si esas criaturas habían vivido en el pasado, ¿por qué ya no existían? La idea de la extinción, hoy asumida, resultaba perturbadora. Durante siglos se había creído que la naturaleza no perdía nada. Sin embargo, aquellos huesos enormes y fragmentados parecían contar otra historia, una en la que la Tierra tenía un pasado profundo y cambiante. El asombro creció cuando se empezaron a reconstruir los esqueletos completos. El tamaño de algunas de estas criaturas superaba cualquier referencia conocida. Mandíbulas repletas de dientes, columnas vertebrales interminables y cuerpos diseñados para dominar mares antiguos. Aunque aún no se hablaba de “dinosaurios” en sentido estricto, el impacto fue inmediato: el pasado era mucho más extraño y grandioso de lo imaginado. Estos descubrimientos también modificaron la relación entre ciencia y sociedad. Los fósiles dejaron de ser simples curiosidades para convertirse en pruebas. Pruebas de que la Tierra no tenía unos pocos miles de años, sino millones. Pruebas de que la vida había cambiado de forma radical con el paso del tiempo. Y pruebas de que aún quedaba mucho por comprender. En este contexto emerge la figura de Mary Anning, ligada de forma inseparable al nacimiento de la paleontología moderna. Sus hallazgos circularon por Europa, alimentaron debates científicos y ayudaron a dar forma a una nueva manera de mirar el pasado. En nuestro programa profundizamos en este momento clave de la historia de la ciencia: cuando unos fósiles encontrados en la costa obligaron a reconsiderar el tamaño del tiempo, la diversidad de la vida y el lugar del ser humano en esa historia.

    15 min
  2. El Golem digital

    May 31

    El Golem digital

    Hay una pregunta que la humanidad lleva haciéndose desde que aprendió a tallar la primera piedra: ¿hasta dónde podemos llegar antes de que lo creado se vuelva contra nosotros? Esa tensión, vieja como el fuego, late con más fuerza que nunca en el debate sobre la inteligencia artificial y humanidad. En Totus ya dedicamos un programa al Golem (esa criatura de barro y letras que la tradición judía concibió como el sueño (y la pesadilla) de dar vida a lo inerte). No vamos a repetir aquí lo que allí contamos, porque merece ser escuchado con calma. Lo que sí queremos es tender un puente entre aquella figura mítica y lo que hoy nos ocupa: la irrupción de la inteligencia artificial generativa. Porque si hay algo que la historia de la civilización enseña con obstinada claridad, es que cada gran salto tecnológico ha venido acompañado de la misma mezcla de admiración y terror. La imprenta liberó el conocimiento y también desató guerras de religión. La máquina de vapor prometió prosperidad y paría monstruos de explotación. La energía nuclear alumbró ciudades y redujo otras a cenizas. En todos los casos, la sociedad tardó décadas en aprender a convivir con lo que había creado. La inteligencia artificial y humanidad nos sitúan hoy ante un dilema parecido, aunque con una velocidad de vértigo que no tiene precedente. Los modelos generativos de los últimos años no solo ejecutan tareas: componen, argumentan, imitan, seducen. Y nadie (sus propios creadores incluidos) sabe con exactitud dónde están los límites. Esa incertidumbre es, precisamente, el rasgo más humano de todo el asunto: hemos dado forma a algo que no entendemos del todo, igual que el rabino que esculpía el Golem sin saber muy bien qué despertaría. Lo inquietante no es la tecnología en sí. Lo inquietante es el espejo que nos devuelve: un reflejo en el que aparecen nuestros miedos más atávicos disfrazados de algoritmos. La filosofía de la técnica lleva décadas advirtiéndonos de que el ser humano no solo usa herramientas; las herramientas también nos usan y nos transforman. ¿Estamos ante un nuevo Golem? Eso es, exactamente, lo que exploramos en el programa. Dale al play y cuéntanos qué piensas.

    19 min
  3. Stanford

    May 24

    Stanford

    El experimento de la prisión de Stanford se ha convertido en uno de los referentes más citados cuando se habla de psicología social y del estudio del comportamiento humano en contextos extremos. Más allá de sus resultados concretos, este episodio sirve como puerta de entrada a una cuestión mucho más amplia: ¿por qué la psicología necesita recrear situaciones para entender cómo actuamos y cómo podemos mejorar nuestra convivencia? Desde sus orígenes, la psicología ha tenido que enfrentarse a un desafío singular. A diferencia de otras ciencias naturales, su objeto de estudio no es un fenómeno físico aislable con facilidad, sino la conducta humana, profundamente influida por el entorno, la cultura, las normas sociales y las relaciones de poder. Observar a las personas en condiciones artificiales de laboratorio no siempre basta para comprender cómo reaccionan en la vida real. De ahí surge la necesidad de diseñar escenarios controlados que simulen situaciones cotidianas o excepcionales. Este enfoque no aparece de la nada. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la psicología luchó por consolidarse como disciplina científica autónoma. Figuras como Wilhelm Wundt impulsaron métodos experimentales rigurosos, mientras otros investigadores exploraban la conducta desde perspectivas aplicadas: la educación, el trabajo, la justicia o la salud mental. En ese proceso, la recreación de contextos sociales se convirtió en una herramienta clave para observar patrones, detectar riesgos y proponer soluciones. El experimento de la prisión de Stanford se inscribe en esa tradición. No como un simple estudio aislado, sino como parte de un movimiento más amplio que buscaba entender cómo los roles, las normas y las expectativas influyen en nuestras decisiones. La psicología social empezó así a demostrar que muchas conductas no dependen tanto de rasgos individuales como de las circunstancias que nos rodean. Esta idea cambió la forma de pensar la responsabilidad, la autoridad y la obediencia. Gracias a este tipo de investigaciones, la psicología fue ganando peso en ámbitos muy diversos. Hoy resulta indispensable en la elaboración de políticas públicas, en el diseño de instituciones más humanas y en la prevención de abusos de poder. Pero... ¿qué pasó con el experimento de la prisión de Stanford? Pues que el comportamiento humano resultó ser más impredecible de lo esperado. ¡No os perdáis este programa!

    18 min
  4. Ná más té

    May 17

    Ná más té

    Hay expresiones que parecen pequeñas, pero esconden todo un universo. “Ná más té” suena a chascarrillo, a sobremesa tranquila o a excusa amable para detener el tiempo. Y, sin embargo, si uno afina el oído, descubre un eco lejano: el saludo tradicional de India y Nepal, “namasté”, nacido de namas (reverencia) y te (a ti). Es decir, “me inclino ante ti”. Una fórmula elegante que bien podría servir como lema para montar una tetería con encanto en cualquier esquina del mundo… o al menos para imaginarla. La frase clave ná más té aparece aquí no por casualidad. Tiene algo de declaración de intenciones. Porque, más allá de juegos lingüísticos, lo cierto es que una taza caliente siempre invita a la pausa. No hace falta remontarse a ceremonias milenarias ni a rutas comerciales interminables. Claro que, si hablamos de infusiones, no todo es té. La manzanilla, por ejemplo, lleva generaciones acompañando sobremesas. Se le atribuyen propiedades digestivas, ayuda a calmar el cuerpo tras una comida copiosa y, en muchos casos, sirve como pequeño ritual nocturno antes de dormir. Su sabor suave y su aroma reconocible la convierten en una compañera discreta, pero constante. Y luego está la menta poleo, que se resiste a desaparecer. Pese a modas pasajeras y nuevas tendencias, sigue firme en bares, casas y conversaciones. Tiene ese punto refrescante que despeja y reconforta al mismo tiempo. Pero al final, en Totus Pódcast no nos complicamos demasiado. Entre tantas opciones, tendencias y teorías, preferimos quedarnos con algo claro: ná más té. Y, si puede ser, bien acompañado. Así que... ¡no te pierdas este programa!

    15 min
  5. Ya es mala suerte

    May 10

    Ya es mala suerte

    Ya es mala suerte que te toque vivir en un territorio donde se ha declarado una guerra. De golpe pierdes la normalidad, la seguridad y la certeza de que el mañana llegará sin sobresaltos. La guerra convierte lo cotidiano en una amenaza constante y deja a la gente de a pie atrapada en decisiones que nunca tomó. La guerra es, sin rodeos, uno de los mayores fracasos de la humanidad como especie. Cada conflicto armado certifica que no hemos sabido resolver nuestras diferencias sin recurrir a la destrucción. Resulta especialmente desolador comprobar que, ahora que vivimos el futuro, los avances diplomáticos no fueron suficientes para frenar esta expresión extrema de desprecio por la vida humana. Cambian las armas, cambian los escenarios, pero el sufrimiento sigue teniendo el mismo rostro. Nacer, trabajar o simplemente encontrarse en el lugar equivocado cuando estalla un conflicto ya es, de por sí, una condena injusta. Y la historia del siglo XX está llena de ejemplos que lo demuestran, y uno de ellos es el de Tsutomu Yamaguchi. En el programa os contamos la horrible experiencia que vivió este hombre. Su caso representa un límite difícil de asimilar, incluso para quienes están acostumbrados a leer sobre guerras, catástrofes y desastres humanos. Hay historias que obligan a detenerse y pensar no solo en lo ocurrido, sino en todo lo que falló antes para que aquello pudiera suceder. Historias que no necesitan adornos ni dramatizaciones, porque la realidad ya supera cualquier ficción. Por eso, si estar en territorio de guerra ya es mala suerte, lo de Tsutomu Yamaguchi es digno de ser contado por Totus Pódcast. Nos gusta detenernos en esos episodios que parecen imposibles y utilizarlos como punto de partida para pensar en el mundo que heredamos y en el que seguimos construyendo.

    14 min
  6. La historia del tenedor

    May 3

    La historia del tenedor

    Antes de que existiera la historia del tenedor como tal, la comida se resolvía con lo que había a mano. Literalmente. Manos, piedras afiladas, conchas, palos endurecidos al fuego o cuchillos improvisados sirvieron durante siglos para llevar el alimento a la boca. Aunque lo normal, y lo socialmente aceptado, era comer con las manos. Comer no era un gesto educado ni un acto social refinado: era supervivencia, eficacia y, cuando se podía, un pequeño placer compartido alrededor del fuego. Con el tiempo, la historia del tenedor se cruza con algo más interesante que el simple diseño de un cubierto. Aparecen normas, rituales y miradas ajenas. No se come igual en soledad que en comunidad, ni con las manos que con un objeto que marca distancia entre el cuerpo y el alimento. Cucharas y cuchillos se asentaron pronto; el tenedor, en cambio, tardó en ganarse su sitio. No porque fuera inútil, sino porque cambiaba costumbres muy arraigadas. Mientras tanto, los seres humanos siguieron inventando soluciones. En algunas culturas, el pan hacía de plato y de utensilio. En otras, los palillos resolvían con precisión quirúrgica lo que a Europa le parecía imposible sin pinchos. Cada herramienta decía algo del entorno, de los alimentos disponibles y del modo de entender la mesa. Comer era, y sigue siendo, una declaración cultural. La industrialización llevó los utensilios a todas las casas. El siglo XX aceleró el proceso y el XXI lo ha llevado a otro nivel. Ya no solo usamos cubiertos: delegamos tareas. Robots de cocina, batidoras inteligentes y dispositivos que cocinan casi solos han cambiado nuestra relación con la comida. La Thermomix es, en cierto modo, heredera de ese impulso primitivo por facilitarnos el acto de comer sin renunciar al control. Ojalá los de Thermomix estén leyendo esto y nos den una comisión por publicidad... Este recorrido, que va de las manos desnudas a la tecnología doméstica, dice mucho de nosotros. Por eso, si te interesa entender cómo un objeto aparentemente trivial refleja cambios sociales, culturales y hasta morales, merece la pena asomarse a esta historia. ¡La historia del tenedor!

    11 min

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