Hoy os relataremos la crónica de un hombre que se creía la reencarnación de un gato, un samurái y un satisfayer espiritual. Un buscador de la iluminación a través del Gin Tonic y de la eyaculación retrógrada; Hoy recordaremos al Gran Chamán de Soria, Fernando Sánchez Dragó. El pequeño Fernando nació en el Barrio de Salamanca de Madrid el 2 de octubre de 1936, que estaba España que parecía una mascletá. Fue el único hijo de un importante periodista al que solo le dio tiempo de ir al registro a inscribir al niño porque poquito después los sublevados del bando nacional lo mandaron a hacer un recao. En casa lo llamaban Nano y de chico se pasaba las tardes hablando con su ángel de la guarda, llamado Jai, pero la madre no lo llevó al pediatra niná porque pensó que se le pasaría y de mayor sería una persona normal. En 1942, cuando tenía 6 años, su madre lo llevó a ver El Mago de Oz, quedando totalmente fascinado por los Munchkins, los hombrecillos que acosaban a la joven Dorothy. Como buena familia de bien, a Fernando le hicieron creer que a su padre lo habían matao los republicanos, pero aún así él, hombre de valores férreos, se metió en su época universitaria en el Partido Comunista porque en las celdas de Carabanchel se ligaba mucho más que en las bibliotecas de la Complutense. Luego en 1956, estando detenido por unas protestas universitarias, un comisario le dijo sin darle un abrazo ni ná, que a su padre lo habían matao los de Franco y en ese momento las únicas neuronas sanas que tenía colapsaron y se volvió anarcoindividualista de los que recomiendan votar a José María Aznar, Mire usté, y que escriben libros para partidos de ultraderecha contra la memoria histórica. En 1958, estando preso en Carabanchel, se casó con Elvira, su 1ª novia y con quien tuvo su primer hijo, pero el matrimonio duró menos que el mío. En 1959 se licenció en Filología Románica, en el 62 en Lenguas modernas y obtuvo su doctorado con una tesis de Valle-Inclán. Tó lo que los profesores de los institutos públicos recomiendan que no estudies si quieres trabajar en el futuro. En 1964, cuando tenía 28 años, estando de arresto domiciliario, cogió una mochila Kelme y una cantimplora verde y se fue a descubrir el mundo. En Italia conoció a su segunda mujer y tuvo su segunda hija y así sucesivamente. En 1967 estuvo en Japón y aprendió la disciplina y el sigilo de los samuráis. También aprendió que si con 31 años haces cosas feas con dos niñas, no se pueden contar hasta que prescriba el delito en 2010. En 1970 volvió a España de su exilio, diciendo “perdón, no volverá a ocurrir” En la década de los 80 y los 90 se dedicó a presentar programas de televisión rodeado de libros que nadie había leído y de señores con barba que hablaban de la Atlántida como si hubieran veraneado allí con una sombrilla de Mahou. Ya en esta época tenía la cara como el cachorro de un Shapei, un fular que tenía que oler a taquilla de futbolista y se metía 70 pastillas diarias de antioxidantes, magnesio, polen de abeja ninja y semen de toro de lidia para que a los 80 su palo mayor siguiera más firme que el de El Cano. En 2003 le mordió en Etiopía un perro rabioso pero consiguió, después de hablar con el embajador de España, que le administraran una de las 4 vacunas que había en el país y que estaban en la nevera de la embajada de Estados Unidos. Y menos mal que estaba en Etiopía, porque si llega a estar aquí y tiene que pedir una cita a su médico de cabecera, lo mismo ni lo cuenta. Sus últimos años los pasó en Castilfrío de la Sierra, un pueblo con 35 habitantes y donde hace tanto frío que se ponen chaquetón hasta los 2 chavales que hay pa ir al instituto. Allí vivía con su última conquista, 57 años más joven, su gato Nanuk y un ejemplar de Gárgoris y Habidis calzando un sofá. Pero el 10 de abril de 2023, con 86 años y después de comerse una gomita de omega-3 para la salud cardiovascular, a Sánchez Dragó le dio una punsaíta en el corazón, aunque ustedes siempre podrán recordarlo cuando algún parao les diga que ha estudiado una Filología o tengan que pedir una cita a su médico de cabecera.