El artículo 771. Técnicas de inicio: Testimonio se publicó primero en Academia Guiones y guionistas. Hoy vamos a hablar de una técnica de inicio que no te pide permiso para engancharte: el inicio con testimonio. Arrancas con alguien rindiendo cuentas —en un interrogatorio, un juicio, una declaración o una confesión— y, en lugar de presentarte el mundo con calma, te suelta directamente en el territorio de las consecuencias: ¿qué ha pasado, qué oculta y por qué necesita que le creas? Es una forma brillante de convertir la exposición en conflicto, porque cada respuesta es una estrategia, cada silencio es una pista y cada contradicción es gasolina para la historia. Si quieres que tu guion empiece con tensión moral desde el minuto uno y una promesa clara de “aquí la verdad va a pelearse”, quédate, que vamos a destriparlo. Yo soy David Esteban Cubero y esto es Guiones y guionistas. En la Academia Guiones y guionistas de cursosdeguion.com continuamos publicando clases del curso de Conflictos Narrativos. Hoy analizamos el cuarto tipo de conflicto, uno de los conflictos modernos más actuales: Persona vs Sociedad: el protagonista se enfrenta a un antagonista coral: “nadie” y “todos” a la vez. Veremos las claves para escribir este tipo de conflictos. Qué es el inicio con testimonio El inicio con testimonio es una técnica de arranque en la que la historia se abre con un personaje dando su versión de los hechos ante alguien que tiene poder para juzgarla: un juez, un policía, un comité, un abogado, una cámara o incluso un confesor. No empezamos “viendo” el mundo, sino viendo a alguien rindiendo cuentas. Y eso coloca al espectador en modo detective moral desde el primer minuto: ¿qué ha pasado… y por qué lo cuenta así? Funciona porque convierte la exposición en conflicto. Un testimonio nunca es neutro: el personaje intenta salir bien parado, proteger a alguien, minimizar su culpa, vender una narrativa o evitar una pregunta concreta. La escena nace con tensión incorporada: hay riesgo, presión, contradicciones y silencios. Y, sobre todo, hay subtexto: lo importante no es solo lo que dice, sino lo que no puede permitirse decir. Además, este tipo de inicio promete una historia donde la verdad será una pelea. Es ideal para thrillers legales, dramas de poder y relatos de “verdad vs relato”, porque te permite arrancar con una promesa clara: habrá versiones enfrentadas, se descubrirán piezas ocultas y, al final, alguien —la ley, la sociedad o el propio personaje— tendrá que dictar sentencia. Vamos: empiezas con juicio… aunque todavía no sepamos de qué delito. Variantes del arranque con testimonio 1) Testimonio legal “frío”: declaración / comité / investigación interna Aquí el personaje declara en un entorno formal y reglado: abogados, comité interno, auditoría, recursos humanos, comisión parlamentaria… No hay gritos (normalmente): hay precisión, silencios estratégicos y frases que suenan a “me lo ha escrito mi abogado, pero con emoción humana”. La tensión nace de la retórica: qué responde, qué evita, qué redefine. Funciona de lujo para historias de poder, dinero, reputación y “verdad negociada”. El espectador aprende a desconfiar: todo puede ser cierto… y, aun así, profundamente tramposo. Ejemplo claro: The Social Network, que convierte las declaraciónes en el marco desde el que se reconstruye la historia como guerra de versiones. 2) Testimonio policial: interrogatorio / sala de entrevistas Es el duelo clásico: autoridad vs sospechoso. La escena arranca con presión, y cada pregunta es un golpe directo al ego, al miedo o a la coartada. El interrogatorio no es para “informar” al espectador: es para arrinconar al personaje y obligarle a escoger táctica (negar, atacar, seducir, llorar, confesar a medias). Va genial cuando quieres empezar con adrenalina narrativa sin disparar una sola bala. Además, te permite retratar carácter en 30 segundos: quien contesta demasiado rápido suele esconder algo; quien hace el chulo suele estar a punto de romperse. Ejemplos: The Usual Suspects (la declaración como motor del relato) o la apertura de Inglourious Basterds, que es un interrogatorio convertido en partida de ajedrez con sonrisa. 3) Testimonio en juicio: audiencia / tribunal Aquí el “testimonio” ocurre delante de un sistema y, muchas veces, delante de un público: juez, jurado, prensa, familiares. La verdad se convierte en espectáculo y la escena tiene una energía especial: no solo importa lo que pasó, sino quién consigue imponer su lectura moral y emocional. Esta variante es perfecta si tu historia va de justicia, culpa, prejuicio o poder institucional. El arranque ya te promete “veredicto”, aunque todavía no sepamos el delito exacto. Ejemplos de ADN: los dramas judiciales clásicos y modernos; incluso cuando no abren en el juzgado, usan esta gramática para que el público sienta: “alguien va a pagar por esto”. 4) Testimonio íntimo: confesión (cura / terapeuta / amigo / pareja) Es la versión más emocional. El personaje habla a alguien que no siempre tiene poder legal, pero sí poder íntimo: puede perdonar, condenar, abandonar o sostener. La tensión no depende del protocolo, sino de la vulnerabilidad: “si digo esto, me quedo solo”. Sirve cuando el motor es la herida y el tema es moral o psicológico. Y ojo: una confesión puede ser honesta… o puede ser una confesión “controlada” para ocultar lo verdaderamente grave. Ejemplo típico: relatos de crimen o dramas donde el primer minuto ya plantea: “esta persona necesita justificarse” (y ahí empieza el misterio). 5) Testimonio “a cámara”: confesional / entrevista diegética El personaje habla a cámara (o en entrevista dentro del mundo): formato reality, falso documental, vídeo de disculpa, streaming, podcast diegético… Es el testimonio convertido en puesta en escena. Tú, espectador, no solo miras: te convierten en juez, cómplice o confidente. Funciona genial para comedia (ironía, contraste entre lo que dice y lo que vemos) y para drama (intimidad directa), y es una máquina de subtexto si lo cruzas con acción: dice “yo controlo” mientras la realidad demuestra “no controla ni el microondas”. Ejemplos: desde clásicos como Anie Hall a comedias tipo The Office (confesionario) o cualquier historia que arranque con alguien fabricándose una narrativa pública para sobrevivir socialmente. Características del arranque con testimonio Arranca con una situación de rendición de cuentas. El protagonista (o alguien clave) no aparece “viviendo su vida”, sino explicándola bajo presión: ante un juez, un policía, un comité, una cámara o un confesor. Eso coloca la historia en modo consecuencia desde el minuto uno: aquí no venimos a contemplar, venimos a averiguar qué se ha roto. Convierte la exposición en conflicto. La información no se entrega como un resumen cómodo, sino como un forcejeo. Cada dato surge porque alguien lo exige, lo niega o lo retuerce. El espectador recibe contexto mientras ve una pelea de objetivos: quien pregunta quiere una verdad; quien responde quiere salir indemne. Promete una guerra de versiones. Un testimonio es, por definición, una narrativa interesada. Puede ser honesta, parcial, manipuladora o directamente falsa. Esta técnica invita a sospechar: lo importante no es solo lo que se dice, sino lo que se omite, lo que se maquilla y lo que se cuenta “demasiado bien”. Carga la escena de tensión moral. No solo importa “qué pasó”, sino “qué responsabilidad tiene esta persona”. El arranque pone el foco en culpa, justificación, ética, lealtad, ambición o arrepentimiento. La pregunta latente es: ¿merece castigo, perdón… o ambas cosas? Define tono y género con rapidez. Si es interrogatorio, el tono tiende al thriller. Si es juicio, suena a drama social o legal. Si es confesión íntima, vira a drama psicológico. Si es a cámara, puede ser comedia, sátira o distopía mediática. En dos minutos, el espectador entiende “qué tipo de historia” está comprando. Crea un anzuelo inmediato (pregunta central). Un buen inicio con testimonio siempre deja una incógnita colgando: ¿qué no está contando?, ¿qué prueba existe?, ¿a quién protege?, ¿qué ocurrió de verdad? Esa pregunta es gasolina para el Acto 1: te obliga a seguir para completar el puzle. Se apoya en subtexto y estrategia. El personaje no solo habla: negocia. Mide palabras, ensaya emociones, ataca, se victimiza, se hace el ofendido o coopera selectivamente. La tensión nace de leer su táctica: cuando cambia de táctica, el espectador huele que algo se ha movido debajo de la mesa. Necesita un giro interno dentro de la propia escena. Para que no sea un prólogo estático, la escena suele incluir un “golpe”: una pregunta inesperada, una prueba que aparece, una contradicción, una amenaza, una frase que se le escapa. Ese mini-giro es la chispa que convierte el arranque en motor narrativo y no en “explicación con silla”. Pasos para escribir un inicio con testimonio 1. Elige el “tribunal” adecuado (quién escucha y por qué importa) Decide dónde ocurre el testimonio: comisaría, juzgado, comité interno, terapia, confesionario, entrevista a cámara… No es decorado: es una máquina de presión. Cuanto más claro sea el poder del interlocutor (puede encarcelar, despedir, exponer, abandonar), más tensión tendrás sin necesidad de fuegos artificiales. 2. Define la apuesta concreta (qué pierde si habla mal) Antes de escribir una sola línea, fija qué está en juego hoy en esa sala: libertad, dinero, custodia, reputación, la vida de otro, su identidad. La escena funciona cuando el personaje no “recuerda”, sino que se juega algo mientras habla. Si la apuesta es difusa, el test