La imputación de Zapatero&cía —o cómo se llame ahora— representa: 1 ) la posibilidad de que el PSOE sea una estructura profundamente corrupta, o lo que es lo mismo, un partido as usual de la partitocracia canónica; hasta el punto de que —en una suerte de ingreso traumático de lo real en el que el carácter ficcional del modo en el que nos relacionamos operativamente en el mundo se desvela como tal, una mentirijilla que nos facilita la vida— ya no podemos relacionarnos con el PSOE fingiendo que es una cosa diferente a lo que el PSOE realmente es. 2) La constatación definitiva, por si era necesaria alguna prueba más, de que el PSOE —uno de sus aparatos fundadores— ha sido expulsado del R78 y hay una operación puesta en marcha para desalojar al Gobierno vía judicial, mediática, política y diplomática mediante. Es decir, por todas las vías. Esto ha llegado a suceder como si, en una fase terminal de la respuesta autoinmune del R78 a los desafíos del ciclo político 2011-2022, las defensas atacaran finalmente al propio cuerpo. Una dinámica en la que es posible que el PSOE tenga una responsabilidad no pequeña. Para afrontar y superar los desafíos y la impugnación del ciclo 2011-2022, el R78 segregó una serie de anticuerpos en esta forma que Pablo Elorduy ha llamado el Estado feroz. Aquí segregar significa, en una gramática variable, que autorizó, legitimó, confraternizó, toleró o dejó hacer según el caso y la conveniencia a determinados aparatos de estado (incluidos los aparatos de información ) a actuar para expulsar, debilitar o aniquilar esos cuerpos extraños (15M, Municipalismos, Podemos, etc.) o que se han vuelto extraños (Junts, Esquerra) que desafían la estabilidad y legitimidad del régimen. Hasta este punto el PSOE es plenamente responsable de ello. Autorizó, legitimó, dejó hacer y sobre todo, se benefició de ello. ¿Qué sucedió para que haya terminado devorado por esta dinámica, canibalizado por unas dinámicas que él mismo contribuyó a generar y activar? 1) Activada esta dinámica, legitimada en su proceder, a las fuerzas conservadoras y reaccionarias no les ha sido difícil impusarla a una nueva fase, ordenarla e instrumentalizarla. Pero si 1) ha sido tan fácil es porque 2) a estos núcleos movilizados y activistas del Estado feroz nos les ha faltado ímpetu ni iniciativa. Quizás nunca ha sido más importante en nuestra historia reciente (donde importante significa disfuncional) la composición material y humana de los aparatos de estado. La expulsión del PSOE supone una reestructuración fuerte del campo político y uno de los vectores estratégicos más importante del ciclo que se nos está viniendo encima Drama sobre drama, aquí lo importante es que parece dominar en los núcleos de los aparatos duros del Estado a) una concepción patrimonialista del Estado y b) estrecha y preconstitucional de la nación y la patria. Una noción en la que España se identifica con ellos mismos y sus homólogos de clase, anterior y superior a la democracia, con la que tiene una relación accidentalista. De esta manera, en nombre de España (en esta concepción patrimonialista y estrecha) se está en cierto modo habilitado para bordear, extrañar o desreconocer la democracia y sus derechos. En resumen, un esprit de corps reaccionario que activado y tolerado en una primera fase, y movilizado y legitimado en una segunda, ha terminado por comprender al PSOE (una de sus partes componentes y fundadoras) como también él un cuerpo extraño. Con el que se está habilitado a hacer lo que se estaba legitimado a hacer con los cuerpos extraños: al que se esta autorizado y legitimado a expulsar, aniquilar, castigar, destruir y un largo y triste etc. Si esto resuena a lawfare es porque cuando funciona, así funciona el lawfare. Si nos estremece un cierto latigazo de pánico, es porque el cuerpo es sabio e intuye la que se nos viene. Conclusiones. La expulsión del PSOE supone una reestructuración fuerte del campo político y uno de los vectores estratégicos más importante del ciclo que se nos está viniendo encima. El PSOE navega en esto incómodamente, entre la estupefacción y la aceptación estratégica. La extraordinaria resistencia que está mostrando el Gobierno, al menos hasta el momento presente, habla de que hay un área que ya está en lo segundo, pero es lógico intuir que el impulso apparatchik, especialmente conforme público y crítica vaya soltando la mano, a negociar la rendición, entregar los aparatos de estado, pasar la penitencia y pedir el reingreso en el club, es ya también un proyecto en marcha. De momento, por el presente, si el lawfare hace del PSOE uno como nosotros/as, la otras cositas no lo hace, justamente, uno de nosotros/as. Esta distinción, que no ha estado clara precisamente estas semanas, pero distinguir y trabajar ambas cosas —una pulsión que acerca y otra que nos aleja— va ser uno de las elementos claves para sobrevivir y crecer en el ciclo político que se abre. Ciclo político que se anticipa necesariamente feroz.