Cuando Edward Ellington era niño, anunció a sus amigos frente a su casa en Washington DC: “Soy un grande y noble duque, y la gente acudirá a mí”. Duke Ellington lo logró haciendo música. Fue el compositor más versátil y prolífico de la historia del jazz. Lideró la banda más estable y duradera, actuando sin interrupción durante más de cincuenta años. Duke escribió más de 2 mil piezas, entre las que se incluyen baladas, conciertos sacros, blues, música para la danza, “Mood Indigo”, “Sophisticated Lady”, etc. EI motivo de tal productividad lo explico así: “Tu sabes como son las cosas. Llegas a tu casa convencido que te vas directo a la cama, pero te Joe encuentras con el piano que te coquetea, tocas un acorde, y antes de que te des cuenta son las 7 de la mañana. La diversidad y amplitud de su obra se debió en parte a la contribución de los músicos de sus bandas, a quienes Ellington escogió por la variedad de sus estilos y sus orígenes. Provenían de diversas regiones de Estados Unidos y llevaban consigo sus influencias regionales. Barney Bigard era de Nueva Orleans, Cootie Williams de Alabama, Johnny Hodges y Harry Carney de Boston, Juan Tizol era portorriqueño, Duke utilizó todos estos estilos y con frecuencia incorporo las ideas de sus músicos en sus composiciones. Muchas de las improvisaciones de ellos eran tan brillantes, que se transformaban en parte de los arreglos estables de la banda. Tanto apreciaba Ellington las personalidades musicales de los miembros de su banda, que escribía cada parte de una composición para resaltar el talento y la habilidad de músicos específicos, mezclando con gran imaginación las ideas de ellos con las suyas. Algunos de sus músicos permanecieron en la banda por más de treinta años. Uno de los más importantes y notables compositores estadounidenses, Ellington rehuso aceptar barreras de ningún tipo en su obra. Un compositor ecléctico, cuya música podía ser muy negra y a veces muy blanca, como también beige, gris y de todos los tonos posibles. Además, refleja su personalidad: Ellington era un hombre de gran mundo, que adoraba la buena comida, vestirse bien y, especialmente, las mujeres bellas. El corazón de Harlem En 1923 se mudo a Nueva York convencido de alcanzar gran éxito, a pesar de carecer de estudios musicales. No tenia conocimientos de armonía, componía en el piano, tomaba 10 que tocaba con la mano izquierda y 10 orquestaba. Lo que Ellington logra con solo tres notas es impresionante. Su genio estaba en que sabia escoger cuales serian las tres notas claves. Basta escuchar temás simples como “Isfahan” 0 “Warm Valley”. Ellington relata: “Escribí ‘Solitude’ de pie y en solo veinte minutos. ‘Mood Indigo’ lo hice en 15 minutos mientras mi madre cocinaba, sin embargo, ‘Sophisticated Lady’ me demoró más de un mes”. Pasó varios años aprendiendo a ser líder, compositor, arreglador y pianista. Gran parte la aprendió de sus músicos, algunos de los cuales tenían más habilidad musical que él. Inicialmente, Ellington quiso capturar los sonidos, imágenes y ambiente de Harlem, los que transformó en una música rica y evocativa, pero distintivamente propia. Se puede considerar que durante su carrera, Ellington tuvo tres importantes etapas. La primera empezó a fines de 1927, cuando obtuvo la seguridad del empleo y el prestigio de ser la banda en residencia del famoso Cotton Club en Harlem, lugar donde los mejores artistas negros entretenían a la elite neoyorquina, como también a gangsters de la época. Para deleitar a su público, que era exclusivamente blanco, el Cotton Club le exigía a Ellington que presentara shows con escenas cuasi-africanas. Para esto Ellington compuso música que llamó Jungle Music, o música de la selva (”Echoes of the Jungle”). Duke sobrevivió esos años intacto y con dignidad, una tarea poco fácil. Nacimiento de un ídolo A principios de los treinta, agudizó su talento e hizo sus primeros esfuerzos por componer obras de más larga duración. En esta época desaparecen los ritmos típicos de sus bandas más primitivas, que son reemplazados por texturas musicales ligadas por un pulso más sutil, pero no menos incisivo. Ellington comenzaba a experimentar y a desarrollarse como compositor y arreglador, teniendo ya varios Hits a su haber. Dentro de esos éxitos populares están sus primeras obras maestras, las que revelan sutileza y solidez solo al escucharlas detenidamente. Composiciones de la época, como “It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got that Swing)”, revelan que la suya se había transformado en una poderosa y expresiva banda. Las transmisiones radiales del Cotton Club por cadena de costa a costa junto al gran número de exitosas grabaciones, permitieron a Duke sobrevivir durante los años de la Gran Depresión. A medida que se hacia más famoso, sus composiciones comenzaron a tener más significado en cuanto a sus raíces, su experiencia y cultura afro-americana. La música de “Symphony in Black”, un filme de corta duración hecho en 1934, representa varias actividades de la vida de la comunidad negra de Estados Unidos, tema que Ellington utilizaría a través de su carrera. También, durante esta época, comenzó a escribir composiciones que se transformaron en estándares del repertorio popular estadounidense, tales como “Mood Indigo”, “Sophisticated Lady”, “In a Sentimental Mood”, “Solitude”, “Prelude to a Kiss”. Muchas otras vendrían durante las próximas décadas. Compañeros de lujo Sus crecientes ambiciones artísticas requerían solistas más sofisticados. A fines de los treinta, Duke había acumulado una impresionante colección de músicos, la mejor que había tenido bajo su batuta. Estaba preparado para la segunda etapa de su gran carrera, la que se inicia cuando el joven y virtuoso contrabajista Jimmy Blanton se unió a la banda; el mismo año en que comienza la larga residencia del primer mago del saxofón, Ben Webster. La Blanton / Webster Band de Duke Ellington funcionó durante tres años, de 1939 a 1942. Jimmy Blanton fue el primer gran solista en su instrumento. Su bello tono, agilidad sin igual, exactitud de entonación, gran swing y conocimiento armónico, lo convirtieron en modelo para una generación de contrabajistas. Tenía solo 21 años cuando Duke lo descubrió en 1939. Blanton enriqueció el sonido y enfoque rítmico de la banda e inspiró a Ellington en un período de gran productividad creativa. El bajo de Blanton fue un factor prominente en composiciones como “KoKo”, “Jack the Bear” y “Concerto for Cootie”. Los otros miembros de esa estelar banda fueron Johnny Hodges, Harry Carney en saxofón, el clarinetista Barney Bigard, los trompetistas Rex Stewart y Cootie Williams (quien fue reemplazado por Ray Nance en 1940) y los trombones de Joe Nanton, Juan Tizol y Lawrence Brown. Sonny Greer en batería y el pianista, como Ellington solía referirse a si mismo, completaban la banda. Vale hacer notar que estos músicos no solo eran grandes maestros en sus instrumentos, sino que también fueron importantes contribuidores a la historia del jazz. Sin embargo, todos ellos, sea Webster o Hodges o Cootie Williams, tocaron mucho mejor en la banda de Ellington que en otras situaciones. Existía una especie de inspiración mutua entre Ellington y sus músicos. El fin de la década también coincidió con la aparición de Billy Strayhorn, un brillante y joven arreglador que se unió a la banda en 1939. Strays, como lo llamaba Duke, se convirtió en el colaborador principal de Ellington. Billy Strayhorn era capaz de complacer a Ellington en cualquier tarea musical que este le encomendaba y tenía el talento de reflejar su estilo y manera de componer, pero al mismo tiempo manteniendo sus propios conceptos innovadores, los que se adaptaban a las necesidades de Ellington. La carrera de Strayhorn fue la de trabajar para Ellington, sin interrupción durante el resto de su vida. Algunas de las más sobresalientes composiciones que naturalmente se asocian con Ellington son de Strayhorn como “Lush Life”, “Chelsea Bridge”, “Passion Flower” y “Blood Count”, aunque Ellington no siempre lo registro como autor. En los años 40 Duke inició una serie de conciertos anuales en el Carnegie Hall. El primero, celebrado en enero de 1943, fue una ocasión auspiciosa no solo para Ellington sino también para el jazz. Fue un concierto hecho bajo condiciones que solo se pudieron reproducir muchos años después. En esa época, un concierto de jazz en una sala donde normalmente solo se presentaba música docta era una novedad. Benny Goodman había sido el único en el Carnegie Hall, pero habían transcurrido cinco años antes que se escuchara nuevamente jazz en esa sala. Ellington aprovechó la ocasión para estrenar su primera obra de larga duración, “Black, Brown and Beige”. Duke la describe como un pieza que refleja la historia paralela de los afro-americanos. En su forma original, “Black, Brown and Beige” duraba cerca de una hora. Fue su obra más ambiciosa, espectacular y exitosa hasta ese momento, lo cual le cual le permitió dedicarse de lleno a ese tipo de composiciones por el resto de su carrera. Lamentablemente, si le pedimos a cualquier aficionado a la música de Ellington que mencione algunas de sus más importantes composiciones, sin duda incluiría la siguiente letanía: ‘Sophisticated Lady’, ‘In a Sentimental Mood’, Don’t Get Around Much Anymore’, ‘It Don’t Mean a Thing If It Ain’t Got That Swing’. Cada una merece un lugar privilegiado en los estándares de la música popular moderna de los Estados Unidos. Sin embargo, ninguna se aproxima al nivel artístico de sus composiciones como ‘Such Sweet Thunder’, Deep South Suite’ o ‘New Orleans Suite’. Estas obras épicas, y otras similares, fueron muy importantes para Ellington, quien pa