El proyecto para transformar parte de las instalaciones de la antigua central nuclear de Lemoiz en una piscifactoría ha reabierto el debate sobre el futuro de un espacio marcado por décadas de abandono. En EgunON Magazine, Juan Mari Beldarrain, miembro de Eguzki, ha valorado la iniciativa anunciada por el Gobierno Vasco y ha reclamado una recuperación integral del enclave. Una “herencia incómoda” en la costa de Bizkaia El Gobierno Vasco ha presentado un proyecto para aprovechar parte de las instalaciones de la antigua central nuclear de Lemoiz como espacio dedicado al desarrollo genético, cría, engorde, preparación y transformación del lenguado, con el objetivo de criar allí el primer lenguado producido en Euskadi. La iniciativa ha sido presentada como una forma de dar uso a unas instalaciones que nunca han llegado a funcionar como central nuclear. Sin embargo, desde Eguzki han advertido de que el debate no puede limitarse a la actividad económica prevista en la zona. Juan Mari Beldarrain ha recordado que el emplazamiento tiene una historia muy concreta y ha señalado directamente a la antigua promotora de la central. “Quien de alguna manera contaminó, o sea, desnaturalizó ese paraje de la cala Basordas y todos sus alrededores fue Iberduero”, ha afirmado. “Vamos a pagar dos veces” Una de las críticas centrales de Eguzki se refiere a la financiación del futuro del enclave. Beldarrain ha defendido que debería aplicarse el principio de que “quien contamina paga”, pero ha lamentado que, en este caso, no se cumple. Según ha explicado, la ciudadanía ya ha asumido en su día el coste del llamado lucro cesante de la central nuclear a través de la factura eléctrica. “Fuimos aportando todos los consumidores de electricidad durante muchos años el lucro cesante de Iberduero, de manera que, al no funcionar esa central nuclear, Iberduero no perdiese un duro”, ha señalado. Ahora, ha añadido, el Gobierno Vasco plantea una inversión público-privada para recuperar comercialmente una parte de las instalaciones. Para Eguzki, eso supone que la ciudadanía asume de nuevo parte del coste. “Los ciudadanos van a pagar dos veces”, ha resumido Beldarrain. Una inversión de 170 millones y 200 empleos El proyecto anunciado contempla una inversión público-privada de más de 170 millones de euros y la creación de alrededor de 200 puestos de trabajo. Beldarrain ha mostrado cautela ante esas previsiones económicas y laborales. El representante de Eguzki ha advertido de que las grandes obras suelen acabar con costes superiores a los inicialmente previstos. Además, ha calculado que, con esas cifras, cada puesto de trabajo tendría un coste cercano a los 900.000 euros. “Unos puestos de trabajo muy caros”, ha apuntado. Eguzki no centra su crítica únicamente en el aspecto económico. La organización ecologista insiste en que el verdadero debate debe estar en el futuro ambiental y social de todo el entorno de Lemoiz. Más allá de los reactores de hormigón Beldarrain ha subrayado que la antigua central no se reduce a la imagen de los grandes reactores de hormigón abandonados. Según ha explicado, el conjunto ocupa unas 180 hectáreas, mientras que el proyecto de piscifactoría afectaría, como máximo, a unas 10 hectáreas. Por eso, Eguzki considera insuficiente hablar solo de una reutilización parcial de las instalaciones. “El Gobierno Vasco se está olvidando del resto de las 170 hectáreas que rodean el núcleo”, ha denunciado. El ecologista ha descrito un entorno todavía marcado por hierros, alambradas, vallas, plantaciones de eucaliptus y otros elementos derivados de aquel proyecto nuclear. También ha mencionado la existencia de dudas sobre posibles vertidos en algunas zonas, aunque ha precisado que no le consta directamente. Recuperar el disfrute público Eguzki reclama un plan de renaturalización y recuperación de todo el enclave. La organización defiende que el objetivo no debe ser solo dar una salida comercial a las instalaciones, sino devolver a la ciudadanía un espacio que ha permanecido cerrado durante décadas. Beldarrain ha destacado el valor natural de la zona y ha citado los flysch del acantilado como uno de los elementos que deben ponerse en valor. “Nosotros consideramos que recuperar esa zona es importante porque recuperaríamos el disfrute público”, ha explicado. El representante de Eguzki ha defendido que la obra de la central nuclear “jamás debió haberse comenzado” y ha situado su origen en el contexto político del franquismo. A su juicio, un emplazamiento de ese tipo no habría superado hoy los mismos filtros sociales y ambientales. Sin material nuclear, pero con una deuda pendiente Durante la entrevista, Beldarrain ha recordado que la central de Lemoiz no ha llegado a ponerse en marcha y, por tanto, no ha recibido material nuclear. Esa circunstancia evita un problema de contaminación radiactiva como el que habría supuesto el cierre y desmantelamiento de una central activa. Como comparación, ha citado el caso de Garoña, cerrada en 2017 y todavía inmersa en un proceso de restauración muy complejo. “Si la central nuclear de Lemoiz se hubiera puesto en marcha, por desgracia no hubieran podido dar la rueda de prensa allí mismo”, ha señalado. Beldarrain ha reconocido que la movilización ciudadana ha sido clave para evitar que la central llegara a funcionar. “De buena nos libramos”, ha afirmado, al recordar los riesgos asociados a la energía nuclear y a sus residuos. El debate sobre la energía nuclear La conversación también ha abordado el actual resurgir de algunos discursos favorables a la energía nuclear. Beldarrain ha considerado que las empresas aprovechan situaciones críticas, como las guerras o la incertidumbre energética, para defender sus intereses económicos. Desde Eguzki, sin embargo, rechazan que la energía nuclear sea una solución de futuro. El ecologista ha recordado los accidentes de Chernóbil y Fukushima, así como los costes ambientales y económicos que genera el desmantelamiento seguro de una central cuando termina su vida útil. Beldarrain ha defendido que las energías renovables están demostrando que son la apuesta de futuro. También ha alertado de otro riesgo añadido: en contextos de conflicto, las centrales nucleares pueden convertirse en objetivos militares o en elementos de amenaza para la población. El futuro de Lemoiz sigue abierto La transformación de parte de la antigua central de Lemoiz en una piscifactoría ha abierto una nueva etapa para un espacio que ha permanecido durante décadas sin uso. Eguzki considera que el proyecto anunciado no resuelve la cuestión de fondo y reclama una mirada más amplia sobre el conjunto del enclave. La organización ecologista pide que la recuperación no se limite a la actividad comercial prevista, sino que incluya la renaturalización de las 180 hectáreas, la apertura del espacio al uso público y la asunción de responsabilidades por parte de quienes impulsaron en su día la central nuclear.