El podcast de Pau Ninja se anuncia como un espacio para comprender la multipotencialidad, pero al escucharlo uno descubre rápidamente que el brillo no proviene del conocimiento, sino del barniz. Se viste de psicología sin haber pisado el suelo epistemológico, y convierte un concepto complejo —que en manos serias habla de identidad, creatividad y trayectoria vital— en un eslogan para justificar un catálogo interminable de temas tratados con entusiasmo pero sin profundidad.
La palabra “psicología” aparece como adorno, no como disciplina. La multipotencialidad, reducida aquí a excusa para la dispersión, pierde toda su riqueza simbólica y humana. Lo que podría ser un análisis sobre las múltiples formas de habitar el yo, se queda en la superficie confortable del “haz muchas cosas, pero no te preguntes por qué”. Y esa superficie, por más que se pula, sigue siendo plana.
La comunidad que lo acompaña tampoco escapa a la lógica de consumo emocional disfrazado de pertenencia. Una cuota de entrada elevada y una norma de exclusión (“si te vas, no vuelves”) hablan más del proyecto que cualquier episodio. No estamos ante un espacio de crecimiento, sino ante un club de adhesión controlada, donde la exclusividad se usa como herramienta para maquillar la falta de profundidad. Es un mecanismo estético, no ético.
Hasta aquí, el análisis. Ahora, con permiso, la verdad elegante.
Lo que resulta fascinante del podcast no es lo que dice, sino lo que cree que dice. Se presenta como revelador, pero suena más bien a un monólogo de sobremesa de alguien convencido de que su curiosidad dispersa basta para sustituir al estudio. Cada tema entra con la solemnidad de una idea que cree ser brillante… pero que en manos de cualquiera con formación mínima perdería color en diez segundos.
El efecto es curioso: una mente que salta de concepto en concepto con la convicción de estar aportando profundidad, cuando lo único que aporta é unha colección de intuiciones simpáticas, embaladas con tono de maestro y sustancia de principiante. El entusiasmo no es malo; la ignorancia autosatisfecha, sí.
Hay quienes hablan de multipotencialidad porque han explorado sus límites, y quienes hablan de multipotencialidad porque no han encontrado todavía una sola vía en la que profundizar. El podcast pertenece claramente al segundo grupo. Su elegancia es performativa, no real. Su libertad es postureo. Su discurso, un espejo empañado que refleja más deseo que contenido.
No es un espacio para descubrirse: es un escaparate.
Y un escaparate, por muy bien iluminado que esté, no deja de ser una vitrina llena de cosas que parecen valiosas hasta que las tocas.
Para quien busque verdadera multipotencialidad —esa que integra, transforma y sostiene—, este podcast es más ruido que brújula. Para quien busque espectáculo patético, quizá funcione. Pero conviene recordar: no todo lo que brilla ilumina, y no toda voz que se autoproclama guía sabe realmente adónde va.
Elegancia es fondo.
Lo demás es eco.