IVOOX ORIGINALS

Historias exclusivas de misterio, true crime y más

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La ContraHistoria

La historia como no te la contaron en la escuela. Presentado y dirigido por Fernando Díaz Villanueva.

  1. 1 day ago • Subscribers Only

    El Santo Grial

    Ningún objeto ha inspirado tanta literatura como el santo grial, una copa cuya existencia nunca se ha podido documentar. La imprecisión acerca de qué es, dónde está y si alguna vez existió es seguramente su mayor fortaleza, porque una reliquia bien localizada se convierte en pieza de museo. El grial, en cambio, permanece siempre a un día de camino. Su historia es en realidad la de quienes lo buscaron. Monjes cistercienses, cruzados, ocultistas, arqueólogos de Himmler, guionistas y novelistas proyectaron sobre él lo que cada época necesitaba encontrar, y por eso sigue vivo cuando otras reliquias medievales duermen en polvorientas vitrinas. El objeto en sí aparece en el evangelio de forma muy fugaz. Los evangelios sinópticos cuentan que Jesús tomó el cáliz en la última cena, lo bendijo y lo repartió entre sus discípulos, luego desaparece de la historia. El punto de partida de los buscadores del grial es José de Arimatea, el hombre que pidió a Pilato el cuerpo de Cristo y le enterró en una tumba de su propiedad. Los evangelios apócrifos dieron mucha más importancia a José de Arimatea, que luego se convirtió en un viajero cargado de reliquias. La asociación entre José de Arimatea y un recipiente donde se habría recogido la sangre de Cristo en la cruz no cuaja hasta finales del siglo XII, cuando el borgoñón Robert de Boron cristianiza el objeto. Antes de él el grial existía, pero todavía no era santo. El primero en ponerle nombre fue Chrétien de Troyes en 1180 en su inacabado “Perceval o el Cuento del Grial”. Un joven galés llega al castillo de un rey herido y presencia una procesión en la que una doncella lleva un grial, palabra que en francés antiguo designaba una fuente honda para servir alimentos. Perceval calla, no pregunta a quién sirve aquello, y esa cortesía mal entendida condena al rey y a su tierra. Chrétien murió sin resolver el enigma. Robert de Boron lo identificó más tarde con el cáliz eucarístico, luego sustituyeron a Perceval por Galahad y la aventura original se transformó en alegoría mística. No mucho más tarde un alemán, Wolfram von Eschenbach, hizo del Grial una piedra con propiedades mágicas, el “lapsit exillis”, que custodian unos caballeros, los “Templeisen” en un castillo. Es aquí donde entran los templarios en la leyenda. El hecho es que, a finales del siglo XIII, había ya cuatro griales, pero eran muy diferentes. De esa multiplicidad nacen las lecturas posteriores. La eucarística traduce la misa al lenguaje de la caballería. La sanguínea convierte la vajilla en relicario. La dinástica, que imagina una descendencia carnal de Jesús protegida por sociedades secretas, no aparece hasta el siglo pasado. La lectura interior entiende la búsqueda del grial como un itinerario individual del alma. Lo que si tenemos son santos griales físicos en distintas partes de Europa. El más famoso de todos es el Santo Cáliz que se conserva en la catedral de Valencia, hay otro más en la basílica de San Isidoro de León, otro en Galicia, otro en Gales, otro en Viena y otro más en la catedral de Génova, estos dos últimos son platos, no copas. Hoy son piezas de museo muy valoradas, pero eso no es inconveniente para que los modernos buscadores del grial sigan apostando por unas o por otras. Para hablar de este tema vuelve a La ContraHistoria Carlos Pérez Simancas que, como bien saben los contraescuchas, es experto en este tipo de relatos que habitan entre la historia y la leyenda. Bibliografía: - “Mitomancia” de Carlos Pérez Simancas - https://amzn.to/4y4L9IO - “La búsqueda del Santo Grial” de Carlos Alvar - https://amzn.to/4f2ELsP - “El Santo Grial: una historia diferente” de Roberto C. Chuliá - https://amzn.to/4h1NxtJ - “El Santo Grial” de Ana Mafé García - https://amzn.to/4f8ugo8 - “El Santo Grial” de Carlos Javier Taranilla - https://amzn.to/4wEKrRb #FernandoDiazVillanueva #santogrial #santocaliz ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    1hr 21min
  2. 4 days ago • Subscribers Only

    Celsius vs Fahrenheit

    Estados Unidos es prácticamente una isla en la forma de medir la temperatura. Mientras casi todo el mundo emplea la escala Celsius, los estadounidenses siguen empleando la escala Fahrenheit, un sistema que resulta incomprensible para todos aquellos que miden la temperatura en Celsius. Que nos digan que hace 32 grados de frío o 100 de calor solo tiene sentido cuando entendemos que hablan de otra escala muy diferente. La necesidad de medir el calor y el frío es tan antigua como la civilización ya que permite anticipar las estaciones y proteger las cosechas. Pero durante siglos lo que no había era una medida común. Los primeros termoscopios mostraban las variaciones térmicas, pero luego cada artesano marcaba sus propias divisiones, lo que impedía reproducir experimentos y hacerse entender. El siglo XVIII trajo la estandarización. En 1724, el físico alemán Daniel Gabriel Fahrenheit inventó el termómetro de mercurio de precisión y una escala basada en tres puntos. El 0 estaba en una mezcla de hielo, agua y sal de cloruro amónico, la fusión del hielo en 32 grados y la temperatura corporal humana en 96 grados. En 1742 el astrónomo sueco Anders Celsius propuso una alternativa vinculada a las propiedades del agua pura. El punto de congelación serían 0 grados y el de ebullición 100 grados. Su escala original estaba invertida y fue Carl Linneo quien le dio la forma actual. La diferencia entre ambos está en la granularidad. Celsius dividió ese recorrido en 100 partes y Fahrenheit en 180, de modo que su grado es más pequeño. Ambas escalas coinciden en un único punto, los 40 grados bajo cero. La conversión entre ellas exige un ajuste aritmético complicado. La ventaja de Fahrenheit reside en su precisión para la vida cotidiana, ya que una franja de 0 a 100 describe bien las temperaturas habitables sin necesidad de usar decimales. La de Celsius es más natural y encaja con el sistema decimal, razones que explican que casi todos los países del mundo la adoptasen entre los siglos XIX y XX. Los científicos tienen su propia escala de temperatura, la de Kelvin, que es arranca en el cero absoluto y, por lo tanto, carece de números negativos. En Estados Unidos intentaron hace medio siglo metrificar el país con una ley y una agencia, pero el rechazo popular impidió que avanzase. Hoy son prácticamente los únicos que siguen utilizando sus propias medidas, para la temperatura y para todo lo demás. ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    21 min
  3. 26 Jun • Subscribers Only

    Cinco imperios

    Uno de los debates más recurrentes entre los aficionados a la historia es el de cuáles fueron los mayores imperios de la humanidad y qué los hizo verdaderamente grandes. Medir un imperio únicamente por kilómetros cuadrados resulta engañoso ya que la extensión por sí misma nunca garantizó su riqueza, ni su cohesión ni, naturalmente, que tuviesen un control efectivo del territorio. Gobernar grandes imperios antes de la llegada del telégrafo y el ferrocarril implicaba tomar decisiones casi a ciegas, los emperadores delegaban el poder en virreyes, sátrapas y gobernadores que actuaban con mucha autonomía. Cinco imperios encabezan todas las clasificaciones: el británico, el mongol, el ruso, el chino de la dinastía Qing y el español. Hay dos categorías diferenciadas. Por un lado los imperios terrestres (mongol, ruso y Qing), que se expandieron como una mancha de aceite sobre masas continentales contiguas. Por otro los marítimos (británico y español), que dependían del dominio de las rutas marítimas y de una red de puertos repartidos por varios continentes. El imperio británico fue el más extenso de todos, en su momento álgido al término de la primera guerra mundial llegó a alcanzar los 35 millones de kilómetros cuadrados. Los británicos levantaron su imperio sobre el comercio, la industria y la supremacía naval. Su fórmula de gobierno fue muy flexible. Había colonias que se gobernaban desde la metrópoli, protectorados y dominios con distintos niveles de autogobierno. El imperio mongol empezó con Gengis Kan en las estepas de Mongolia y llegó a cubrir a finales del siglo XIII 24 millones de kilómetros cuadrados de superficie continua gracias a la movilidad de sus jinetes, que eran además muy disciplinados. Durante dos siglos los mongoles fueron los dueños de China, de todo el centro de Asia, de Mesopotamia e incluso de parte de la Europa oriental. Gracias a ellos floreció la ruta de la seda, lo que permitió que ideas, técnicas y personas pasasen de un extremo a otro de Eurasia. Por esa ruta llegó también la peste negra que diezmó la población europea en el siglo XIV. El imperio ruso, cuyo origen estaba en el pequeño principado de Moscú creció hacia el este de forma silenciosa durante dos siglos hasta abarcar casi 23 millones de kilómetros cuadrados desde la frontera con el imperio alemán hasta las costas del Pacífico. En su cúspide se encontraba el zar, un rey absoluto que la iglesia ortodoxa rusa se encargó de sacralizar. Más al sur y en la misma época la dinastía Qing de origen manchú reinó durante tres siglos sobre la mayoría china y expandió las fronteras hacia el oeste. En su momento de máxima extensión llegó a tener 14 millones de kilómetros cuadrados. El imperio español, el primero genuinamente mundial, inició su expansión en 1492 con los viajes de Cristóbal Colón. A partir de ahí los españoles de los siglos XVI y XVII conquistaron y colonizaron buena parte del continente americano, completaron la primera circunnavegación del globo y se expandieron por tres continentes. Sus flotas fueron las primeras que conectaron por primera vez toda la superficie terrestre. Ninguno de estos gigantes cayó por un enemigo exterior en una batalla decisiva, sino por varios factores entrelazados como la sobreextensión, el agotamiento económico y las tensiones internas. Su herencia sigue viva hoy en las fronteras, en los más 500 millones de hispanohablantes, en el inglés como lengua franca, en la demografía de Hispanoamérica, en los Estados del Asia central o en las fronteras multiétnicas de la China actual. Estos cinco imperios fueron los arquitectos involuntarios del mundo que habitamos. ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    48 min
  4. 25 Jun • Subscribers Only

    La independencia de Estados Unidos

    A mediados del siglo XVIII las trece colonias de Norteamérica eran una dependencia británica de ultramar en plena expansión. El número de colonos no hacía más que aumentar y sus ciudades y puertos prosperaban. Sus habitantes se sentían británicos, hablaban inglés, eran mayoritariamente protestantes y se enorgullecían de pertenecer al país que había frenado el absolutismo con la revolución gloriosa de 1688. Cada colonia se gobernaba a sí misma mediante una asamblea local que era una réplica en miniatura del parlamento de Westminster. Las relaciones con la metrópoli eran fluidas y todo marchaba bien. Ese equilibrio cómodo, sostenido durante generaciones por la desidia administrativa de los británicos y el contrabando que suavizaba las políticas mercantilistas que salían de Londres, saltó por los aires tras la guerra de los Siete Años, que se libró en parte en Norteamérica. Los británicos ganaron, pero esa victoria salió cara. El gobierno decidió entonces que las colonias debían sufragar su propia defensa. La Proclamación de 1763, la ley del Azúcar de 1764 y, sobre todo, la ley del Timbre de 1765 provocaron una agria reacción entre los colonos, que se negaban a pagar impuestos si no tenían antes representación en el parlamento. Las Leyes de Townshend de 1767 avivaron el conflicto con nuevos aranceles destinados a pagar los salarios de los funcionarios reales destinados en las colonias, que dejarían además de estar controlados por las asambleas locales. Los colonos empezaron entonces a declarar boicots y Boston, una importante ciudad portuaria, se convirtió en el foco de la resistencia. La tensión fue escalando hasta que el 5 de marzo de 1770 se produjo la llamada masacre de Boston, que encendió los ánimos entre los colonos. Tres años más tarde la ley del Té de 1773 hizo estallar el motín del Té. Un grupo de agitadores arrojó 342 cofres cargados de té por la borda de tres navíos de la Compañía de las Indias Orientales. La respuesta fueron las conocidas como “leyes intolerables”, que, en lugar de aislar a Boston, suscitaron la solidaridad de las demás colonias. En septiembre de 1774 se reunió en Filadelfia el Primer Congreso Continental, que coordinó un boicot pero manteniendo abierta la puerta al diálogo con la Corona. La distancia y la lentitud de las comunicaciones alimentaron la desconfianza mutua y ambos bandos se prepararon para la guerra. La chispa saltó en abril de 1775 en Lexington y Concord, dos pequeñas localidades cercanas a Boston. El Segundo Congreso Continental nombró a George Washington comandante del Ejército Continental, y tras la batalla de Bunker Hill y el rechazo por parte del rey de la Petición de la Rama de Olivo, la ruptura se hizo inevitable. En enero de 1776 Thomas Paine publicó “Sentido Común”, un panfleto que abogaba directamente por la independencia. Poco después el Congreso nombró a un comité de cinco miembros para que redactasen la declaración de independencia. El encargado de hacerlo fue Thomas Jefferson, luego el congreso dio forma final al documento, lo aprobó el el 2 de julio y dos días después anunció formalmente que las colonias se independizaban. La guerra, que ya había dado comienzo, se prolongó unos años hasta que la paz de París de 1783 consagró la independencia de una confederación que adoptó el nombre de Estados Unidos de América. En El ContraSello: 0:00 Introducción 3:53 La independencia de Estados Unidos 1:17:12 Historia del español Bibliografía: “The glorious cause” de Robert Middlekauff - https://amzn.to/4xJHCiV “1776: el nacimiento de una nación” de David McCullough - https://amzn.to/4uUBTUI “La Declaración de la Independencia de Estados Unidos” de Thomas Jefferson - https://amzn.to/3SN0Rbn “Sentido común y Ocho cartas a los ciudadanos de los Estados Unidos de Thomas Paine - https://amzn.to/4xUGPfo “La construcción de Estados Unidos” de Jordi Figuerola - https://amzn.to/4ewTFZC #FernandoDiazVillanueva #1776 #independencia ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices

    1hr 24min
  5. 18 Jun • Subscribers Only

    El sultanato de las mujeres

    Entre 1533 y 1656, el imperio otomano vivió un periodo un tanto singular que la historiografía turca bautizó como “Kadınlar Saltanatı”, el sultanato de las mujeres. No fue propiamente un matriarcado ni una sucesión de sultanas que ocuparon el trono por herencia, sino algo mucho más sutil. Un grupo de mujeres, nacidas casi todas como esclavas, concentró un poder político inmenso que rivalizaba con el de los propios sultanes y que en ocasiones lo superaba. Dos títulos se convirtieron en auténticas instituciones de Estado, el de “Haseki Sultan”, consorte favorita del soberano, y el de “Valide Sultan”, madre del sultán reinante y cima absoluta de la jerarquía femenina en la corte, una posición desde la que se controlaban las finanzas, los nombramientos y la diplomacia. El momento en el que este peculiar periodo de la historia otomana comenzó tiene nombre propio, el de Hürrem Sultan, conocida en Europa occidental como Roxelana. Capturada en 1520 en Rutenia, la actual Ucrania, Hürrem Sultan llegó al harén como una concubina más, pero su inteligencia cautivó a Solimán el Magnífico. El sultán tuvo con ella al menos seis hijos, la liberó de la esclavitud y la convirtió en su esposa legal en 1533, un gesto muy poco habitual en aquel imperio. Hürrem se trasladó al palacio de Topkapi y colocó el harén en el centro del aparato de gobierno. Una vez allí tejió una tupida red de influencias que iba desde la correspondencia diplomática hasta los conflictos sucesorios. El fenómeno obedecía a causas estructurales. El abandono del fratricidio tras la matanza de sus 19 hermanos ordenada por Mehmed III en 1595, dio paso al “kafes”, la jaula en la que se aislaba a los los príncipes. Los sultanes llegaban al trono sin experiencia, frágiles o perturbados, como el niño Mehmed IV, el inestable Mustafá I, Ibrahim el Loco o Selim II el Beodo. Ante ese vacío de autoridad gobernó una y otra vez la Valide Sultan, aliada con el cuerpo de eunucos negros, que actuaban como brazo ejecutor y enlace con el exterior. Varias figuras femeninas destacaron en esta época. Mihrimah Sultan, hija de Solimán y Hürrem, ejerció de puente entre el harén y gobierno, y dio su nombre dos grandes mezquitas en la capital. Nurbanu y su nuera Safiye convirtieron el sultanato en una potencia diplomática desarrollando unas relaciones privilegiadas con la República de Venecia y con la Inglaterra de Isabel I. Pero, por encima de todas ellas, estuvo Kösem Sultan, de origen griego, que gobernó durante varias regencias a lo largo de casi medio siglo como Valide de Murad IV e Ibrahim I, y abuela regente de Mehmed IV. El periodo concluyó a mediados del siglo XVII de muy mala manera. La rivalidad entre Kösem y su nuera Turhan Hatice por el control del niño Mehmed IV culminó en 1651 con el estrangulamiento de la anciana. Turhan se convirtió en la dueña de la regencia, pero heredó un imperio al borde del colapso. En 1656 tomó una lúcida decisión, cedió el poder al visir albanés Köprülü Mehmed Pasha, al que le dio plenos poderes para que enderezase la situación. Mehmed Pasha lo consiguió y eso posibilitó, entre otras cosas, el segundo sitio de Viena. Para tratar este tema tan interesante como desconocido hoy nos visita Marta Caniego, que presenta el podcast Relatos de la historia y que ya pasó por La ContraHistoria hace unos meses. Bibliografía: “Otomanos” de Marc David Baer - https://amzn.to/4ePMiwi “Empress of the East” de Leslie Peirce - https://amzn.to/4vjHpBo Filmografía: “El Sultán” - https://www.youtube.com/playlist?list=PLbCDZnipE9mEvzv4z102MGq8JvWMkOTmk “Kosem, la sultana” - https://www.youtube.com/channel/UCV3gMstfU3lnR_aPDClMAYA

    1hr 17min
  6. 18 Jun • Subscribers Only

    IRA: matar por Irlanda

    El conflicto de Irlanda del Norte, conocido con el eufemismo de “The Troubles”, se cobró cerca de 3.500 vidas entre 1968 y 1998 y marcó a fuego la política británica durante el último tercio del siglo XX. Sus orígenes hay que ir a buscarlos mucho más lejos, a la invasión inglesa del siglo XII y, sobre todo, a las plantaciones del Úlster del siglo XVII, que convirtieron al norte en la única región irlandesa de mayoría protestante. La fractura religiosa se superpuso a la nacional hasta volverse indistinguible con el tiempo. El IRA fue una sucesión de distintos grupos que se sucedieron y que, en ocasiones, se enfrentaron entre sí. Tras la guerra de la independencia y el tratado anglo-irlandés de 1921 que partió la isla, el republicanismo armado quedó relegado a la clandestinidad durante décadas. Los “Troubles” no surgieron de aquel viejo IRA, sino de la discriminación que el régimen unionista del Úlster ejercía contra los católicos en vivienda, empleo y reparto electoral. El movimiento por los derechos civiles de finales de los 60 se encontró con represión policial, algo que agravó el despliegue del Ejército en 1969, los internamientos sin juicio de 1971 y algunos episodios como el Domingo Sangriento de 1972. De todo ello se aprovechó una escisión del IRA que se autodenominó IRA Provisional. Sus miembros abogaban por una guerra larga de desgaste mediante atentados y asesinatos selectivos, simple terrorismo no muy distinto al que los extremistas de aquella época practicaban en otras partes de Europa. Pero el caso de Irlanda del Norte fue peculiar. Allí los partidarios de mantenerse en el Reino Unido formaron organizaciones “lealistas” que eran muy violentas y que, en ocasiones, colaboraban con el Estado. Las huelgas de hambre de 1981 regalaron al IRA una generación de mártires y dieron paso a la estrategia del fusil y la urna, mediante la cual, mientras una parte del movimiento, el Partido Sinn Féin, mantenía la lucha armada, otra participaba en política. Fue ya en los años 90 cuando se empezó a negociar, un proceso que consumió mucho tiempo y que culminó con el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 que reconocía una amplia autonomía política para Irlanda del Norte y abría la puerta a la reunificación con la República de Irlanda . El IRA se desarmó años después y el Sinn Féin hoy gobierna el Úlster. Bibliografía: “No digas nada” de Patrick Radden Keefe - https://amzn.to/4oIhZLw “Matar por Irlanda” de Rogelio Alonso - https://amzn.to/43NwGDj “Guerra y paz en Irlanda del Norte” de Jacobo Celnik - https://amzn.to/4xDagSH “The Troubles” de Leon Maher - https://amzn.to/4elfP0N “Irlanda del Norte: historia del conflicto” de Luis Antonio Sierra - https://amzn.to/3QwZcWz ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    57 min
  7. 12 Jun • Subscribers Only

    ¿Por qué ha tardado tanto en construirse la Sagrada Familia?

    La Sagrada Familia se ha convertido en la iglesia más alta del mundo tras coronarse su Torre de Jesucristo (de 172,5 metros) con una gran cruz de 4 brazos. El Papa León XIV bendijo hace unos días esta torre en presencia de los reyes coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Pero el templo aún no está terminado, los trabajos interiores se prolongarán hasta 2028 y la fachada de la Gloria no concluirá hasta 2034 como mínimo. Cabe preguntarse por qué una obra así sigue inacabada casi siglo y medio después de que comenzase su construcción en 1882 cuando hoy existe tecnología para levantar edificios mayores en muy pocos años. La respuesta reside en la conjunción de varios factores. El proyecto nació como una modesta iglesia neogótica diseñada por Francisco de Paula del Villar, pero en 1883 el proyecto pasó a Antoni Gaudí, que con 31 años lo transformó en su obra más audaz y personal. Inspirándose en la naturaleza, desterró la línea recta y la sustituyó por complejas superficies regladas que calculaba mediante modelos funiculares. Proyectó 18 torres y 3 fachadas concebidas como un relato monumental de la vida de Cristo. Cuando murió tras ser arrollado por un tranvía en 1926, apenas había concluido la cripta, el ábside y parte de la fachada del Nacimiento, menos de una cuarta parte del conjunto. El segundo golpe llegó en 1936, cuando un grupo de milicianos incendiaron el taller y destruyeron las maquetas de yeso que constituían la guía de la obra. Reconstruir aquel método de creación, tan ligado al genio de Gaudí, resultó una labor titánica y solo se reanudó con lentitud a partir de los años 50. Un tercer condicionante fue la financiación. Concebido como templo expiatorio, debía sufragarse únicamente con donativos voluntarios, sin recurrir nunca a dinero público. Durante décadas eso impuso un ritmo penosamente lento, hasta que el turismo de los últimos 30 años permitió que los ingresos se disparasen y eso permitió vislumbrar el final, aunque crisis como la de 2008 o la pandemia de 2020 demostraron que la Sagrada Familia sigue sometida a las vicisitudes de cada época. A todo ello se suma la dificultad técnica del proyecto. Se resolvió después de muchos años gracias a la incorporación de programas de diseño paramétrico procedentes de la industria aeronáutica. También se han producido infinidad de disputas entre entre los arquitectos que sucedieron a Gaudí, todas en torno a la fidelidad al proyecto original de Gaudí. Todo se junto, una idea revolucionaria, la muerte temprana de su creador, la guerra, la financiación popular y la difícil interpretación de su obra han resultado en la obra más lenta de la arquitectura contemporánea. Gaudí ya lo imaginaba, pero eso no le quitaba el sueño ya que, según decía, su cliente nunca tuvo prisa. ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/298566

    40 min

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La historia como no te la contaron en la escuela. Presentado y dirigido por Fernando Díaz Villanueva.

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