La ContraCrónica

¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Un programa que empieza donde otros acaban. Política, economía, análisis y opinión con Fernando Díaz Villanueva.

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  1. 1d ago • Subscribers Only

    Burnham se pone serio

    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! Andy Burnham llegó la semana pasada al congreso anual del Partido Laborista en Liverpool con el viento a favor. Tras desplazar en verano a Keir Starmer de la jefatura del partido y del Gobierno, los laboristas han remontado en las encuestas y el lema elegido para la cita, “recuperar la esperanza”, resumía bien el ánimo de una militancia muy castigada por la falta de expectativas. Las rencillas internas se aparcaron y los ministros se abstuvieron de anunciar nada relevante que opacase la intervención del gran jefe. El plato fuerte era el discurso de Burnham, en el que se presentó como un revolucionario dispuesto a romper con cuatro décadas de consenso. En parte lo fue. Se atrevió con tres asuntos que la política británica llevaba años esquivando. El primero fue la reforma de las pensiones. Burnham quiere acabar a partir de la próxima década con el llamado triple blindaje, la fórmula que obliga a revalorizar la pensión pública según la inflación, los salarios o un mínimo del 2,5%, lo que resulte más alto. El ahorro iría a un nuevo servicio nacional de dependencia para que los ancianos no tengan que vender su casa para pagarse los cuidados. Los economistas aplauden la decisión, pero parte de sus diputados teme que el partido quede como enemigo de los jubilados. El segundo es el sistema electoral, que quiere hacer más proporcional, pero solo tras el dictamen de una comisión nacional. El tercero es Europa, el elefante en la habitación que ninguno de sus predecesores quería pronunciar en voz alta. Lamentó el daño causado en la economía por el Brexit y abrirá un debate sobre la relación futura con la Unión Europea. En ese debate todas las posturas se tendrán en cuenta, también la de volver a pedir el ingreso. Todo suena muy valiente, pero ninguna de estas reformas verá la luz antes de las próximas elecciones generales y todas pasarán a mejor vida si los laboristas las pierden. Quedaron además asuntos espinosos como el endurecimiento de los permisos de residencia para inmigrantes con salarios bajos, el recorte de las ayudas por incapacidad que tanto daño hizo a Starmer o la eterna ampliación del aeropuerto de Heathrow, sobre la que Burnham sigue sin pronunciarse. La objeción de fondo es otra. Burnham no es ningún revolucionario, es, de hecho, el último guardián de una ortodoxia que lleva diez años instalada en el Gobierno británico. La verdadera ruptura la protagonizó Theresa May tras el referéndum, cuando interpretó el Brexit como un rechazo al liberalismo heredado de Margaret Thatcher y lo sustituyó por intervencionismo, control de precios y cierta retórica nacionalista. Su mandato fue un fracaso, pero sus ideas triunfaron. Desde entonces todos los primeros ministros han tocado la misma partitura. Reindustrialización, énfasis en los productos nacionales, elogios a la formación profesional y desvelos por las ciudades olvidadas del norte industrial. Boris Johnson y Keir Starmer prometieron lo mismo con palabras casi idénticas. Los resultados no han sido los esperados. Los servicios pesan más que nunca en la economía, la universidad gana alumnos frente a la formación profesional y los británicos compran coches chinos y ropa barata en plataformas asiáticas como cualquier europeo. Entretanto, el país no atrae ni talento ni capital. Muchos de aquellos ciudadanos de ninguna parte que Theresa May señaló en su momento se han marchado a países con impuestos más bajos. Nada de lo que se escuchó en Liverpool parece que vaya a convencerles de volver.

  2. 4d ago • Subscribers Only

    La toma de Granada por José Soto Chica

    ¡Vótame en los Premios iVoox 2026! El 11 de abril de 1491 marca un momento decisivo en la historia de España y de Europa. La salida desde Sevilla de un inmenso ejército de 50.000 hombres hacia Granada para culminar una empresa militar y cultural que llevaba siglos gestándose. Este movimiento no era un asedio cualquiera, era la reclamación definitiva de una España que, como ya recordaban los propios embajadores musulmanes en el siglo XI, los cristianos consideraban suya y buscaban recuperar por la fuerza tras haber sido expulsados hacia Galicia. Para dejar claro que esta vez no habría retirada, los Reyes Católicos tomaron una decisión estratégica sin precedentes al construir un asentamiento permanente en lugar de un campamento temporal. Así nació la ciudad de Santa Fe, levantada en la vega al oeste de la capital, desafiando a los elementos y demostrando a toda Europa que el cerco era definitivo. El mensaje fue tan potente que los propios reyes enviaron los planos de la nueva ciudad al rey de Portugal, lo que atrajo la atención de todas las cortes europeas sobre lo que estaba ocurriendo en Andalucía. El asedio, lejos de ser un enfrentamiento romántico, fue una guerra durísima y sangrienta de ocho meses. Las crónicas de los veteranos y de quienes vivieron la contienda relatan la brutalidad del combate cuerpo a cuerpo, las emboscadas constantes y la pérdida de unos 5.000 soldados en combate o por enfermedades en los campamentos. Durante este desgaste, el papel de la reina fue vital; se paseaba a caballo por las tropas para mantener alta la moral, cuidaba de los heridos y hacía frente a provocaciones directas, como el célebre desafío del caballero del pulgar tras un insulto a la reina en la puerta de la mezquita. Al ver que la ciudad de piedra se alzaba frente a ellos y que no había marcha atrás, las fuerzas de Granada flaquearon. En noviembre de 1491 se firmaron unas capitulaciones de rendición extremadamente generosas y respetuosas con los vencidos, cerrando un ciclo histórico y abriendo otro de inmediato. En esa misma Santa Fe se firmarían los acuerdos con Cristóbal Colón que abrirían la puerta de América, y la victoria en Granada se celebraría en toda Europa como la coronación de España como la nueva gran potencia mundial, un ascenso que pronto despertaría el miedo y la envidia en lugares como Francia e Italia, plantando la semilla de lo que después se usaría para intentar destruir la imagen del imperio mediante la leyenda negra.

  3. 5d ago • Subscribers Only

    ¿Un nuevo 15-M?

    El pasado sábado, al terminar una manifestación del Sindicato de Inquilinas de Madrid, un grupo de manifestantes decidió no volver a casa y plantó sus tiendas en la Puerta del Sol. El detonante fue el desahucio de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que llevaba 70 viviendo en el mismo piso. Van ya cinco noches, la acampada reúne a miles de personas, se ha extendido a otras ciudades y a todos nos ha venido a la cabeza el recuerdo del 15-M de 2011. Aunque desde fuera se parezcan las diferencias pesan tanto como las semejanzas. En 2011 los conocidos como indignados acampaban contra un Gobierno socialista acorralado por la crisis y contra un bipartidismo que, según decían, no les representaba. Hoy el Gobierno, lejos de sentirse señalado, ha hecho suya la protesta. El martes aprobó dos decretos con un escudo antidesahucios hasta 2030 y un veto a los fondos buitre. Pedro Sánchez, entretanto, invoca a Maricarmen para pedir su convalidación en la Cortes. Sus socios de Gobierno animan a los acampados a aguantar hasta el viernes, día de la votación. La acampada de 2011 incomodaba en cierta medida al poder. La de ahora le sirve de ariete parlamentario. Vale la pena recordar qué dio de sí aquel movimiento. En lo inmediato, bien poco. Las tiendas se levantaron sin que cambiase una sola ley y ese mismo otoño el PP ganó por mayoría absoluta. Su herencia llegó más tarde. Podemos, cuya legitimidad aseguraban que estaba en el 15-M, apareció en 2014 y en poco más de un año pasó de la nada a rozar el sorpasso al PSOE. En las municipales de 2015 las candidaturas que se decían herederas del espíritu de la acampada se hicieron con la alcaldía de ciudades importantes como Madrid, Barcelona y Zaragoza. Lo que vino después es bien conocido. Los indignados se hicieron diputados y ministros, y la nueva política acabó reproduciendo los vicios de la vieja, desde las purgas internas hasta los chalés con piscina. Carmena y Colau perdieron sus alcaldías. Podemos, que aspiraba a asaltar los cielos, ronda hoy el 3% de intención de voto. Sumar, el invento de Yolanda Díaz para recoger los restos, apenas supera el 5%, una ruina tal que su fundadora renunció en febrero a presentarse como candidata. La izquierda que nació en Sol es un archipiélago de siglas enfrentadas que sobreviven como muleta de un PSOE que las ha ido engullendo. El Gobierno, por su parte, llega exhausto a este otoño. Sin mayoría estable, cada votación es una partida de póquer con Junts, que se descolgó de los decretos a última hora del martes. Los escándalos de corrupción siguen ahí y las encuestas otorgan al PP y a Vox más de 200 escaños. En ese contexto, una acampada que coloca la vivienda en el centro del debate es un regalo caído del cielo para Moncloa. Pero este problema no se arregla con tiendas de campaña ni con decretos aprobados a la carrera. Lleva años agravándose con un presidente que gobierna desde hace más de ocho años. La plaza que en 2011 gritaba contra todos ha terminado convertida en la claque de uno de ellos. Para hablar de lo que sucedió hace 15 años y de lo que está sucediendo ahora debuta en La ContraCrónica Miquel Rosselló, un viejo amigo, periodista que cubrió conmigo aquella acampada de 2011 y que, juntos, regresamos esta misma semana a su reedición.

  4. 6d ago • Subscribers Only

    IA: riesgos y beneficios

    El retraso en el lanzamiento de ChatGPT 6.1, la última versión del modelo conocido como Astra, por parte de OpenAI está echando más leña al fuego sobre los presuntos riesgos para la seguridad que tienen los rápidos avances en inteligencia artificial. Aunque en principio el 6.1 estaba previsto para octubre, la compañía ha frenado su salida al mercado alegando motivos de seguridad, un movimiento táctico que recuerda a las recientes pausas preventivas adoptadas por su competidor Anthropic con su modelo Mythos. El impacto de esta tecnología es de gran alcance. Algunos tipos de trabajo, incluyendo la programación manual tradicional podrían desaparecer. Esto es algo que ya advierten figuras legendarias del desarrollo de software, que reconocen abiertamente que sus lenguajes y metodologías han quedado obsoletos. La inteligencia artificial actual puede programar en apenas tres horas aplicaciones que a un humano le tomarían semanas. Esta revolución irremediablemente destruirá puestos de trabajo técnicos, pero en paralelo abaratará mucho los costes de producción, lo que democratizará la creación de herramientas digitales para cualquier usuario. Las consecuencias de esta evolución se están expandiendo hacia la industria audiovisual y el arte digital. Los grandes bancos de imágenes han perdido por completo su valor ya que los usuarios ahora generan fotografías realistas y vídeos sintéticos bajo demanda a un coste muy reducido. La inteligencia artificial permite generar escenas de vídeo complejas y de alta calidad en local, en un ordenador portátil de hace tres años, en apenas diez minutos. Esto elimina de golpe costes de producción muy elevados, la contratación de actores y el alquiler de equipos de grabación. No obstante, el desafío más problemático al que nos enfrentamos, no es tanto ese como la brecha en la ciberseguridad. Aunque los expertos rechazan de plano que los modelos de inteligencia artificial hayan desarrollado algo parecido a una autoconciencia, si que denuncian que las arquitecturas de contención están plagadas de errores. Se ha documentado cómo agentes autónomos han logrado escapar de sus entornos de prueba debido a fallos básicos de configuración humana, eso les ha posibilitado acceder libremente a internet para ejecutar instrucciones de hackeo. El riesgo genuino y urgente no implica un colapso nuclear sacado de una película de ciencia ficción, sino el daño que un ciberataque automatizado podría infligir en las infraestructuras modernas. Los agentes de inteligencia artificial podrían llegar a borrar bases de datos enteras o manipular sistemas interconectados si se les otorga un acceso irresponsable. Pero, a pesar de las advertencias, los magnates del sector tecnológico se niegan categóricamente a frenar los avances y prefieren delegar la responsabilidad de la seguridad en el usuario final. Además, cualquier intento de contención a escala global es ahora una utopía debido a la rápida proliferación de potentes modelos de código abierto y de origen chino que igualan a los modelos comerciales y pueden ser ejecutados localmente sin restricciones. Nos dirigimos irremediablemente hacia una era donde manejaremos los ordenadores conversando de forma natural, pudiendo con ello incluso desarrollar software complejo en minutos, un avance revolucionario que transformará muchas cosas. Para hablar de todos estos temas vuelve Francisco a La ContraCrónica. Es mucho lo que está sucediendo en torno a la Inteligencia artificial y él lo sigue al día.

  5. Sep 28 • Subscribers Only

    Maricarmen y el precio de la vivienda

    Hasta hace una semana nadie conocía a María del Carmen Abascal, una mujer de 87 años que llevaba setenta años viviendo de alquiler en un piso junto al parque del Retiro en Madrid. Su padre firmó el contrato en los años cincuenta con el régimen de renta antigua, que permitía prorrogarlo indefinidamente a precios prácticamente congelados. El contrato pasó a su madre y después a ella, pero una reforma de los años noventa limitaba esa última subrogación a dos años, de modo que llevaba casi dos décadas extinguido. Tras recorrer todos los tribunales, el Supremo dio la razón a los propietarios y la semana pasada fue desahuciada. Su nombre se convirtió de inmediato en consigna política. El día del desahucio miles de personas se concentraron ante el portal, el sábado una gran manifestación recorrió el centro de Madrid y el domingo la Puerta del Sol amaneció llena de tiendas de campaña con una escenografía que evoca deliberadamente al 15-M. Los acampados exigen al consejo de ministros un decreto que congele los alquileres y Podemos pide expropiar cientos de miles de viviendas a lo que llama fondos buitre. Pero Maricarmen no ha sido víctima de ningún fondo buitre, tampoco del libre mercado, sino de su ausencia. La renta antigua fue el experimento de control de alquileres más largo de la historia de España y dejó un parque envejecido, edificios que nadie tenía incentivo para rehabilitar y un mercado de alquiler raquítico. Lo que hoy se reclama en Sol es, en el fondo, una versión actualizada de aquel sistema de alquiler franquista. Pero, dejando el caso Maricarmen a un lado, el malestar por los precios de la vivienda tiene razón de ser. Comprar un piso exige casi una década de salario bruto, los precios suben a ritmos que no se veían desde antes de la crisis y la propiedad entre los menores de 35 años se ha desplomado a mínimos históricos en solo quince años. La causa principal es la escasez de vivienda. Cada año se forman bastantes más hogares de los que se construyen, el déficit acumulado supera ya el medio millón de viviendas y la población, que roza los 50 millones, crece a gran ritmo sin que nadie haya previsto dónde alojarla. Ante un problema de escasez, cualquier medida que reduzca la oferta lo agrava. Los topes de precios no crean viviendas, la inseguridad jurídica frente a la okupación y la inquiokupación empuja a muchos propietarios a dejar los pisos vacíos, y las restricciones al alquiler de temporada no devuelven esas casas al alquiler ordinario, todo lo contrario, las sacan del mercado. La vivienda turística, chivo expiatorio favorito del Gobierno, apenas representa una fracción mínima del parque. A ello se suman una fiscalidad que penaliza la compraventa y la obra nueva, un planeamiento urbanístico rígido y lento en un país donde sobra suelo, y una regulación financiera que desde la crisis de 2008 dificulta los préstamos a promotores y cooperativas. Allí donde se han retirado obstáculos, como en la Comunidad de Madrid con la conversión de oficinas en vivienda o en Baleares con sus proyectos residenciales estratégicos, los resultados han llegado con rapidez. La solución no pasa por repartir a la fuerza lo que escasea, sino por hacerlo menos escaso. Eso significa liberar suelo, agilizar trámites, simplificar normas, aligerar impuestos y devolver la seguridad al arrendador. Nada de ello exige incautar la propiedad ajena, solo voluntad política para renunciar a controlar el mercado de la vivienda. La crisis de la vivienda no es un producto del mercado, sino de la intervención y el precio lo pagan aquellos a quienes se dice proteger. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:02 Maricarmen y el precio de la vivienda 33:51 ¿Y si Marruecos invadiese Ceuta y Melilla? 40:15 Los fondos buitres 48:05 La vivienda social en Holanda

  6. Sep 27 • Subscribers Only

    La cumbre inútil

    Donald Trump rompió la semana pasada una costumbre que se mantenía desde los años 60, cuando John F. Kennedy acudió al aeropuerto a recibir al primer ministro británico Harold Macmillan. Desde entonces ningún presidente estadounidense había salido a recibir en persona a un mandatario extranjero con la única excepción del Papa. El invitado era Xi Jinping, que llegó a Washington para una visita de Estado rodeada de honores y cenas de gala. Lo que nadie tiene claro todavía es para qué ha servido semejante despliegue. El resultado ha sido pequeño. La tregua comercial pactada el año pasado, después de una escalada arancelaria que China frenó restringiendo la venta de tierras raras, se ha prorrogado solo dos meses. A eso se suman una rebaja recíproca de aranceles sobre productos muy poco sensibles, un vago diálogo sobre inteligencia artificial, algunos avances contra el fentanilo y dos pandas gigantes para el zoológico de Atlanta. Las conversaciones de fondo apenas duraron media hora, señal de que la pompa era el verdadero propósito del viaje. El Gobierno de Estados Unidos, además, desconfía de que China cumpla lo firmado. Xi Jinping buscaba otra cosa. Con el congreso del Partido Comunista cerca y un cuarto mandato en el horizonte, necesitaba aparecer ante los suyos como un igual del presidente de EEUU. Pretendía también delimitar la rivalidad entre ambas potencias dentro de unas líneas rojas, la más gruesa de todas ellas la que afecta a Taiwán. Pidió que Estados Unidos pase de "no apoyar" la independencia de la isla a "oponerse" a ella, un matiz que en Taipéi se leería como un abandono de facto. Trump no cedió, por ahora. Canjear Taiwán por ayuda china en la guerra con Irán sería un pésimo negocio que inquietaría a todos los aliados del Pacífico y pondría en manos de China la industria de semiconductores más avanzada del mundo. La cumbre confirmó que Trump ha abandonado la línea dura hacia China que él mismo inauguró en su primer mandato. Restó importancia al espionaje chino al servicio de Irán y se mostró indiferente ante las maniobras militares en torno a Taiwán. La opinión pública acompaña, la mayoría de los estadounidenses prefiere hoy cooperar con China antes que contenerla. Los papeles se han invertido hasta el punto de que fue Trump quien imitó el estilo chino de fotos posadas y prensa amaestrada. En el terreno de la inteligencia artificial nada ha avanzado, pero es ahí donde se ve mejor lo entrelazadas que están ambas economías, algo que confirman también el petróleo o los medicamentos. Hablar de una nueva guerra fría es exagerado y, además, engañoso porque, a diferencia de la Unión Soviética, China lleva décadas creciendo dentro del mismo ecosistema de mercado que Estados Unidos. Lo sensato sería gestionar esa interdependencia, diversificar allí donde genera vulnerabilidades y preservar los lazos que benefician a ambos. La cumbre ni siquiera lo abordó. Podrían verse las caras varias veces más este año, lo que invita a tomárselo con calma pero también a aplazar lo más incómodo. Trump y Xi Jinping se marcharon con el ego satisfecho. El resto del mundo se quedó con dos pandas y una prórroga comercial de dos meses. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 3:32 La cumbre inútil 37:32 ¿Qué le debe Sánchez a Marruecos? 40:17 Sánchez y la mentira 46:47 El caso Maricarmen

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