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La ContraCrónica

Un programa que empieza donde otros acaban. Política, economía, análisis y opinión con Fernando Díaz Villanueva.

  1. 1D AGO • SUBSCRIBERS ONLY

    Cuba a oscuras y en la calle

    Cuba atraviesa la que seguramente sea su peor crisis desde el triunfo de la revolución en 1959. El presidente Miguel Díaz-Canel acaba de confirmar que su gobierno mantiene conversaciones con la administración Trump, algo que habría sido impensable hace apenas unos meses y que revela hasta qué punto el orgullo revolucionario ha sucumbido ante la desesperación económica. El detonante inmediato de la crisis fue la detención de Nicolás Maduro en Caracas el pasado mes de enero. Venezuela era el principal sostén de Cuba. Le suministraba petróleo subvencionado y productos básicos que mantenían a flote una economía ya de por sí maltrecha. Sin ese padrino, y con Estados Unidos bloqueando los envíos de crudo y amenazando con aranceles a cualquier país que los sustituyera, México cortó también el suministro de inmediato. El resultado es que Cuba lleva tres meses sin recibir un solo cargamento de petróleo, lo que se ha traducido en apagones que duran días enteros, hospitales sin actividad, transporte público paralizado y universidades cerradas. Las negociaciones con la Casa Blanca las dirigen Díaz-Canel y Raúl Castro, que con 94 años sigue siendo el verdadero poder en la sombra. Según fuentes cercanas a las conversaciones el nieto de Raúl, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, se ha reunido con el equipo del secretario de Estado, Marco Rubio, en San Cristóbal y Nieves. Como gesto de buena voluntad, el régimen ha anunciado la liberación de 51 presos, formalmente gracias a una mediación vaticana, aunque todos sabemos por qué han abierto la mano. El castrismo siempre se muestra dispuesto a liberar presos como gesto de buena voluntad porque las cárceles están llenas de ellos, más de un millar hay en estos momentos. Trump, desde una evidente posición de fuerza, ha llegado a plantear abiertamente la posibilidad de hacerse con la isla de grado o por la fuerza. En paralelo el gobierno cubano está dando pasos inconcebibles hasta hace poco como autorizar a empresas privadas a importar combustible. También ha abierto la puerta a que el exilio cubano en EEUU invierta en la isla, algo realmente irónico porque durante décadas el régimen ha calificado a esos exiliados de “gusanos”. El problema es que las sanciones estadounidenses siguen vigentes y no hay señales de que se vayan a levantar. Entretanto la calle hierve. Las protestas han crecido exponencialmente: de 31 en enero a 130 en la primera quincena de marzo. El episodio más llamativo ocurrió en Morón, donde tras 30 horas sin luz los manifestantes asaltaron la sede local del Partido Comunista y quemaron su mobiliario. El régimen respondió con detenciones y con el habitual recurso retórico de culpar al bloqueo yanqui de todos los males que le aquejan. Parece que por fin estamos presenciando el acto final de una tragedia demasiado larga. Un sistema que expropió, reprimió y empobreció a su pueblo durante más de 60 años negocia ahora desde la debilidad absoluta con la potencia a la que juró enemistad eterna. La pregunta ya no es si el castrismo sobrevivirá, sino cuánto tiempo le queda. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 3:31 Cuba a oscuras y en la calle 35:26 ¿Por qué han atacado a Irán ahora? 41:19 ¿Piensa la inteligencia artificial?

    54 min
  2. 2D AGO • SUBSCRIBERS ONLY

    ¿A quién beneficia la escalada?

    La estrategia militar de Irán descansa desde hace demasiados años sobre una apuesta un tanto arriesgada: la creencia de que puede controlar cualquier espiral de escalada bélica. Durante casi medio siglo ese cálculo le ha resultado rentable. Desde la toma de rehenes en la embajada estadounidense de Teherán en 1979 hasta la financiación de grupos armados en toda la región, las acciones del régimen nunca habían provocado una respuesta verdaderamente contundente. Hasta ahora. En sus enfrentamientos recientes con Estados Unidos, Irán siempre había optado por una violencia dosificada y de carácter simbólico. Tras el asesinato del general Soleimani en 2020, respondieron con un ataque muy comedido con misiles que, no por casualidad, no causaron víctimas mortales entre los estadounidenses. Igual de calculada fue su respuesta a la Operación “Midnight Hammer” del pasado mes de junio, cuando atacaron la base aérea de Al Udeid en Qatar con el cuidado de no causar daños importantes. El mensaje siempre importaba más que el resultado. Esta vez Irán ha apostado por una estrategia de escalar para luego desescalar que amenaza con volverse en su contra. No solo ha atacado objetivos israelíes y estadounidenses, sino también a países del Golfo con los que mantenía relaciones relativamente cordiales como Omán, Catar o Turquía. Ha ampliado además sus blancos más allá de los objetivos militares para dañar infraestructuras petrolíferas, hoteles y aeropuertos. La lógica iraní es que castigar a los aliados de EEUU presionará a Trump para poner fin a la guerra. Esto es algo que la historia se empeña en desmentir. En 1991 Sadam Husein lanzó misiles Scud contra Israel con la esperanza de romper la coalición liderada por Estados Unidos. No lo consiguió. Más recientemente, las amenazas nucleares de Rusia y sus operaciones encubiertas en Europa no han conseguido detener el apoyo occidental a Ucrania, todo lo contrario, lo han reforzado. La escalada como instrumento de coerción diplomática tiende, sistemáticamente, a producir el efecto contrario al buscado. Las debilidades estructurales de Irán agravan el problema. Su arsenal de misiles, estimado entre 3.000 y 4.000 unidades, puede parecer imponente, pero en un conflicto de alta intensidad se agotaría en menos de dos meses. Su aviación de combate está formada por reliquias como los F-4 de los años sesenta y F-14 de los setenta. Su economía, castigada por una inflación cercana al 50% y un rial que ha perdido el 90% de su valor, difícilmente puede sostener una guerra prolongada. Los expertos más prudentes estiman que Irán podría mantener una guerra convencional al máximo de sus posibilidades durante solo mes y medio. Entretanto, los países atacados, desde Arabia Saudí hasta los Emiratos, tienen más razones para sumarse a la coalición contra Irán que para presionar por un alto el fuego. Y ni Trump ni Netanyahu, ambos con dos elecciones este mismo año, parecen dispuestos a dar marcha atrás. Incluso si el régimen sobreviviese, saldría de esta guerra más pobre, más aislado y más debilitado que nunca. Como dijo el almirante Yamamoto tras el ataque a Pearl Harbor, Irán corre el riesgo de haber despertado a varios gigantes a la vez, pero sin la potencia industrial que tenía Japón en 1941 para apechugar con las consecuencias. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 3:58 ¿A quién beneficia la escalada? 35:12 Boomers contra zoomers 40:43 El IQ

    52 min
  3. 4D AGO • SUBSCRIBERS ONLY

    Más de lo mismo en Castilla y León

    Las elecciones autonómicas de Castilla y León de este domingo han dejado unos resultados que confirman algunas previsiones, pero también han deparado notables sorpresas. Con una participación del 65,6%, casi siete puntos más que en 2022, los castellanos y leoneses acudieron a las urnas con más entusiasmo que en la anterior convocatoria. El ganador indiscutible ha sido el PP, que con 33 escaños y el 35,76% de los votos ha mejorado sensiblemente sus resultados de 2022 (31 escaños, 31,43%). Alfonso Fernández Mañueco ha sabido capitalizar la imagen de moderación y gestión sensata presentándose como víctima de la crisis de hace dos años con VOX y no como su causante. A ello se ha sumado la absorción casi total de lo que quedaba de voto de Ciudadanos, que ha certificado su desaparición en Castilla y León al pasar de un escaño a cero, y el retroceso de Soria Ya, que ha perdido dos de sus tres procuradores. Feijóo celebró el resultado ya que, según él, por fin han conseguido frenar el ascenso de Vox. La sorpresa de la noche la protagonizó el PSOE. Con 30 escaños y en torno al 31% de los votos, los socialistas sumaron dos procuradores más que en 2022, lo que rompe su tendencia a la baja en las dos últimas elecciones autonómicas. El mérito es del candidato Carlos Martínez, alcalde de Soria, cuyo perfil alejado de la política nacional le ha permitido desvincularse del desgaste de Sánchez. El partido se benefició además de dos efectos colaterales: la desaparición de Podemos e IU/Sumar de las Cortes, cuyos votantes se han ido en su mayoría al PSOE, y el daño que Se Acabó la Fiesta, el partido de Alvise Pérez, ha infligido a VOX en provincias como Zamora y Segovia, donde les arrebató votos suficientes para que dos escaños acabaran en manos socialistas. VOX, que llegaba con expectativas de superar el 20% de los votos, se quedó en 14 procuradores y el 18,9%, una mejora mínima respecto a 2022, pero, aún así, el mejor resultado de esta formación en toda su historia. El PP supo contener la fuga de voto con un discurso más duro de lo habitual temas migratorios y el partido de Alvise les impidió hacerse con un escaño extra en las provincias pequeñas. Pese al resultado un tanto agridulce, Abascal adelantó futuros pactos con el PP en Castilla y León, Extremadura y Aragón. En el extremo opuesto Podemos se ha hundido en la más absoluta irrelevancia con apenas el 0,74% de los votos, mientras que IU/Sumar se ha quedado en el 2,23% y sin representación parlamentaria. La división en la extrema izquierda ha esterilizado un espacio ya de por sí minoritario en esta región. La mayoría absoluta en las Cortes de Castilla y León está en 42 escaños, por lo que PP y VOX tienen margen suficiente para gobernar con los 47 que han ganado. Mañueco descartó cualquier acuerdo con el PSOE y las negociaciones con VOX comenzarán de inmediato. La incógnita es si esta nueva coalición será más estable que la anterior, que duró apenas dos años. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 3:50 Más de lo mismo en Castilla y León 32:45 “Contra el pesimismo”… https://amzn.to/4m1RX2R 34:43 ¿Qué motiva el voto? 39:07 Izquierda no woke 44:39 ¿Cómo llegar a los jóvenes?

    51 min
  4. 5D AGO • SUBSCRIBERS ONLY

    ¿Cómo llegar a los jóvenes?

    Hay una guerra silenciosa que no abre los informativos pero que está moldeando el futuro: la batalla por la mente de los jóvenes. El viejo orden, en el que los medios tradicionales actuaban como árbitros de la verdad y el consenso, está desapareciendo. En su lugar, la Generación Z habita un ecosistema atomizado donde los algoritmos son los nuevos editores y las burbujas de contenido sustituyen a cierta realidad compartida. Para los menores de 25 años, la información no llega por periódicos o televisión, sino a través de vídeos cortos, hilos de redes sociales y podcasts. El problema no es la falta de datos, sino su empaquetado. Las plataformas digitales, impulsadas por un modelo de negocio que busca maximizar el tiempo de permanencia, priorizan lo que activa emocionalmente: la indignación, el miedo y la simplificación. En este escenario, la complejidad se penaliza y el matiz desaparece en favor del impacto visual o visceral. Esta dinámica ha otorgado una ventaja competitiva a los movimientos populistas y activistas de todo tipo. Han aprendido a hablar el idioma de internet —el meme, la ironía y la provocación— construyendo comunidades basadas en la identidad y el agravio. Al mismo tiempo, la pérdida de legitimidad de los medios clásicos empuja a los jóvenes hacia creadores independientes que parecen más "auténticos", aunque a menudo sean vehículos de propaganda o desinformación diseñada por actores externos para amplificar fracturas sociales. A pesar de este panorama polarizado, no deberíamos dejarnos llevar por el pesimismo. Internet también ha democratizado el acceso a voces antes ignoradas y ofrece contenidos y magníficos análisis para quien quiere buscarlas. Es probable que, con la llegada de la madurez, esta generación transite de la reacción emocional a un consumo más reflexivo. Se las apañarán para encontrar en la red esa complejidad que la dictadura del algoritmo ahora intenta ocultar.

    20 min
  5. MAR 12 • SUBSCRIBERS ONLY

    La guerra se gana en Ormuz

    A punto de cumplirse dos semanas del inicio de la guerra de Irán, el estrecho de Ormuz es ahora el enclave estratégico más importante del conflicto, que amenaza, incluso, con crear una crisis global y una subida de precios, casi sin precedentes. En las últimas 48 horas, Irán ya ha amenazado con subir el precio del barril hasta los 200 dólares, lo que supondría un récord histórico. Donald Trump, por su parte, acaba de autorizar la compra de crudo ruso para contener la inflación, al tiempo que ha celebrado esa misma escalada de precios: "Vamos a hacer mucho dinero". En el estrecho de Ormuz se juega todo y como prueba, un botón: por él pasan unos 20 millones de barriles diarios de petróleo -según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE)-, además del 20% del comercio de gas natural licuado. Así, el bloqueo actual de esta vía marítima -ubicada entre Irán y Omán- ha generado que hasta 32 países hayan acordado la mayor liberación de reservas de petróleo de la historia. Entre ellos, está España. Los expertos ya llevan días avisando de las graves consecuencias que todo esto podría suponer a nivel mundial y es que la clave está ahora en el "tiempo". Así lo explica Gonzalo Pérez-Maura, que es el Consejero Delegado de Grupo Pérez y Cía, empresa líder en el sector naviero y logístico: "Se va a producir un bloqueo durante un periodo de tiempo y si se prolonga va a afectar a la cadena de suministro".

    34 min
  6. MAR 11 • SUBSCRIBERS ONLY

    ¿Por qué ahora?

    Hace unos días Marco Rubio justificó la participación estadounidense en el ataque a Irán alegando que sabían que Israel iba a atacar y que eso provocaría represalias contra las tropas de EEUU en el golfo, así que decidieron adelantarse. El argumento encierra una contradicción: presenta a EEUU como un país que reacciona a regañadientes ante su aliado y, al mismo tiempo, como una potencia que persigue objetivos bélicos propios. Esta ambigüedad resulta políticamente cómoda en un partido que oscila entre el repliegue aislacionista y la proyección de fuerza, pero no deja clara la razón de por qué han ido a la guerra. El discurso de que EEUU fue arrastrado a la guerra por Israel es inexacto y además peligroso. Históricamente, la idea de que Estados Unidos libra guerras ajenas empujado por los judíos o por el Estado de Israel ha sido caldo de cultivo para teorías de la conspiración y brotes de judeofobia, un riesgo que se agrava en un clima tan polarizado y con las elecciones de 2028 en el horizonte. La realidad es que la rivalidad entre EEUU e Irán no necesita de intermediarios. Se remonta a la crisis de los rehenes de 1979, pasando por los atentados contra militares estadounidenses en los ochenta, las sanciones de los noventa y el pulso con las milicias iraníes por todo Oriente Medio. Tanto administraciones demócratas como republicanas han señalado a Irán como rival estratégico y patrocinador del terrorismo. Esos señalamientos no se hicieron en Jerusalén, sino en Washington durante muchos años. Además, a diferencia de lo que ocurrió con el Reino Unido respecto a Bélgica en 1914 o Polonia en 1939, no existe ningún tratado de defensa mutua entre EEUU e Israel. Washington ha demostrado repetidamente que sabe decir que no: vetó la participación israelí en la Guerra del Golfo de 1991 y ha frenado iniciativas israelíes cuando los intereses de ambos divergían. El propio estilo de Trump, escéptico con las alianzas y partidario de la acción unilateral, casa mal con la imagen de un presidente que obedece órdenes ajenas. Entonces, ¿por qué ahora, tras 45 años de rivalidad? Seguramente sea porque se cierran varias ventanas a la vez. La primera es política. Netanyahu tiene elecciones en octubre con un juicio por corrupción pendiente y necesita movilizar a su electorado en torno a la guerra. A Trump les esperan las de medio mandato, que se presentan complicadas con índices de aprobación bajos y solo una cuarta parte de los estadounidenses apoyando la guerra. Ambos necesitan actuar mientras tengan libertad de acción. La segunda ventana es la de la opinión pública. Israel está perdiendo apoyo entre los estadounidenses. Por primera vez más ciudadanos simpatizan con los palestinos. Esta tendencia, acelerada por la guerra de Gaza, alcanza incluso a los republicanos jóvenes. La tercera es militar. Tras los enfrentamientos directos de 2024 y la guerra de los doce días el año pasado, ambas partes descubrieron que los interceptores de misiles occidentales son mucho más caros y lentos de fabricar que los misiles y drones iraníes. Un conflicto prolongado acarrearía costes inaceptables, así que cualquier ventaja estratégica era efímera. Con estas tres ventanas cerrándose simultáneamente, atacar ahora era casi inevitable. Los motivos pueden no gustarnos, pero están ahí y eso nos permite entender mejor lo que está pasando y por dónde discurrirán los acontecimientos. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:08 ¿Por qué ahora? 31:04 “Contra el pesimismo”… https://amzn.to/4m1RX2R 33:03 Qatar e Irán 43:53 Los soviéticos y la revolución iraní

    52 min

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