La ContraCrónica

Un programa que empieza donde otros acaban. Política, economía, análisis y opinión con Fernando Díaz Villanueva.

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  1. 1d ago • Subscribers Only

    La mordida de Plus Ultra

    El caso Plus Ultra ha vuelto a primera plana tras el paréntesis de agosto. Julio Martínez Sola, presidente de la aerolínea cuando el Consejo de Ministros aprobó el rescate, y Roberto Roselli, entonces consejero delegado, han ratificado ante el juez y ante la fiscal de Anticorrupción el pago pactado del 1% de la ayuda, unos 530.000 euros, a sociedades vinculadas a Julio Martínez Martínez, amigo y representante de José Luis Rodríguez Zapatero. En los mensajes intervenidos los propios investigados llamaban “mordida” a ese pago. Era una comisión a éxito y se abonó ante la duda de que el expediente descarrilase. Ninguno de los dos señala una voluntad concreta que tuvieran que comprar, pagaron porque creían que había que pagar. La secuencia de los hechos importa aquí más que el porcentaje pactado. En abril de 2020 Martínez Sola recibió una llamada desde un número oculto, al otro lado estaba Zapatero, que se ofreció a hacer gestiones para su empresa. En septiembre la aerolínea pidió la ayuda del fondo de la SEPI para empresas estratégicas, en enero de 2021 se firmó el contrato de consultoría que daba cobertura al 1% y el 9 de marzo el Consejo de Ministros autorizó 53 millones de euros de rescate. Una semana antes los directivos de Plus Ultra ya sabían que la operación estaba hecha. Fue el tercer expediente más rápido del fondo y uno de los menos vigilados, la SEPI no colocó a nadie en el consejo de una empresa con 350 empleados y una cuota de mercado del 0,03%. Lo que ha convertido el asunto en algo mayor que un caso de comisiones es una frase de Martínez Sola. Asegura que quien mandaba de verdad era el venezolano Rodolfo Reyes con el 64% del capital y la última palabra en el consejo, también fue él quien tomó la decisión de acudir a Zapatero. Roselli lo ha confirmado. La expresión que ambos emplean, control efectivo, es la que utiliza la normativa europea para exigir que una aerolínea comunitaria esté en manos de nacionales de la Unión Europea. Si Reyes mandaba, Plus Ultra no era una compañía española y no reunía por lo tanto los requisitos para solicitar rescates. La empresa alega que las acciones estaban a nombre de su esposa, española, pero la titularidad nominal no basta, lo decisivo es quién controla la empresa de facto. La documentación entregada a la SEPI presentaba las empresas de Reyes como accionistas distintos, y sobre esos datos trabajó Deloitte al concluir que no existían pactos entre socios. AESA avaló el rescate y hoy se remite a la información que le facilitaron los operadores. El juez Calama ha pedido a la policía judicial un informe sobre el accionariado real. El contraste con el resto de los rescates a aerolíneas es determinante, Air Europa aceptó que le impusiesen un consejero delegado junto a unas condiciones duras y devolvió sus 475 millones el año pasado. Plus Ultra ha pagado intereses, casi nada del principal y no atendió el vencimiento de marzo. La causa estuvo archivada desde 2023 por un plazo mal calculado y resucitó cuando Francia y Suiza pidieron cooperación por una red de blanqueo con ramificaciones venezolanas. Zapatero declaró en junio como investigado y negó haber hablado con la SEPI o con el Gobierno. El caso Plus Ultra tiene aún muchas preguntas sin responder y salpica de forma directa no solo a Zapatero, también al actual Gobierno que fue quien, de forma colegiada, aprobó aquel rescate. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:00 La mordida de Plus Ultra 34:16 La huelga de Airbus 46:39 Islandia y la UE 55:45 Sánchez y Ceuta

  2. 2d ago • Subscribers Only

    La fiebre de los coches chinos

    A principios del siglo XX Henry Ford creo el manual que todos los fabricantes de automóviles seguirían después: dominar primero el mercado interior, exportar después y, finalmente, fabricar donde está el cliente. Lo repitieron los europeos y japoneses de posguerra y ahora este mismo camino lo están recorriendo los fabricantes chinos, aunque con una diferencia decisiva, han llegado a la etapa final no tanto por euforia como por asfixia. Mientras sus modelos triunfan fuera, en China las ventas se hunden. Las matriculaciones han caído más de un 20% en lo que va de año. Las causas hay que ir a buscarlas a que en enero el Gobierno redujo a la mitad la exención fiscal de los híbridos enchufables y recortó las ayudas al desguace, en marzo la guerra de Irán disparó el precio de la gasolina y hundió la demanda de los vehículos de combustión interna. Hay además un desempleo juvenil muy alto y los consumidores aplazan ciertas compras ante la incertidumbre. BYD ha visto caer su beneficio a la mitad y fabricantes menores, como XPeng, pierden dinero en un mercado muy atomizado como el chino. Hoy más que ofertas tratan de vender tecnología, pero eso no resuelve el problema de fondo, hay demasiada capacidad de producción y a una demanda interna que se encoge. La válvula de escape es la exportación. Este año China ha llegado a embarcar 785.000 vehículos en un solo mes y podría exportar este año hasta diez millones de turismos. El primer obstáculo con el que se han encontrado es logístico. Los buques portavehículos escasean, el flete medio ha pasado de 42.000 a 70.000 dólares diarios pese a que la flota de este tipo de barcos se ha incrementado mucho. Los fabricantes improvisan metiendo coches en contenedores o en unas estanterías izadas con grúa desde la bodega de cargueros convencionales. BYD, fiel a su integración vertical, ya tiene ocho barcos propios. La subida del combustible ha empujado al eléctrico justo cuando China tenía excedente. Sus exportaciones de eléctricos crecieron un 120% en el primer semestre de 2026, han duplicado las ventas en Brasil y Australia y las han multiplicado por cuatro en Colombia. Las marcas chinas controlan ya el 60% de los eléctricos en países emergentes, donde se concentrará el 60% de la demanda mundial de la próxima década, y donde el comprador primerizo puede saltarse la gasolina como en su día se saltó el teléfono fijo para pasar directamente al móvil. Pero el gran premio es Europa. Los aranceles que aprobaron en Bruselas hace dos años no han frenado nada. En junio cinco marcas chinas sumaron el 12% de las matriculaciones en la UE y el Reino Unido. La Comisión Europea prepara una ley de aceleración industrial que ataría las ayudas al cumplimiento de umbrales de componentes locales. Cuando la ley llegue, si es que llega, las fábricas chinas ya llevarán años en Europa. BYD abrirá una factoría en Hungría, SAIC en Galicia, Chery en la antigua planta de Nissan en Barcelona, Leapmotor ha cerrado un acuerdo con Stellantis y Geely con Ford para su planta de Valencia. En Europa sobra capacidad ociosa para fabricar automóviles. La esperanza europea de que su ventaja de costes se evapore al producir aquí es ilusoria. Si los vehículos chinos son más baratos se debe a su estructura de costes, a su integración vertical y a su sencillez. Un coche chino lleva entre 1.000 y 2.000 piezas, uno europeo, hasta 10.000. Dentro de China, de hecho, los fabricantes occidentales están de retirada. Estados Unidos, entretanto, se defiende con aranceles. El precedente más cercano es lo que sucedió con la incipiente industria de los paneles solares, ahora hay millones de empleos cualificados en juego. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:19 La fiebre de los coches chinos 37:15 Tres cuestiones sobre Ceuta 51:22 ¿Por qué sale gratis la mentira? - https://diazvillanueva.com/por-que-sale-gratis-la-mentira/

  3. 3d ago • Subscribers Only

    Correctivo para Merz

    Alternativa por Alemania (AfD) ha arrasado en las elecciones de Sajonia-Anhalt de este domingo con el 43,8 % de los votos, el mejor resultado de la derecha identitaria alemana hasta la fecha. Multiplica por dos sus votos de las últimas elecciones y se ha quedado a solo tres escaños de la mayoría absoluta. La Unión Demócrata Cristiana (CDU) se ha hundido hasta el 17,2 %, menos de la mitad de las elecciones anteriores, y firma el peor registro de su historia en un land que ha gobernado durante el último cuarto de siglo. El SPD se queda en el 9,3 %, los Verdes en el 8,9%, Die Linke en el 8,6% y la Alianza Sahra Wagenknecht de izquierda populista rebasa el 5%, lo que le permite entrar en la cámara regional. La participación explica una parte del vuelco electoral. Acudió a las urnas el 77,8% del censo, más de 17 puntos por encima de 2021 y la cifra más alta desde la reunificación. Más de la mitad de ese crecimiento procede de abstencionistas que llevaban años sin pisar un colegio electoral. A eso se suma un trasvase directo, la CDU perdió 130.000 votos de los que unos 80.000 acabaron en AfD. Entre los votantes de 35 a 59 años el partido ha superado el 50% de los votos. Sajonia-Anhalt tiene la renta per capita más baja del país y ha perdido el 27% de su población desde 1990. La industria se repliega, la energía estrangula a las pequeñas empresas y quien puede se marcha. La incertidumbre económica afecta a la mayor parte de los habitantes de la región, según las encuestas el 70% de los consultados teme no poder pagar sus facturas en un futuro cercano. Sobre ese terreno el candidato de AfD, Ulrich Siegmund ha hecho una campaña más atada a la identidad que a un programa de gobierno. Ha hecho sonar en los mítines el himno de la antigua RDA y se ha dejado ver con un ciclomotor Schwalbe, uno de los iconos de la Alemania del este. Esa “ostalgie” ha funcionado muy bien en un momento de crisis como el actual. Lo que no ha funcionado es el muro que el resto de formaciones políticas interpusieron ante AfD hace años. Los servicios de inteligencia clasifican a la rama regional del partido como una organización extremista, pero eso no les ha quitado votos, quizá hasta se los ha proporcionado ya que la etiqueta les sirve como certificado de autenticidad antisistema. El canciller Friedrich Merz no ha hecho más que empeorar los problemas del CDU local. Su aprobación en este Estado es mínima, del orden del 9%, y la estrategia que ha seguido en los últimos meses de replicar parte del programa de AfD no ha conseguido más que fortalecer al propio AfD. El muro contra la derecha identitaria podía aguantar cuando sus votos rondaban el 20%. Por encima del 40 % se viene abajo solo. En Sajonia-Anhalt CDU, SPD, Verdes y Die Linke suman 39 escaños, los mismos que el partido al que excluyen, de modo que los cinco diputados de Wagenknecht son muy valiosos. Basta una sola abstención para investir a Siegmund. La parálisis es el escenario más probable a corto plazo. Aunque el peso de este Estado sobre el conjunto de Alemania es pequeño, se ha convertido en un lastre para Merz. Si autoriza un pacto con AfD a escala regional tendría problemas para sostener su gobierno federal de coalición con los socialdemócratas. Haga lo que haga es malo para él y también para su partido. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:11 Correctivo para Merz 38:19 Chat GPT Astra

  4. 4d ago • Subscribers Only

    El chantaje fallido

    Los iraníes cerraron el estrecho de Ormuz a finales de febrero convencidos de que el crudo se dispararía, Occidente entraría en pánico y Donald Trump acabaría negociando en los términos que le dictasen. Seis meses después el Brent cotiza a 92 dólares y el West Texas a 87, precios altos pero muy lejos de lo que los peores pronósticos auguraban. La apuesta contraria tampoco salió bien. El bloqueo naval estadounidense ha dejado las exportaciones iraníes casi a cero y ha metido al país en una depresión económica, pero sin provocar el levantamiento que esperaban en Washington ni reabrir el estrecho. De ese doble error nace una guerra de desgaste que se libra con inventarios y tipos de cambio más que con misiles. El bloqueo estadounidense es hermético porque solo apunta a los barcos iraníes, el iraní hace agua por todas partes. Unos 5 millones de barriles diarios siguen atravesando Ormuz, casi ninguno iraní, y con lo embarcado en Fuyaira y Yanbú se alcanza el 40% del flujo previo a la guerra. Catar, Kuwait, Irak y Baréin, sin salida terrestre alternativa, son los que peor lo están pasando. La explicación de que el barril no supere los 100 dólares está a 6.000 kilómetros del golfo Pérsico. China ha ido acumulando durante años la mayor reserva de petróleo del mundo, entre 1.000 y 1.400 millones de barriles, unos 120 días de importaciones frente a a los 280 millones estadounidenses. Con semejante colchón ha podido hacer lo que ningún otro consumidor se permite, dejar de comprar. Sus importaciones cayeron un 23% entre marzo y julio y la diferencia salió de las reservas comerciales, sin necesidad siquiera de tocar la reserva estratégica. Esta previsión responde a una doctrina de 2014. Las renovables generan ya dos quintas partes de su electricidad, la mitad de los coches nuevos son eléctricos y el ferrocarril absorbe una parte del tráfico que deja la carretera. Las sanciones occidentales, al abaratar el crudo ruso e iraní, han terminado financiando el seguro antiincendios de su principal cliente. Nada de ello sale gratis. Las exportaciones chinas de gasolina se han hundido un 93% y los problemas en el mercado petrolero explican buena parte de su desaceleración industrial. Aparece ahí la contradicción central de la guerra. El país cuyas reservas desactivaron el arma iraní es también el que mantiene con vida a la República Islámica. China absorbe más del 80% de lo que Irán logra vender fuera. Pero eso no da de comer a los iraníes. El rial está en mínimos históricos, en estos momentos se cambia a más de 2 millones por dólar, las gasolineras racionan el combustible y los supermercados padecen serios problemas de suministro. Las protestas han vuelto, pero solo en el ámbito laboral. Quienes mandan en Irán ahora son los jefes de la Guardia Revolucionaria, el sufrimiento de la población no figura entre sus preocupaciones ya que para ellos esto es una guerra existencia. Con el plazo que se habían fijado a punto de agotarse y las elecciones estadounidenses encima, la escalada parece más probable que la capitulación. Ormuz ha dejado de ser el arma absoluta que se le suponía, pero no porque haya perdido importancia, sino porque el mayor comprador del mundo ha pasado muchos años preparándose para esta eventualidad. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:07 El chantaje fallido 37:16 El caso de Lindsay Clancy 44:20 Las contramanifestaciones de Ceuta

  5. Sep 3 • Subscribers Only

    La plaga de Atenas

    En el verano del 430 a. C. una enfermedad sin nombre entró por el Pireo y en solo cuatro años había matado a un tercio de los atenienses. Venía, según Tucídides, del África más allá de Egipto, pero encontró en la Atenas de aquel entonces el escenario ideal. Pericles había ordenado evacuar el Ática y encerrar a su población tras las Murallas Largas, confiando en que la flota bastaría para desgastar a Esparta. El plan era brillante sobre el papel, pero no contaba con la biología. Cientos de miles de personas quedaron encerradas en un espacio muy pequeño sin saneamiento alguno. El contagio fulminó la ciudad en cuestión de semanas. Empezaba con una fiebre repentina, se enrojecían los ojos, no se podía tragar, seguía con tos violenta y arcadas secas. Quien sobrevivía a esa fase tenía que pasar por otra de vómitos y diarreas. La mayoría moría entre el séptimo y el noveno día. Los supervivientes perdían los dedos a causa de la gangrena, la vista o la memoria. Tucídides pasó la enfermedad y la describió de forma precisa, casi como una historia clínica, sin recurrir a castigos divinos, para que alguien pudiera reconocerla si volvía a presentarse. De paso dejó la primera descripción documentada de la inmunidad adquirida. El desastre fue social además de biológico. Los médicos cayeron los primero y la gente concluyó que las reglas no valían, porque morían por igual piadosos e impíos, ricos y pobres. Pericles perdió a sus dos hijos legítimos, fue destituido, restituido después y al final murió a causa de la plaga en el año 429 a. C. Con él desapareció la única autoridad capaz de contener a la asamblea. Entre 75.000 y 100.000 personas murieron en los tres brotes que se registraron. No se sabe a ciencia cierta qué la provocó. Hace 30 años se descubrió mientras se realizaban obras del metro una fosa común con 150 cuerpos sin ajuar que se dataron en torno al año 430 a. C. Se han realizado estudios genéticos sobre esos restos, pero eso no ha despejado la incógnita. Varios son los candidatos que se han barajado desde entonces. Un trabajo muy reciente reciente apunta a una salmonela no tifoidea invasiva, capaz de matar a la vez a personas, perros y aves carroñeras. Atenas sobrevivió, perdió la guerra un cuarto de siglo después y nunca volvió a ser lo que fue. ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/267769

  6. Sep 3 • Subscribers Only

    ¿Por qué sale gratis la mentira?

    Un político dice en un mitin lo contrario de lo que afirmaba hace dos o tres años. Misma cara, mismo tono, misma mano en el atril. No explica por qué y no pasa nada. Antes, cambiar de opinión costaba prestigio, explicaciones y a veces la carrera. Hoy nadie espera coherencia. El cinismo no es solo un vicio de carácter, es una tecnología de poder, como la imprenta o el algoritmo. Se aprende, se perfecciona y se transmite en gabinetes de comunicación. Por eso un escándalo que hace décadas tumbaba un gobierno ahora puede reforzarle. No es que se mienta más. Es que mentir ha dejado de tener coste y ha empezado a tener beneficio. En el siglo XX la verdad funcionaba como una moneda común porque unos pocos medios nacionales podían certificar los hechos. Mentir a gran escala era caro, había que convencer a cadenas, periódicos y unas pocas agencias. Aquel sistema tenía silencios y complicidades, pero la mentira resultaba onerosa. Esos medios siguen ahí aunque con menos peso. Ahora hay miles de millones de personas con una imprenta en el bolsillo y un sistema que premia la atención, no la veracidad. Que circule más de todo no equivale a que todo lo que circula sea cierto. Verificar es caro y complejo, mentir es barato y sencillo. Se ha invertido la economía de la honradez. Cuando a un político le pillan un renuncio puede admitirlo, pero eso supone entregar el cuchillo al adversario con el mango por delante. Puede también negarlo, acusar a quien le acusa e inundarlo de ruido. La segunda opción funciona no tanto porque convenza, como porque agota. Para sobrevivir al escándalo ya no hace falta demostrar inocencia, es suficiente con que el asunto resulte confuso. Quince versiones simultáneas del mismo hecho lo consiguen. Pero un mentiroso profesional no dura si no hay quien le compre el producto. El votante, en muchos casos, no es una víctima, es un cliente satisfecho. Calcula un coste de oportunidad moral. No se pregunta tanto si le mienten como qué le ocurrirá si deja de votarle. La respuesta suele ser que entonces ganarán sus adversarios, que se perciben como una amenaza existencial contra uno mismo. Que el político propio mienta es un peaje, que su rival diga la verdad, un peligro. Primero se niegan los hechos, luego se relativizan arguyendo que todos hacen lo mismo y, al final, se reconoce que seguramente sea un sinvergüenza, pero es de los suyos. La relación entre el votante y el político deja de ser un contrato y empieza a parecerse al maltrato aceptado por miedo a la intemperie. Ocurre a izquierda y a derecha. No es el fallo de una pieza concreta es una avería del mecanismo. Tampoco es del todo nuevo. Maquiavelo ya escribió que el príncipe debía parecer virtuoso más que serlo porque se juzga más con los ojos que con las manos. El despotismo ilustrado lo condensó en el todo para el pueblo, pero sin el pueblo. En el siglo XX la “dezinformatsiya” soviética industrializó la técnica produciendo tantas versiones distintas de un mismo acontecimiento para que nadie crea ya en nada. Un ciudadano que no cree de desmotiva y no se moviliza. Hoy esa operación, que antes exigía la fuerza de un Estado, la puede ejecutar un simple activista con suficientes seguidores en las redes sociales. La pulsión es antigua. Lo nuevo es el coste marginal: mentir a escala ya no necesita un ministerio dedicado, basta con un teléfono. Una sociedad que no espera que sus dirigentes digan la verdad se ahorra decepciones. Quien no espera nada no se frustra. Pero la democracia representativa no vive solo de votos, vive de confianza. El voto es el recibo de una delegación a cambio de rendición de cuentas. Sin eso queda un plebiscito periódico entre tribus. Hay un efecto peor. Cuando la verdad deja de ser algo ineludible, el sistema selecciona a la inversa. El más capaz no prospera, solo lo hacen los más desvergonzados.

  7. Sep 2 • Subscribers Only

    El pánico de los centros de datos

    La fiebre de la inteligencia artificial ha venido acompañada de un frenesí en la construcción de centros de datos, grandes naves en las que se almacenan los servidores que permiten a esta tecnología funcionar. La infraestructura necesita suelo, suministro eléctrico y agua para refrigerar las máquinas. Las grandes tecnológicas como Amazon, Google, Meta, Microsoft y Oracle han comprometido 750.000 millones de dólares en proyectos por todo el mundo. El gasto en centros de datos de aquí a 2030 rondará los 3 billones de dólares. La capacidad de cómputo estadounidense pasaría de este modo de algo menos de 12 gigavatios a cinco veces esa cifra a finales de esta década. Contra ese despliegue se ha levantado la opinión pública en Estados Unidos con una insólita unanimidad. Según los sondeos más recientes el 71% de los estadounidenses se opone a que se construya uno en su municipio frente al 53% que dice lo mismo de una central nuclear. Lo llamativo es que quienes solo han oído hablar de estas instalaciones, pero nunca han visto una, se oponen en la misma proporción que quienes viven a menos de 10 kilómetros de una de ellas. Esto desarma por completo la explicación habitual. No se trata de un caso tradicional de NIMBY, acrónimo de “no en mi patio trasero”, sino de un juicio moral sobre la tecnología que albergan estos complejos en el que participa gente que jamás verá uno de cerca. La política ha traducido el estado de ánimo a velocidad admirable. Bernie Sanders ha pedido una moratoria nacional y, como las elecciones de medio mandato están cerca, los candidatos a la Cámara de Representantes y al Senado se han apresurado a incluir este tema dentro de sus promesas de campaña. Los que ya son senadores y los gobernadores estatales piden restricciones y auditorias sin importar que pertenezcan al partido Demócrata o al Republicano. En la calle el 75% de los demócratas y el 66% de los republicanos rechazan tener uno cerca de casa, así que el asunto parte a los dos partidos por la mitad. Buena parte de esta batalla se libra contra un fantasma. El mercado está saturado de anuncios de futuros centros de datos que nunca pasarán del comunicado de prensa. Sólo en Pensilvania menos del 20% de los más de 100 proyectos anunciados han iniciado los trámites. El agravio se ha sabido instrumentalizar muy bien y el debate viene de partida contaminado con datos falsos o adulterados. El centro de datos promedio consume al año la misma cantidad de agua de dos campos de golf. Una turbina de gas emite un 90% menos de partículas finas que una acería. El suelo, por lo demás, es muy abundante en Estados Unidos. El cuello de botella real está en la red eléctrica. Las solicitudes de conexión pendientes suman 1 teravatio y solo Texas ha recibido peticiones por 474 gigavatios cuando su capacidad punta no pasa de 90. Es necesario antes instalar mucha capacidad nueva de generación, algo que llevará tiempo. Entretanto Europa ha visto la oportunidad y en algunos países la quieren aprovechar ofreciendo suelo barato, mucha energía renovable y una excelente red de fibra óptica. La opinión pública europea aún no se ha puesto mayoritariamente en contra de los centros de datos, pero el problema de fondo es el mismo que el de Estados Unidos: falta capacidad eléctrica y esa no se amplia ni fácil ni rápidamente. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:00 El pánico de los centros de datos 38:19 Lindsay Clancy y la psicopatía 46:22 Ucrania y los ataques a civiles

  8. Sep 2 • Subscribers Only

    Pedro Ceutanchez

    El Gobierno de Pedro Sánchez atraviesa una crisis gravísima tras filtrarse un informe de la Policía Nacional que desmonta su versión sobre el asalto de 70.000 inmigrantes a Ceuta en julio. Según el documento, la avalancha no fue obra de mafias ni de países como Rusia, sino una operación premeditada y guiada activamente por fuerzas marroquíes. Lo verdaderamente alarmante es que la Inteligencia y la Policía ya habían advertido al Ejecutivo del riesgo inminente días antes. Esto deja al presidente y al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en una posición indefendible, pues demuestra que ocultaron datos y mintieron al asegurar que el ataque les pilló por sorpresa, lo que justificaría el cese inmediato del ministro. En vez de exigir responsabilidades a Marruecos, el Gobierno ha optado por atacar a la Policía por entregar sus conclusiones a la jueza, cumpliendo con su deber legal. Esta sumisión extrema hacia Rabat despierta fuertes sospechas en el texto sobre los motivos reales de Sánchez, insinuando chantajes, negocios ocultos o intentos de tapar la imputación de su mujer. Para colmo, la estrategia de Moncloa de aprovechar el caos para polarizar y tachar las críticas de racismo ha fracasado ante las protestas masivas en las calles. Atrapado en sus contradicciones, con sus propios socios señalando a Marruecos y tras unas vacaciones que denotan nula empatía con Ceuta, Sánchez parece haber perdido el control de un relato político que ya nadie le compra.

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