La ContraCrónica

Un programa que empieza donde otros acaban. Política, economía, análisis y opinión con Fernando Díaz Villanueva.

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  1. 1d ago • Subscribers Only

    Absentismo descontrolado

    Uno de los principales problemas que tienen las empresas españolas en estos momentos es el del absentismo laboral, que está en máximos. Este termino a menudo se entiende mal, suele reducirse a las bajas por enfermedad, pero esa es solo una parte del problema y ni siquiera la más representativa de un fenómeno que afecta de lleno a la productividad y a la competitividad empresarial. Las cifras oficiales asustan. Cada jornada faltan al trabajo alrededor de 1,6 millones de personas con un coste que supera los 45.000 millones de euros anuales según el último informe de Randstad Research. En dos décadas la tasa prácticamente se ha duplicado y la tendencia no deja de crecer desde 2014. De cada 40 horas semanales, casi tres quedan sin cumplir. A ello se añade que el absentismo por incapacidad temporal en España supera en un 68% la media europea, con un coste cercano a 7 décimas del PIB desde 2021. El coste para las empresas es muy alto. El coste laboral promedio de un trabajador en España es de 40.500 euros al año, con una tasa de absentismo del 7% el impacto por cada trabajador es de casi 3.000 euros. Pero ese es solo el coste directo, el indirecto es mucho mayor. Cuando un trabajador falta a su puesto afecta a sus compañeros, a los clientes de la empresa y obliga a tomar decisiones precipitadas o a no dar salida al trabajo. Una empresa grande puede amortiguarlo, para una pequeña o mediana el efecto es devastador. El error reside en cómo se analiza todo esto. Muchas empresas miden el clima laboral, la satisfacción o el compromiso, pero suelen ignorar los factores personales que son los que, en última instancia, condicionan el rendimiento. Desde la perspectiva del trabajador la cosa cambia, lo que aparece es un problema de conciliación. Una parte de las bajas se justifican sobre obligaciones familiares y personales, otras sobre cuadros de salud mental como estrés, ansiedad o agotamiento. El fenómeno está, además, muy concentrado. Según estudios que se han realizado al respecto, el 16% de los trabajadores acumula casi el 70% de las bajas. Los más jóvenes registran ausencias breves más asociadas a la salud mental, mientras los mayores se toman bajas más prolongadas en el tiempo. El cuidado de hijos y mayores arrebata millones de horas y de euros, y solo una cuarta parte de los empleados cree disponer de tiempo suficiente para su vida personal. En las empresas cunde la desconfianza y se llega incluso a la contratación de detectives para perseguir posibles fraudes. Esto supone, obviamente, un coste extra. La AIReF ha reclamado una mejor gestión de unas bajas mal controladas, ya que las que superan el año de duración se han duplicado desde 2018 y la mitad de los afectados son repetidores. El reto ya no consiste en medir el absentismo, sino en entender su raíz y actuar antes de que estalle. Para hablar de este tema, un tema de fondo pero al mismo tiempo de la máxima actualidad, me he desplazado hasta Murcia para encontrarme con Carlos Recio, director general de la agencia Portavoz, todo un experto en comunicación corporativa con quien hablaré de absentismo en La ContraCrónica de hoy.

    53 min
  2. 3d ago • Subscribers Only

    Crudo, joyas y silencio

    Una semana después de que se hiciese público el famoso auto del juez José Luis Calama, el caso Plus Ultra se ha convertido en un terremoto político de magnitud todavía incalculable. La UDEF prosigue el vaciado de los discos duros incautados en la oficina de la calle Ferraz que utilizaba José Luis Rodríguez Zapatero, y lo que ha salido a la luz supera con creces lo conocido hasta ahora. Durante el registro del despacho de Zapatero no encontraron nada especialmente relevante, pero en la sala que comparten sus secretarias, María Gertrudis Alcázar y Judith Wells, los agentes incautaron 17 agendas, 18 carpetas de documentación, teléfonos móviles y pendrives. En una caja fuerte cuya llave Gertrudis dijo no poseer hasta que los agentes amenazaron con forzarla, hallaron 103 piezas de joyería que aún están pendiente de tasación, pero que los expertos consideran que podrían valer en el mercado hasta 5 millones de euros. Según la secretaria, esas joyas pertenecen a la herencia de Sonsoles Espinosa y a regalos de varios viajes. Una explicación poco convincente ya que meses antes también se encontraron joyas junto a lingotes de oro en el registro del domicilio del prestamista holandés Simon Verhoeven, cuya pista condujo precisamente al despacho de Zapatero. Pero lo sustancial es la documentación. Las carpetas archivadoras llevaban rótulos como ChinaLink Asia, EY o Kreab, y otras con contratos y facturas presuntamente simulados. Los correos de la secretaria contendrían instrucciones precisas para generar facturación falsa. A la pata venezolana ya documentada se suma ahora la china. La UDEF localizó dos contratos entre Huawei y Whathefav SL, la empresa de las hijas de Zapatero, que datan de cuando esta multinacional trataba de conseguir contratos cuando se produjo el despliegue de la red 5G en España. Calama sitúa a Whathefav como vehículo instrumental para facturar y dar cobertura formal a las operaciones del entramado. También apareció una carta de octubre de 2023 de China International Cultural Technology Resources dirigida personalmente a Zapatero, en la que se interesaban en comprar petróleo, se entiende que de origen venezolano. Entre los mensajes de Julio Martínez, "Julito", hay una referencia a Philippe Apikian que prepara una reunión con Delcy Rodríguez sobre petróleo venezolano destinado a compradores chinos. Si todo se confirma, el asunto va más allá de un caso de irregularidades circunscritas a España y entra en el ámbito de la gran corrupción internacional. Recordemos que este caso lo hemos conocido gracias a un chivatazo proveniente de Estados Unidos y a dos solicitudes de la Justicia francesa y suiza. Sánchez no aparece imputado, aunque ningún tráfico de influencias podría prosperar si quien detenta el poder no está dispuesto a dejarse influir. Sus socios parlamentarios empiezan a marcar distancias, el PNV duda y Felipe González ha reclamado incluso que se adelanten las elecciones. Begoña Gómez vuelve a estar en el foco y el hermano del presidente se sienta a partir de este jueves en el banquillo por el presunto amaño de su plaza en la Diputación de Badajoz. Zapatero, por su parte, declarará como imputado el próximo 17 de junio. Se avecina un mes dramático para el Gobierno y el PSOE, pero Sánchez asegura que una vez más resistirá. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 3:51 Crudo, joyas y silencio 35:03 Firmas en la feria del libro 36:51 Blanqueo e inacción judicial 47:28 Abelardo de la Espriella

    55 min
  3. 4d ago • Subscribers Only

    Colombia en la cuerda floja

    Este domingo los colombianos están convocados a las urnas para elegir al sucesor de Gustavo Petro, que termina en agosto su primer y único mandato. El resultado decidirá si el experimento de izquierdas que comenzó en 2022 se prolonga otros cuatro años o si, por el contrario, Colombia gira hacia la derecha. Según los sondeos ambas posibilidades están hoy abiertas. El balance del petrismo no es precisamente positivo. La paz total que prometió en la campaña de 2022 no ha llegado. El ELN, las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo siguen disputando territorio al Estado. Pero tampoco hay paz en las principales ciudades, donde la inseguridad ciudadana no ha hecho más que empeorar. La economía tampoco ha conseguido despegar en estos años. Hoy respira con dificultad con tipos de interés del 11%, y una inversión renqueante. Petro, eso sí, sacó adelante la reforma laboral y la de las pensiones, pero no lo consiguió con la sanitaria. A eso hay que sumar sus rifirrafes con la Fiscalía, la cúpula militar, la prensa y Estados Unidos. El delfín del oficialismo es Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico e hijo del dirigente comunista Manuel Cepeda Vargas, asesinado hace 30 años. Promete completar las reformas de Petro, negociar con los grupos armados e incluso crear una renta básica. Frente a él hay dos candidatos con posibilidades de pasar a segunda vuelta. Por un lado Abelardo de la Espriella, más conocido como el Tigre, un histriónico abogado de discurso incendiario que propone mano dura, un nuevo Plan Colombia y siete cárceles de máxima seguridad. Por otro Paloma Valencia, senadora del Centro Democrático y nieta del expresidente Guillermo León Valencia, que encarna el uribismo moderado. La campaña ha estado marcada por la tragedia. El precandidato Miguel Uribe Turbay fue tiroteado por un sicario de 14 años en un mitin en junio del año pasado y falleció en agosto. El crimen ha resucitado viejos fantasmas y ha envenenado el debate hasta el punto de que Cepeda y De la Espriella se excluyen mutuamente en los grandes debates televisados. Las redes son uno de los principales campos de batalla y los mítines se están celebrando con medidas de seguridad extraordinarias. En los sondeos de intención de voto Cepeda está a la cabeza con entre el 35% y el 45%, pero su techo se ha estancado lejos del 50% que le evitaría la segunda vuelta. De la Espriella ha protagonizado el ascenso más espectacular del tramo final, ha ganado 10 puntos en tres semanas hasta rozar el 30%. Valencia se ha quedado anclada entre el 15% y el 22%. Lo importante aquí es que el rechazo al petrismo supera las simpatías que despierta Cepeda, de modo que es muy posible que cualquiera de sus dos rivales le gane en segunda vuelta. Las implicaciones de estas elecciones trascienden con mucho a Colombia. Es un país importante, la tercera economía de Sudamérica, y comparte 2.200 kilómetros de frontera muy conflictiva con Venezuela. Una victoria de Cepeda significaría continuidad. Valencia traería un retorno medido del uribismo y reactivación de la cooperación con Estados Unidos. De la Espriella abriría un territorio inexplorado de estilo bukelista que seguramente entusiasmaría a Trump y radicalizaría aún más a la izquierda. El país, entretanto, hace equilibrios en la cuerda floja sin saber aún quien será el próximo presidente. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 0:00 Colombia en la cuerda floja 34:50 Firmas en la Feria del Libro 36:38 ¿A quién votarán los nacionalizados? 45:15 ¿Anticipará Sánchez las elecciones?

    53 min
  4. 5d ago • Subscribers Only

    El castrismo acorralado

    La semana pasada el departamento de Justicia de Estados Unidos imputó a Raúl Castro. Le acusa de cuatro cargos de asesinato y dos de destrucción de aeronaves. El caso se remonta a 1996, pero muchos exiliados aún lo recuerdan. El ejército cubano, en aquel entonces comandado por Raúl Castro, ordenó disparar contra dos avionetas de la ONG Hermanos al Rescate que recogían balseros a la deriva en el estrecho de la Florida. Murieron cuatro personas, tres de ellas de nacionalidad estadounidense. La imputación se anunció en un lugar muy simbólico para los exiliados, la Torre de la Libertad de Miami. Los más mayores llevaban 30 años esperándolo, pero el destinatario real no eran ellos, ni siquiera Raúl Castro, sino el gobierno cubano presidido por Miguel Díaz-Canel. Deberían estar preocupados ya que Castro se incorpora a la lista de jefes de Estado señalados por la justicia estadounidense. Nicolás Maduro se encontraba en la misma situación y fueron a capturarle a Caracas en enero. No es la primera vez que se tensan las relaciones entre EEUU y Cuba, pero esta vez hay algo diferente. Tenemos a un presidente dispuesto a emplear la fuerza sin escrúpulos, el régimen agoniza y el secretario de Estado, Marco Rubio, es hijo del exilio cubano, por lo que, para él, se despacha aquí un asunto personal. Por de pronto la isla se encuentra sin combustible y se han activado todas las sanciones secundarias. En Washington han desempolvado la vieja doctrina Mallory de 1960 que buscaba rendir al castrismo mediante la presión económica. El problema es que la asfixia económica solo funciona si después viene algo, y ese algo no aparece. Díaz-Canel sigue gobernando y los tres pilares del régimen, el ministerio del Interior, las Fuerzas Armadas y el partido comunista, se mantienen en pie. Raúl Castro, además, no es Maduro ni el castrismo es el chavismo. En Venezuela gobierna una banda criminal con facciones enfrentadas, Cuba es un Estado totalitario mucho más clásico con un aparato represivo que funciona muy bien. Para una posible intervención Trump ha buscado algunas justificaciones como que desde Cuba los rusos y los chinos espían a EEUU, o una supuesta compra de 300 drones para atacar Guantánamo y e incluso Cayo Hueso. No parecen muy creíbles. No tendría mucho sentido que el régimen regale semejante casus belli a la mayor potencia militar del mundo. La presión militar se ha intensificado. El portaviones Nimitz llegó al Caribe hace unos días, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana, quizá para entregar un ultimátum. En el caso de que los estadounidenses quisiesen intervenir por la fuerza lo tendrían sencillo ya que el ejercito cubano es minúsculo y carece de armamento moderno. La pregunta no es si Trump puede tomar la isla, cosa que parece obvia, sino qué haría después. El precedente iraní demuestra que el poder aéreo no trae cambios de régimen por sí solo. Quedan dos opciones, una operación quirúrgica para capturar a Raúl, un nonagenario ya retirado, o una invasión a gran escala que dejaría a Estados Unidos administrando un país de 10 millones de cubanos hambrientos. La tercera, la de que se produzca una rebelión interna, es menos probable. En 67 años de historia los cubanos han preferido marcharse a rebelarse conocedores de los costes de hacer lo segundo. Trump se las promete muy felices, está convencido de que será él quien acabe con el castrismo después de casi siete décadas. Falta saber si este fósil viviente de la guerra fría dará un paso atrás o preferirá, fiel a su divisa, la patria o la muerte. La respuesta seguramente llegue antes de fin de año. En La ContraRéplica: 0:00 Introducción 4:04 El castrismo acorralado 35:50 Los jueces y la política 42:05 El legado de Zapatero 46:28 El doble rasero de Hacienda

    55 min
  5. May 21 • Subscribers Only

    ¿Alguien se acuerda de Greta Thunberg?

    Quienes todavía se acuerden de Greta Thunberg les vendrá a la cabeza el momento culminante de su carrera climática, aquel discurso ante la ONU en septiembre de 2019 en el que soltó su célebre «¿Cómo os atrevéis?». Tenía 16 años y todo el mundo hablaba de ella. Cuando aterrizó en Madrid poco después para la cumbre del clima nos hablaban de ella como la voz de una generación. Han pasado siete años y ya no es voz de nadie. El personaje nació por pura casualidad. Hija de un actor y de una célebre soprano sueca, Greta creció entre hoteles caros y festivales de ópera, una infancia que encaja mal con la de un mesías de los pobres. A los 11 años le pusieron un vídeo en la escuela sobre los efectos catastróficos del cambio climático. Dejó de comer, de hablar y se deprimió. Le diagnosticaron Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo. En agosto de 2018 decidió faltar a clase y plantarse frente al parlamento sueco con una pancarta pintada a mano para hacer huelga por el clima. Aquello le vino realmente bien, superó sus problemas y encontró a muchos dispuestos a amplificar una noticia que no debió pasar de un breve en la prensa de Estocolmo. Unos meses más tarde, después de una campaña de marketing extraordinaria, la recibieron en el Foro de Davos y en el parlamento europeo. Su autismo la blindaba contra la crítica y los políticos encontraron en la jovencísima Greta un reclamo infantil inigualable. Durante tres años todos querían fotografiarse junto a ella a pesar de que, armada de una superioridad moral impropia de una adolescente, les desdeñaba al mismo tiempo que amenazaba al mundo entero con las penas del infierno si no se hacía algo. Nunca dijo lo que había que hacer más allá de eslóganes y sermones apocalípticos para que el mundo entrase en pánico. Ese catastrofismo creo escuela y desde entonces grupos de activistas climáticos se sienten moralmente autorizados para cualquier cosa, desde vandalizar un cuadro en un museo hasta cortar el tráfico. Pero llegó la pandemia, lo del clima pasó a un segundo plano y Greta desapareció de nuestras vidas. Lo último que sabemos de ella es que participó en la flotilla a Gaza en septiembre del año pasado. Las autoridades israelíes detuvieron las embarcaciones y dieron a elegir a sus integrantes entre pasar a disposición judicial o regresar a su país. Greta Thunberg, que no tiene madera de heroína, firmó su deportación y volvió a casa. Otros eligieron la cárcel, ella no. Pero ya no es una niña y lo que hacen los adultos interesa mucho menos. Hoy Greta Thunberg es una simple activista de extrema izquierda con buena agenda de contactos atrapada en el guion que escribieron para ella el ejército de adultos influyentes que prefirió aplaudir antes que preguntar. ¿Quieres anunciarte en este podcast? Hazlo con advoices.com/podcast/ivoox/267769

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