Vida en el Planeta

"Vida en el planeta" es la cita semanal de Radio Francia Internacional dedicada al medioambiente. Aquí hablamos de las amenazas que pesan sobre nuestro planeta: calentamiento global, especies en peligro de extinción, deforestación y contaminación. Les proponemos también explorar soluciones sostenibles e ideas innovadoras para preservar los ecosistemas.

  1. Sep 28

    ¿Por qué la Patagonia argentina atrae a las empresas de inteligencia artificial?

    En el marco de la carrera global por instalar cada vez más capacidad de cómputo para alimentar la inteligencia artificial, las grandes empresas tecnológicas planean instalan centros de datos en la Patagonia argentina. Esta región del sur del país cuenta con condiciones favorables para los data centers que, sin embargo, son cuestionados por sus impactos ambientales. Fue a través de un simple video con tono neutro, que Sam Altman, director de Open IA, la casa madre de ChatGPT, anunció en octubre de 2025 una inversión de 25 mil millones de dólares para construir centro de datos de gran escala en la Patagonia argentina. Open IA, no es la única empresa desarrolladora de inteligencia artificial que mira hacia esta vasta región del sur del país. De momento, Argentina solo cuenta con 13 centros de datos con una potencia de 32 megavatios. Pero grandes empresas como Open AI, Flex Doms, Green Capital o Tesla planean invertir miles de millones de dólares para instalar centros de datos de cientos de megavatios de capacidad eléctrica en las provincias de Chubut, Neuquén y también en Mendoza. Mientras en Estados Unidos, en Europa o México, crece el descontento por los impactos ambientales negativos que dejan los centros de datos que consumen cantidades enormes de energía y de agua, el presidente ultraliberal Javier Milei, busca inversiones extranjeras mediante regímenes impositivos preferenciales. Su gobierno estimula en particular la instalación de centros de datos "hyperscale" de gran escala que se multiplican en el mundo para responder al boom de la inteligencia artificial, con impactos a veces desastrosos para los recursos hídricos, canalizados para enfriar los servidores. ¿Por qué las empresas tecnológicas ven en estas mesetas de la Patagonia un paisaje ideal para instalar sus inmensos servidores informáticos? Esta semana en Vida en el planeta, conversamos Pía Mariani, directora adjunta de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales Farn, una ONG medio ambiental argentina.

  2. Sep 21

    El krill, un crustáceo de moda para los complementos alimenticios, amenazado por la sobrepesca

    El interés creciente del sector pesquero por el krill, un crustáceo que abunda en el océano antártico, preocupa a científicos y ambientalistas. Esta especie marina es procesada por la industria para fabricar suplementos alimenticios y para alimentar salmones en las granjas acuícolas, pero es también el principal alimento de especies como ballenas y pingüinos. Esta semana en Vida en el planeta en Radio Francia Internacional, enfacamos reflectores en el krill y la lucha diplomática que se juega alrededor de esta especie. Este crustáceo parecido a un camarón despierta cada vez más el apetito de la industria, sobre todo de barcos noruegos y chinos. Y la pesca se intensifica: este año la flota industrial alcanzó el límite anual de captura de 620.000 toneladas de krill a mediados de agosto, es decir que se pesca cada vez más rápido una especie esencial que regula la captura de CO2 y que es esencial para la alimentación de mamíferos y aves del polo sur. Este crustáceo que mide hasta seis centímetros de longitud representa la biomasa más grande del planeta y ocupa un sitio muy especial en toda la cadena alimenticia del ecosistema marino antártico. “Todas las grandes ballenas se alimentan de krill: las ballenas jorobadas, las ballenas fin, las focas cangrejeras, las focas leopardo y las especies de pingüinos, así como aves voladoras como los albatros y los petreles”, detalla el biólogo marino Rodolfo Werner. Con el auge de la pesca de krill en los años 70 y 80, se instauró una cuota anual de cantidad de krill que se puede pescar en el mundo y en particular en la Antártica, un continente dedicado a la paz y la ciencia, que no pertenece a ninguna nación en particular. Esta cuota de pesca de 620.000 toneladas es considerada excesiva por algunas voces que abogan por una mayor protección del krill en particular en la zona 48 de la Antártica que agrupa la Península Antártica, las islas Orcadas, las islas Georgias y las Islas Sandwich del Sur donde viven importantes colonias de pingüinos, por ejemplo. Proteger el krill de la sobrepesca Para evitar la concentración de barcos pesqueros en esta región estratégica para la biodiversidad del polo sur, en 2009, una medida de protección limitó a 155.000 toneladas la pesca de krill en la Península Antártica. Un acuerdo que no fue renovado en 2024 después de que China y Rusia rompieron el consenso alrededor de esta medida de protección. “Entonces ese año se cayó la medida que se había creado en el 2009 y volvimos al comienzo de las 620.000 toneladas donde uno quiera. Y justo en ese momento la pesquería venía aumentando. Entonces, en los últimos dos años no solamente se llegó al máximo, sino que aumentó mucho la pesquería en la península Antártica”, indica con preocupación Rodolfo Werner, quien es también es asesor de la Coalición para la Antártida y el Océano Austral (ASOC) en la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), es el organismo internacional de protección de la Antártica. Científicos y ambientalistas abogan ahora por reinstaurar un límite de pesca específica para la región antártica. Las ONG ambientales piden ir más allá y cuestionan la pesca misma del krill. El experto en políticas de protección marina en la Fundación Blue Marine de Estados Unidos, Maximiliano Bello, recuerda que la captura de krill responde a un solo motivo. “Pescan por negocio”, dice tajantemente. “Aquí no hay nada que tenga que ver con seguridad alimentaria: el 70% de los ingresos del de la empresa noruega que pesca krill en la Antártica procede de la venta de krill para la comida de salmón”, insiste Maximiliano Bello. Escuche el programa completo de Vida en el planeta:  El resto del krill sirve para elaborar complementos alimenticios ricos en omega-3 y alimentos para mascotas. “Y estamos entonces poniendo en peligro un ecosistema que es clave para todo el planeta”, se indigna Bello ¿Aceptarán las naciones de la Convención crear nuevas areas marinas protegidas en la Antártica como lo propusieron en años anteriores Chile y Argentina? ¿Logrará China imponer un aumento de la cuota de pesca de krill? Se restablecerá el reparto geógrafico de la cuota de pesca? Se avecinan arduas negociaciones enla próxima sesión anual de la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, que tendrá lugar en octubre. Una cumbre donde la gestión del stock de krill será  uno de los principales temas de debate.

  3. Sep 7

    El cuestionado centro de datos de IA a las puertas de París

    Francia dio luz verde a la construcción de ‘Campus IA’, el mayor centro de datos de Europa y que el gobierno de Macron presenta como una pieza clave del desarrollo de la inteligencia articial en Francia. Pero al igual que en Latinoamérica o Estados Unidos, los colectivos de la sociedad civil francesa cuestionan estos proyectos faraónicos por sus impactos ambientales. A una hora de París, Fouju, un pueblo de 650 habitantes, con su iglesia del siglo XIV y sus calles tranquilas, se prepara para un cambio radical. En medio de los cultivos de cereales que rodean el pueblo, están por iniciar las obras de un centro de datos gigantesco que preocupa a Jean-François Dupont, vecino de la zona y activista de France Nature Environment, una ONG de protección de la naturaleza en Francia. El activista nos lleva al perímetro donde, de aquí a 2038, serán construidos diez centros de datos que abarcarán 70 hectáreas, lo que equivale a 100 canchas de fútbol. La potencia eléctrica necesaria para alimentar este futuro centro de datos será de 1,4 GW, lo que equivale a la capacidad de producción de un reactor nuclear. El gobierno de Emmanuel Macron, que impulsa el proyecto, afirma que Campus IA permitirá a Francia desarrollar sus propias capacidades de cálculo informático para responder al boom de la inteligencia artificial, y así reducir su dependencia de empresas estadounidenses. El argumento, sin embargos es refutado por los detractores del proyecto, quienes recuerdan que los 50 mil millones de euros de inversiones del proyecto proceden principalmente del fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos. Y a pesar de que los servidores informáticos de Campus IA serán atribuidos a la empresa francesa Mistral, esta última ha firmado un pacto para ceder parte de sus capacidades de cálculo informático a Microsoft. Las principales inquietudes que genera este proyecto de centro de datos giran, sin embargo, en torno a sus impactos ambientales. Una inquietud compartida por expertos internacionales. En 2025,  Golestan Sally Radwan, directora de asuntos digitales del Programa de Medioambiente de Naciones Unidas (PNUE) se decía “extremadamente preocupada por la huella ambiental de la inteligencia artificial”. “Sus impactos directos van desde la extracción de materias primas, elementos de tierras raras y minerales para el equipo necesario para la IA, hasta la construcción y operación de los centros de datos, pasando por el consumo de energía, las emisiones de gases de efecto de invernadero, el agua utilizada para la refrigeración, así como los desechos, entre ellos los desechos electrónicos”, apunta la experta. Intelligence artificielle et environnement : risques et potentiels – ONU France En el caso de Camus IA, la artificialización de las tierras, las emisiones de calor, de CO2 y de partículas de PFAS, sustancias peligrosas para la salud y que perduran en el medioambiente, son los principales motivos de protesta. “Se enfriarán los servidores con aire y no con agua”, apunta Jean-François Dupont. “Entonces circularán fluidos refrigerantes en todo el edificio y se evacuará el calor con grandes ventiladores. Pero en estos fluidos circularán productos con PFAS y las propias autoridades reconocieron que hay riesgos de fuga de PFAS en la atmósfera. Además, en cada edificio habrá alrededor de 60 generadores eléctricos en caso de apagones. En total habrá 700 generadores que funcionarán con diésel o biodiésel. Para los primeros tres edificios se almacenarán 30.000 toneladas de diésel. Esto debería ser considerado una instalación de alto riesgo”, detalla el activista. Los responsables políticos locales, quienes no respondieron a nuestras solicitudes de entrevistas, también respaldan el proyecto, seducidos por las promesas de mil empleos y de 1 millón de euros de impuestos que recaudaría el pequeño pueblo de Fouju. Unas cifras que Jean-François Dupont califica de “cuestionables”. “Esto es un cuento. Sabemos que los centros de datos generan muy pocos empleos. No creo que lleguemos a mil empleos. Aquí en estos centros de datos habrá un poco de personal, de mantenimiento y de vigilancia, pero son empleos de baja cualificación”, añade. Ante estos cuestionamientos, la dirección del proyecto de campus IA asegura que el riesgo de fuga de sustancias contaminantes es “muy bajo” y promete recuperar el calor generado por los servidores para alimentar una red de calefacción urbana. Cuestionan el uso de la IA El anuncio del inicio de las obras del megacentro de datos ha movilizado a varios colectivos de la sociedad civil, sobre todo ecologistas y de izquierda, del departamento de Seine-et-Marne, como este sábado en Melun. Ante un mapa topográfico de la zona, Servane Silva comparte sus dudas sobre la pertinencia de Campus IA. “Yo me involucro con este proyecto porque la inteligencia artificial no representa el futuro. No se trata de una actividad sostenible. Estamos apostando por la IA que consume muchísima energía y que deteriorará el medioambiente. ¿Qué impactos tendrán estos 11 centros de datos en la biodiversidad y en nuestro entorno? En los últimos 50 años, esta región ha sido invadida por los cultivos con pesticidas. Luego, llegaron muchos almacenes logísticos por aquí y ahora los centros de datos… ¡No queremos ser el vertedero de la región capitalina!”, declara. Lea también: La bomba energética que nos depara la Inteligencia Artificial Desde Estados Unidos, pasando por Latinoamérica y Europa, la proliferación de los centros de datos ha llevado a comunidades locales a movilizarse por los impactos ambientales de estos proyectos, y a cuestionar la utilidad misma de la inteligencia artificial. Y es que, en muchos casos, no queda muy claro a qué se destinarán estas capacidades de cálculo que las grandes empresas impulsan con fines especulativos, apostando al boom de la IA en el futuro. La arquitecta española y profesora en Harvard Marina Otero, quien ha estudiado la huella ambiental de los centros de datos, propone reservar el uso de la IA para usos realmente útiles. “En muchos de los casos, la IA tiene que ver simplemente con el entrenamiento de modelos de lenguaje de última generación, pero también con la industria armamentística, la industria de la seguridad.  ¿Realmente un centro de datos necesita estar disponible 24 horas al día?, se pregunta la experta. “Podrían parar en algunos momentos cuando no hay suficiente energía o establecer otros ritmos que no sean unos ritmos tan marcados por ganar la carrera de la inteligencia artificial”, propone, por ejemplo, Marina Otero, entrevistada por RFI. En Estados Unidos, países donde la construcción de centros de datos ha crecido sin control, una ola de protestas ciudadanas ha llevado a cancelar o frenar algunos proyectos. “La gobernadora de Nueva York ha establecido una moratoria para la construcción de centros de datos. En Chile, se paralizó un proyecto de Google porque en Cerrillos, cerca de Santiago, se demostró que utilizaba demasiada agua. En Holanda también hace unos años se canceló un proyecto de Meta porque utilizaba tanta energía como ciudades cercanas, etcétera. Ahora que ya conocemos mejor cuál es el impacto, tenemos unos años para entender qué ha pasado en ciertos lugares, pues la gente empieza a movilizarse en contra de estas infraestructuras porque, además, no generan empleo”, concluye Marina Otero. Escuche la entrevista completa en esta edición de Vida en el planeta, el programa medioambiental de RFI en español:

  4. Sep 1

    Gobierno boliviano negocia un nuevo código minero, sin invitar a los pueblos indígenas

    En Bolivia, el gobierno de Rodrigo Paz celebra desde el mes de diciembre negociaciones con las cooperativas mineras para reformar el marco legal minero. Una reforma que ocurre en pleno boom de la minería aurífera que causa graves impactos ambientales en las comunidades rurales. Sin embargo, las preocupaciones ambientales y las alertas de las comunidades indigenas que padecen de la contaminacion con mercurio no están en el centro de las negociaciones. El gobierno de Bolivia inició en diciembre pasado una cumbre nacional con los gremios de la minería, para diseñar un nuevo código minero. Según las declaraciones del ministro de Minería, se busca ante todo atraer más inversiones y responder a los cooperativistas mineros, quienes extraen la mayoría del oro del país y exigen regularizar sus concesiones. Entre los seís ejes que definió el gobierno para elaborar el nuevo código minero, se plantea también atender el problema de la minería ilegal y promover una minería más sustentable. Esta reforma, sin embargo, ocurre en pleno boom de la minería de oro, con graves impactos ambientales. En Bolivia, la extracción de este metal pasó de 6 a 42 toneladas entre 2010 y 2019, con consecuencias dramáticas para la salud y el medioambiente en zonas rurales. Y los pueblos indígenas, quienes padecen los efectos de la contaminación de los ríos por mercurio, un metal pesado que sirve para separar el oro, no fueron invitados a la mesa de negociaciones. En este episodio de Vida en el planeta, conversamos con Graciela Céspedes, presidenta de la Central de Mujeres Indígenas de La Paz (CEMILAP), quien alertó sobre los impactos de la minería en el XII Foro Social Panamazónico que tuvo lugar este año en Ecuador. La líder indígena detalló RFI cómo la comunidad leca, a la que pertenece, se ve afectada por el avance de la minería a orillas de los ríos Kaka y Tupuani. En esta comunidad, presente en cinco municipios, la minería aurífera pasó de ser una práctica artesanal ancestral a pequeña escala, a una actividad mecanizada con maquinaria pesada.   Por su parte, Oscar Campanini, especialista en extractivismo y director del CEDIB, Centro de documentación et información de Bolivia, afirma que existe alternativas al uso del mercurio y llama a un control más estricto de la minería que actualmente se autoriza en algunas reservas naturales. Las negociaciones de este nuevo código minero podrían durar hasta el mes de octubre. Y veremos entonces si se escuchan los reclamos de los sectores que piden un mayor control para evitar los daños ambientales que ocasiona esta actividad en plena expansión en Bolivia y también en otras zonas de la Amazonía. Entrevistas: -Graciela Céspedes, presidenta de la Central de Mujeres Indígenas de La Paz (CEMILAP) -Oscar Campanini, director del CEDIB, Centro de documentación et información de Bolivia

  5. Aug 24

    La Calera, el pueblo colombiano que ganó una batalla contra Coca-Cola

    A casi 3000 metros de altitud en las faldas de los Andes, los vecinos de La Calera, a 40 km de Bogotá, mantienen desde hace dos años un pulso con una filial de Coca-Cola, por el reparto del agua de los manantiales que brotan en la región. Les contamos cómo los habitantes de esta ciudad obtuvieron una victoria en su lucha por el derecho al agua. En Latinoamérica, varios países se preparan a la llegada del fenomeno El Niño que será muy intenso en los próximos meses, según pronostican los meteorólogos. El canal de Panamá por ejemplo ya planea limitar el tráfico maríticmo debido a la falta de lluvias. Y en Colombia, país que depende de la hidroelectricidad, las autoridades no descartan la posibilidad de apagones. En estas condiciones, cada gota de agua cuenta y en algunas regiones del país surgen conflictos por el reparto de los derechos de agua como es el caso en La Calera, un municipio del departamento de Cundinamarca, no lejos de la capital del país. Mediante una concesión, la empresa Indega, filial de la transnacional Coca-Cola Femsa, capta agua en La Calera, en los Andes colombianos, desde 1983, con tarifas ventajosas. Una concesión que le permite producir cerca de cuatrocientas mil botellas de agua de manantial por día, según reveló el medio de investigación colombiano Vorágine. Sin embargo, en abril de 2024, una crisis estalló: los vecinos del municipio se quedaron sin agua debido a las restricciones de suministro en un contexto de sequía que afectó también la capital colombiana. Y mientras a los habitantes no les salía ni una gota del grifo, la multinacional continuaba extrayendo agua sin restricciones. Una injusticia que llevó a varios habitantes a cuestionar el reparto del agua relata Robinson Carvajal, líder juvenil ambiental del colectivo 'Echele ojito al agua' y vecino de La Calera. Tras esta reivindicación para defender su derecho al agua, obtuvieron que las autoridades revisaran la concesión de agua de la empresa de refrescos. Y en abril de 2026, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, la autoridad que otorga los derechos de agua, asestó un golpe a Coca-Cola: en una resolución, restringió considerablemente el caudal de agua para la empresa. A partir de ahora, la filial Indega solo podrá explotar tres de los siete pozos de agua que usaba antes, y la cantidad de agua captada autorizada pasará de 3.2 litros a 1.9 litros por segundo. Escuche el programa completo: En esta batalla por un reparto más equitativo del agua, los habitantes de La Calera fueron asesorados por el colectivo de abogados Alvear Restrepo, CAJAR, al cual pertenece la abogada Yessika Hoyos, quien subraya que en otras zonas del país existen conflictos similares en los que comunidades locales pelean para un reparto más equitativo del líquido vital. Esta lucha ambiental, sin embargo, desató un conflicto en La Calera: el tono subió entre los habitantes que defienden la revocación de la concesión de agua a la multinacional y otros vecinos, empleados de la empresa embotelladora en La Calera quienes temían por sus empleos. Mientras que en las redes sociales surgieron mensajes de desprestigio, recuerda Robinson Carvajal. Y el conflicto no ha terminado. A pesar de esta resolución que reequilibra el reparto del agua entre consumo humano y uso industrial, estas nuevas reglas de concesión de agua fueron nuevamente recurridas, tanto por la empresa, como por los que se oponen al uso industrial de los manantiales. Entrevistas: -Robinson Carvajal, líder juvenil ambiental del colectivo 'Échele ojito al agua' y vecino de La Calera. -Yessika Hoyos, abogada, defensora de derechos humanos, integrante del Colectivo Cajar, que acompañó la movilización en La Calera

  6. Aug 17

    Científicos exploran el cementerio de residuos radiactivos del Atlántico

    Un equipo científico francés realizó la segunda fase de la misión marina Nodssum que busca explorar el cementerio de residuos radiactivos en el fondo del océano Atlántico. RFI conversó con el jefe científico de la misión que exploró la zona con un submarino y pudo observar el estado de degradación de los barriles de desechos radiactivos vertidos en el mar durante el siglo XX. El geólogo marino Javier Escartín, del Centro de Investigaciones Científicas Francés (CNRS) vuelve de una misión sin precedentes: observó con sus propios ojos el estado de degradación de los barriles de desechos radiactivos en alta mar a miles de metros de profundidad, vestigios de una época en la que las potencias nucleares arrojaban legalmente desechos nucleares de baja intensidad en el mar. A 1000 km de las costas francesas, el científico bajó a miles de metros de profundidad en una zona del océano Atlántico llena de barriles de metal que contienen desechos radiactivos. Durante el siglo XX, varios países occidentales vertieron en el mar estos bidones que contenían material que procedía de los laboratorios de la industria nuclear. Hoy, esta práctica parece impensable, pero era común hasta los años 1990 cuando se consideraba que el abismo era una zona lejana y sin vida. Décadas después, la misión de exploración marina francesa Nodssum, dirigida por Javier Escartín, busca identificar y estudiar parte de estos 200.000 barriles cuya ubicación era incierta. Una primera fase de la misión consistió en realizar un mapeo de la localización exacta de 3600 bidones. Y durante los últimos meses, se realizó la segunda fase de la misión, que consistió en acercarse a estos bidones con un submarino de la flota oceanográfica francesa a 4000 metros de profundidad para estudiar cómo se propaga la radiactividad en un entorno marino. “Hemos muestreado sedimento, agua y fauna y el ecosistema marino que se desarrolla sobre los barriles porque actúan como arrecifes”, cuenta el científico que ha participado en dos de la veintena de inmersiones submarinas de la misión, a alrededor de 4700 metros. “La primera observación que sorprende es la vida que se desarrolla sobre estos barriles que actúan como arrecifes y, por tanto, son sustratos en los que pueden crecer esponjas, corales, anémonas”, cuenta a RFI el geólogo. “El segundo aspecto es observar estos barriles que habíamos detectado en las imágenes de sonar. Ya teníamos algunas fotos realizadas el año pasado con el submarino con el robot autónomo Ulix. Pero verlas directamente, el estado de degradación, junto con la vida que se desarrolla, es una visión extrañamente fascinante, por el aspecto ecológico”, agregó. Las fotos de alta calidad de los barriles de desechos nucleares que han traído los miembros de la misión Nodssum dan cuenta de un estado de degradación “muy variable”. “Hay bidones que físicamente parecen enteros, pero todos están oxidados. La mayor parte son bidones en metal en la parte externa y este metal está completamente oxidado y hay bidones que están completamente destruidos, abiertos. Y el contenido de los barriles está vertido en el fondo marino directamente”, detalla Javier Escartín quien precisa que los muestreos se realizaron con un lujo de precauciones para evitar la radiación del personal científico. Los científicos aseguran, sin embargo, que el riesgo de contaminación radiactiva que presentan estos barriles abiertos es limitado. Todo indica que contenían material de laboratorio como guantes. “Hay que tener en cuenta también que los niveles de radiactividad de los materiales que se vertieron, al menos por las declaraciones, son lo que se llama residuos de media y baja radiactividad. No se trata de uranio radiactivo utilizado en los reactores. Sí hay una contaminación del medio ambiente, pero los niveles absolutos son relativamente bajos”, aclara Javier Escartín. El estudio de la difusión de la radiactividad en un medio acuático traerá datos valiosos que podrán ser usados con otros propósitos: para medir la peligrosidad de los submarinos nucleares hundidos, o para las empresas que buscan nódulos polimetálicos en el fondo del océano para hacer minería. Se sabe que estos nódulos son radiactivos, lo que plantea también riesgos que se deben medir antes de iniciar esta actividad, que representa además un riesgo para los ecosistemas.

  7. Aug 13

    Para superar la crisis ecológica, Philippe Descola llama a repensar nuestra relación con lo vivo

    ¿Y si la crisis ecológica actual tuviera que ver con nuestra relación con la naturaleza? Es lo que afirma el antropólogo francés Philippe Descola, conocido por haber trabajado varios años en la Amazonía ecuatoriana. En conversación exclusiva con RFI, Descola estima que la crisis ambiental resulta en gran parte de la visión occidental de la naturaleza. ¿Cómo habitar la tierra de forma más armoniosa? ¿Debe el mundo occidental reconectarse con la naturaleza para acabar con la crisis ecológica y climática y ambiental? A estas preguntas apremiantes en tiempos de cambio climático y de crisis de la biodiversidad, el antropólogo de la naturaleza, filósofo y profesor emérito del Collège de France, el Colegio de Francia, Philippe Descola (París, 1949), propone varias respuestas inspiradoras para la ecología política. En entrevista exclusiva con Radio Francia Internacional, el filósofo abordó también las resistencias ecologistas actuales, sus años de vida con el pueblo achuar en Ecuador así como la dominación masculina en numerosas sociedades. RFI: Su libro ‘Más allá de naturaleza y cultura’, en el que usted teoriza y compara las diferentes formas que tienen los seres humanos de relacionarse con el medioambiente y los seres vivos, es una referencia. Últimamente ha publicado dos libros de entrevistas en los que afirma que para resolver la crisis ecológica Occidente tendría que alejarse de esta visión que usted llama ‘naturalista’ que plantea que los seres humanos somos superiores o distintos de lo vivo. ¿Es esta visión binaria entre, por una parte, los humanos y, por otra parte, los no humanos, responsable de la triple crisis ecológica que vivimos actualmente, el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad? Philippe Descola: En gran parte, sí. Mi proposición es que desde el siglo XVII, cuando se estableció la odontología que llamo naturalista, es decir, esa idea de que los humanos son excepcionales entre los elementos del mundo porque tienen facultades cognitivas y morales especiales, esta idea vino enfatizándose a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Entonces, ¿qué pasó? Los no humanos se convirtieron en cosas que podían ser el objeto de una mercantilización. Entonces, fue eso una condición que, creo, fue fundamental para la emergencia del capitalismo industrial en el siglo XIX. Y entonces no se puede separar la ontología naturalista de este movimiento que llevó a considerar ríos, animales y plantas como cosas para explotar y no como interlocutores. Escuche el audio completo de la entrevista: RFI: Su último libro se titula ‘Nous sommes les hôtes de la Terre’*. En francés, la palabra ‘hôtes’, tiene dos sentidos, puede significar ‘huéspedes’ o ‘anfitriones’. ¿Los seres humanos, los huéspedes de la tierra o los anfitriones de la Tierra? Philippe Descola: La palabra se refiere a la palabra “huésped”. Esta proposición sale de mi discusión de todos esos procesos recientes en los cuales medios de vida han sido convertidos en sujetos políticos a través de la atribución de una personalidad jurídica. Estamos como humanos acogidos en este medio de vida y somos huéspedes. Entonces es una buena manera de concebir que no somos los dueños y poseedores de la naturaleza según la famosa fórmula de Descartes, sino que somos huéspedes, es decir, que es nuestra pertenencia medio de vida que fundamenta nuestra existencia social y no el hecho de apropiarse este mundo. RFI: Efectivamente es una pequeña revolución jurídica que se está viviendo en muchos países, desde Nueva Zelanda, pasando por Colombia, Ecuador e incluso en Francia o España donde ríos o lagunas están recibiendo una personalidad jurídica. Se les otorga derechos jurídicos para defenderlos mejor. ¿Cómo analiza usted esta evolución en el mundo occidental? Philippe Descola: En Nueva Zelanda, en Colombia, con el río Atrato, por ejemplo, el medio de vida llega a ser dueño de sí mismo, llega a ser un sujeto político. Un sujeto político obviamente representado por humanos, porque el río Atrato no habla por sí mismo, sino a través de los portavoces que se escogen para representarlo. La otra posibilidad es el ejemplo que nos dan las comunidades indígenas en todo el mundo y en particular en esa parte del mundo que conozco un poco mejor, que es América Latina, donde estas comunidades, enfrentadas a la voracidad del capitalismo y en particular del capitalismo extractivista, idean nuevas formas de relacionarse en relación a un territorio que están basadas en parte en la concepción tradicional del territorio, no como un pedazo de tierra de uso exclusivo, sino como un lugar en donde se mezclan diferentes formas de apropiación de humanos y no humanos. Quiero enfatizar en este caso, que hay una diferencia entre reconocer una personalidad jurídica a un medio de vida y reconocer derechos a la naturaleza, como lo hicieron Ecuador y también Bolivia. Reconocer derechos a la naturaleza es reconocer derechos a una abstracción, porque la naturaleza, aun si se la llama Pachamama, es una abstracción, mientras que reconocer derechos a un medio de vida es reconocer derechos a un medio biofísico con sus habitantes, que es más fácil de delimitar y de definir con precisión. Y entonces lo que he podido constatar es que, tanto en Bolivia como en Ecuador, que conozco bastante bien por haber vivido varios años allá, este reconocimiento no ha tenido consecuencias mayores en términos de protección del medioambiente. No ha habido cambios fundamentales para las poblaciones indígenas en relación con el capitalismo extractivista.  RFI: Usted ha trabajado en Latinoamérica, y también se ha acercado a las resistencias políticas que ocurren en Europa, como en Francia, donde ha apoyado las “zonas a defender”, las “ZAD”, unos movimientos locales muy fuertes que han surgido contra megaproyectos de desarrollo como aeropuertos, autopistas o megaembalses. ¿Por qué representan estas resistencias, según usted, una posible respuesta a la crisis ecológica? Philippe Descola:  Me parecieron muy interesantes porque si uno compara esos procesos con lo que sucede con las poblaciones indígenas, los militantes de esas zonas a defender, de estos territorios alternativos, no fueron educados en comunidades indígenas. Entonces todas esas ideas de relación estrecha, íntima, armoniosa, con el medio ambiente, no las recibieron así a través de la educación, sino que inventaron formas específicas de relacionarse con un territorio, primero para defenderlo contra megaproyectos destructivos y después para habitar este territorio en una forma no destructiva y a través de una profunda identificación con los no humanos del territorio. Todos esos jóvenes y menos jóvenes han descubierto por sí mismos formas distintas de habitar un territorio en donde rechazan la propiedad privada, rechazan la explotación, la destrucción del medio ambiente y han desarrollado formas de trabajo en común, de producción no mercantil, de democracia participativa intensa. Y me parece que es una forma de ejemplaridad y una buena noticia para el futuro. RFI: También fue discípulo de Claude Lévi-Strauss. Y ha dicho en varias ocasiones que ha quedado impactado por sus años de trabajo etnográfico en Suramérica. Vivió tres años con el pueblo achuar en la Amazonía ecuatoriana. ¿Por qué esta experiencia fue un punto de inflexión en su trabajo de antropólogo, en su filosofía? Philippe Descola: Visité a los achuar para estudiar la forma en que ellos “socializan con la naturaleza”, así lo formulaba. Me di cuenta cuando empecé a entender y hablar un poco el idioma achuar, que este concepto de “naturaleza” no tenía ninguna vigencia para los achuar. Ellos concebían a las plantas, a los animales, a los espíritus como socios, como personas no humanas, como socios con los cuales se podía interactuar cotidianamente a través de plegarias mágicas que dirigían al alma de esos interlocutores, a través de las relaciones en los sueños y las visitas de los no humanos. Dándome cuenta de eso, cuando regresé para doctorado y me fijé de cierto modo un programa intelectual para toda mi carrera, que era entender las distintas formas en las cuales los humanos conciben continuidades y discontinuidades entre humanos y no humanos. Me di cuenta de que este modelo de la relación entre naturaleza y cultura era una cosa propiamente occidental. Con mucha ingenuidad, pensaba que era una cosa universal, porque yo me formé como filósofo y fui alumno de Claude Lévi-Strauss para quien la distinción entre naturaleza y cultura desempeña un papel importante. Cuando me di cuenta de que no era una cosa universal, empecé a estudiar - no directamente sino a través de la antropología comparativa -, todas las otras formas posibles que existen de interactuar entre humanos y no humanos que no sean a través de este modelo supuestamente universal que es la relación entre naturaleza y cultura. RFI: Usted cuenta que, después de su larga estancia en territorio achuar, a su regreso a Francia, se dio cuenta de la “violencia” del mundo occidental. ¿Cómo esta experiencia en Ecuador modificó su visión de nuestra sociedad occidental de consumo? Philippe Descola: Antes de viajar a Ecuador, había tenido una trayectoria de militante y entonces había leído a Marx, había leído a Lenin, había leído a Trotsky y yo sabía las cosas básicas de lo que es la explotación capitalista. Pero como persona nunca me encontré en una posición de ser explotado, de dominado. Venía de una familia de la burguesía parisina y nunca sufrí en mi persona, digamos, de la explotación capitalista directa. Después viví tres años con los Ashuar, con gente que no tenía trabajo asalariado ni moneda. En un mundo en el cual no había diferencias de estatuto económico político y despu

  8. Jun 29

    En El Salvador, el lado oscuro de los megaproyectos de Nayib Bukele

    En Europa, representantes de una docena de organizaciones sociales e indígenas de Centroamérica, agrupados en la Caravana mesoamericana por el clima y la vida, denunciaron los impactos ambientales y sociales de los grandes proyectos de desarrollo económico e industrial en sus respectivos países. En El Salvador, por ejemplo, el Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores Indígenas del Campo alerta sobre los impactos de los megaproyectos turísticos e inmobiliarios del gobierno de Nayib Bukele. Desde la construcción de un aeropuerto en un manglar, hasta la privatización de playas para proyectos turísticos, pasando por la expropiación de comunidades para el desarrollo inmobiliario, las megaobras impulsadas por el gobierno de El Salvador no siempre traen beneficios a nivel local. Reelegido con más del 80% de los votos en 2024, a pesar de que la Constitución del país se lo impedía, Nayib Bukele se vanagloria de su política de seguridad que llevó a la disminución del número de homicidios. El dirigente también impulsó una serie de grandes proyectos de desarrollo económico. Esta semana, en Vida en el planeta, conversamos con el activista Ángel Flores, uno de los coordinadores del Movimiento Indígena para la Integración de las Luchas de los Pueblos Ancestrales (MILPA), un colectivo que aglutina sindicatos agrícolas, organizaciones ambientales e indígenas en El Salvador. Flores formó parte de la Caravana mesoamericana por el clima y la vida que recorrió Europa para denunciar los impactos sociales y ambientales de estos megaproyectos. “Para el desarrollo de todo este tipo de iniciativas extractivas y neoextractivas, se ha dividido el país en tres fragmentos”, explica Flores. “En la zona norte, que es donde está la cordillera, donde existe la mayor vegetación, es justamente los intereses mineros, mientras que en la parte central, en la cordillera volcánica es donde se pretende impulsar iniciativas de urbanización, inclusive en claves residenciales. Recientemente se ha anunciado la construcción de una mega ciudad que estaría abarcando más de 412 manzanas en el centro de un área de amortiguamiento ambiental en el distrito de San Alejo, en el oriente de El Salvador. Se le han nombrado ‘Ciudad Salud’. Y en la franja costera marina, se pretende desarrollar todas las iniciativas hoteleras, es decir, todo un proceso de turistificación”, detalla el activista. En esta entrevista con RFI a su paso por París, Ángel Flores denunció la ley que permite la reactivación de la minería metálica en el país centroamericano. “En marzo del año 2025, realizamos una denuncia porque existían ya indicios de actividad minera en el norte del departamento de la Unión por parte de efectivos o personal del Estado salvadoreño”, indica el activista. Flores alerta habló también sobre los impactos del desarrollo de los corredores turísticos Surf City 1 y 2, un proyecto del gobierno para estimular el turismo internacional en las playas salvadoreñas. “Los Surf City son zonas económicas especiales fácticas que están desarrollando. En estos territorios se está impulsando un proceso acelerado y agresivo de turistificación y por ende de gentrificación. Estos territorios han sido habitados ancestralmente por comunidades indígenas, principalmente de ascendencia lenca ulúas y que actualmente están siendo amenazadas de despojo de sus tierras. Solamente en el oriente de El Salvador estamos hablando que son más de 18 comunidades las que están siendo amenazadas ante ese proceso de despojo. A nivel nacional son más de 62 en toda la franja costera marina”, denunció Flores. Escuche la entrevista completa aquí:

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"Vida en el planeta" es la cita semanal de Radio Francia Internacional dedicada al medioambiente. Aquí hablamos de las amenazas que pesan sobre nuestro planeta: calentamiento global, especies en peligro de extinción, deforestación y contaminación. Les proponemos también explorar soluciones sostenibles e ideas innovadoras para preservar los ecosistemas.

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