Vida en el Planeta

"Vida en el planeta" es la cita semanal de Radio Francia Internacional dedicada al medioambiente. Aquí hablamos de las amenazas que pesan sobre nuestro planeta: calentamiento global, especies en peligro de extinción, deforestación y contaminación. Les proponemos también explorar soluciones sostenibles e ideas innovadoras para preservar los ecosistemas.

  1. 2d ago

    Gobierno boliviano negocia un nuevo código minero, sin invitar a los pueblos indígenas

    En Bolivia, el gobierno de Rodrigo Paz celebra desde el mes de diciembre negociaciones con las cooperativas mineras para reformar el marco legal minero. Una reforma que ocurre en pleno boom de la minería aurífera que causa graves impactos ambientales en las comunidades rurales. Sin embargo, las preocupaciones ambientales y las alertas de las comunidades indigenas que padecen de la contaminacion con mercurio no están en el centro de las negociaciones. El gobierno de Bolivia inició en diciembre pasado una cumbre nacional con los gremios de la minería, para diseñar un nuevo código minero. Según las declaraciones del ministro de Minería, se busca ante todo atraer más inversiones y responder a los cooperativistas mineros, quienes extraen la mayoría del oro del país y exigen regularizar sus concesiones. Entre los seís ejes que definió el gobierno para elaborar el nuevo código minero, se plantea también atender el problema de la minería ilegal y promover una minería más sustentable. Esta reforma, sin embargo, ocurre en pleno boom de la minería de oro, con graves impactos ambientales. En Bolivia, la extracción de este metal pasó de 6 a 42 toneladas entre 2010 y 2019, con consecuencias dramáticas para la salud y el medioambiente en zonas rurales. Y los pueblos indígenas, quienes padecen los efectos de la contaminación de los ríos por mercurio, un metal pesado que sirve para separar el oro, no fueron invitados a la mesa de negociaciones. En este episodio de Vida en el planeta, conversamos con Graciela Céspedes, presidenta de la Central de Mujeres Indígenas de La Paz (CEMILAP), quien alertó sobre los impactos de la minería en el XII Foro Social Panamazónico que tuvo lugar este año en Ecuador. La líder indígena detalló RFI cómo la comunidad leca, a la que pertenece, se ve afectada por el avance de la minería a orillas de los ríos Kaka y Tupuani. En esta comunidad, presente en cinco municipios, la minería aurífera pasó de ser una práctica artesanal ancestral a pequeña escala, a una actividad mecanizada con maquinaria pesada.   Por su parte, Oscar Campanini, especialista en extractivismo y director del CEDIB, Centro de documentación et información de Bolivia, afirma que existe alternativas al uso del mercurio y llama a un control más estricto de la minería que actualmente se autoriza en algunas reservas naturales. Las negociaciones de este nuevo código minero podrían durar hasta el mes de octubre. Y veremos entonces si se escuchan los reclamos de los sectores que piden un mayor control para evitar los daños ambientales que ocasiona esta actividad en plena expansión en Bolivia y también en otras zonas de la Amazonía. Entrevistas: -Graciela Céspedes, presidenta de la Central de Mujeres Indígenas de La Paz (CEMILAP) -Oscar Campanini, director del CEDIB, Centro de documentación et información de Bolivia

  2. Aug 24

    La Calera, el pueblo colombiano que ganó una batalla contra Coca-Cola

    A casi 3000 metros de altitud en las faldas de los Andes, los vecinos de La Calera, a 40 km de Bogotá, mantienen desde hace dos años un pulso con una filial de Coca-Cola, por el reparto del agua de los manantiales que brotan en la región. Les contamos cómo los habitantes de esta ciudad obtuvieron una victoria en su lucha por el derecho al agua. En Latinoamérica, varios países se preparan a la llegada del fenomeno El Niño que será muy intenso en los próximos meses, según pronostican los meteorólogos. El canal de Panamá por ejemplo ya planea limitar el tráfico maríticmo debido a la falta de lluvias. Y en Colombia, país que depende de la hidroelectricidad, las autoridades no descartan la posibilidad de apagones. En estas condiciones, cada gota de agua cuenta y en algunas regiones del país surgen conflictos por el reparto de los derechos de agua como es el caso en La Calera, un municipio del departamento de Cundinamarca, no lejos de la capital del país. Mediante una concesión, la empresa Indega, filial de la transnacional Coca-Cola Femsa, capta agua en La Calera, en los Andes colombianos, desde 1983, con tarifas ventajosas. Una concesión que le permite producir cerca de cuatrocientas mil botellas de agua de manantial por día, según reveló el medio de investigación colombiano Vorágine. Sin embargo, en abril de 2024, una crisis estalló: los vecinos del municipio se quedaron sin agua debido a las restricciones de suministro en un contexto de sequía que afectó también la capital colombiana. Y mientras a los habitantes no les salía ni una gota del grifo, la multinacional continuaba extrayendo agua sin restricciones. Una injusticia que llevó a varios habitantes a cuestionar el reparto del agua relata Robinson Carvajal, líder juvenil ambiental del colectivo 'Echele ojito al agua' y vecino de La Calera. Tras esta reivindicación para defender su derecho al agua, obtuvieron que las autoridades revisaran la concesión de agua de la empresa de refrescos. Y en abril de 2026, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, la autoridad que otorga los derechos de agua, asestó un golpe a Coca-Cola: en una resolución, restringió considerablemente el caudal de agua para la empresa. A partir de ahora, la filial Indega solo podrá explotar tres de los siete pozos de agua que usaba antes, y la cantidad de agua captada autorizada pasará de 3.2 litros a 1.9 litros por segundo. Escuche el programa completo: En esta batalla por un reparto más equitativo del agua, los habitantes de La Calera fueron asesorados por el colectivo de abogados Alvear Restrepo, CAJAR, al cual pertenece la abogada Yessika Hoyos, quien subraya que en otras zonas del país existen conflictos similares en los que comunidades locales pelean para un reparto más equitativo del líquido vital. Esta lucha ambiental, sin embargo, desató un conflicto en La Calera: el tono subió entre los habitantes que defienden la revocación de la concesión de agua a la multinacional y otros vecinos, empleados de la empresa embotelladora en La Calera quienes temían por sus empleos. Mientras que en las redes sociales surgieron mensajes de desprestigio, recuerda Robinson Carvajal. Y el conflicto no ha terminado. A pesar de esta resolución que reequilibra el reparto del agua entre consumo humano y uso industrial, estas nuevas reglas de concesión de agua fueron nuevamente recurridas, tanto por la empresa, como por los que se oponen al uso industrial de los manantiales. Entrevistas: -Robinson Carvajal, líder juvenil ambiental del colectivo 'Échele ojito al agua' y vecino de La Calera. -Yessika Hoyos, abogada, defensora de derechos humanos, integrante del Colectivo Cajar, que acompañó la movilización en La Calera

  3. Aug 17

    Científicos exploran el cementerio de residuos radiactivos del Atlántico

    Un equipo científico francés realizó la segunda fase de la misión marina Nodssum que busca explorar el cementerio de residuos radiactivos en el fondo del océano Atlántico. RFI conversó con el jefe científico de la misión que exploró la zona con un submarino y pudo observar el estado de degradación de los barriles de desechos radiactivos vertidos en el mar durante el siglo XX. El geólogo marino Javier Escartín, del Centro de Investigaciones Científicas Francés (CNRS) vuelve de una misión sin precedentes: observó con sus propios ojos el estado de degradación de los barriles de desechos radiactivos en alta mar a miles de metros de profundidad, vestigios de una época en la que las potencias nucleares arrojaban legalmente desechos nucleares de baja intensidad en el mar. A 1000 km de las costas francesas, el científico bajó a miles de metros de profundidad en una zona del océano Atlántico llena de barriles de metal que contienen desechos radiactivos. Durante el siglo XX, varios países occidentales vertieron en el mar estos bidones que contenían material que procedía de los laboratorios de la industria nuclear. Hoy, esta práctica parece impensable, pero era común hasta los años 1990 cuando se consideraba que el abismo era una zona lejana y sin vida. Décadas después, la misión de exploración marina francesa Nodssum, dirigida por Javier Escartín, busca identificar y estudiar parte de estos 200.000 barriles cuya ubicación era incierta. Una primera fase de la misión consistió en realizar un mapeo de la localización exacta de 3600 bidones. Y durante los últimos meses, se realizó la segunda fase de la misión, que consistió en acercarse a estos bidones con un submarino de la flota oceanográfica francesa a 4000 metros de profundidad para estudiar cómo se propaga la radiactividad en un entorno marino. “Hemos muestreado sedimento, agua y fauna y el ecosistema marino que se desarrolla sobre los barriles porque actúan como arrecifes”, cuenta el científico que ha participado en dos de la veintena de inmersiones submarinas de la misión, a alrededor de 4700 metros. “La primera observación que sorprende es la vida que se desarrolla sobre estos barriles que actúan como arrecifes y, por tanto, son sustratos en los que pueden crecer esponjas, corales, anémonas”, cuenta a RFI el geólogo. “El segundo aspecto es observar estos barriles que habíamos detectado en las imágenes de sonar. Ya teníamos algunas fotos realizadas el año pasado con el submarino con el robot autónomo Ulix. Pero verlas directamente, el estado de degradación, junto con la vida que se desarrolla, es una visión extrañamente fascinante, por el aspecto ecológico”, agregó. Las fotos de alta calidad de los barriles de desechos nucleares que han traído los miembros de la misión Nodssum dan cuenta de un estado de degradación “muy variable”. “Hay bidones que físicamente parecen enteros, pero todos están oxidados. La mayor parte son bidones en metal en la parte externa y este metal está completamente oxidado y hay bidones que están completamente destruidos, abiertos. Y el contenido de los barriles está vertido en el fondo marino directamente”, detalla Javier Escartín quien precisa que los muestreos se realizaron con un lujo de precauciones para evitar la radiación del personal científico. Los científicos aseguran, sin embargo, que el riesgo de contaminación radiactiva que presentan estos barriles abiertos es limitado. Todo indica que contenían material de laboratorio como guantes. “Hay que tener en cuenta también que los niveles de radiactividad de los materiales que se vertieron, al menos por las declaraciones, son lo que se llama residuos de media y baja radiactividad. No se trata de uranio radiactivo utilizado en los reactores. Sí hay una contaminación del medio ambiente, pero los niveles absolutos son relativamente bajos”, aclara Javier Escartín. El estudio de la difusión de la radiactividad en un medio acuático traerá datos valiosos que podrán ser usados con otros propósitos: para medir la peligrosidad de los submarinos nucleares hundidos, o para las empresas que buscan nódulos polimetálicos en el fondo del océano para hacer minería. Se sabe que estos nódulos son radiactivos, lo que plantea también riesgos que se deben medir antes de iniciar esta actividad, que representa además un riesgo para los ecosistemas.

  4. Aug 13

    Para superar la crisis ecológica, Philippe Descola llama a repensar nuestra relación con lo vivo

    ¿Y si la crisis ecológica actual tuviera que ver con nuestra relación con la naturaleza? Es lo que afirma el antropólogo francés Philippe Descola, conocido por haber trabajado varios años en la Amazonía ecuatoriana. En conversación exclusiva con RFI, Descola estima que la crisis ambiental resulta en gran parte de la visión occidental de la naturaleza. ¿Cómo habitar la tierra de forma más armoniosa? ¿Debe el mundo occidental reconectarse con la naturaleza para acabar con la crisis ecológica y climática y ambiental? A estas preguntas apremiantes en tiempos de cambio climático y de crisis de la biodiversidad, el antropólogo de la naturaleza, filósofo y profesor emérito del Collège de France, el Colegio de Francia, Philippe Descola (París, 1949), propone varias respuestas inspiradoras para la ecología política. En entrevista exclusiva con Radio Francia Internacional, el filósofo abordó también las resistencias ecologistas actuales, sus años de vida con el pueblo achuar en Ecuador así como la dominación masculina en numerosas sociedades. RFI: Su libro ‘Más allá de naturaleza y cultura’, en el que usted teoriza y compara las diferentes formas que tienen los seres humanos de relacionarse con el medioambiente y los seres vivos, es una referencia. Últimamente ha publicado dos libros de entrevistas en los que afirma que para resolver la crisis ecológica Occidente tendría que alejarse de esta visión que usted llama ‘naturalista’ que plantea que los seres humanos somos superiores o distintos de lo vivo. ¿Es esta visión binaria entre, por una parte, los humanos y, por otra parte, los no humanos, responsable de la triple crisis ecológica que vivimos actualmente, el cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad? Philippe Descola: En gran parte, sí. Mi proposición es que desde el siglo XVII, cuando se estableció la odontología que llamo naturalista, es decir, esa idea de que los humanos son excepcionales entre los elementos del mundo porque tienen facultades cognitivas y morales especiales, esta idea vino enfatizándose a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Entonces, ¿qué pasó? Los no humanos se convirtieron en cosas que podían ser el objeto de una mercantilización. Entonces, fue eso una condición que, creo, fue fundamental para la emergencia del capitalismo industrial en el siglo XIX. Y entonces no se puede separar la ontología naturalista de este movimiento que llevó a considerar ríos, animales y plantas como cosas para explotar y no como interlocutores. Escuche el audio completo de la entrevista: RFI: Su último libro se titula ‘Nous sommes les hôtes de la Terre’*. En francés, la palabra ‘hôtes’, tiene dos sentidos, puede significar ‘huéspedes’ o ‘anfitriones’. ¿Los seres humanos, los huéspedes de la tierra o los anfitriones de la Tierra? Philippe Descola: La palabra se refiere a la palabra “huésped”. Esta proposición sale de mi discusión de todos esos procesos recientes en los cuales medios de vida han sido convertidos en sujetos políticos a través de la atribución de una personalidad jurídica. Estamos como humanos acogidos en este medio de vida y somos huéspedes. Entonces es una buena manera de concebir que no somos los dueños y poseedores de la naturaleza según la famosa fórmula de Descartes, sino que somos huéspedes, es decir, que es nuestra pertenencia medio de vida que fundamenta nuestra existencia social y no el hecho de apropiarse este mundo. RFI: Efectivamente es una pequeña revolución jurídica que se está viviendo en muchos países, desde Nueva Zelanda, pasando por Colombia, Ecuador e incluso en Francia o España donde ríos o lagunas están recibiendo una personalidad jurídica. Se les otorga derechos jurídicos para defenderlos mejor. ¿Cómo analiza usted esta evolución en el mundo occidental? Philippe Descola: En Nueva Zelanda, en Colombia, con el río Atrato, por ejemplo, el medio de vida llega a ser dueño de sí mismo, llega a ser un sujeto político. Un sujeto político obviamente representado por humanos, porque el río Atrato no habla por sí mismo, sino a través de los portavoces que se escogen para representarlo. La otra posibilidad es el ejemplo que nos dan las comunidades indígenas en todo el mundo y en particular en esa parte del mundo que conozco un poco mejor, que es América Latina, donde estas comunidades, enfrentadas a la voracidad del capitalismo y en particular del capitalismo extractivista, idean nuevas formas de relacionarse en relación a un territorio que están basadas en parte en la concepción tradicional del territorio, no como un pedazo de tierra de uso exclusivo, sino como un lugar en donde se mezclan diferentes formas de apropiación de humanos y no humanos. Quiero enfatizar en este caso, que hay una diferencia entre reconocer una personalidad jurídica a un medio de vida y reconocer derechos a la naturaleza, como lo hicieron Ecuador y también Bolivia. Reconocer derechos a la naturaleza es reconocer derechos a una abstracción, porque la naturaleza, aun si se la llama Pachamama, es una abstracción, mientras que reconocer derechos a un medio de vida es reconocer derechos a un medio biofísico con sus habitantes, que es más fácil de delimitar y de definir con precisión. Y entonces lo que he podido constatar es que, tanto en Bolivia como en Ecuador, que conozco bastante bien por haber vivido varios años allá, este reconocimiento no ha tenido consecuencias mayores en términos de protección del medioambiente. No ha habido cambios fundamentales para las poblaciones indígenas en relación con el capitalismo extractivista.  RFI: Usted ha trabajado en Latinoamérica, y también se ha acercado a las resistencias políticas que ocurren en Europa, como en Francia, donde ha apoyado las “zonas a defender”, las “ZAD”, unos movimientos locales muy fuertes que han surgido contra megaproyectos de desarrollo como aeropuertos, autopistas o megaembalses. ¿Por qué representan estas resistencias, según usted, una posible respuesta a la crisis ecológica? Philippe Descola:  Me parecieron muy interesantes porque si uno compara esos procesos con lo que sucede con las poblaciones indígenas, los militantes de esas zonas a defender, de estos territorios alternativos, no fueron educados en comunidades indígenas. Entonces todas esas ideas de relación estrecha, íntima, armoniosa, con el medio ambiente, no las recibieron así a través de la educación, sino que inventaron formas específicas de relacionarse con un territorio, primero para defenderlo contra megaproyectos destructivos y después para habitar este territorio en una forma no destructiva y a través de una profunda identificación con los no humanos del territorio. Todos esos jóvenes y menos jóvenes han descubierto por sí mismos formas distintas de habitar un territorio en donde rechazan la propiedad privada, rechazan la explotación, la destrucción del medio ambiente y han desarrollado formas de trabajo en común, de producción no mercantil, de democracia participativa intensa. Y me parece que es una forma de ejemplaridad y una buena noticia para el futuro. RFI: También fue discípulo de Claude Lévi-Strauss. Y ha dicho en varias ocasiones que ha quedado impactado por sus años de trabajo etnográfico en Suramérica. Vivió tres años con el pueblo achuar en la Amazonía ecuatoriana. ¿Por qué esta experiencia fue un punto de inflexión en su trabajo de antropólogo, en su filosofía? Philippe Descola: Visité a los achuar para estudiar la forma en que ellos “socializan con la naturaleza”, así lo formulaba. Me di cuenta cuando empecé a entender y hablar un poco el idioma achuar, que este concepto de “naturaleza” no tenía ninguna vigencia para los achuar. Ellos concebían a las plantas, a los animales, a los espíritus como socios, como personas no humanas, como socios con los cuales se podía interactuar cotidianamente a través de plegarias mágicas que dirigían al alma de esos interlocutores, a través de las relaciones en los sueños y las visitas de los no humanos. Dándome cuenta de eso, cuando regresé para doctorado y me fijé de cierto modo un programa intelectual para toda mi carrera, que era entender las distintas formas en las cuales los humanos conciben continuidades y discontinuidades entre humanos y no humanos. Me di cuenta de que este modelo de la relación entre naturaleza y cultura era una cosa propiamente occidental. Con mucha ingenuidad, pensaba que era una cosa universal, porque yo me formé como filósofo y fui alumno de Claude Lévi-Strauss para quien la distinción entre naturaleza y cultura desempeña un papel importante. Cuando me di cuenta de que no era una cosa universal, empecé a estudiar - no directamente sino a través de la antropología comparativa -, todas las otras formas posibles que existen de interactuar entre humanos y no humanos que no sean a través de este modelo supuestamente universal que es la relación entre naturaleza y cultura. RFI: Usted cuenta que, después de su larga estancia en territorio achuar, a su regreso a Francia, se dio cuenta de la “violencia” del mundo occidental. ¿Cómo esta experiencia en Ecuador modificó su visión de nuestra sociedad occidental de consumo? Philippe Descola: Antes de viajar a Ecuador, había tenido una trayectoria de militante y entonces había leído a Marx, había leído a Lenin, había leído a Trotsky y yo sabía las cosas básicas de lo que es la explotación capitalista. Pero como persona nunca me encontré en una posición de ser explotado, de dominado. Venía de una familia de la burguesía parisina y nunca sufrí en mi persona, digamos, de la explotación capitalista directa. Después viví tres años con los Ashuar, con gente que no tenía trabajo asalariado ni moneda. En un mundo en el cual no había diferencias de estatuto económico político y despu

  5. Jun 29

    En El Salvador, el lado oscuro de los megaproyectos de Nayib Bukele

    En Europa, representantes de una docena de organizaciones sociales e indígenas de Centroamérica, agrupados en la Caravana mesoamericana por el clima y la vida, denunciaron los impactos ambientales y sociales de los grandes proyectos de desarrollo económico e industrial en sus respectivos países. En El Salvador, por ejemplo, el Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores Indígenas del Campo alerta sobre los impactos de los megaproyectos turísticos e inmobiliarios del gobierno de Nayib Bukele. Desde la construcción de un aeropuerto en un manglar, hasta la privatización de playas para proyectos turísticos, pasando por la expropiación de comunidades para el desarrollo inmobiliario, las megaobras impulsadas por el gobierno de El Salvador no siempre traen beneficios a nivel local. Reelegido con más del 80% de los votos en 2024, a pesar de que la Constitución del país se lo impedía, Nayib Bukele se vanagloria de su política de seguridad que llevó a la disminución del número de homicidios. El dirigente también impulsó una serie de grandes proyectos de desarrollo económico. Esta semana, en Vida en el planeta, conversamos con el activista Ángel Flores, uno de los coordinadores del Movimiento Indígena para la Integración de las Luchas de los Pueblos Ancestrales (MILPA), un colectivo que aglutina sindicatos agrícolas, organizaciones ambientales e indígenas en El Salvador. Flores formó parte de la Caravana mesoamericana por el clima y la vida que recorrió Europa para denunciar los impactos sociales y ambientales de estos megaproyectos. “Para el desarrollo de todo este tipo de iniciativas extractivas y neoextractivas, se ha dividido el país en tres fragmentos”, explica Flores. “En la zona norte, que es donde está la cordillera, donde existe la mayor vegetación, es justamente los intereses mineros, mientras que en la parte central, en la cordillera volcánica es donde se pretende impulsar iniciativas de urbanización, inclusive en claves residenciales. Recientemente se ha anunciado la construcción de una mega ciudad que estaría abarcando más de 412 manzanas en el centro de un área de amortiguamiento ambiental en el distrito de San Alejo, en el oriente de El Salvador. Se le han nombrado ‘Ciudad Salud’. Y en la franja costera marina, se pretende desarrollar todas las iniciativas hoteleras, es decir, todo un proceso de turistificación”, detalla el activista. En esta entrevista con RFI a su paso por París, Ángel Flores denunció la ley que permite la reactivación de la minería metálica en el país centroamericano. “En marzo del año 2025, realizamos una denuncia porque existían ya indicios de actividad minera en el norte del departamento de la Unión por parte de efectivos o personal del Estado salvadoreño”, indica el activista. Flores alerta habló también sobre los impactos del desarrollo de los corredores turísticos Surf City 1 y 2, un proyecto del gobierno para estimular el turismo internacional en las playas salvadoreñas. “Los Surf City son zonas económicas especiales fácticas que están desarrollando. En estos territorios se está impulsando un proceso acelerado y agresivo de turistificación y por ende de gentrificación. Estos territorios han sido habitados ancestralmente por comunidades indígenas, principalmente de ascendencia lenca ulúas y que actualmente están siendo amenazadas de despojo de sus tierras. Solamente en el oriente de El Salvador estamos hablando que son más de 18 comunidades las que están siendo amenazadas ante ese proceso de despojo. A nivel nacional son más de 62 en toda la franja costera marina”, denunció Flores. Escuche la entrevista completa aquí:

  6. Jun 15

    La activista mapuche Moira Millán presenta en París su novela 'telúrica'

    RFI recibe a la activista mapuche Moira Millán durante su gira en Francia para presentar la edición francesa de 'El tren del olvido'. La novela mezcla saga familiar, historias de amor y lucha del pueblo mapuche contra el colonialismo en argentina. En esta entrevista, Millán aborda la crisis ecológica, el feminismo occidental, la trágica historia de los mapuches expuestos en zoológicos humanos en París así como la resistencia contra la ley de glaciares en Argentina. ¿Cómo habitar la tierra de forma pacífica sin destruirla? A esta pregunta urgente en estos tiempos de crisis ecológica, la líder mapuche Moira Millán responde llamando a la revolución "telúrica", es decir, a reconectar con el medioambiente para dejar atrás el capitalismo, el colonialismo y el racismo. Millán, quién vive en una comunidad mapuche en el sureste de Argentina, en tierras recuperadas, se define como una weychafe, una guerrera en mapudungun, el idioma mapuche que se habla en ambos lados de la Cordillera de los Andes. Una guerrera que defiende la tierra, el territorio y también la cultura, la memoria de su pueblo y el idioma. Además de liderar movimientos sociales para la defensa del territorio, Moira Millán es autora de un ensayo – ‘Terricidio’– y de una novela titulado ‘El tren del olvido’, cuya versión acaba de ser publicada en francés. RFI la recibió durante su gira en Francia para presentar la edición francesa de esta novela apasionante que mezcla saga familiar, historia de amor y la resistencia del pueblo mapuche contra el colonialismo del estado argentino. RFI: Usted viajó desde el Puel Wallmapu -la Patagonia en mapudungun- para presentar en París su libro “El tren del olvido”, que acaba de salir en francés. Esta novela es un ejercicio de memoria sobre el pueblo mapuche, con el despojo y el desplazamiento del pueblo mapuche como telón de fondo, a través de cuatro generaciones. ¿Por qué haber elegido este título El tren del olvido? Moira Millán: El tren significó el progreso, la llegada de la “civilización” y con él el despojo territorial, la invasión a nuestro territorio. Y este tren es una metáfora de los espejitos de colores que todo el tiempo nos venden los distintos gobiernos de turno, con políticas que pretenden sacarnos de la pobreza, traer el desarrollo, el bienestar a los pueblos. Y luego, termina sucediendo que es todo parte de una gran desilusión. El tren del olvido es eso: es confrontar la memoria, el pasado y entender que muchos de los interrogantes que hoy tenemos tienen su respuesta en lo que nos sucedió antes. Y el ferrocarril, que fue muy significativo para nosotros, terminó después, en la década del 90, con el gobierno de Menem, desapareciendo. Ese símbolo que era el ferrocarril también después sucumbió frente al neoliberalismo. El tren del olvido es un revisionismo histórico y es una lucha contra la desmemoria de los pueblos. Escuche el audio de la entrevista: RFI: ¿Se inspiró en alguna forma de la historia de su propia familia para tejer esta novela? Moira Millán: Sí, de hecho, mi abuelo puso las vigas del tren, las vías. Tuvo un accidente ahí. Mi padre fue maquinista. Mis tíos trabajaron en el ferrocarril. Y mi sueño era ser ferroviaria hasta que Menem privatizó. RFI: En este libro usted alude a un episodio trágico de la historia mapuche: la captura de varios mapuches que fueron deportados aquí a París, a Francia, para ser exhibidos en un zoológico humano. Moira Millán: Esa es una página triste de la historia, lamentablemente real. No solamente fueron traídos mapuches y tehuelches, sino también otros pueblos indígenas. Y en esta exotización de la vida y de las personas que habitábamos otros confines de la tierra, se intentó hacer un espectáculo de estos pueblos y por supuesto, contra su voluntad fueron traídos y exhibidos para la gran feria de ciencia que se hizo aquí en París. Era parte, digamos, del entretenimiento en condiciones inhumanas. Muchos de ellos murieron en el camino. RFI: Esta novela es también la de un encuentro. Hay un personaje de un inmigrante irlandés y una mujer mapuche. ¿Cómo surge este personaje irlandés? Moira Millán: Hay una la analogía de los pueblos que resisten en el mundo. El pueblo irlandés es un pueblo tan lejano a nuestra territorialidad, sin embargo, enfrentó un enemigo común que era la Corona británica. Durante mucho tiempo, más de un siglo, la Corona británica poseyó prácticamente la Patagonia. El trazado del ferroviario se hizo en función de los intereses económicos de los ingleses y tenían mano de obra esclava, que éramos todos nosotros, los pueblos indígenas, con el aval y la complicidad del gobierno argentino. Entonces, hago una analogía de la lucha de los irlandeses por su libre determinación con la lucha mapuche contra esa colonialidad que iba tomando los territorios y tomando su vida. En un punto histórico tan adverso, de tanta complejidad, se encuentran dos personas que aparentemente vienen de mundos muy diferentes, pero logran enamorarse y encontrarse en el sentido más profundo y absoluto de su humanidad. RFI: Efectivamente, es una novela también de amor, de luchas, de luchas históricas, de luchas sociales, de guerras. En esta novela también rescata usted la cultura mapuche, su lengua. Encontramos muchas palabras del idioma del mapudungun en el relato. Es un encuentro también con las creencias, sus ritos y los vínculos con la tierra. ¿De qué manera las culturas tradicionales de Latinoamérica podrían o pueden ser clave para salvarnos de la crisis ecológica? Moira Millán: Yo creo que frente a la crisis civilizatoria hay muchas respuestas en la defensa de una cosmovisión que establece el cosmocentrismo. Es decir, cómo nos relacionamos en amorosidad, en reciprocidad, y con total y absoluto respeto hacia todas las formas de vida y los modos de habitar el mundo. Creo que los pueblos indígenas hemos logrado, a pesar de todo y a pesar de una colonización y un genocidio, salvaguardar esos principios, ese legado de nuestros ancestros, nuestras ancestras. Es posible, me parece, hoy en plena crisis civilizatoria. Entonces, con la memoria telúrica de los pueblos, poner en diálogo no solamente estos mandatos que hemos recibido como pueblos indígenas, sino también los sueños que vamos tejiendo con las sociedades criollas que al igual que nosotros, quieren volver a vincularse con la tierra de manera respetuosa, armoniosa. Creo que estamos en un punto muy crítico de la humanidad y que la misma tierra, que para mí siempre digo que es el sujeto político social emergente, hoy ya no es la clase obrera. Cada vez se va tecnificando más la industria, cada vez hay menos obreros. Ni siquiera te diría los movimientos feministas. Hoy, el emergente político social es la tierra. Es la tierra la que nos está uniendo, es la tierra que va urdiendo una estrategia de lucha por la vida. RFI: Usted se define como una weychafe, una guerrera. ¿Qué es lo que defiende? Moira Millán: Defiendo la vida en todas sus formas. Defiendo la memoria, defiendo el vínculo sagrado con la tierra y lucho contra ese antropocentrismo, ese capitalismo desmedido, cruel. Entonces, la idea de poder utilizar herramientas como la literatura, que, lamentablemente, por lo menos en Argentina, es absolutamente racista, supremacista, es el bastión de la blanquitud. De repente, una voz indígena, poniendo su pluma ahí, poniéndole palabras a la memoria, poniéndole palabras a la lucha, volviendo a re-existir a través de la escritura, es un desafío que no tiene precedentes. Yo venía contando a mis compañeras que soy la primera novelista indígena en ser publicada en Argentina y espero que haya muchas más. RFI: ¿Qué tanto se difundió su libro en Argentina? Moira Millán: De hecho, este libro en Argentina fue saboteado, perseguido, censurado. Ese libro no se consigue en Argentina. Figura como agotado, pero nadie lo tiene. Entonces es un honor y una alegría que pueda publicarse en Francia. A mí, como mujer mapuche, como escritora, me cuesta muchísimo no solamente publicar, escribir y luego que se sostenga la difusión de mi libro. ‘Terricidio’, que es otro libro que he escrito, también pasó por un proceso de persecución. Incluso un juez de la justicia argentina quería declararlo material terrorista. Obviamente, no tenía ningún tipo de asidero semejante acusación y quedó sin efecto. Pero logró, por ejemplo, que el Gobierno de la Provincia de Chubut lo censure dentro de la provincia. RFI: Usted llama a restablecer la armonía, nuestra armonía entre la comunidad humana y la naturaleza, y hablar y acabar con el “terricidio”, el título de su ensayo. ¿Cómo podría traducirse políticamente esta idea de mantener un vínculo con lo vivo un poco más equilibrado? Moira Millán: Primero, el entendimiento, la comprensión de que todas las vidas se ensamblan, todas las vidas importan y todas las formas de vida son necesarias. Entonces, a veces luchamos y ponemos el énfasis en la protección de los ecosistemas tangibles, pero sin embargo se llevan adelante cacerías de referentes indígenas que protegen esos ecosistemas y ciertos sectores ambientalistas no ponen el grito en el cielo por eso. Y nosotros decimos que cada vez que desaparece un elemento de la naturaleza, desaparece con él un elemento de nuestra cultura y viceversa. Es decir, que es tan importante la preservación de los ecosistemas como la preservación de los ecosistemas intangibles, de lo cultural. Entonces, “terricidio” es toda esa forma de agredir la vida que encontró el sistema y se enlaza con la desaparición de los cuerpos, territorios diversos, es decir, cuando se comete travesticidio, cuando se comete feminicidio, eso también es terricidio. ¿Cómo se combate el terricidio? Primero poniéndole nombre y apellido a ese mal para poder extirparlo. Creemos que alg

  7. Jun 10

    La extraña odisea de una ballena que cruzó el planeta de Brasil a Australia

    Las ballenas jorobadas aún no han develado todos sus misterios. Sabemos que estos cetáceos recorren miles de kilómetros para aparearse en aguas cálidas. Pero recientemente, una investigadora ecuatoriana detectó que dos ballenas se desviaron de su ruta migratoria para recorrer al menos 14.000 kilómetros. Esta semana en ‘Vida en el planeta’ les contamos la fascinante migración de dos ballenas jorobadas que fueron observadas en dos puntos del planeta inusualmente alejados. Estos cetáceos de hasta 15 metros y que pesan entre 30 y 40 toneladas recorren cada año miles de kilómetros entre las aguas frías de la Antártida, donde se alimentan , y las aguas tropicales, donde dan a luz y se reproducen. Estas rutas son conocidas. Sin embargo, científicos descubrieron recientemente un caso curioso: una ballena fue fotografiada en las costas de Australia y 12 años después en las costas de Brasil a más de 14.000 km de distancia. Algo que jamás se había registrado. En conversación con RFI, la bióloga marina ecuatoriana Cristina Castro, directora de la Fundación Ballenas del Pacífico, Pacific Whale Ecuador, autora de un artículo científico sobre este dato inédito, aborda las hipótesis que podrían explicar este extraño recorrido, la herramienta de inteligencia artificial que permite monitorear la población de ballenas a escala global, así como los impactos del cambio climático en las reservas de krill, alimento esencial de los cetáceos. También conversamos sobre las exitosas políticas de conservación tras la casi extinción de las ballenas en el siglo XX.

  8. Jun 1

    El Corredor Interoceánico "no beneficia a las comunidades locales", alerta activista mexicano

    De paso por París, el activista mexicano Carlos Beas Torres, veterano de la defensa del territorio en el Istmo de Tehuantepec, conversó con RFI sobre los impactos del megaproyecto de corredor interoceánico. El activista denuncia los impactos sociales y ambientales de este corredor industrial y logístico que el gobierno mexicano presenta como una alternativa al Canal de Panamá. Es uno de los grandes proyectos impulsados por la administración pasada del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en 2019. Con el Corredor Interoceánico, las autoridades mexicanas prometen empleos, transporte moderno por tren, viviendas y desarrollo industrial. El corredor logístico e industrial, cuyas obras deberían concluir este año, incluye vías navegables, cuatro puertos, un ferrocarril interoceánico, instalaciones energéticas y 14 polos industriales entre la costa del Pacífico mexicano y la Costa Atlántica. El objetivo, a largo plazo, será transportar 1,4 millones de contenedores por tren de una costa a otra, facilitando la circulación de bienes entre Asia, la costa oeste de Estados Unidos y Europa. El gobierno mexicano pretende así abaratar los costos del traslado de mercancías y convertir al país en un nuevo polo del comercio internacional y convertirse en una alternativa al Canal de Panamá. Varias comunidades locales que defienden el territorio, sin embargo, aún no han recibido los beneficios prometidos por el proyecto y denuncian el acoso de las autoridades y de la delincuencia organizada. Organizaciones indígenas denuncian incluso un proyecto impuesto con violencia y con impactos ambientales negativos. De esto conversamos con Carlos Beas Torres. El activista mexicano y dirigente de la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo de Tehuantepec (UCIZONI), por donde pasa el Corredor Interoceánico, pasó por París en el marco de una gira europea de tres meses. RFI: Usted está de gira aquí en París, Francia, en un contexto de amenazas contra su organización. Incluso usted fue personalmente atacado por hombres armados hace unos meses. ¿Por qué viene a alertar a los europeos sobre este proyecto de desarrollo en México? Carlos Beas Torres: El corredor interoceánico del Istmo de Tehuantepec es un megaproyecto transnacional. Es una gran inversión en una primera etapa dedicada a la modernización de la infraestructura de comunicaciones, puertos, vías de ferrocarril, carreteras y que busca ser una alternativa a la crisis que está viviendo ya el Canal de Panamá. Al significar modernización de ferrocarril y de carreteras, se ha venido sufriendo un proceso de despojo de tierras y de daños ambientales. Hay zonas donde han sido derribados muchos árboles con el fin de ampliar los espacios para la vía del ferrocarril o de la carretera. En nuestro caso, [en el Istmo de Tehuantepec], donde vivo, en Rincón Viejo hay familias que han sido desalojadas de sus viviendas y estamos sujetos a un proyecto que tiene control militar. Es una de las características que tienen los megaproyectos en el sur de México, que han sido asignados a militares. Pero no solamente son manejados por militares, sino que nuestra zona ha pasado a ser escenario de una presencia creciente de delincuencia organizada, lo cual tiene un alto contenido de violencia. RFI: En la región del Istmo, por ejemplo. ¿Qué se va a construir en relación con este proyecto? Carlos Beas Torres: Uno de los problemas es que no hay información pública. Se ha violado ese derecho a la información y la parte que ya está avanzada de lo que corresponde a la ampliación de carreteras, de ferrocarriles y de puertos, esa es una etapa del proyecto que ya está en proceso de conclusión. Sin embargo, hay una nueva etapa que es la de la industrialización. Se plantea la operación de diez parques industriales, en algunos destinados a la generación de energía, como en el caso de Ixtepec, donde hay una empresa danesa llamada Helax, está planteando construir una gigantesca planta para producir hidrógeno verde. También existe una empresa canadiense llamada TC Energy que está construyendo un gasoducto que ya llegó al Istmo de Tehuantepec y trae gas desde Texas Sin embargo, el problema más fuerte que hemos tenido en los últimos 25 años ha sido la construcción de 29 parques eólicos en la región. Pero no son como los parques eólicos que conocemos en muchos lugares donde hay un aerogenerador aquí, otro más allá. En Tehuantepec, hablamos de casi 2000 aerogeneradores en una superficie de 18.000 hectáreas. Es decir, hay toda una zona ocupada por aerogeneradores propiedad de empresas europeas, en particular españolas, francesas, danesas y algunas norteamericanas. RFI: El Gobierno mexicano promete que este proyecto generará empleos y bienestar. ¿Por qué no cree en estas promesas? Carlos Beas Torres: Todos los gobiernos tratan de justificar esos megaproyectos y prometen empleos y bienestar. Es como la forma de buscar la aprobación social. Sin embargo, el proyecto está diseñado para atender intereses transnacionales. En qué nos beneficia que nuestro territorio sea cruzado por ferrocarriles cargados de containers? ¿En qué nos beneficia a nosotros la instalación de parques eólicos cuando nuestras comunidades no tienen electricidad? ¡No hay beneficios locales! RFI: Cuando dice que no hay electricidad en la región, ¿qué quiere decir exactamente? ¿tienen un acceso limitado o nulo a la luz? Carlos Beas Torres: En nuestra región, hay comunidades que no tienen acceso a la energía eléctrica. Son pocas, pero las hay. Lo que más ocurre es de que el servicio con el que contamos de energía eléctrica es de muy mala calidad. Todos los días hay apagones, tenemos problemas por la falta de mantenimiento y por la falta de inversión. Entonces vemos que hay una inversión de 3 mil millones de dólares para producir electricidad destinada a atender las necesidades de las grandes empresas. Pero nuestras comunidades no reciben beneficios. Voy a poner un ejemplo. Cuando se inició el gran megaproyecto eólico en el Istmo de Tehuantepec se prometían muchos empleos, lo cual ha sido completamente falso. Uno de los empleos que sí existe es el de las personas que son contratadas para levantar las aves que mueren por las aspas de los aerogeneradores. Entonces lo que nos preocupa mucho es de que no hay una atención a las necesidades de la población regional, no hay una atención a la cultura de los pueblos de la región, no hay una un respeto por la naturaleza, por la Madre Tierra. Entonces para nosotros es un proyecto de muerte que ha sido implantado muchas veces con violencia y con engaños en nuestra región. RFI: Usted mencionaba que algunos habitantes de Petapan fueron expulsados, obligados a vender sus terrenos. ¿Cómo ocurrió? Carlos Beas Torres: El proyecto, como he comentado, está militarizada la región y han estado entrando soldados de la Secretaría de Marina, armados, a las comunidades, diciéndole a la gente que se tiene que retirar sin contraprestación, es decir, ‘te tiramos tu casa y te vas’. Es un acto muy arbitrario y ha sido el motivo principal de la lucha de resistencia de la organización con la que participo. Y resulta que las personas que se han opuesto a que sus viviendas sean derribadas, han sido criminalizadas, están sujetas a proceso penal por “ocupación de terrenos nacionales”. El pretexto ahora es que esos terrenos de manera arbitraria han sido considerados propiedad del Estado. Tenemos el caso de los vecinos de Mogoñé Viejo, vecinos de Donají, de Estación Sarabia,  de diferentes poblaciones indígenas del Istmo de Tehuantepec, que han sido eh vinculados a procesos penales por oponerse al despojo de sus tierras. RFI: Ustedes han denunciado también los impactos ambientales de esta megainfraesctructura. Carlos Beas Torres: El Istmo de Tehuantepec es una de las regiones del mundo con mayor biodiversidad. Ahí se concentra el 8% de la biodiversidad mundial. Hay trazos de este ferrocarril que han generado graves impactos en la zona de Unión Hidalgo, que es una zona cercana a la costa del Pacífico. Para la ampliación del ferrocarril se han derribado más de 10.000 árboles. Algunos de esos árboles están protegidos por las normas oficiales porque están en peligro de extinción. En México no se puede cortar mangle y han arrasado con mangle. También han afectado humedales y han afectado arroyos. Entonces, sí hay una afectación fuerte ambiental. Sin embargo, como son proyectos prioritarios para el gobierno de México está exento de presentar un estudio de impacto ambiental. RFI: México es uno de los países más peligrosos del mundo para los defensores de la tierra, del territorio, de la naturaleza. Nos contaba que varios compañeros suyos de lucha fueron asesinados. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Carlos Beas Torres: Precisamente a raíz de la ejecución de obras de este megaproyecto, con la llegada de las empresas constructoras, éstas llegaron acompañadas de grupos de la delincuencia organizada, lo que llamamos los cárteles. Y estos cárteles venden seguridad a las empresas. Y una forma de seguridad es lo que ellos llaman “limpiar la plaza”, liberar el territorio. Y eso significa desplazar población. Eso significa amenazar y eliminar también a los opositores de estas empresas, a los opositores del megaproyecto. Y en efecto, en nuestra región han sido asesinados varios compañeros indígenas y algunos de nosotros hemos sufrido ataques directos y constantes, constantes amenazas, lo cual incluso nos obligó en febrero y marzo del año pasado a cerrar nuestras oficinas ante el riesgo de un ataque violento. RFI: Usted mismo fue atacado hace unos meses. Carlos Beas Torres: Fue el 17 de enero de este año del 2026. Tuvimos un ataque en carretera, lo cual nos obligó a salir del país. Pero en marzo, los días 19 y 20 de marzo de este año, nuestr

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"Vida en el planeta" es la cita semanal de Radio Francia Internacional dedicada al medioambiente. Aquí hablamos de las amenazas que pesan sobre nuestro planeta: calentamiento global, especies en peligro de extinción, deforestación y contaminación. Les proponemos también explorar soluciones sostenibles e ideas innovadoras para preservar los ecosistemas.

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