La ruta del dinero

elEconomista

La inversión es uno de los viajes más apasionantes que se puede y debe emprender en la vida. Nos conduce a destinos tan increíbles como inseguros, y por esa obligación y necesidad de saber dónde nos adentramos queremos decubrir el mapa del dinero, el mapa de las oportunidades y riesgos. Acompáñanos para enfrentarte a esas decisiones tan importantes que deben permitir que nuestro ahorro crezca en relación a los objetivos que nos hemos marcado.

  1. Cómo generarte una renta con fondos de inversión de reparto: la alternativa a los dividendos

    6D AGO

    Cómo generarte una renta con fondos de inversión de reparto: la alternativa a los dividendos

    💶La búsqueda de ingresos periódicos vuelve a situar a los fondos de inversión con reparto de dividendos en el radar de los inversores europeos. Frente a la renta fija tradicional y a las carteras clásicas de acciones, estos productos ofrecen flexibilidad en activos, frecuencia de cobro y niveles de rentabilidad. 🏦En un contexto en el que el bono gubernamental europeo apenas supera el 3% de rentabilidad, los fondos de inversión con reparto de dividendos resurgen como una herramienta cada vez más utilizada por los ahorradores que buscan generar rentas periódicas sin asumir necesariamente el 100% del riesgo de la renta variable. Así lo ponen de manifiesto Joaquín Gómez, director adjunto de elEconomista.es, y Fernando Luque, editor senior de Morningstar, con diversas propuestas para “crearse una renta” a través de fondos. 🌱Tradicionalmente, el dividendo ha sido territorio casi exclusivo de las acciones, especialmente en Europa, donde el inversor, y el español en particular, muestra una clara preferencia por la retribución periódica. Sin embargo, los fondos de inversión permiten ir un paso más allá: existen clases de reparto en prácticamente todas las categorías, desde renta fija y fondos mixtos hasta renta variable europea, americana o emergente. Como muestra de la variedad disponible, Luque destaca tres fondos de reparto denominados en euros, con distintas frecuencias y niveles de rentabilidad: Ubs European High Dividend -EUR- P-Dist LU0566497516 Se trata de un fondo de alto dividendo con sesgo hacia el sector salud, reparto anual y una rentabilidad cercana al 2,8% en los últimos 12 meses, priorizando la calidad de la cartera frente al dividendo máximo. Este fondo no lo ha hecho extremadamente bien, porque claro, como está infraponderado en el sector financiero, pues eso le ha marcado en cuanto a la rentabilidad. Fidelity European Hi Yld E-Md-EUR LU0718468068 Un fondo de Fidelity con reparto mensual y una rentabilidad por dividendo en torno al 4,5%, orientado claramente a la generación de ingresos recurrentes. Y en euros, para estar cubierto ante los costes por el cambio de divisa. M&G (Lux) Em Mkts Bd A H EUR Inc LU1670631362 Un fondo de M&G que reparte dividendos semestrales y ha ofrecido cerca de un 7,3% anual, beneficiándose del buen comportamiento de los mercados emergentes en un entorno de dólar débil. La recomendación común es clara: evitar clases denominadas en dólares si el objetivo es generar rentas periódicas, para no asumir costes recurrentes por cambio de divisa, especialmente en fondos con reparto mensual.

    33 min
  2. Japón reaparece como amenaza global: el gran cisne negro financiero

    JAN 29

    Japón reaparece como amenaza global: el gran cisne negro financiero

    Japón ha vuelto al centro del radar de los mercados financieros internacionales. Lo que durante décadas fue sinónimo de tipos de interés cero, deflación y rentabilidades inexistentes empieza a cambiar de forma abrupta, con implicaciones que van mucho más allá de Tokio. El detonante: el bono japonés a diez años, que en apenas un año ha pasado de ofrecer en torno al 1% a superar con claridad el 2%, alcanzando el 2,20%, un movimiento inédito en la historia reciente del país. Este giro altera uno de los pilares sobre los que se ha sustentado el sistema financiero global en los últimos años: el carry trade con el yen. Durante décadas, los inversores internacionales se han endeudado en moneda japonesa —barata y estable— para invertir en activos más rentables en Estados Unidos o Europa. Pero un bono japonés que ya paga más del 2% cambia por completo las reglas del juego. Japón es uno de los mayores exportadores de capital del mundo. Sus inversores colocan fuera del país cerca de cuatro billones de dólares, principalmente en renta fija estadounidense y europea. Mientras el diferencial de tipos siga siendo amplio —el bono estadounidense sigue ofreciendo alrededor de un 4,2%—, el atractivo no desaparece del todo, pero se reduce de forma significativa. El riesgo no está tanto en una venta masiva de bonos del Tesoro estadounidense por parte de Japón —escenario que los expertos consideran poco probable, dado su papel como aliado estratégico de Washington— como en un ajuste gradual que vaya drenando demanda de deuda en otros mercados. En Europa, ese efecto ya empieza a notarse: las expectativas de rentabilidad de los bonos han repuntado y el bono alemán podría acercarse al 3% por primera vez desde 2011, encareciendo la financiación de los Estados. El yen, en el centro de la tormenta La otra gran derivada es la divisa. El debilitamiento del yen ha sido clave para sostener el carry trade, pero en las últimas semanas el mercado ha asistido a un freno abrupto de su depreciación frente al dólar, justo cuando el cruce rozaba los 160 yenes por dólar. Todo apunta a una intervención —directa o indirecta— para sostener la moneda nipona, con la participación del Tesoro estadounidense. A Estados Unidos no le conviene un yen excesivamente débil: abarata las exportaciones japonesas, especialmente en sectores sensibles como el automovilístico, y complica la estrategia de la Administración estadounidense para reducir el déficit comercial. Un yen más fuerte, además, actúa como freno natural al carry trade y obliga a muchos inversores a cerrar posiciones, vendiendo activos en dólares para recomprar yenes. Paradójicamente, el repunte de las rentabilidades golpea con fuerza al propio Japón. Con una deuda pública que ronda el 250% del PIB, cada subida de un punto porcentual en el bono a diez años supone un fuerte impacto sobre las finanzas públicas. El Banco de Japón, principal comprador de deuda soberana, acumula importantes pérdidas latentes, especialmente en los tramos largos, como el bono a 40 años, muy sensible a las subidas de tipos. El trasfondo es político. Japón ha dejado atrás la deflación crónica y ha registrado episodios de inflación por encima del 3%. A ello se suma un ambicioso plan fiscal, valorado en unos 140.000 millones de dólares, que incluye ayudas directas y recortes de impuestos de cara a las próximas elecciones. Una combinación que inquieta a los “vigilantes de los bonos” y explica la presión al alza sobre las rentabilidades. Fondos de inversión: renta fija sí, pero con cautela Para el inversor particular, Japón sigue siendo un terreno complejo. La renta fija japonesa continúa ofreciendo retornos modestos y un elevado riesgo de pérdidas si los tipos siguen subiendo. Algunos expertos solo ven sentido a productos monetarios a muy corto plazo en yenes, más como apuesta a una apreciación de la divisa que por la rentabilidad del cupón, todavía por debajo del 1%. En renta variable, el panorama tampoco es claro. El Nikkei ha superado con fuerza los máximos históricos de los años 80 y cotiza con múltiplos elevados —PER de 18-19 veces— comparables a los del mercado estadounidense, pero sin liderar el crecimiento global ni el boom de la inteligencia artificial. Además, existe un patrón inquietante: en grandes crisis recientes, el Nikkei ha tendido a marcar máximos antes que Wall Street, actuando como un posible indicador adelantado de correcciones globales. Japón, durante años relegado en las carteras internacionales, vuelve así a escena como posible foco de inestabilidad. Un bono al 2,2% puede parecer modesto desde una óptica occidental, pero para un sistema financiero acostumbrado a tipos cero en Japón, el cambio es profundo. Si las rentabilidades siguen escalando, el impacto se sentirá en divisas, en los mercados de deuda y, en última instancia, en la economía global. El “gran cisne negro” que muchos inversores daban por descartado vuelve a nadar en aguas internacionales. Y esta vez, los mercados ya no miran hacia Japón con indiferencia.

    28 min
  3. La invasión china de Taiwán, el cisne negro que los mercados aún no han descontado

    JAN 15

    La invasión china de Taiwán, el cisne negro que los mercados aún no han descontado

    Mientras los mercados financieros arrancan 2026 instalados en una sorprendente calma, el tablero geopolítico se reordena a una velocidad que recuerda más a una partida de ajedrez de alto riesgo que a un ajuste gradual del orden mundial. Estados Unidos, China y Rusia parecen repartirse zonas de influencia con una naturalidad inquietante, mientras Europa observa desde la barrera, cada vez con menos peso estratégico. En ese contexto, hay un escenario que los analistas empiezan a señalar como el auténtico cisne negro global: una invasión china de Taiwán. A diferencia de otros conflictos recientes —la guerra de Ucrania, la intervención estadounidense en Venezuela o incluso las tensiones en Groenlandia e Irán—, los mercados bursátiles han demostrado una capacidad casi asombrosa para mirar hacia otro lado. Las bolsas globales apenas reaccionaron a la invasión rusa de Ucrania; el verdadero impacto se concentró en las materias primas, especialmente en la energía. Hoy, el petróleo vuelve a moverse en un rango relativamente bajo, favorecido por la estrategia de Donald Trump de forzar una energía barata para contener la inflación y allanar futuras bajadas de tipos de interés. Pero Taiwán es otra historia. El consenso del mercado suele reducir Taiwán a un único nombre: Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). No es para menos. Un control chino sobre la mayor fundición de chips del mundo supondría un golpe directo al corazón del sector tecnológico global, afectando desde Nvidia hasta el conjunto de la cadena de valor de la inteligencia artificial. A diferencia de otros choques geopolíticos, aquí sí habría un impacto inmediato y visible en las bolsas, especialmente en el Nasdaq. El verdadero cisne negro Pero ese no es el verdadero cisne negro. El riesgo sistémico más profundo no está en los chips, sino en el mercado de deuda estadounidense. Taiwán es, de forma poco conocida, un gran tenedor de bonos del Tesoro de Estados Unidos. No a través de su banco central —por eso no aparece en los rankings habituales—, sino mediante aseguradoras y ahorradores privados. Es un mercado con una elevada penetración del ahorro financiero en deuda estadounidense. En caso de una invasión china, el comportamiento de estos inversores sería radicalmente distinto al de un banco central. No habría ventas ordenadas ni estratégicas. Habría pánico. Venta inmediata, sin mirar precios, para proteger el patrimonio ante un escenario de guerra. Justo lo contrario de lo que los mercados esperan en una crisis geopolítica, donde el refugio natural suele ser precisamente el bono americano. El día que el activo refugio deje de serlo Ese es el núcleo del cisne negro: una crisis en la que los inversores no compran bonos del Tesoro, sino que los venden de forma masiva. No se trataría de un colapso estructural —siempre hay comprador para la deuda estadounidense—, pero sí de una dislocación violenta y puntual en precios, con subidas abruptas de rentabilidades y contagio a divisas asiáticas, mercados emergentes y, por extensión, a los activos de riesgo globales. El paralelismo histórico más cercano no está en 2022, cuando bonos y bolsas cayeron a la vez por culpa de la inflación, sino en la crisis asiática de 1997. Aquella estampida de capitales acabó desembocando, un año después, en la quiebra del hedge fund LTCM y obligó a una intervención coordinada de los grandes bancos centrales. Un escenario que los mercados actuales, centrados en el crecimiento de beneficios y el rally de la inteligencia artificial, simplemente no están descontando. La sensación de fondo es que las grandes potencias actúan con una tácita aceptación mutua. Estados Unidos asegura su patio trasero en América Latina y busca recursos en Groenlandia y Argentina. Rusia consolida posiciones clave en Ucrania, ricas en tierras raras y uranio. China observa, paciente, mientras amplía su influencia en Asia-Pacífico y África. En ese reparto implícito, Taiwán aparece como la pieza que aún no se ha movido… pero que todos miran. Las referencias explícitas de Xi Jinping a la isla en su discurso de inicio de año no han pasado desapercibidas entre los analistas más atentos. Tampoco el hecho de que, hasta ahora, ni Washington ni Bruselas parezcan dispuestos a escalar el tono más allá de lo retórico. Mercados fuertes… hasta que dejan de estarlo Por ahora, el mercado manda un mensaje claro: crecimiento de beneficios del 14% en Estados Unidos para 2026, flujos récord hacia ETFs de renta variable, petróleo barato, desinflación y expectativas de bajadas de tipos. Todo ello actúa como combustible para prolongar el ciclo alcista, al menos durante el primer semestre del año. Pero los cisnes negros no avisan. Y cuando llegan, no lo hacen por el canal que el consenso espera. Si China cruza el estrecho de Taiwán, el shock no vendrá solo de los semiconductores ni de la tecnología. Vendrá de un lugar mucho más profundo y sensible: el mercado de bonos estadounidense, pilar del sistema financiero global. Ese día, el activo refugio podría dejar de serlo, aunque solo sea por un instante. Y con eso bastaría para que la “calma tensa” actual se transforme en un auténtico tsunami financiero. Materias primas Y mientras los inversores siguen debatiendo si el rally de la inteligencia artificial está cerca de su madurez o si aún le queda recorrido, una tendencia mucho más profunda y estructural avanza en segundo plano: la reconfiguración global de las materias primas. No se trata de un movimiento coyuntural ni de una moda especulativa. Es, en palabras de algunos analistas, una auténtica “tercera guerra mundial”, no militar, sino económica, librada a golpe de petróleo, litio, cobre, uranio y tierras raras. Y como suele ocurrir en los grandes cambios de ciclo, las materias primas están empezando a anticiparse antes que las bolsas. Y cuando un activo ya ha adelantado a la realidad, es más complicado invertir. Y ahora las materias primas y las compañías mineras crecen con una curva parabólica. Lo más adecuado, seguramente, fuese esperar a un recorte para entrar ahora en este tipo de inversiones. Pero, para quién quiera hacerlo ahora, contamos con el consejo de Joaquín Gómez, director adjunto de elEconomista.es, y Fernando Luque, editor senior de Morningstar, que destacan cuál sería el fondo más adecuado para hacerlo. Vontobel Commodity H Hedged (LU0415415636) Este fondo, además, tiene la divisa cubierta. Y hace una gestión activa, que es clave para aprovechar las inversiones en materias primas. Un 35% de su cartera está en metales preciosos, y otro 30% en energía. Por último, hay que destacar que hace una gestión del rollover de los futuros.

    38 min
  4. Las lecciones de un año brillante para los mercados con España como protagonista

    12/18/2025

    Las lecciones de un año brillante para los mercados con España como protagonista

    A menos de diez sesiones para cerrar el ejercicio, los mercados financieros se preparan para echar el telón a un 2025 que ya puede calificarse, sin matices, como un año excepcional para la renta variable. Y si hay un mercado que destaca por encima del resto, ese es el español. El Ibex 35 encamina el cierre del ejercicio con una revalorización superior al 40%, lo que lo sitúa como el segundo mejor año de su historia, solo por detrás del mítico 1993, cuando la bolsa española llegó a subir más de un 50%. Pero más allá del dato absoluto, hay un hito que subraya el carácter extraordinario de 2025: la bolsa española ha logrado la mayor rentabilidad relativa frente al EuroStoxx desde que existen registros históricos, con una diferencia superior a los 30 puntos porcentuales. España no solo ha brillado en el contexto europeo, sino también a escala internacional. Dentro de los grandes mercados desarrollados, ha sido el más rentable del G20, solo superado por Corea del Sur y, en Europa, por un mercado de menor peso como el griego. En términos comparables, el parqué español ha sido uno de los grandes vencedores del año. Sin embargo, el espectacular comportamiento del Ibex contrasta con una realidad difícil de ignorar: el inversor español ha dado la espalda a su propia bolsa. Los datos de flujos son contundentes. En los últimos cinco años, los fondos de renta variable española han registrado salidas netas en 50 de los últimos 60 meses. Y noviembre de 2025 ha marcado casi un récord, con reembolsos netos superiores a los 220 millones de euros. La paradoja es mayor si se tiene en cuenta que el Ibex ha sido uno de los pocos índices capaces de seguir el ritmo del Nasdaq durante varios ejercicios consecutivos. Aun así, el partícipe español ha preferido mantenerse al margen, perdiéndose gran parte de las subidas. Un comportamiento que recuerda a las clásicas estrategias de opinión contraria: las categorías más castigadas por reembolsos suelen ofrecer, posteriormente, algunas de las mejores rentabilidades. La banca, motor del rally… y aún con recorrido. El gran protagonista del año ha sido, sin discusión, el sector financiero. En un mercado claramente bancarizado como el español, el comportamiento de entidades como Santander o BBVA —que han llegado a duplicar su cotización en 2025— ha sido clave para explicar el rally. Pese a que el viento de cola de las subidas de tipos empieza a disiparse, el sector aún cuenta con argumentos de peso. La concesión de crédito en España sigue lejos de niveles considerados “normales”, lo que deja margen para una mejora adicional de los resultados. A ello se suma un entorno de tipos que, aunque con bajadas en el corto plazo, mantiene los tipos largos en niveles elevados, un escenario históricamente favorable para los márgenes bancarios. Además, el mercado sigue atento a un posible resurgir de operaciones corporativas en 2026, tras el fracaso este año de movimientos como la opa de BBVA sobre Sabadell o la de UniCredit sobre Commerzbank. Incluso desde una perspectiva de valoración, algunos análisis apuntan a que, en un escenario optimista, el sector financiero español aún podría ofrecer un potencial adicional cercano al 40%, pese al fuerte rally acumulado. Más allá del sector bancario, 2025 ha vuelto a demostrar que la bolsa española es terreno fértil para la gestión activa. Fondos de small y mid caps han batido con claridad a los índices. El Santander Small Caps acumula una revalorización cercana al 54%, frente a una media del 35% en su categoría. Otros productos destacados, como Okavango Delta o Bestinver Bolsa, también han firmado rentabilidades muy superiores al Ibex. Los gestores coinciden en señalar oportunidades en compañías castigadas pero de alta calidad, como Viscofan, Rovi, Vidrala o Celnex, que podrían protagonizar recuperaciones relevantes si el ciclo acompaña. En el plano internacional, 2025 ha sido también un gran año para la bolsa europea, especialmente desde la óptica del inversor en euros. La depreciación del dólar —en torno al 10%— ha lastrado de forma notable la rentabilidad de la renta variable estadounidense. Mientras los fondos de bolsa europea han logrado avances cercanos al 23%, la renta variable americana apenas ha ofrecido un 2% de rentabilidad media para el inversor europeo sin cobertura de divisa. De cara a 2026, no hay un consenso claro sobre una ventaja estructural de Europa frente a Estados Unidos. Las valoraciones se han equilibrado tras las correcciones en tecnología, aunque el mercado estadounidense sigue destacando por la visibilidad de beneficios y el peso del sector tecnológico, que muchos consideran clave para un posible “final de ciclo” alcista. Dentro de la tecnología, las diferencias son notables: compañías como Nvidia, Microsoft, Alphabet o Meta presentan potenciales atractivos según algunos modelos de valoración, mientras que otras como Tesla aparecen claramente sobrevaloradas. China ha cerrado 2025 con una rentabilidad media cercana al 16% en fondos de renta variable, un resultado sólido aunque por debajo de las expectativas más optimistas. Aun así, sigue siendo uno de los mercados más baratos por beneficios y con margen para hacerlo bien en 2026, apoyado por políticas monetarias expansivas. El oro ha sido otro de los grandes ganadores del año, impulsado por las compras masivas de bancos centrales, especialmente China, en un contexto de desconfianza geopolítica y búsqueda de alternativas al dólar. Aunque difícilmente repetirá un ejercicio tan espectacular, sigue contando con sólidos soportes estructurales. En renta fija, el balance es más discreto. La deuda a corto plazo ha cumplido su función defensiva, con rentabilidades cercanas al 2,5%, mientras que los tramos largos han vuelto a generar sobresaltos. El high yield ha sido la excepción positiva. De cara a 2026, el margen de mejora parece limitado salvo que se produzca un deterioro macroeconómico claro. Tras un 2025 extraordinario, el consenso es claro: el potencial existe, especialmente en la primera parte de 2026, pero los riesgos también. El deterioro gradual del mercado laboral en Estados Unidos, el posible desmantelamiento del carry trade japonés y las tensiones en la deuda pública de algunos países europeos figuran entre los principales focos de atención. La volatilidad, recuerdan los expertos, es consustancial a los mercados. Y después de un año en el que la bolsa española ha quintuplicado con creces la rentabilidad media histórica, conviene no olvidar que, tarde o temprano, llegarán los ajustes. Por ahora, el balance es inapelable: 2025 ya es historia como uno de los grandes años de la bolsa. El reto será que 2026, aunque más complejo, permita seguir brindando oportunidades a los inversores.

    40 min
  5. La IA llega a los fondos: un sueño para el inversor y una pesadilla para la industria

    12/04/2025

    La IA llega a los fondos: un sueño para el inversor y una pesadilla para la industria

    La irrupción de la inteligencia artificial está reconfigurando poco a poco el corazón de la industria financiera. En los fondos de inversión, en los que, durante décadas, la ventaja competitiva dependía del olfato del gestor y de complejos modelos estadísticos, los algoritmos empiezan a asumir tareas clave: desde el análisis masivo de datos, hasta la detección temprana de riesgos y la automatización de decisiones tácticas. El resultado es un cambio de paradigma que promete elevar la eficiencia, pero que también desafía los límites tradicionales del criterio humano en los mercados. Por otro lado, para los inversores también es ambivalente. Por un lado, la IA promete comisiones más ajustadas, estrategias más transparentes y personalizadas y una gestión capaz de reaccionar en milisegundos ante cambios que antes pasaban desapercibidos. Pero, al mismo tiempo, muchos partícipes temen que la creciente automatización diluya la rendición de cuentas de los gestores o que amplifique los movimientos bruscos cuando modelos similares reaccionan al unísono. Entre la eficiencia y el riesgo sistémico, los ahorradores observan con cautela cómo la tecnología redefine las reglas del juego. Y no es la primera vez que la tecnología revoluciona el sector de los fondos de inversión y de los mercados en general. Como recuerda Fernando Luque, editor senior de Morningstar, cuando él empezó, hace más de 30 años, las rentabilidades llegaban por fax una vez por semana. Internet ya fue una revolución, pero lo que viene con la IA es incomparable. Hoy, herramientas como ChatGPT, Gemini o DeepSeek permiten procesar información a una velocidad inasumible para cualquier analista humano.  Sin embargo, insiste en una advertencia: “No me gusta llamarla inteligencia. Todavía no lo es”. Y lo argumenta con ejemplos. Al pedir a distintas IA la rentabilidad de un fondo en un periodo concreto, obtuvo tres respuestas distintas y todas incorrectas. De momento, es un ayudante, con gran capacidad de análisis, pero está lejos de poder tomar sus propias decisiones. La clave, y donde se nota la mano humana, es en la calidad de los datos de entrada.  Uno de los ejercicios más llamativos fue pedir a ChatGPT que seleccionara tres fondos de renta variable estadounidense, aptos para un inversor español, con buena relación rentabilidad-riesgo. La IA devolvió tres fondos de calidad… pero cometió errores básicos: eligió una clase institucional inaccesible para el inversor minorista, y propuso un fondo cuyo ISIN pertenecía a Reino Unido, no disponible en España.  Cuando repitió la consulta, la IA devolvió tres fondos completamente distintos, salvo uno que coincidía. Al realizar el mismo ejercicio con Gemini, los resultados también fueron diferentes. “Esa inestabilidad es uno de los retos”, reconoce Luque. “Dos consultas idénticas pueden dar respuestas distintas”. Una de las preocupaciones planteadas es si la popularización de la IA generará una convergencia masiva hacia los mismos productos, deteriorando su capacidad de gestión. “Si todos acaban entrando en los mismos fondos porque la IA los señala como los mejores, esos fondos podrían volverse ingestionables”, advertía uno de los ponentes. Este riesgo es especialmente relevante en fondos de menor tamaño: “En small caps, el patrimonio del fondo es un criterio clave. Puedes pedirle a la IA que filtre por tamaño, pero debes indicarle cuál consideras adecuado”. Otra cosa es si la IA puede detectar irregularidades en los balances, que es uno de los méritos atribuidos a los gestores humanos. Y la realidad es que parece que sí. Después de la última publicación de resultados de Nvidia, en minutos, ya estaban circulando discrepancias contables detectadas, y esa velocidad solo es posible si lo hace la IA.  En esta línea, han hecho un experimento en China, Alpha Arena, donde le encargaron a las diferentes IA de referencia que invirtieran 10.000 euros reales en criptomonedas, con una instrucción mínima: maximizar la rentabilidad. Eligieron el mundo de las cripto porque en él es posible actuar las 24 horas del día. Los resultados fueron muy dispares, ya que unas IA fueron extremadamente prudentes, y otras afrontaron riesgos muy elevados, aunque al final todas perdieron dinero. Actualmente, están iniciando un proceso similar, pero con acciones de empresas estadounidenses. La duda ahora es cuándo llegará el primer fondo gestionado al 100% por una IA, y la sensación es que no falta mucho, porque barreras técnicas ya no hay. La cosa es si se atreverá antes uno de los gigantes de la industria, como pueden ser BlackRock o Vanguard, o si serán actores más pequeños con alma disruptiva los que den el paso. De momento parece claro que la IA no va a sustituir a los gestores, pero sí que se convertirá en una herramienta esencial. No va a tomar decisiones, pero sí que va a ser un copiloto imprescindible.

    40 min
  6. La regla del 7%: las claves para construir una cartera que duplique tu inversión cada década

    11/20/2025

    La regla del 7%: las claves para construir una cartera que duplique tu inversión cada década

    Saber construir una cartera de inversión sólida ya no es solo una opción reservada a expertos o grandes patrimonios: se ha convertido en una necesidad para cualquier ahorrador que quiera proteger y hacer crecer su dinero en un entorno económico cambiante. Entender cómo diversificar, equilibrar riesgos y planificar a largo plazo es clave para que las finanzas personales no queden a merced del azar. Construir bien una cartera es garantizar mayor tranquilidad económica mañana. Y para construir una cartera hay siempre una cifra mágica, el 7%, que es la rentabilidad que permite duplicar la inversión en una década. Y en tres décadas, permitiría convertir un euro de inversión en 8. Un efecto que demuestra que la paciencia y el tiempo son el mejor aliado de un inversor. Aunque hay que tener en cuenta que es una cifra que hay que matizar, porque hay fondos que han desaparecido por el camino, en lo que llamamos el sesgo de supervivencia.  Si miramos atrás, en los últimos 30 años, en España, hay unos 500 fondos con más de 30 años, y la mitad tienen más de un 7% de rentabilidad anual, y algunos hasta superan el 10% en ese periodo. Pero la otra mitad no lo alcanzan, lo que demuestra que no es tan fácil alcanzar esa cifra.  La gran duda, una vez que fijas un objetivo de rentabilidad, es decidir cómo diversificar la cartera correctamente. Y ahí cada experto tiene su estrategia. Elegir buenos fondos es relativamente fácil, pero elegir el mejor fondo es imposible. Con un pequeño cambio en los filtros, de rentabilidad, de volatilidad… o cualquier otro campo, las opciones disponibles cambian. Es imposible determinar el mejor fondo de una categoría, pero sí es relativamente identificar los buenos. Otra cosa es ensamblarlos todos en una cartera. También hay que tener en cuenta la aversión o la querencia por el riesgo. Los perfiles conservadores o moderados tendrán que construir carteras con más peso para la renta fija. Mientras que los agresivos tendrán que apostar más por la renta variable. Pero es conveniente ir modulando el riesgo según evoluciona la situación del mercado. Por ejemplo, ahora, con los mercados tan altos como están, la posición táctica es reducir la el riesgo y garantizar parte de lo ganado, esperando una nueva oportunidad para invertir. El reequilibrio de carteras es fundamental. Volviendo al caso actual, aunque hayas empezado tu cartera con un 50% de inversión en renta variable, con la evolución de la bolsa es probable que ese porcentaje se haya disparado. Entonces toca repensar si es lo que el inversor desea, si encaja con los objetivos iniciales o si, por el contrario, ha llegado el momento de rebalancear y volver al mix de activos original. Otro problema que se produce a veces es que el inversor tiene demasiados fondos. Y no es un problema en sí mismo, siempre que tengas clara la foto de tus inversiones. Pero lo normal cuando se tiene invertido en demasiados fondos es que se pierda un poco la noción de la cartera. Aprovechando la temática, queremos recomendar tres fondos de más de 30 años, de categorías distintas, y con una enorme rentabilidad. Para ello contamos con el consejo de Joaquín Gómez, director adjunto de elEconomista.es, y Fernando Luque, editor senior de Morningstar. Jupiter India Select (LU0946219929) Muchos podrían pensar que con lo que ha evolucionado el mundo en estas tres últimas décadas, con todos los avances tecnológicos que se han producido, lo normal es que las mejores inversiones hayan sido las tecnológicas. Pero no, el fondo más rentable en este periodo ha sido este producto indio, que ha subido un 14% anualizado en estos últimos 30 años. Una cifra estratosférica. Bestinfond FI (ES0114673033) Un fondo español se ha colado entre los más rentables en este periodo. Supera el 12% anualizado. Es seguramente el más conocido de toda la industria española.  JPM Europe Small Cap (LU0053687074) Este fondo de small caps europeos también ofrece una rentabilidad superior al 12% en este periodo.

    39 min
  7. Los mejores fondos para invertir en la industria militar

    10/30/2025

    Los mejores fondos para invertir en la industria militar

    Pocos sectores llaman más la atención de los inversores ahora mismo que el de la Defensa. Con el presidente de Estados Unidos presionando para que todos los países aumenten su inversión militar, hace pensar que esta industria goza de buena salud.  Ha sido un sector muy rentable en bolsa, este último año, tan convulso, pero también en los últimos 5 ejercicios, donde ha rendido por encima del mercado global. Aunque no podemos olvidar que es una industria controvertida, con muchos inversores que prefieren no apostar por ella por razones éticas. Pero, ojo, porque muchos fondos sostenibles, por los que apuestan los inversores éticos, en realidad tienen una parte de su cartera, y no pequeña, en el sector militar. A nivel ético también hay que tener en cuenta que no es lo mismo las empresas que fabrican armamento “normal”, o de uso militar; mientras que otras se dedican a armamento controvertido, que engloba la fabricación de misiles con capacidad nuclear o las armas químicas. Aunque, en realidad, son muchas las empresas que mezclan uso civil y militar, y es difícil disociar. Airbus, por poner un ejemplo, fabrica aviones de transporte de personas, pero también, se dedica a la aviación militar, por medio de Eurofighter. O Rolls-Royce, famosa por sus motores, que también fabrica para vehículos blindados o carros de combate.  Pero, más allá de la ética o no de este tipo de inversión, lo importante hoy es su rentabilidad y su potencial. Y lo normal es pensar que, con la presión de Trump ante sus socios y los conflictos bélicos activos, las empresas del sector sigan subiendo. Pero, a pesar de ello, y tras tanto recorrido… ¿Es el momento de entrar? Es un momento propicio para mantener, pero no está tan claro que ofrezca grandes oportunidades para incorporarse. Ahora mismo sí que las empresas europeas del sector ofrecen potencial alcista, pero las estadounidense, que no dejan de ser las grandes dominadoras de este mercado, dan más muestras de que su rendimiento va a ser muy similar al que ofrezca el mercado. Y eso que, si cogemos como referencia el ETF del sector de Defensa de Europa, desde los mínimos de abril ha subido un 40%, un nivel equivalente al registrado por el Nasdaq.  Aunque también hay que tener en cuenta que es un sector con importantes barreras de entrada, lo que dificulta la competencia. Una empresa de Defensa no se monta de la noche a la mañana. Y, además, cuenta con una barrera tecnológica adicional, que hace casi imposible entrar. Está claro que ofrece muchas ventajas. La duda es si el dinero va a llegar, si las inversiones prometidas por tantos países van a llegar a producir. Aunque es lógico pensar que en un sector como este, considerado estratégico, el dinero llegará, aunque sea a costa de emisión de deuda. “El problema no es el dinero, al menos para gastar en Defensa”. Es un sector con flujos de caja no solo estables, sino crecientes. Con contratos que, además, suelen ser plurianuales.  Para descubrir cómo invertir en la industria militar y sacar provecho a este mundo belicoso, contamos con el consejo de Joaquín Gómez, director adjunto de elEconomista.es, y Fernando Luque, editor senior de Morningstar. Fondo de empresas europeas DNB European Defence EU (NO0013528356) Este fondo, de una gestora noruega, es el único especializado en empresas europeas disponible para el inversor español. A pesar del interés en el sector, no han surgido más. Este tiene como principales empresas en cartera a Rheinmetall, Rolls-Royce y Hexagon. Tres de las más importantes, así que no hay sorpresas.  ETF de empresas europeas WisdomTree Europe Defence ETF (IE0002Y8CX98) Este tiene como principales posiciones a Tales, BAE Systems y Rheinmetall.  Amundi Stoxx Europe Defense ETF (LU3038520774) También está centrado en Europa, aunque está más enfocado en empresas francesas, como Safran, Tales o Airbus.  ETF de empresas globales Invesco Defence Innovation ETF (IE000BRM9046) Este fondo de Invesco está más enfocado en el mercado americano, que representa el 75% de su cartera. No hay que olvidar que es donde se sitúa la gran industria militar mundial. Pero, en este caso, evita las gigantes del sector, y apuesta por otras compañías grandes e incluso medianas. De hecho, las tres principales empresas de su cartera son Aerovironment, en Planet Labs y en Rocket Lab. Global X Defence Tech ETF (IE000JCW3DZ3) En este caso el peso de la industria estadounidense en su cartera es un poco menor, aunque sigue siendo la principal, con un 65% de la inversión. Pero las empresas más relevantes sí son tres gigantes: Palantir (la gran referente del sector para el Gobierno de Trump), General Dynamics y RTX.

    30 min
  8. ¿Cuánto cuesta invertir a través de un fondo?

    10/16/2025

    ¿Cuánto cuesta invertir a través de un fondo?

    Hay pocas cosas en las que se fije tanto un inversor que el coste, el dinero que gastamos en el producto en el que estamos invirtiendo. Y la diferencia que se puede encontrar entre el producto más caro y más barato no es menor, y para una inversión de 10.000 euros, puede superar los 900 euros en 10 años.  Pero eso no quiere decir que un inversor deba fijarse únicamente en el coste a la hora de tomar una decisión, o que sea el más barato la mejor opción. Siendo un factor muy importante en la toma de decisiones, y una buena forma para discernir entre dos productos similares, hay que tener en cuenta más aspectos, por ejemplo, si se trata de un gestor de verdad activo o si simplemente replica los índices en los que se basa. Porque dentro del producto activo… hay mucho producto pasivo escondido. El verdadero producto activo es caro, ¿pero cuánto le costaría a una persona tener una cartera diversificada si la quisiese hacer por sí misma y no existiesen los fondos? ¿Cuánto cuesta invertir en valores españoles, emergentes, internacionales…? Seguramente mucho más de lo que cobran de media los fondos de gestión activa. También hay que tener en cuenta que la presencia cada vez mayor de fondos pasivos ha empujado a la baja los costes, en general. Por ejemplo, los costes de un fondo de inversión en los últimos 10 años se han reducido del 1,36% al 1,11% de media. Una cifra que a muchos inversores puede parecerle muy baja, si se compara con lo que pagan, pero ese cálculo incluye también los productos institucionales, que no están disponibles para el público general, y cuyos costes son más bajos y reducen la media de estos cálculos. Aún así, habrá mucha gente que considere que los costes de los fondos son altos. Que no justifican el hecho de que, al final, pocos fondos acaban batiendo al S&P 500, el principal mercado del mundo. Como le atribuyen a Warren Buffett, un día le aconsejó a su mujer que el día que él no estuviera se olvidase de Berkshire Hathaway y de todos sus consejos de inversión, que se indexase al S&P 500 y a seguir.  Pero hay fondos que baten a la gestión pasiva. Quizá no todos los años, pero hay periodos concretos donde superan al índice de referencia, haciéndolo muchísimo mejor. Y es lo mismo que le pasó, precisamente, al fondo de Buffett. Hay un periodo concreto de tres años donde se comporta peor que el índice de referencia. Quien solo se fije en eso, pues pensaría que no es buena idea invertir en ese fondo. Pero si amplías el plano, los siguiente diez años superaba al índice de referencia por goleada. En resumen, los fondos de gestión activa no van a batir a los fondos pasivos año tras año, pero lo hacen. Luego también hay que tener en cuenta la fiscalidad. Y en ese sentido, España es una isla fiscal, y mientras tú vas haciendo traspasos de un fondo a otro no pasas por Hacienda; mientras que un ETF es un producto que en la medida que lo compras y lo vendes es más especulativo y sí toca pasar por la vía fiscal. Por poner un ejemplo, para alguien que invierte pequeñas cantidades periódicamente, pongamos 200 euros al mes, es mejor un fondo, aunque tenga los costes más altos. Pero si la inversión es más alta y menos regular, aunque sean 5.000 euros al año, el ETF es un producto más interesante. También hay que tener en cuenta la ‘plusvalía del muerto’, ese fenómeno por el que, si tus hijos heredan tus acciones tras tu fallecimiento, se fijará su valor por el del día del deceso. Para alguien que, por ejemplo, hubiese comprado acciones de Apple hace 20 años, se hubiera ahorrado una gran plusvalía.   Volviendo a los costes, también hay que recordar que existen costes ocultos, como los costes de transacción de los fondos, que no todas las gestoras comunican. Por ejemplo, si un gestor compra un valor, ese coste se lo van a repercutir al participante. En el caso de gestores muy activos, que mueven mucho su cartera, también hay que tenerlo en cuenta. Tampoco podemos olvidar las comisiones de éxito. Si un fondo logra grandes resultados, el cliente tiene que entender que le cobre por ello.  En definitiva, no hay fondos caros o baratos, sino que depende de la rentabilidad que sea capaz de sacarle el gestor. Si es activo y logra rentabilidades importantes, pues no se puede considerar que los costes sean elevados. Y, realmente, si la gestión es realmente activa, el coste se puede considerar alto. Y para poner dos ejemplos de productos realmente activos y muy atractivos para el inversor, y que para comprarlos no solo hay que fijarse en el coste. Para ello contamos con el consejo de Joaquín Gómez, director adjunto de elEconomista.es, y Fernando Luque, editor senior de Morningstar. Renta variable europea Wellington Strategic Eurp Eq EUR D (IE00B8BPMF80) No es un fondo muy conocido, pero es tremendamente rentable respecto a su índice de referencia. Además, tiene una medalla silver, que está muy bien para un retail. Cuesta 1,69%, que no es un coste barato, pero es realmente activo. Por ser más precisos, tiene un tracking error elevado, que es una estadística que indica si el fondo está muy pegado al índice o no. En este caso, los dos primeros valores son British American Tobacco y Unilever. Sobrepondera en consumo defensivo, y también en industriales. Renta variable americana Schroder US Large Cap A ACC EUR (LU0248185190) En este caso, está más pegado al índice, con Meta y Microsoft como principales referencias de la cartera, pero es inevitable. La gran diferencia respecto a la referencia es que le da un gran peso al sector de los medios de comunicación, que prácticamente duplica la importancia que tiene en en índice. Destaca Broadcom, que además este año ha dado un gran rendimiento. El coste es de 1,58%, pero bate claramente la media de la categoría.

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