¿Cómo estás? Bienvenida, bienvenido. ¡Feliz Año! ¿Qué tal, cómo vamos de ganas, de motivación, de mentalidad para empezar un nuevo año? Lo primero sería definir qué es para ti un año feliz, no? Estos días se nos llena la boca de desear feliz año a diestro y siniestro. Son buenos deseos y está muy bien expresarlos. Pero reflexionando sobre este feliz año, pensaba, ¿qué sería para mí un año feliz? Probablemente un año en el que haya disfrutado mucho con la gente que me importa, un año en el que todos estemos bien, no haya problemas graves de salud ni pérdida de algún ser querido. Un año en el que haya hecho cosas interesantes, a nivel profesional, y, a nivel personal, un año en el que haya vivido muchos pequeños momentos felices de esos que pasan como una ráfaga dejándote esa sensación de mmm qué bien he estado, qué a gusto, cómo he disfrutado esta experiencia, cómo me ha llenado esta conversación. Un año en el que haya sentido que ayudo a los demás, que contribuyo a mejorar sus vidas, sea en algo pequeño o grande. Y un año de risas, muchas risas. Me encanta que pasen cosas de esas muy tontas a las que les puedes sacar punta e hilar una risa con otra, me encanta cruzarme en la vida con personas con las que coincido en el sentido del humor, aunque a veces sea un humor simple o absurdo. Un año feliz también es un año en el que me haya retado a mí misma, en el que haya asumido retos que sienta hasta que me vienen un poco grandes porque generalmente tú eres más grande que cualquier reto que te propongas, pero hay que ponerse a ello. Y si sale bien, si consigo superar el reto con un buen resultado, mejor que mejor. Pero, si no sale tan bien como querría, he aprendido a sacar aprendizajes y lecciones de todo y a valorarlos como un regalo. A veces cuesta, pero siempre te hacen avanzar y superarte. Y eso siempre te hace mejor. Viéndolo así me doy cuenta de que todo esto que para mí supone un año feliz no son más que los típicos deseos de año nuevo: salud, amor, felicidad, éxito. Así que, aunque suene a tópico, no vamos tan mal encaminados cuando les deseamos todo esto a cada persona con la que nos cruzamos a la vuelta de las Navidades. Bueno, todo esto que esperamos de un año nuevo, tenemos que ir creándolo día a día, cada uno en su propio terreno de juego, con sus metas, sus obstáculos y sus prioridades. Eso es cosa tuya. En lo que quizá sí te puedo ayudar es en darte un marco que facilite el que tú misma, tú mismo, puedas dedicarte a construir el año que quieres, pequeñas rutinas que te den una base sobre la que empezar a construir lo que tú quieras. Y estas pequeñas claves te proporcionarán un activo que todos necesitamos para hacer cosas que merezcan la pena. Y es paz mental, paz interior o como te guste llamarlo. Pero seguro que sabes a qué me refiero, ¿verdad? Ese momento en el que el cuerpo solo hace una respiración lenta y profunda, sin que tú fuerces nada, como diciendo: ahora sí, menuda paz. Esto me gusta. Esto sé hacia dónde va. Aquí puedo ser yo y actuar desde la calma, no desde el piloto automático que me hace saltar primero y pensar después, cuando ya es tarde. Esa sensación de satisfacción personal, de serenidad, de mente clara, de energía disponible. Así que vamos a sentar las bases sobre la que construir este año nuevo. Y, si no son las que necesitas, puedes añadir las tuyas. En este primer capítulo del año, te propongo preparar ese suelo sobre el que empezar a construir tu nuevo año. Y lo vamos a hacer con 20 propósitos sencillos, concretos, de los que ordenan la casa y despejan la mente para que la vida pueda pasar sin tropezar con el ruido. ¡Cuéntame en comentarios cuáles te encajan o qué otros propósitos tienes para el nuevo año!