¡Música, maestra!

En Radio Popular/Herri irratia apostamos por la cultura musical en general y por una labor formativa e informativa en particular con ¡Música, maestra!, un programa de música clásica que aborda de un modo cercano y  divulgativo las obras de los grandes compositores de la historia de la música llamada clásica o académica, los instrumentos musicales y sus agrupaciones más relevantes, así como distintos géneros y estilos como el jazz, la ópera, la música coral, los musicales de Broadway y la música para cine. Buena música para todos los públicos. Un programa que disfrutarán los melómanos y que iniciará a los oyentes menos habituados en la apreciación de la música clásica. Margarita Lorenzo de Reizabal es la mano experta que guía el programa con temas, a menudo monográficos, tomando como hilo conductor asuntos musicales y también extramusicales que sirven de excusa para realizar un recorrido sonoro por el repertorio más interesante y asequible a todos nuestros oyentes. Margarita es pianista, directora de orquesta, docente en el Centro Superior de Música del País Vasco, experta en investigación musical y educativa, compositora y divulgadora musical. Pero, sobre todo, es una apasionada de la música y esa pasión es la que transmite en nuestras ondas.

  1. FEB 12

    Erik Satie. 100 años de un autor inclasificable

    Hay aniversarios que parecen hechos a medida para un programa como este. Y este año 2026 se cumple uno de los más redondos, de los que casi se celebran solos: cien años sin Erik Satie. Cien años desde que desapareció uno de los compositores más extraños, más delicados, más irónicos y, curiosamente, más influyentes de todo el siglo XX… aunque él, en realidad, vivió casi como un hombre del siglo XIX. Porque si pensamos en la música francesa de su tiempo, enseguida nos vienen a la cabeza nombres como Debussy o Ravel, quizá Fauré, quizá Saint-Saëns… y Satie suele aparecer como una nota al pie, como un excéntrico simpático, como el autor de una melodía famosa que ha sonado en anuncios, en películas, en documentales y en vídeos de YouTube con lluvia de fondo. Pero Satie no es una anécdota. Satie es, en cierto modo, un punto de inflexión. Un compositor que se negó a escribir música como se suponía que debía escribirse. Un músico que detestaba la grandilocuencia. Un artista que desconfiaba de la solemnidad. Y que, con esa aparente sencillez, abrió caminos que otros recorrerían después: el minimalismo, la música repetitiva, la música ambiental, la música “de fondo”… e incluso una manera de entender la música como un espacio, no como un discurso. París, en aquel tiempo, era un hervidero. La ciudad donde convivían la tradición y la modernidad, el academicismo y la bohemia, la ópera y el cabaret. Y Satie, que no era un virtuoso espectacular ni un compositor de gran aparato, encontró su lugar en un territorio que, para muchos músicos “serios”, era casi una vergüenza: los cafés, los locales nocturnos, el Montmartre más popular. Y aquí es donde empieza a construirse el mito: el Satie bohemio, el Satie de los cabarets, el Satie que compone entre humo, vasos y conversaciones. Pero lo fascinante es que, en ese ambiente, Satie aprende algo que el conservatorio no enseña: aprende que la música no siempre tiene que ser el centro del mundo. Que a veces la música es un clima. Una presencia. Un gesto. En Montmartre trabajó como pianista en el cabaret Le Chat Noir, y más tarde en el Auberge du Clou. Es decir, en el corazón del París artístico. Allí se cruzaban pintores, escritores, poetas, caricaturistas. Y Satie, que tenía una personalidad tímida y al mismo tiempo ferozmente singular, fue construyendo una estética que iba en dirección contraria a la música “seria” de su tiempo. Porque mientras otros buscaban la emoción a través de grandes crescendos, de armonías voluptuosas, de desarrollos sinfónicos… Satie buscaba la emoción en lo mínimo. En lo insinuado. En lo que no necesita demostrarse. Uno de los rasgos más célebres de Satie es que, en lugar de escribir indicaciones tradicionales como “allegro”, “andante”, “moderato”, empezó a escribir instrucciones absurdas, surrealistas, poéticas. Indicaciones que parecen más propias de un cuento que de una partitura. Algo así como: “con una tristeza rigurosa”, “como un ruiseñor con dolor de muelas”, “sin orgullo”, “con una indiferencia distinguida”. Es decir: Satie no solo escribía música. Escribía una actitud. Y en el fondo, esto es mucho más serio de lo que parece. Porque lo que Satie estaba cuestionando era una idea: la idea de que la música clásica debe presentarse siempre como un templo. Y él, con su humor, la bajaba al suelo. La acercaba a la vida. Y, por supuesto, Satie fue también un personaje. Un personaje real, no una pose. Durante años vivió en Arcueil, un suburbio de París, en una habitación minúscula. Iba vestido casi siempre igual. Hay historias —documentadas— sobre su obsesión con los paraguas, con la ropa, con ciertos rituales cotidianos. Parecía un hombre excéntrico, pero en realidad era más bien un hombre que se protegía del mundo. Tuvo amistades intensas y también rupturas. Su relación con Debussy fue importante, y en cierto modo simbólica. Porque Debussy, que hoy es el gran icono del impresionismo musical, vio en Satie una pureza que él mismo buscaba. Y fue Debussy quien orquestó dos de las Gymnopédies, llevándolas del piano al color orquestal. Ese gesto dice mucho: Satie, el marginal, el compositor de cabaret, era reconocido por uno de los grandes. También Ravel, más adelante, lo reivindicó. De hecho, en el París de principios del siglo XX, hubo un momento en que algunos músicos jóvenes consideraban a Satie casi un profeta. Y sin embargo, él no quiso nunca ser líder de nada. No quería escuela, ni discípulos, ni etiqueta. Detestaba que lo clasificaran. Y en ese camino, Satie va sembrando ideas que otros recogerán después. Una de las más fascinantes es la llamada “música de mobiliario”, musique d’ameublement. Un concepto que, dicho así, suena a broma. Pero que, en realidad, es una intuición genial: música que no se escucha como protagonista, sino que se integra en el espacio, como un mueble, como una lámpara, como una presencia discreta. Y así llegamos al final del retrato. Porque Satie, pese a su fama póstuma, murió como vivió: discretamente. Falleció en 1925, y durante años su figura quedó en una especie de limbo. Demasiado rara para el canon oficial, demasiado sutil para la historia “heroica” de la música, y demasiado irónica para encajar en una época que todavía veneraba la solemnidad.

    56 min
  2. FEB 5

    Dmitri Shostakovich (1906–1975). Componer en la Unión Soviética

    Hoy, en ¡Música, Maestra!, nos acercamos a la figura de Dmitri Shostakovich, uno de los compositores más importantes del siglo XX y, al mismo tiempo, uno de los más condicionados por su contexto político. Shostakovich nació en 1906 en San Petersburgo, en una familia culta de clase media. Su padre era ingeniero químico; su madre, pianista aficionada, fue quien inició su formación musical. Este punto es importante: Shostakovich crece en un entorno donde la música es parte de la vida diaria, no un lujo aristocrático. Desde niño demuestra un talento excepcional para el piano y una gran facilidad para leer y escribir música. Cuando estalla la Revolución rusa, tiene once años. Su adolescencia y su formación musical coinciden con el nacimiento del nuevo Estado soviético. No conocerá nunca otro sistema político. Durante estos años compone intensamente para cine y teatro. No lo hace por vocación experimental, sino por necesidad: es su principal fuente de ingresos. Se casa, forma una familia y necesita estabilidad económica. A comienzos de los años treinta, Shostakovich es ya una figura pública en la Unión Soviética. Ese reconocimiento implica encargos oficiales, pero también una exposición constante. El régimen empieza a definir con claridad qué espera del arte: música comprensible, optimista, heroica y alineada con los valores del socialismo. El lenguaje irónico, ambiguo o experimental comienza a verse como sospechoso. En 1936 llega el punto de inflexión: una crítica demoledora en el periódico Pravda contra una de sus obras escénicas. No es una crítica musical: es una advertencia política. En ese momento, Shostakovich tiene esposa, hijos y a su madre a su cargo. No es un artista solitario: sus decisiones afectan directamente a su familia. Mientras en Europa occidental avanzaban el serialismo, la atonalidad o la ruptura radical de la forma, Shostakovich no participa de esas corrientes. No porque no las conociera, sino porque no eran viables en su contexto.

    57 min
  3. JAN 29

    La chacona a lo largo de la historia de la música

    La chacona —o ciaccona— es una de las formas musicales más fascinantes de la historia de la música occidental porque encierra una paradoja muy sugestiva: nace como danza popular, casi marginal, y acaba convertida en una de las estructuras más elevadas y complejas del lenguaje musical europeo. Su recorrido histórico nos permite observar cómo una práctica ligada al cuerpo, al ritmo y al movimiento se transforma en una construcción abstracta de enorme profundidad expresiva. Orígenes geográficos y culturales El origen de la chacona ha sido objeto de debate historiográfico, pero hoy existe un consenso razonable en situar su nacimiento a finales del siglo XVI en el ámbito hispánico, con una fuerte vinculación al mundo colonial americano. Las fuentes literarias y musicales más tempranas apuntan a que la chacona llegó a Europa desde América Latina, probablemente a través de las rutas comerciales españolas. Autores del Siglo de Oro español mencionan la chacona como una danza de carácter exótico, provocador y desenfadado, asociada a ambientes populares y festivos. Miguel de Cervantes, por ejemplo, alude a ella en tono burlesco, y otros escritores contemporáneos la describen como una danza ruidosa, acompañada de canto, percusión y guitarras, con un fuerte componente corporal. Este primer estadio de la chacona no tiene aún nada que ver con la forma musical que asociamos hoy al nombre. Se trata de una danza cantada, probablemente improvisada, de ritmo vivo, ligada al espacio público y al entretenimiento colectivo. Una danza controvertida Durante sus primeras décadas en Europa, la chacona fue considerada escandalosa. Tanto en España como en Italia fue objeto de críticas morales por parte de sectores eclesiásticos y académicos, que veían en ella una danza excesivamente libre, incluso licenciosa. Este rechazo inicial es importante, porque muestra que la chacona no nace en los círculos cortesanos, sino en los márgenes de la cultura “alta”. Sin embargo, como ocurre con frecuencia en la historia de la música, aquello que comienza siendo marginal acaba despertando la curiosidad de los músicos profesionales. A comienzos del siglo XVII, la chacona empieza a penetrar en el repertorio escrito, especialmente en Italia, donde se transforma rápidamente. La chacona como danza musical Desde el punto de vista musical, la chacona se caracteriza desde muy pronto por varios rasgos fundamentales: Compás ternario, habitualmente 3/4 o 3/2 Carácter repetitivo, basado en la reiteración de un patrón armónico Movimiento moderado, más grave y solemne de lo que cabría esperar por su origen Estructura basada en variaciones, aunque todavía no plenamente codificada Uno de los elementos esenciales es el uso de un bajo ostinato o de una sucesión armónica fija que se repite una y otra vez mientras las voces superiores varían. Este procedimiento, que hoy nos parece refinado, surge de manera casi natural a partir del acompañamiento armónico de la danza. Chacona y passacaglia: parentesco y distinción Desde muy pronto, la chacona aparece asociada a otra forma estrechamente emparentada: la passacaglia. Ambas comparten el uso del bajo repetido y del compás ternario, y durante el siglo XVII los términos se emplean a menudo de manera intercambiable. No obstante, la musicología suele señalar algunas diferencias generales —aunque no absolutas—: La chacona tiende a basarse en una progresión armónica repetida La passacaglia suele construirse sobre un bajo melódico fijo En la práctica barroca, sin embargo, estas distinciones son más teóricas que reales. Lo importante es que ambas formas representan una nueva manera de pensar la música: no como desarrollo temático, sino como transformación continua sobre un fundamento inmutable. Hoy hemos seguido el rastro de una idea muy sencilla y, al mismo tiempo, profundamente humana: la repetición. Desde una danza popular llegada de ultramar hasta las grandes arquitecturas sonoras de Bach, Brahms o Britten, la chacona y la passacaglia nos han mostrado cómo un mismo fundamento puede transformarse sin perder su identidad. Cuatro siglos de música distintos, una misma columna vertebral: algo que vuelve una y otra vez, pero nunca igual, como el propio tiempo.

    57 min
  4. JAN 15

    Una visita a los compositores nórdicos de finales del S.XIX

    Durante siglos, la historia de la música académica europea se escribió, sobre todo, mirando hacia el sur y el centro del continente: Italia como cuna de la ópera, Francia como laboratorio del refinamiento cortesano, Alemania y Austria como eje del gran sinfonismo. Frente a ese relato dominante, los países nórdicos quedaron durante mucho tiempo en una posición periférica, más receptora que generadora de modelos musicales. Y, sin embargo, a finales del siglo XIX, algo cambia. Mientras en el sur de Europa la tradición pesa como herencia y continuidad, en el norte la música se convierte en una herramienta de afirmación cultural. Finlandia, Noruega, Suecia o Dinamarca empiezan a construir una voz propia, no desde la imitación, sino desde la identidad: el paisaje, la lengua, la danza popular, el mito y la naturaleza entran de lleno en el lenguaje sinfónico. A diferencia del sur, donde la historia musical es larga y casi ininterrumpida, en los países nórdicos el desarrollo de una música nacional es más tardío, pero también más consciente. Sus compositores no heredan una tradición monumental: la inventan. Y lo hacen dialogando con las formas europeas —la sinfonía, el concierto, la música de cámara—, pero impregnándolas de un carácter inconfundible. El resultado no es un nacionalismo folclórico de postal, sino una música de gran ambición artística, capaz de mirar de tú a tú a los grandes centros europeos. Desde el lirismo noruego de Edvard Grieg, pasando por la claridad estructural danesa de Carl Nielsen, hasta la intensidad simbólica de Jean Sibelius, el norte de Europa aporta a la música académica una nueva relación con el tiempo, el silencio y el espacio. El programa de hoy recorre ese momento clave en el que el norte deja de ser periferia para convertirse en centro: cuando la música académica europea se amplía y descubre que también desde el frío, desde el bosque y desde el horizonte abierto, se puede construir una tradición musical de primer orden. Hoy visitamos a Grieg, Nielsen, Sibelius, Alfvén y Stenhammar.

    57 min
  5. 12/11/2025

    Sonidos de Magia, Hechizos y Encantamientos...

    Hoy os propongo un viaje fascinante: un recorrido por aquellas obras musicales que han querido evocar la magia, los hechizos, los mundos sobrenaturales y los misterios que habitan en el límite entre lo real y lo imaginado. La música siempre ha tenido algo de conjuro: basta un acorde inesperado, un color orquestal, un motivo inquietante… y de pronto estamos en un bosque encantado, frente a un aquelarre o ante un hechicero travieso que juega con fuerzas que no comprende. Desde el Romanticismo hasta el siglo XX, numerosos compositores han utilizado la orquesta como si fuera un caldero musical, capaz de transformar la realidad. Hoy exploraremos esa magia sonora a través de obras que nos hablan de brujas, apariciones, criaturas fantásticas, cuentos infantiles y visiones místicas. Música que hechiza, música que transforma. OBRAS VISITADAS: - El aprendiz de brujo -P. Dukas - Una noche en el monte pelado -M. Mussorgsky - Sinfonía fantástica (V movimiento) - H. Berlioz - Mi madre la oca - M. Ravel - El sueño de una noche de verano (Scherzo) - F. Mendelssohn - El sueño de Aladdin (Suite op. 34) - C. Nielsen - Harry Potter y la piedra filosofal- Tema de Hedwig - J. Williams La música tiene algo profundamente mágico: nos transporta, nos transforma, nos sugiere mundos que no podemos ver, pero sí imaginar. Hoy hemos recorrido aquelarres, cuentos infantiles, criaturas fantásticas, visiones místicas y universos cinematográficos. Y lo hemos hecho recordando que, detrás de cada obra, hay un compositor que domina un arte antiguo: el de combinar sonidos para crear emociones que parecen hechizos.

    57 min

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En Radio Popular/Herri irratia apostamos por la cultura musical en general y por una labor formativa e informativa en particular con ¡Música, maestra!, un programa de música clásica que aborda de un modo cercano y  divulgativo las obras de los grandes compositores de la historia de la música llamada clásica o académica, los instrumentos musicales y sus agrupaciones más relevantes, así como distintos géneros y estilos como el jazz, la ópera, la música coral, los musicales de Broadway y la música para cine. Buena música para todos los públicos. Un programa que disfrutarán los melómanos y que iniciará a los oyentes menos habituados en la apreciación de la música clásica. Margarita Lorenzo de Reizabal es la mano experta que guía el programa con temas, a menudo monográficos, tomando como hilo conductor asuntos musicales y también extramusicales que sirven de excusa para realizar un recorrido sonoro por el repertorio más interesante y asequible a todos nuestros oyentes. Margarita es pianista, directora de orquesta, docente en el Centro Superior de Música del País Vasco, experta en investigación musical y educativa, compositora y divulgadora musical. Pero, sobre todo, es una apasionada de la música y esa pasión es la que transmite en nuestras ondas.

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